Adictos a lo prohibido Capítulo 51 Tú o yo
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Capítulo 51 Tú o yo

Nerea De La Marquesina Maxwell

Es tarde. Golpeo la ventanilla que me separa de mi chófer.

—¿Te podés apurar, Grey?

La ventanilla se baja con el botón que tiene a su disposición.

—Debo respetar las reglas de tránsito, señorita Maxwell.

Ruedo los ojos.

—Debés respetar lo que tu jefa te diga, y esa soy yo, apresurate.

No dice nada más.

—Veré lo que puedo hacer, tengo órdenes del señor Maxwell y…

—Te puedo echar y dejarte en la calle, Grey, obedecé, carajo. —Sube la ventanilla murmurando—. No murmures que puedo notarlo.

Me ignora.

De verdad voy a hacer que lo echen.

Resoplo y llego tarde al cumpleaños de Charlie, mi prima. Sí, en teoría somos primas porque Cati es prima de mamá. Qué complejo.

Mi mamá me tuvo a los dieciséis años por lo que soy la mayor de los primos. Tengo veintiocho años y una mamá de cuarenta y cuatro años, así que tengo muchos parientes.

Llegamos a la casa de mi tía Cati, afuera está adornada con globos rosados y un enorme letrero luminoso que dice Charlotte con una corona en la C.

Tomo el obsequio y espero a que Grey me abra la puerta, está lento este hombre.

—Señorita Maxwell.

Bajo.

—A ver si comenzamos a ser eficientes, Grey. —Lo observo y asiente, aunque puedo notar su mandíbula apretada—. Sonreí, da una mejor imagen y no te vayas porque esto no durará más de tres horas.

Me alejo y murmura algo inaudible. Me regreso en mis pasos y me paro frente a él.

—Repetí lo que dijiste, Matthew Grey. —Abro mis ojos y clava su mirada en ellos—. Vamos, decime lo que con cobardía murmurás, directo a mi papá voy a ir para que me traiga a alguien que no ande murmurando a mis espaldas.

Está molesto, lo sé por cómo me mira. Mira el suelo.

—Lo siento, señorita Maxwell, no tengo nada que decir que sea grato escuchar, me guardaré mis comentarios, en la próxima ocasión.

Arqueo una ceja.

—Mirame a la cara. —Carraspea y lo hace—. No tenés que pensar malas cosas de mí tampoco, así que controlá tu mente, Grey.

Me alejo.

Prefiero a los choferes viejos que ya saben cómo comportarse, que los que tienen la misma edad que yo.

Llego a la puerta y golpeo. Quien me atiende es Joe, el esposo de mi tía Cati.

—Nerea, qué gusto verte, pasa por aquí, están todos en el patio, el clima apremia hoy.

Sonrío y le entrego el obsequio.

—La verdad es que sí, hay buen clima.

Salimos al patio.

—Gracias por venir, Nerea —menciona y veo a Cati reunida con tres mujeres rubias—. Catita, mi reina, llegó Nerea.

De las cuales a una la puedo reconocer muy bien.

Y no solo me sorprende verla, sino que lo que más me deja impactada es ver cómo Catalina acaricia su vientre abultado, pequeño, pero bien formado.

Está embarazada.

Solo tengo que verla un segundo para que a mi cabeza se venga Greg y muchas cosas pasan por mi mente.

¡No es posible!

Él siempre usa condón, aunque también nunca iba a enamorarse de otra y he aquí, sigue totalmente vacío, trabaja y vive, pero ya no es el Gregor que yo conocía.

—Oh, Neru, me enganchaste con las manos ocupadas en mi futura sobrina.

Sobrina, es una niña, está avanzado entonces.

¡Mierda!

—Hola, Cati, descuida, un gusto.

Asiento saludando a las otras dos rubias presentes, supongo que son hermanas.

Todas son iguales, rubias y de ojos claros.

—Hola, Cassie Queen, qué sorpresa verte de nuevo.

No dudo en mirarla de sus ojos bajando hasta su barriga.

Está embarazada, tiene una linda barriga redondita que se ve muy bien con el vestido que trae puesto, no puede ser. Solo estuvo con ella tan poco tiempo y todo esto pasó.

Puede ser que no sea de él, hay muchas posibilidades, ¿no?

La puta madre, cómo duele esta mierda, ella me robó todo y ahora sí… si ella está embarazada de Greg, se acabó, la ama y encima le dará una hija.

¡La concha de la lora!

¿Cómo mierda se compite con eso?

—¿No es hermosa su barriguita? Me dan unas ganas de tener otro bebé.

A mí me da ganas de que aparezca un esposo por ahí.

¡NO! Prometí dejar esto atrás, él no me quiere, lo sé, y como yo lo quiero, lo respeto.

—Sin dudas tiene una barriga muy linda, ¿puedo preguntar cuánto lleva?

Como buena metiche pregunto.

—Como cuatro meses, nunca sé cuántas semanas son los meses o al revés —Catalina comenta como si nada y mi cerebro comienza a hacer cuentas.

—Ya, dejemos a mi barriga en paz, iré por algo de comer.

Se aleja y no le quito la mirada.

Cuatro meses…

Sí, es de él, no hay otra opción, por favor, Greg volvió hace tres meses y estuvo allá como dos meses.

Esto es un golpe fuerte, ella está embarazada de él y no le ha dicho.

¿Cómo pudo?

Él está destrozado por ella, no es el mismo, si él supiera que ella está embarazada.

Tiene que decirle, debió decirle, apenas lo supo.

Esto no se va a quedar así.

El cumpleaños transcurre y hablo con mis parientes, veo a Charlotte, que resulta anda muy pegada a Cassie Queen.

Yo no puedo quedarme callada, tengo que enfrentarla. La veo sola caminando a la mesa de comida y me acerco a ella.

—Cassie… ¿Hablamos?

No me mira.

—Lo siento, señorita Maxwell, no sé qué podría hablar con usted.

Quiere huir.

—No lo sé, quizás que llevas en el vientre al primer nieto de Bruno Duarte y a la hija de mi amigo Gregor.

Estaba por caminar y se detiene sin voltearse.

—No te conozco y no sé de qué hablas —asegura.

—Sí que nos conocemos y qué mal. ¿Sabías que por derecho un padre debe saber cuándo va a tener un hijo?

Se voltea y me mira seria.

Ella es buena para mantener la calma.

—Me inseminé, no sé de qué hablas.

Arqueo una ceja. Me carcajeo.

—Del mejor donante te inseminaste y directo del envase, supongo.

Frunce el ceño.

—Eso es inapropiado.

Miro a nuestro alrededor y nadie está prestándonos atención, por lo que me acerco a ella muy casual.

—Inapropiado es que tú no le hayas dicho a Gregor que va a ser papá, eso es horrible.

La veo pasar saliva.

—No es el padre, lo repito, me inseminé.

¿Eso alguien se lo creyó?

—No te das una idea de lo mal que está, Cassie, es cruel esto, porque está devastado. Se nota que tú te has levantado o que jamás te afectó, pero él… ya no es el mismo, ya no es Gregor Bruno Duarte, es un cascarón vacío que vaga sin rumbo por tu causa.

Me mira fijo y toca su vientre.

—Yo no le he hecho nada a él y… no sé qué quieres que te diga, yo…

—No mientas, las fechas cuadran, estoy segura de que ese bebé es de él.

—No te comprendo, tú tienes interés en él, ¿por qué te beneficia esta especulación que tienes? De seguro ya están juntos y todo —reclama y siento el enojo en sus palabras.

Ella sí lo quiere, está celosa de mí. Tonta.

—Mira, Cassie, él te ama, está sufriendo como un condenado lleno de culpa, créeme que si fuera por mí ya estaríamos juntos, lo arruinaste, tú… lo cambiaste y lo intenté, quise estar con él y no dejó de llorar ebrio llamándote a ti, dijo tu maldito nombre y… solo quería a su Reinita.

Su mirada cambia completamente. No dice nada, supongo que está procesando toda esa información.

—Esto es fácil, Cassie Queen, tú o yo. —Frunce el ceño—. Se lo dices tú o se lo digo yo, si no le dices que será padre, iré yo a decirle y no me importará nada.

Abre sus ojos con asombro.

—No puedes, te estoy diciendo que me hice una inseminación artificial.

Ruedo los ojos.

—Yo no te creo, tú decides: o le envías ahora un mensaje o yo le diré.

Frunce el ceño.

—No lo haré, tú no vas a manipularme, yo me inseminé y no tengo que darle explicaciones a nadie.

Se aleja.

Terca como mula, justo como él la definió.

Tengo que decirle esto a Gregor, ahora; la observo y la noto hablar con Catalina y encaminarse a la salida.

No puede ser, ella no va a huir, ¿o sí?

Me acerco a Cati.

—Tía Cati, tengo que irme, justo me surgió algo, lo siento.

—Descuida, gracias por venir.

Sonrío y me despido de ella y de todos. Al salir, veo a mi chófer muy tranquilo.

—Movete, dale, llévame a la casa de Gregor, Grey.

Me abre la puerta apresurado.

No tarda en ponerse en movimiento el auto.

Mi cabeza piensa mil cosas, yo… decirle es entregárselo en bandeja porque Greg no la va a dejar ir nunca, más si sabe esto, pero… no decirle sería seguir lo que siento, lo que deseo, y prometí dejar mi egoísmo a un lado, cuesta, demasiado.

No puedo omitir esto. No es algo que una amiga haría, y aunque me pesa, soy su amiga.

¡La puta madre! Soy su amiga.

El auto se detiene y sé que es porque llegamos.

La puerta se abre y tomo aire antes de bajar. Se acabó, con esto se acabará por completo cualquier tipo de esperanza con él y mi amor debe morir con mis palabras.

—Señorita Maxwell.

Está esperando que baje.

—Ya lo sé, Grey, ahí bajo.

Bajo del auto y me adentro al edificio de Greg.

Llegó a su puerta y al golpear una parte de mí me dice «arrepentite». No, eso no.

Abre la puerta y veo esos ojos vacíos.

—Neru, ¿qué pasó?

Abre la puerta para que pase.

—Nada, vine a verte, ¿cómo estás?

Se encoge de hombros.

—Bien, iba a… la verdad no iba a hacer nada. —Se ríe—. Me dijiste que tenías un cumpleaños hoy.

Asiento con un sonido.

—Sí… tuve un cumpleaños. —Me siento en el sillón—. De eso quería hablarte.

—¿Del cumpleaños? ¿Qué tiene que ver conmigo?

Me río para relajarme.

—Más de lo que crees, Greg.

Me mira extrañado.

—Ahora me dio curiosidad.

Se sienta a mi lado.

Lo observo. Es inútil sentirte mío, si es lógico y está a la vista que él se entregó a ella en cuerpo y alma.

—La vi a Cassie Queen.

Sus ojos se abren llenos de asombro.

—¿Acá? —Asiento—. Oh… qué loco.

Sonríe mirando sus manos.

—Tenés que verla, Greg, tenés que ir por ella lo antes posible.

Está sorprendido.

—¿De qué estás hablando?

Paso saliva.

—Gregor, ella está embarazada. —Su mirada cambia por completo—. Tiene barriga, tendrá una niña. Catalina dijo que está de cuatro meses, Greg, yo sin saber si te cuidabas, estoy segura de que es tuyo por el tiempo. Tú confirma esto.

Está serio.

—¿Está embarazada? ¿Cassie está embarazada?

Asiento.

—Tenes que ir por ella, Greg, vas a ser papá.

Sus ojos se empañan.

—Ella… no me lo dijo, yo… por supuesto que es mío, sí… si nunca hubo un condón. —Está lleno de sorpresa—. ¿Voy a ser papá? —Asiento y mi pecho se aprieta—. Ella tiene que explicarme, ella… tengo que ir por ella.

Asiento y me levanto.

—Es lo que debés hacer, Greg, yo ya cumplí.

Camino a la puerta.

—Gracias por contarme, Neru.

Sonrío y abro la puerta.

—Es lo que debía hacer, buena suerte, amigo.

Salgo de allí y me apresuro a salir del edificio.

Pateo el suelo al llegar a la acera.

Veo a mi chófer mirarme.

—¿Qué miras? Abrime la puerta. —Obedece—. Llévame a un bar.

No discute y cierra la puerta.

Me río sentada en el auto, ya ni las cenizas de lo que tuvimos han quedado.