Capítulo 52 Una oportunidad
Gregor Bruno Duarte
Nerea sale del departamento y todo cae sobre mí como un balde de agua fría, para devolverme la lucidez y despertar mi alma.
Mi Reinita embarazada, no lo puedo creer.
No sé si sentirme extremadamente feliz de pensar que ella tendrá una niña que es mía o si estar molesto porque no me lo contó.
Cass, esto es demasiado.
Ella va a escucharme, merezco estar para mi bebé y tiene que dejarme que le explique lo que pasó. Se acabó el tiempo, Reinita, es hora de hablar.
Ella está acá, tendría que ser fácil. No, la conozco, si Nerea habló con ella, Cassie no se quedará, ella seguro se fue.
¿Cómo puedo saber eso?
Tyler, seguro si Genna vino, él también, no puedo creer que no me haya dicho.
Le marco y luego de sonar como cuatro veces toma la llamada.
—Hola, Greg, amigo, qué gusto hablar contigo.
Escucho le murmuran a su lado. Por supuesto no iba a decirme, podría perder a su novia.
—Perdonaré tu traición como amigo, Ty, siempre y cuando me digas si Cassie se fue huyendo o sigue aquí. Ya sé todo, sé que ella espera mi bebé.
Alguien jadea.
—¡CARAJOS! Por eso se fue la tía Cass entonces.
Es Genna.
—Lo siento, Greg, yo quería…
—No, no le digas más, esto lo tiene que arreglar él con Cassie, no es nuestra responsabilidad. —Escucho a la sobrina de la Reinita—. Duarte, escucha bien, Ty no es un soplón, si quieres saber algo vuela a Seattle y habla con ella, porque ya se fue de aquí.
Debí suponerlo.
—Por supuesto que lo haré, no voy a dejar pasar esto.
Corto la llamada. Tengo que llegar rápido a Seattle y solo alguien se me viene a la cabeza que me puede ayudar.
Mi papá.
Tomo el teléfono y le marco mientras voy a mi habitación para armar una maleta, si es necesario me voy a Seattle. El teléfono suena dos veces y me atiende.
—Greg, ¿todo en orden?
No sé ni cómo se lo va a tomar.
—Hola, papá, necesito un avión que me lleve a Seattle.
Me imagino que debe estar sorprendido.
—¿Qué es lo que pasó?
—Necesito que me ayudes y puede que te parezca una locura correr detrás de ella, no lo es, menos… cuando sé que ella tendrá a mi bebé.
El jadeo de mi papá lo escucho hasta acá.
—¿Cómo? Gregor…
—No estoy para regaños, necesito tu ayuda para llegar lo más pronto posible a Seattle, por favor, papá.
Nunca le he pedido nada de esta forma.
—Por supuesto, ya mismo preparo todo, Greg… te veo en la pista de despegue en… una hora, hijo.
◆◆◆
Llego a la pista de aterrizaje y veo a mi papá esperándome, esto es una maldita locura.
Mira lo que hago por ti, Reinita.
Bajo del taxi que tomé y me acerco al viejo, me mira preocupado.
—¿Cómo fue capaz de negarte algo así?
Se ve lleno de sorpresa.
Él no entiende, nadie lo hace, lo nuestro no fue tan simple, ella aún no sabe qué pasó, ni cuándo.
—Ese no es el asunto, papá, yo me encargo, solo necesito ir a hablar con ella y… —Sonrío—. Sí es mi bebé, aunque ella me odie…
—Como yo estuve para vos, hijo, ve por ella y suerte.
Asiento y lo abrazo.
—Gracias, papá.
Palmea mi espalda.
—No, Greg, no hay nada que agradecer.
Se aleja y subo al avión.
◆◆◆
Muchas horas y papeleos. Al fin logro salir del aeropuerto, ya que no tenemos una pista propia debo usar esta y esto llevo su proceso.
Mentí, dije que venía por trabajo, que luego presentaría la documentación pertinente.
Renté un auto y conduzco hasta su querida mansión Queen.
Mis manos tiemblan, el estómago se me estruja, estoy nervioso como nunca.
Las calles parecen ser eternas, es como si condujera, pero no avanzara, pienso qué diré, por dónde empezaré.
No tengo idea, yo esperaba cualquier escenario menos este por el cual me veo incentivado a buscarla.
Al llegar a su mansión es como si todos los recuerdos me embargaran. Detengo el auto y no dudo en bajar para ir a golpear su puerta, tomo un respiro y golpeo.
Probablemente ya sepa que soy yo, Cassie Queen sin cámaras en su casa, eso sería extraño.
Siento que hace tanto no la veo, espero no volverme estúpido al hacerlo. Retuerzo mis manos.
Cuando la puerta se abre jadeo inconscientemente, la veo y me quedo estático.
Lleva unos jeans junto a una camiseta de tirantes, su barriga está a la vista, es pequeña y muy linda. Ella está muy linda, escuchar de su embarazo es muy distinto que verla.
Mis ojos se cristalizan.
—Gregor… ¿Qué te trae por aquí?
Frunzo el ceño ante su tranquilidad y esa pregunta.
—Cassie, ¿cuándo planeabas decirme que seré padre?
Suspira.
—Yo me inseminé, se lo dije a la señorita Maxwell, pero…
—Eso es una mentira, si crees que yo me creeré eso, no me lo creo, no cuando llevas la cantidad de tiempo que encaja perfecto con nosotros juntos.
Mira el suelo levantando sus cejas.
—No puedes saber si…
—Es mío, Cass, por favor, es obvio que es mi bebé, lo sabes y no me creeré ninguna excusa.
Me mira seria.
—Sí, es tuya. ¿Qué es lo que quieres? No entiendo.
Mi expresión debe darle la respuesta.
—Es mi derecho, Cassie, y entiendo que aún me odies, pero eso no tiene nada que ver con esto, yo no debí estar ajeno a esto, debiste decirme.
Mi voz sale llena de frustración.
—No me interesa estar contigo. ¿Qué esperabas, que después de lo que hiciste yo corriera a ti a decirte «tendremos un bebé, seamos felices»? ¡Qué estupidez!
Ese no es un motivo.
—Eso no importa, porque existen las familias de padres separados, yo la tengo, mis padres están divorciados y yo fui feliz siempre, no es un motivo.
Aprieta los labios y sus ojos azules se clavan en los míos.
—¿Eso es todo? ¿Solo vienes a reclamarme esto?, de acuerdo, ¿quieres estar? Nos vemos en cinco meses; ahora tú y yo no tenemos nada que ver, no hasta que nazca.
Quiere cerrar la puerta y no se lo permito.
No solo la detengo, sino que entro a su casa cerrando la puerta mientras me apoyo en la misma impidiendo que pueda echarme.
—¿¡Qué haces!?
Frunce el ceño molesta.
Esa es mi Reinita.
—Tengo más para hablar y no dejaré que tú sigas así, molesta sin escuchar mi versión de los hechos, nunca me dejaste explicarte —reclamo.
—Eso no cambiará nada y…
—No me importa, yo necesito explicarme, necesito que sepas mi verdad y cómo jamás quise dañarte —expreso con decisión.
—No quiero, yo…
—Tú vas a escucharme, Reinita, lo harás porque es lo único que te pido. ¡Maldita sea! Voy a tener una hija y no lo sabía, eso no es justo, no lo es, al menos me escucharás.
Baja la camiseta intentando tapar la barriga que se le escapa.
Es preciosa, ella se ve aún más hermosa de lo que es.
—Nada que digas…
Mira a otro lado evitando verme a mí.
—Yo sé que la cagué, pero fue antes, mucho antes de conocerte, antes de amarte, de saber la mujer que eras, antes de que fueras mi mundo.
Soy completamente honesto.
—Qué fácil destruyes a tu mundo, Gregor.
Me mira y no es con enojo, es otra cosa lo que veo en sus ojos.
—No te conocía, yo… dejé que mi adicción pudiera más, Randall me tenía amenazado, yo solo te había visto dos veces en el club y dos en la oficina, ni siquiera habíamos empezado a hacer negocios, eras una extraña para mí, él solo preguntó y yo respondí lo que sabía, que la Reina de Hielo era Cassie Queen.
—Mi pecho se aprieta—. No soy un traidor, no lo soy, hice mal porque no tenía derecho a decir eso, pero no te traicioné porque fue antes de que yo tuviera tu confianza.
Yo cuando te prometí que no te fallaría, no lo hice.
Me mira frunciendo el ceño.
—Sí, me fallaste, me lo ocultaste, aun sabiendo que me atacaron, lo ocultaste, tú me traicionaste.
Niego seguro de eso.
—No fue así, Cassie, me equivoqué, tenía miedo. ¡Carajos! Dime con una mano en el corazón que si te lo decía antes de conocernos ibas a confiar en mí. No. Si te lo decía apenas empezamos, todo se iba a destruir y si te lo decía al final te ibas a enojar igual.
No me mira. Tengo razón.
—No sé qué quieres con toda tu explicación, de nada sirve ahora que me expliques lo que ya pasó, y te equivocas, hubiera preferido escucharlo de ti, que de alguien más.
Sus ojos se ven llenos de… decepción.
—Solo quiero que entiendas que nunca quise hacerte daño, que me perdones, solo quiero eso, Cass.
Suspira y mira su vientre.
—Te perdono, lo hago, ¿qué cambia eso? Eres el padre, bien, ¿qué harás ahora con eso? Explícame, Gregor, porque no entiendo una mierda de qué haces aquí.
Se acerca a mí y toma el picaporte de la puerta.
—Estoy aquí por ti, por ella, por nosotros.
Estira la puerta para abrirla, pero estoy sosteniéndola.
—No, no te necesito, a ella la verás cuando nazca y nosotros… ya está, Gregor. Te perdono, listo. Vete, déjame y ya. Seremos padres separados, ya está todo solucionado. ¿Qué más quieres de mí?
Es muy simple.
Es tonto pensar que me sentiré suficiente solo estando para mi bebé, cuando también la quiero a ella, cuando la amo tanto como cuando me fui o incluso más.
Me acerco a ella y la obligo a pegarse a la puerta.
—Otra oportunidad, eso quiero, mi Reinita, una sola, nada más.
Me mira a los ojos y es extraño verla mirarme levantando su rostro, ya que no trae tacones.
—Eso es tan descabellado.
—Sé que para ti, te traicioné.
Niega así cerca de mí, casi que toco su barriga con mi cuerpo. Muero por apoyar mi mano sobre ella.
—Ese no es el problema, Gregor, la traición ya no importa, el problema es que no sé si puedo confiar en ti.
Sus ojos no muestran odio. No hay odio, solo es melancolía.
—Déjame demostrarte que puedes confiar, Cassie, por favor, si aún me amas como yo, déjame demostrártelo.
Sus ojos fijos en los míos me dan esperanza.
Vamos, mi Reinita, tú sabes que te amo.