Capítulo 56 La reina
Cassie Queen
Su mano descansa en mi vientre, no se despega de mí y sonrío aprovechando que duerme y no verá esta sonrisa tonta que tengo al tenerlo en mi cama, así, aferrado a mi cuerpo traspasándome su calor.
Su mentón descansa en mi hombro y su respiración pesada choca con mi mejilla. Suspiro relajando mi cuerpo, solo un momento, quiero sentir sin pensar, disfrutar de él, de lo que tenemos, egoísta e inconsciente, nunca me había sentido así, como él me hace sentir.
Lo siento moverse, su nariz se mueve por mi mejilla.
—Buenos días, mi Reinita. —Soba mi vientre—. Mis Reinitas, ¿cómo haré con dos Queen demandando mi tiempo y atenciones?
Me sonrío.
—Primero a mí, para que cuide a la bebé, así de fácil.
Se carcajea.
—Yo creo que me van a volver loco, ya tú lo haces. —Me abraza más fuerte—. Qué lindo es estar contigo así, abrazarte fuerte, estoy tan enamorado, de verdad, ¡Dios! Te abrazo y me siento tan bien.
Me giro para poder verle la cara.
Me río divertida.
—Estás loco y eres un empalagoso.
Se sube sobre mí tomándome del trasero para meterse entre mis piernas.
—¿Un empalagoso? —Entierra su rostro en mi cuello aspirando mi piel—. Tú no te das una idea de lo bien que hueles, como a sexo, a reina y a… a rico.
Me carcajeo y deja un beso en mi cuello.
Sus manos van a mis tetas y las masajea.
—Dormimos toda la mañana, ya debe ser casi la tarde.
Asiente ante mi queja.
—Hace mucho no dormía tan bien. —Sigue apretando mis pechos—. Qué grandotas están, como firmes, esponjosas, me la ponen muy dura, Reinita.
Lo siento entre mis piernas cómo crece.
—No vamos a desperdiciar toda esa energía, ¿verdad?
Me acomodo y muevo mi pelvis provocándolo.
—¿No piensas que ya te hice el amor demasiado, Cass?
Niego.
—Nunca es suficiente, mira si de la nada eres un traidor de nuevo, me quedaré de nuevo sin sexo meses.
Se pega a mí, entrometiendo la punta de su miembro.
—Te lo haré porque tengo ganas, no por otro motivo, yo pienso quedarme aquí por siempre, Cassie.
Me besa y gimo al sentirlo dentro de mí.
—Pues quédate, mi cama tiene mucho espacio, tengo mucho espacio en el armario.
Se mueve y aprieto sus brazos.
—Oh, qué linda propuesta para que traiga mis cosas aquí.
Otra estocada y siento que me hago agua. Él siempre me hará sentir así, como si fuera la primera vez que me toca.
—Necesito a mi esclavo en la residencia.
Me besa con fuerza mordiendo mis labios.
—Y necesito a mi reina cerca, para no quemarme, necesito hielo.
Sonrío y lo aprieto cuando me corro.
—Oh, Dios, así no es fácil pensar.
Me toma de las piernas y comienza a moverse enérgico.
—Tenemos que recuperar el tiempo perdido y me gusta mucho complacerte.
Abrazo su cuello para besarlo.
—A mí que lo hagas.
Lo siento latir y cómo su cuerpo también se afloja.
—Tengo que alimentarte, también tengo que hacer muchas cosas más, me quiero quedar contigo aquí.
Me aprieta a su cuerpo.
—Nada te lo impide.
Besa mi cuello.
Me encanta su intensidad cariñosa, me hace pensar que me gustan las demostraciones de afecto, el romanticismo.
—Debemos levantarnos, Reinita, tengo asuntos que resolver y no pienso posponerlos más.
Me besa separándose de mí.
Lo veo caminar al baño y pienso en esos asuntos.
¿Qué asuntos puede tener aparte de estar conmigo y con su hija?
Me levanto buscando una bata para cubrir mi desnudez y voy al baño donde veo que él también tomó una de mis batas mientras llena la tina.
—¿Qué asuntos tienes que resolver? —indago preocupada.
—Hablar con Randall, ¿no es obvio?
Frunzo el ceño.
—¿Cómo?
No me gusta nada eso.
—Cass, mírame, no es lo que piensas.
Frunzo el ceño.
—¿Qué es? Porque no encuentro buenas razones por las que vayas a ver a ese imbécil, más que a pasarle información.
Suspira y se acerca tomándome de las mejillas.
—Necesito que sepas que yo soy inocente, que veas que puedes confiar en mí, por eso iré a verlo.
—No me gusta esa idea—. No he hablado con él desde la última vez en aquel juego, puedes ponerme un micrófono si eso te hace sentir más tranquila, necesito esto, Cass, que ya no queden espacios vacíos que puedan generar duda entre nosotros.
Aprieto los labios.
—No sé si me gusta esto, yo ya te perdoné.
Me da un casto beso.
—Lo sé, mi Reinita, yo no me perdoné por lo que pasó y quiero ir a verlo, sé que él no te pudo ganar limpiamente y tampoco quiero que siga pensando que yo estoy de su lado.
Suspiro.
—Okay, ve a verlo, con un micrófono y… eso.
Sonríe y me suelta.
—Solucionado, nos daremos un baño e iré a ver a Randall. —Asiento con un sonido—. ¿Qué plan tienes con él? —indaga.
—¿Planes?
No quiero revelar nada aún. Es horrible no poder confiar 100 % en él.
—Sí, planes, Cass, estoy seguro de que tienes planes, no te quedarías de brazos cruzados jamás, menos sabiendo de nuestra niña, es obvio que algo planeas.
Aprieto los labios.
—Puede ser, no voy a decir nada, Greg.
Asiente tranquilo.
—Entiendo, eso es astuto, no decirle a nadie es lo mejor que puedes hacer y digamos que todavía debo ganarme la confianza de la reina, a esto me refiero, amor, no quiero más estas dudas, por eso iré a ver a ese maldito.
Intento no sonreír, pero termino haciéndolo.
—Ya cállate y ayuda a tu reina a darse un baño.
Se carcajea y se acerca con esa sonrisa ladina y santurrona.
Podría ser el mentiroso más grande y seguiría siendo mi debilidad.
—Tú eres insaciable, Reinita, me vas a dejar seco, mira que ya perdí la práctica, rompí mi récord sin follar.
Ruedo los ojos.
—Tres meses, ¿ese es tu récord? Eres un descarado total.
Se carcajea y me abraza.
—Oye, la única que me hizo estar sin follar fuiste tú, debería significar algo.
Me carcajeo.
—Que eres un mujeriego que necesitaba alguien que lo ponga en regla.
Besa mi cuello.
—Una rubia, jugadora de póker, con unos ojos azules preciosos y muy mandona, mordelona, sexy…
—Me apretuja contra él—. Con una pancita…
dios, ya basta, ¿qué diablos tienes que me pones tan caliente?
—Aspira el aroma de mi pelo—. Es tu olor, es eso, Reinita, tu olor me vuelve loco, como un animal cuando huele a su hembra.
Me carcajeo.
—Gregor, eso es…
—Vulgar, lo sé, pero es lo que me está sucediendo. —Sigue aspirando mi aroma—. Eres tan mía, aunque no quieras admitirlo; eres mía, Reinita.
Idiota, es obvio que soy suya.
—Soy tan tuya como tú, mío.
Me besa.
—Oh, eres muy mía, ¡carajos!
Demasiado.
◆◆◆
Gregor Bruno Duarte
Acomodo el micrófono en mi saco, espero que ella me oiga bien y espero Randall me atienda.
Cassie asegura que este micrófono no va a ser detectado por los escáneres de Industrias Queen.
Llego a la puerta y los de seguridad me observan curiosos. Me conocen, por supuesto que sí, yo frecuentaba este lugar hace pocos meses.
—Buenas tardes, vengo a ver al señor Jones.
Me dejan pasar, ya que ellos solo se encargan de verificar los escáneres.
La recepcionista es la que me dirá si me puede atender o no.
Paso sin problema y ahora sí está la parte complicada.
—Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarlo?
La recepcionista es la misma de siempre. Al menos eso.
—Buenas tardes, quisiera ver al señor Jones, sé que no tengo cita, pero seguro él me atenderá. Soy Duarte, dígale que Gregor Bruno Duarte lo busca.
Toma el teléfono y la veo llamar.
—Puede pasar, señor Duarte, el señor Jones lo espera.
Reencontrarme con este tipo me revive todo lo que pasó.
Fui tonto y muy inconsciente, es que jugar ha sido todo para mí, sigue siendo algo que me gusta, pero Cass, ella es mi nueva adicción, esa que nada me hará dejar, ni la muerte.
Subo hasta la oficina y odio verlo aquí. Al golpear, escucho el: «¡Adelante!». Verlo sentado en el asiento de mi Reinita, es una mierda.
Maldito desgraciado.
—¡Duarte! Qué gusto verte, socio.
Frunzo el ceño.
—No soy tu socio y no vine para darte gusto.
Abre los ojos sorprendido.
—Oh, qué extraño, si éramos socios la última vez.
Chasqueo la lengua.
—No, una mierda, socios, tú solo me amenazaste, te dije lo que querías y ahí acabaron nuestros negocios —escupo molesto.
—Entonces, ¿no vienes por tu parte?
Ruedo los ojos.
—¿Qué parte ni qué parte? Ni tú mereces una parte de esto y lo sabes bien.
Abre sus ojos asombrado.
—Esta empresa es mía, no me digas que te gusta la Reina de Hielo y por eso sigues molesto, ella está embarazada, no pierde el tiempo, cambió la vida empresarial por la de ama de casa.
Se carcajea y quiero romperle toda la cara. Aprieto los puños.
—Cuida tus palabras, Randall, los dos sabemos que no pudiste ganarle limpiamente y que yo no tuve nada que ver con eso. Si te dije el nombre, fue porque me amenazaste y no la conocía, no sabía que eras tan rastrero.
Se ríe.
—Ya deja de llorar, ¿te doy una parte de las acciones y te pondrás feliz?
Frunzo el ceño.
—No, no quiero eso, esto está ganado a base de trampas, tú nunca le podrías haber ganado limpiamente, ni yo podría.
Se carcajea.
—Es obvio que no, tú mismo lo dijiste: no se le puede ganar y ahí se me ocurrió: un mazo arreglado, fue fácil, ella estaba muy segura de ganar. Ya deja el drama, esta también es tu victoria, Duarte.
Me quiero acercar a él para romperle la cara y una mujer entra sin golpear a la oficina.
—Señor Jones, algo terrible pasó.
Miro la situación.
—¿Qué es lo que pasa? —se queja.
—Señor, la señal de la empresa Harris nos fue cortada completamente, señor, esto es muy malo, todo… —Afuera se escucha mucho bullicio—. Estamos desconectados de la ciudad, nada funciona, no tenemos sistema.
Eso es terrible.
—¿Cómo es posible? ¿Has llamado a la empresa?
La mujer asiente.
—Por supuesto, antes de molestarlo lo hice y ellos indican que suspenden sus negocios con nosotros hasta que se actualice el contrato con el nuevo dueño, o sea, usted.
Esto huele a la Reinita.
—¡No puede ser!
Randall se levanta para salir de la oficina.
—Creo que estás con inconvenientes, vendré en otro momento, aunque creo que lo nuestro acabó aquí, no quiero más tratos contigo, Randall —informo y me mira perturbado.
—Como digas, Duarte.
Está alterado y sale de la oficina maldiciendo. Dejarlos sin red es terrible.
Salgo y veo el caos que es todo. Las personas de aquí para allá, es que, si de verdad Cassie hizo que le quitaran la red, no solo hace la empresa obsoleta, genera un caos a nivel ciudad, así como la caída de las acciones en picada.
Salgo de allí a través del caos total, mi teléfono suena y lo tomo al ver que es Cass.
—Ya ven aquí, inocente, necesito festejar mi inminente triunfo.
Sonrío.
—Sí, fuiste tú, menos mal, no tenías plan.
Se carcajea.
—¿Olvidas quién soy, Novato? Si él llegó tan lejos es porque yo se lo permití con mi debilidad, una que ya no tengo y se va a arrepentir de eliminar. Es así, amorcito, yo soy la reina, Greg, a mí nadie me derriba. Ya ven que no te quiero cerca de esa basura asquerosa.
Asiento, aunque no me vea.
Ella es increíble, ella es la reina y no hay dudas de eso.