Adictos a lo prohibido Capítulo 55 Mil años de vida
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Capítulo 55 Mil años de vida

Gregor Bruno Duarte

Aprieto sus mejillas con la palma de mis manos, mientras pego mis labios a los suyos, con tal necesidad y ganas que no sé cómo haré para despegarme de ella.

No sé cómo sigo respirando después de estar alejado de sus labios tanto tiempo, qué agonía espantosa. Mi corazón parece regresar a mi cuerpo cuando ella abre la boca correspondiendo a mi beso, su intensidad y esa lengua que busca llevar el control me complace.

Prometí respetarla, se supone que ella debe confiar en mí y ha hecho todo lo que no debía, rompiendo todos los límites.

Sus manos van a mi camiseta estirando de ella para que esté más pegado a su cuerpo.

¡La puta madre!

No quiero mezclar todo, quiero que esto sea honesto y no que piense que la convenzo con sexo.

Trato de soltar su boca y es ella la que parece hambrienta cuando muerde mis labios negándose a separarse de mí. Me calienta tanto sentirla así, ansiándome.

Bajo mis manos de sus mejillas a sus brazos y luego a su espalda, donde la pego a mí, no puedo evitar sonreír sobre sus labios cuando esa hermosa barriguita que tiene se pega a mi cuerpo.

—No quiero que pienses que intento sobornarte o manipularte, solo…

Pellizca mi cabello por la nuca y me quejo.

—Tú no lo mereces, pero yo sí. Solo vas a arrancarme la ropa y me vas a hacer tuya, Greg.

Jadeo sobre su boca con mi respiración agitada.

—Es lo que más quiero, pero prometí…

—Prometiste hacer todo lo que te diga y es lo que quiero, dices amarme y no puedes hacer una mínima cosa que…

Muerdo sus labios y la beso con intensidad.

—No digo amarte, yo te amo, mi Reinita, es un hecho inamovible. Intento ser decente, respetarte y a mi hija.

Me aprieta con más fuerza pegando su nariz contra la mía, su respiración choca con mi boca.

Sofocada, así está.

—Por favor, a ella la hicimos así, contigo siendo un animal, siendo mi loco y salvaje arrogante, tomándome en cualquier lugar, ¿eso no fue real?

Con mi mano en su espalda la pego a mí, arrancándole un jadeo.

—Fue real, mi amor, fue muy real, mi Reinita, no quiero hacer algo mal, lastimarte o…

Con su mano libre va a mi entrepierna apretando con perversión el bulto en mis pantalones.

—Lastimarme. —Se ríe—. Con la necesidad que tengo, Greg, quiero que me partas a la mitad. Harás todo menos lastimarme, te necesito.

Me acaricia sobre la ropa y pierdo el control.

La tomo del trasero levantándola, la ayudo a que enrede las piernas a mi cadera rasgando su vestido en el proceso, no era de una tela muy flexible y el sonido de esta rompiéndose es tan ardiente.

—Seré lo más delicado que pueda, Reinita, y quiero que sea en tu cama.

Me besa y camino casi a ciegas saliendo del estudio.

Mi rubia preciosa, su pelo cae en mi rostro mientras la llevo en brazos sosteniéndola del trasero.

Cómo me encanta, cómo amo cada parte de ella, cada faceta, cada instante que la tengo conmigo.

Solo se aparta de mi boca cuando subo las escaleras, no despega sus ojos de mí, no puede estar tan linda.

La llevo a su cuarto.

—Esta sí es forma de tratar a una reina.

Sonrío mientras entramos a su habitación.

—Todavía no comienzo, Su Majestad.

La llevo a la cama donde la recuesto con cuidado, ella ya me espera con sus piernas abiertas.

Preciosa, así está.

—Ven aquí, mi perfecto donante.

Me carcajeo cuando me estira haciéndome caer sobre ella.

Amortiguo la caída con mis manos sobre la cama y sus labios toman los míos con tal vicio que me enloquece, sus piernas envuelven mi cadera prendiéndome más.

—Donante, mi Reinita, no sabía que los donantes te la metían para embarazarte.

Sonríe.

—Un nuevo tipo de inseminación.

Con su lengua me provoca jugando dentro de mi boca.

Pellizco las sábanas, deseo apretar su cuerpo con ganas.

¡Mierda!

—A mí, apriétame a mí, descarga tu intensidad conmigo, ¡amor!

Su reclamo me hace olvidar de todo.

Solo puedo pensar en ese «¡amor!» que salió con regaño y naturalidad de sus labios.

Voy a su escote y adiós vestido, rasgo la tela hasta el final, dejando a la vista sus tetas que están enormes, redondas como dos pomelos perfectos, sus pezones se ven más marcados.

¡Delicadeza! ¿Cómo diablos voy a tenerla?

Como un desesperado voy a sus tetas preciosas y comienzo a chuparlas con voracidad, comienza a gemir, sus piernas me aprietan y no me detengo. Me pierdo en esas dos preciosuras, succiono de ellas como si fueran una fruta y les quitaré el jugo.

—Aah... Más abajo, Greg.

Ella quiere atención de la buena. Suelto sus pechos y bajo mis besos llegando a su vientre donde me detengo para mirarla. Miro sus ojos y vuelvo a su barriga.

—No prestes atención a nada de lo que papi le hará a mami, princesita.

La acaricio y se siente bien poder estar cerca de ellas.

—Ella no entiende, Greg, tú…

Con mis manos voy a sus bragas, las cuales comienzo a deslizar mientras ella colabora.

—Yo no voy a dejarte necesitada, Reinita, jamás.

Con mi pulgar comienzo a acariciar su centro y esos gemidos deliciosos que lanza, me la ponen durísima.

Con sus fluidos voy lubricando todos sus pliegues, se ve tan linda, como hinchada, enrojecida, me relamo.

—Mmm, Greg.

Su voz llena de gemidos suplicando me puede.

Entierro mi boca en sus pliegues húmedos y comienzo a atenderla. Sus gemidos me dan mil años de vida, me elevan a otro nivel de disfrute.

Me arranca el cabello mientras se corre en mi boca muy rápido.

—Oh, oh, aahh.

Qué lindo oírla así.

Con desespero voy a mis pantalones para liberar mi erección, ella sigue retorciéndose y no dudo en comenzar primero a frotar mi dureza contra su sexo, de arriba abajo, dejo que sus fluidos me empapen, no tengo idea de si esto se puede, si esté bien, deseo tanto hacerlo y me mentalizo en ser delicado.

—Por favor, dame lo que me pertenece.

Sonrío mientras entrometo la punta.

Mientras me abro paso entre sus pliegues, comienza a lanzar gemidos mezclados con jadeos que me la ponen hinchada de las ganas.

La beso mientras intento ser gentil, sus manos van a mi trasero, el cual aprieta para clavarme más dentro de ella.

—Oh, Dios, así, justo así… ooh, te extrañé, amor, te extrañé.

Me hace sentir como un adolescente tonto, porque cada vez que me dice amor, yo me siento un maldito semental.

La acaricio y no dejo de besarla mientras me muevo con cuidado, pero siendo rítmico.

—No creo que me hayas extrañado tanto como yo, mi Reinita.

Abraza mi cuello mientras se mueve conmigo, deseosa de más. Siento que no soporto, mis ganas por correrme son tan fuertes que me esfuerzo pensando en otra cosa mientras niego.

—Ay, ay... Mmm.

Se corre y no soporto, la lleno de mí, completamente.

—Lo siento, no soporté nada, Reinita, es que… yo ni siquiera recuerdo la última vez que siquiera me masturbé.

Se ríe y me besa.

—Descuida, sé que tienes energía doble, tontito.

Me sorprende cuando me obliga a girarme en la cama subiéndose sobre mí.

—Reinita, con cuidado.

Me besa con fuerza.

—Shh, ¿no ves que te necesito, Greg?

Sonrío y la beso.

Mi miembro sigue muy duro, es mi superpoder y ella me conoce tan bien que lo usa a su favor.

Mi Reinita, qué placer tenerla de nuevo conmigo.

◆◆◆

Acaricio su cabello con una de mis manos, mientras que la otra está apoyada sobre su barriguita. Está apoyada sobre mi pecho sin mirarme, con una de sus piernas sobre mi cadera.

Sentir su cuerpo desnudo sobre mí es la gloria misma.

Qué hermosa está, cómo amo ese rubio platinado en su pelo, no sé por qué me fascina tanto.

—Estás hermosa, Cass, muy hermosa, Reinita.

Suspira.

—No puedes volver a fallarme, Gregor, no bromeo cuando digo que no puedes, porque yo te aseguro que si lo haces, si tú nos fallas a ambas, te olvidas de ella y de mí, de verdad yo…

Me incorporo al notar su voz ronca y me mira con sus ojos cristalizados.

—Cass, mírame, no. —Niego—. No va a pasar, puedo jurarte porque me muera, no voy a fallarte. No llores, mi Reinita, por favor, me partirás el corazón.

Sorbe por su nariz y sus labios tiemblan mientras sus lágrimas se escurren y quiero llorar con ella.

—Es que no quiero que esto se arruine, no quiero estar equivocada, no quiero perderte, pero si me fallas, tengo que eliminarte de mi vida y no quiero eso porque me siento viva contigo, me siento demasiado bien, no me obligues a eliminarte de verdad.

Seco sus lágrimas con mis manos.

—No llores, mi amor, por favor, créeme cuando te digo que no pienso lastimarlas. Te amo, Cass, las amo y son mi mundo, son todo lo que quiero, lo que necesito y anhelo en mi vida.

Mis ojos se empañan al verla tan afectada.

—Entonces no nos decepciones, no le falles a nuestro amor, a nuestra familia, es lo único que pido.

La beso, porque escucharla decir nuestra familia es glorioso.

Tenemos una familia y por ella es que yo debo luchar por su bienestar, remediar lo que hice, demostrar que yo jamás la quise dañar, con pruebas. Y también necesito ver a la cara a ese hijo de puta que tanto daño nos causó.

—Yo daré todo por nuestra familia, mi Reinita, haré lo que sea para que tengas paz, tengan paz.

Me besa y se apoya en mi cuello.

—Eso me complace, Greg, esta es tu oportunidad, yo te la doy, por nosotros, por este amor que se niega a morir, por esto que me haces sentir. Confío en ti, tonta y ciegamente, confío en ti, como una mujer totalmente enamorada.

Sonrío.

—Y juro que no te vas a arrepentir, porque yo estoy rendido a tus pies. Mi corazón, mi alma y mi cuerpo no me pertenecen, son todos tuyos, mi Reinita, todo. No tengo más prueba que eso de lo mucho que te amo.

Su nariz acaricia mi cuello.

—Te amo, Greg, te amo y nunca dejé de hacerlo, nunca te odié, solo… solo estaba decepcionada y ya está, es el pasado, ahora quiero un futuro, con nuestra familia.

Eso suena tan bien.

—Nuestra familia, me encanta, Cass. Tú, yo y nuestra princesa.

Me abraza y así se queda.

Llenándome el corazón, el alma y la vida. Ellas recargan mi vida.