Capítulo 57 La reina de diamantes
Cassie Queen
Miro la televisión con una sonrisa en mi rostro. Esto escaló más rápido de lo que pensaba. No creí que el caos se expandiera tan rápido, es mejor que el fuego, es como soltar las cuerdas que sostienen un globo aerostático en un día ventoso.
La puerta suena, debería darle llave. La verdad creo que ya puedo dejar todo ese pasado que nos alejó muy atrás. Randall jugó con nuestra adicción. Si no hubiéramos sido adictos, esto no sucedía, pero tampoco lo hubiera conocido.
Me levanto y voy a abrir la puerta, me encuentro con Genna y sonrío.
—¿Y esa sonrisa? Ya sé, andas toda enamorada. —Me carcajeo y le abro la puerta—. Te traigo chisme.
Mira la televisión.
—Oh, ya llegó a las noticias, sí que se esparce rápido.
Sigo sonriendo.
—Qué desgracia, ¿no?
Soy muy sarcástica y sonríe divertida.
—Fuiste tú, eres una maldita, tía Cass, pero... —Me mira confusa—. Eso es muy malo para la empresa, la llevará directo a la quiebra.
Ahí está la cuestión, ella y todos ven esto como algo malo, yo lo veo como el fénix, resurgiremos de las cenizas.
—Tranquila, Gen, sé lo que hago, ponte feliz que pronto tendremos de nuevo nuestros empleos.
Abre sus ojos llena de sorpresa.
—Reinita…
Gregor entra sin tocar porque no cerré la puerta. Mira a Genna y no sabe qué decir, no es que hayamos hablado de esto, si es público o qué.
—Deberías tocar antes de entrar, amorcito.
Asiente con una sonrisa boba mientras me acerco a depositar un casto beso en sus labios.
—Es que estaba demasiado ansioso por verte, esto…
Miro la televisión.
—Esperen.
Me acerco para subir el volumen.
—Señor Jones, ¿es una falla de sistema? ¿Es cierto que la compañía Harris dejará de brindarle su red de forma definitiva?
Sonrío al ver la cara de estúpido que tiene Randall.
— Eso es mentira, solo fue una falla, el señor Harris…
—Aquí me dicen que tienen a Norman Harris en el otro móvil.
No puedo aguantar que una risa se me escape.
—Ella da miedo, Duarte, cuidado con hacerla sufrir —expresa Genna.
—Ella es fabulosa, Genna, es una reina.
Miro a mi idiota arrogante y sonrío.
—Señor, Harris, la ciudad es un caos y se puede decir que por su causa. ¿Cuáles son sus motivos para dejar sin red a Industrias Queen?
—Es muy simple, Industrias Queen maneja todo el sistema de seguridad de la ciudad entera, tiene el escáner más sofisticado de la industria, almacena miles de datos muy valiosos y privados de los ciudadanos, en las manos equivocadas, esa tecnología es peligrosa y Cassie Queen ha manejado ese sistema por muchos años, ella es de mi entera confianza por eso mi red era proporcionada cuando ella era la dueña.
Yo no conozco al señor Jones y no puedo confiarle los datos de todos a él.
Cuando el señor Jones hable conmigo y si considero que es digno de confianza, haré tratos con ellos, de lo contrario, deberán buscar una nueva red.
Me siento en el sillón.
—Necesito palomitas, con chocolate y quizás malvavisco, oh, sí, necesito eso.
La carcajada de Genna retumba.
—Siento que no la conozco, suerte con los antojos, Duarte, parece que ya no es mi problema, es todo tuyo. —Mi sobrina se acerca y besa mi mejilla—. Me alegra verte feliz y que vayamos a recuperar lo tuyo, tía. Eres la mujer más perra que conozco, te amo.
Sonrío.
—Gen…
Se aleja.
—Te ves, hermosa, te sienta bien tu amorcito. —Ruedo los ojos—. Adiós, ya podré estar en paz, estás en buenas manos.
La veo marcharse. Miro a Greg.
—Palomitas con chocolates y malvaviscos.
Me levanto y niego.
—Olvida eso y ven a besarme, idiota inocente.
Sonríe y me acerco para apretarlo a mí.
—Eres fabulosa, Cass, no me lo creo que tengo a una mujer así a mi lado, es que yo sabía que eras una maldita, pero esto va a otro nivel, la reina, la única e inigualable.
Maldito hablador que me dice todas esas cosas.
—¿Tú quieres endulzarme el oído?
Niega y me pega a su cuerpo para besarme.
—Yo solo siento que no podré dejar de amarte, eres más de lo que merezco, por Dios, que yo a ti no te suelto más.
Me carcajeo y besuquea mi rostro.
—Sigo queriendo las palomitas.
Hago un puchero.
—Te las hago, mi amor, iré a comprar todo.
Se aparta de mí y suena mi teléfono. Lo tomo y veo que es Randall, sonrío.
—Olvida las palomitas, Greg, seguro iré a una reunión o no, quién sabe.
Frunce el ceño. Tomo la llamada, respiro profundo.
—Solo déjalo en mínimo que no se queme el estofado. —Greg me mira extrañado—. ¿Hola, quién habla?
—Queen, tu amigo Randall. ¿Será que tienes tiempo para hablar?
Sonrío.
—Oh, Randall. ¿Qué sucede? Estoy libre, pero quisiera saber ¿de qué vamos a hablar?
Soy muy irónica.
—De lo que estás haciendo, mira Queen, no sé de qué te sirve una empresa obsoleta.
—¿De qué estás hablando?
Me hago la desentendida.
—Nos cortaron la red y seguro tú estás detrás de esto.
Por supuesto, imbécil.
—Oh, Dios, eso es terrible, no tenía idea, es de verdad algo malo, Randall, ¿cómo te sucedió esto?
—No te hagas, ya deja de jugar porque …
—¿Jugar? No, yo no estoy para jugar, estoy embarazada, Randall, tengo que encargarme de mi bebé, así que no tengo tiempo de estar haciéndole mal a nadie. No sé de qué hablas, deberías hablar con los Harris, quizás es un error, pero yo no tengo nada que ver.
Sonrío con malicia.
—Eso espero, porque esto no es divertido, tú te perjudicas si la empresa quiebra y lo hará a este paso.
Seguro que sí.
—No puedo creerlo, es terrible y es tu culpa, no me quieras culpar. Si me disculpas, estoy cocinando.
Corto la llamada. Lanzo una carcajada.
—¿La reina cocina estofado? —pregunta Greg arqueando una ceja y comienza a reírse.
—Él dijo que era ama de casa.
Rueda los ojos y se acerca a mí.
—Él es un maldito imbécil de mierda que te ha subestimado, tú eres una perra, mi amor, y no sabe con quién se metió, doy fe de que muerdes y muy fuerte.
Muerdo su labio inferior.
—Y espera que mañana por la noche le cortemos la señal a su preciado casino, tú lo dijiste: él no sabe con quién se metió, porque ni todos los matones lo salvarán.
Tomo el teléfono y le marco a la agencia de cobradores.
—¿Qué haces? —indaga sin soltarme.
—Llamaré a seguridad, esta vez no seré tan confiada, Greg, está nuestra niña en juego.
Sonríe y me besa.
—Eres única, Reinita, te amo y cuentas conmigo para todo.
—¿Cómo para hacerme palomitas, amor?
Asiente y me besa más.
—Si me lo pides así, quiero traerte todas las palomitas del mundo, mi Reinita.
Se separa de mí. Y yo amo que se desviva así por nosotras, todo es mejor cuando está conmigo, todo se siente más feliz.