Capítulo 46 ¡A levantarse!
Gregor Bruno Duarte
Estoy despierto hace tiempo, las ganas de levantarme no aparecen, cada día es así, solo quiero dormir todo el día, estar acostado es menos trabajoso y requiere menos voluntad que levantarse y caminar.
Qué asco es esto.
No encuentro maldita motivación, ni siquiera para mirar al menos un programa genérico como Los Simpsons, nada.
Y ahora, además, me duele la cabeza, no debí beber, mi economía no está para eso. En breve solo tendré que vender mis cosas para pagar los servicios del departamento, no soy millonario, pero mientras trabajaba, claro que sí tenía mucho dinero.
A veces me despierto y pienso qué es lo que ella estará haciendo, ¿seguirá odiándome? Como si eso cambiara algo.
Ella perdió la empresa, eso… no me lo perdonará nunca.
—¡A levantarse!
La voz chillona de Neru retumba llegando a mi habitación.
¡Ay, no! ¿Qué hace acá? Ayer pensé que solo se fue molesta porque me puse tan ebrio que apenas recuerdo cómo me acosté en la cama.
—¡Gregor, arriba! —Sigo con mis ojos cerrados con más fuerzas—. Dejá de hacerte el boludo, que sé que estás despierto.
—Neru, ya fue, déjame acá, ayer terminé siendo el plomo de la salida, solo…
—¡No! Levántate, Gregor, ayer… fue una pésima idea salir a tomar, vos necesitás arreglar tu departamento y volver al trabajo, hablar con tu papá, él sabe de amor, yo no sé nada. ¡Vamos!
Patea mi cama. Abro los ojos y la veo con dos cafés en sus manos.
—A desayunar, ya son las once de la mañana, mirá que me pedí el día para rehabilitar a mi desastroso amigo.
Frunzo el ceño mientras me siento en la cama.
—No tenías por qué hacer eso, Neru.
Me extiende la taza de café.
—Te lo debo, son como veinte años de amistad, para esto es la amistad, para que cuando estés hecho mierda, el otro te levante. ¿No lo harías por mí?
Suspiro y tomo el café levantándome de la cama.
—Por supuesto que lo haría, es solo que…
—Aún la amas, la extrañas, es el amor de tu vida y…
—Ella es todo lo que está bien en este mundo, eso es mi Reinita.
Palmea mi hombro.
—Muy bien, primer paso, aceptar, no es así, pero no importa, lo que sentís por ella no va a cambiar, estés tirado en la cama o haciendo tu vida, así que no sirve de nada que detengas tu vida.
Tiene sentido.
—¿Y qué voy a hacer? No sé qué hacer, Neru.
Rueda los ojos y me empuja.
—Salir de esta habitación cochina. ¿Desde cuándo sos tan desordenado y sucio? Ella te contagió.
Me carcajeo.
—No, ella es igual o más maníaca del orden que yo.
Se carcajea.
—Me jodés que te metiste con una igual de maniática que vos; a ver, voy a adivinar cómo es, orgullosa, autosuficiente, terca, obstinada, rebelde y dramática.
Me carcajeo.
—Creo que sí, sí, sin dudas esa es Cassie Queen.
Niega abriendo los ojos.
—Sos vos, tarado, así sos vos, amigo, ese ego que te enamoraste de alguien igual a vos.
Niego.
—Ella es rubia y… es fría como el hielo.
Suspira y me observa.
—Seguís dando asco, de verdad, tenés que bañarte con más ganas e ir a la peluquería de la tía Cati.
Frunzo el ceño.
—No quiero ir ahí, ella es la cuñada de Cassie.
Asiente como si acabara de enterarse.
—No tenía idea, nunca la había visto o quizás no le presté real atención.
Me encojo de hombros y camino por el departamento. Sí, es un desastre.
—Estuve pensando en esto, Greg, tenés que volver a tu vida, a trabajar, imaginá que ella viene a buscarte.
—Niego porque eso no pasaría—. Imagínate que sí, vamos, solo estamos pensando supuestos, ella viene y te encuentra así, se vuelve a Seattle antes de estar con un vagabundo, una mujer con clase como ella, no va a estar con alguien que se ve como te ves vos ahora.
Sí me veo mal, pero Cassie nunca vendrá a buscarme.
—Ella no vendrá.
Me mira exasperada.
—¿Qué me importa? Igual tenés que verte bien, tarado, la vida sigue al igual que lo que sentís, levántate y al menos sobreviví, Greg, luego ves si volvés a buscarla, a rogarle o lo que sea, pero para eso tenés que ponerte las pilas y dejar de estar tirado en una cama pensando que no estás con ella.
Ella tiene razón.
—¿Y puedo seguir llorando?
Rueda los ojos.
—Sí, podés seguir llorando después, al menos rasurado y oliendo a persona que se baña.
Resoplo.
—Sos re molesta, boluda.
Bebo del café.
—Ya lo sé, por eso soy la única que te puede obligar a que dejes la estupidez. Mirá que no abrirle a tu mamá, eso es de mal hijo, ¿qué culpa tiene de toda la pendejada que vos hacés?
Miro mis manos.
—Es que la verdad no quería ver a nadie, Neru, no es fácil esto…
—Es una mierda, se sigue igual, así de simple. —Me quita el café—. Vamos a limpiar y luego te cortás el pelo, te quitás esa barba horrible, hacés algo y vas a hablar con tu papá para volver al trabajo.
Sé que es lo que debo hacer, pero cuesta.
—De acuerdo.
◆◆◆
—Pareces un hombre ahora —bromea Neru—, la barba no te favorece, tengo que decirlo.
Sonrío.
—Me hace ver más viejo, me lo dijiste muchas veces, por ahora así me quedaré, la recorté, me veo decente.
Mueve la cabeza a los lados.
—Algo así, al menos ya estás peinado, mirá este lugar, ahora sí es un departamento.
Limpiamos todo. La verdad fue de gran ayuda eso, ver todo ordenado, da más ganas de normalizar hábitos. Aunque mi pecho se siente igual, vacío, sé que debo levantarme y seguir.
—Iré a casa de papá, voy a ver a mis hermanas y quizás paso por la casa de mamá también, ella debe estar preocupada.
Neru se levanta.
—Aquí terminé yo, te dejo, no vayas a volver a esa cama como un tarado, dijimos, siempre listo por si necesitas conquistar a la señora reina.
Asiento con una sonrisa.
—Gracias, Neru, sos la mejor amiga que podría tener. Te quiero, boluda, de verdad, gracias por levantarme cuando no es tu obligación y… me alegra mucho no haber perdido tu amistad.
Sonríe y sacude su mano restándole importancia.
—Siempre vas a ser mi mejor amigo, Greg, eso jamás va a cambiar.
La veo marcharse y voy a buscar las llaves de mi auto, no sé dónde las habré dejado.
Busco mi teléfono que también llevo mucho sin mirarlo, siento que pasó una vida, pero apenas va un mes.
Un mes sin ti, Cassie, se siente una eternidad.
La puerta suena y eso me toma por sorpresa porque no esperaba a nadie. Voy a ver quién es.
Cuando veo por la mirilla son mi papá y mi mamá.
Okay, creo que no los veo juntos desde que iba a la escuela, ellos solo se juntan cuando es mi cumpleaños o algún evento especial.
Tomo una respiración y abro la puerta.
—Papá, mamá… qué… qué sorpresa verlos por acá. —Sonrío—. ¿Los llamó Neru?
La conozco, ella es quien haría estas cosas.
—Sí, ella nos dijo que tú querías vernos.
Asiento y los hago pasar.
—No sé si tengo algo en la heladera para ofrecerles, el departamento está limpio, por suerte.
Mi papá deja pasar a mi mamá primero y luego entra él.
Me observa y pienso que se verá decepcionado, pero no, solo aprieta mi hombro de pasada.
Voy con ellos, que ya se acomodaron en el sillón.
—Lo siento, creo que los preocupé a ambos, con un hijo de veintiocho años eso ya no debería ser un problema y… me siento mal por eso.
Me siento frente a ellos.
—Yo solo intento entender qué te sucede, Greg, tu papá me dijo que viniera a verte porque estaba preocupado y tú me echaste.
Paso saliva.
—Perdón por eso, soy un tarado.
—No, todos tienen derecho a pasar sus momentos de debilidad, de la forma que quieran, solo no olvidarse de vivir, no seré de esas madres que te pregunten qué pasó, sabes que conmigo puedes hablar lo que sea.
Asiento.
—Lo siento, má, no quise echarte, yo… no podía conmigo, no podía levantarme de la cama, esa sensación de que el cuerpo te pesa. Lo siento con ambos, sé que me llamaste mucho, papá, no me sentía bien, tampoco me siento bien, aun así quiero seguir como pueda.
Miro a ambos.
—Y contás conmigo, hijo, para lo que sea, trabajo, hablar, tomarnos una copa, contás conmigo, Greg.
Aunque a veces parezca que soy un estricto de mierda que no estoy orgulloso de ti, no es así.
Tú eres mi orgullo, ese que veo y sé que podría ser el mejor en todo, que es tan capaz como lo he sido yo y sé que puede ser mejor.
Aprieto los labios porque mi papá nunca me había dicho eso antes.
—Papá…
—Es la verdad —afirma.
—Contás con nosotros, Greg, no te pierdas, Dalia pregunta por ti, tus otros hermanos igual, todos se preocupan por ti.
Aprieto los labios.
—Las iré a ver, tengo que comprobar que aún no tengan novio.
Ambos se ríen.
—Solo mantén lejos al hermano de tu amiga, porque Nolan va a matarlo —dice mamá por Jacob, el hermano de Neru.
—¿No me digas que ese insolente está detrás de Dalia? —indaga papá.
—Yo no diré nada, no dije ni vi nada. —Mamá se levanta—.
Bueno, creo que la charla de ahora no me corresponde.
Si alguien sabe de sufrir por amor, ese es tu padre.
—Se acerca y besa mi mejilla—. Solo puedo decirte que la paciencia cuando amas es una virtud, Nolan estuvo un año esperando que yo me atreviera a dejar un matrimonio sin amor y agradezco eso de él, porque me hubiera perdido a un hombre que me ama como nadie.
Sonrío y solo la observo salir.
—Adiós, má. —Miro a papá que solo me observa con cuidado—. Dale, decime lo que se nota que tenés atragantado —lo regaño.
—No importa qué pase, lo último es tirarse al abandono, siempre se sigue a pesar del dolor, con enojo, pero se sigue y además… ¿Por qué volviste?
Aprieto los labios.
—Porque si seguía allá iba a lastimarla y lastimarme peor, vos no tenés idea de quién es ella, no es una mujer ordinaria, ella no cree en el perdón, aborrece la traición y yo la traicioné de la peor manera, fue antes de conocernos, pero fue maldita traición —escupo recordando lo que pasó.
—¿Tan grave es?
Asiento.
—Sí, la cagué mal y, aun así, no pierdo la esperanza, pero ella necesita tiempo, sueño con que así sea, que ella al menos piense en perdonarme, es todo incierto, papá, y esto que siento no desaparece.
—Ni va a desaparecer.
Niego y suspiro.
—Con ella hice todo lo que en mi vida había hecho con una mujer, en todos los sentidos, no sé cómo explicarlo, ella…
—Es tu mujer, la que tu corazón eligió.
Paso saliva.
—Es la que se quedó mi corazón cuando me fui, esa es y será siempre, sin importar qué pase, yo no quiero a otra, no me interesa el amor en mi vida, no después de ella. Lo único que para mí fue amor fue lo que tuvimos, por más breve que parezca, fue tan puro, tan intenso, inolvidable.
Papá se levanta para sentarse a mi lado y apretar mi rodilla.
—No te rindas, no lo hagas, menos si dices que ella es tan increíble.
Date tu tiempo y cuando estés listo o cuando la vida los vuelva a cruzar, no lo dudes y muéstrale que todo sigue igual.
Yo sé lo que es amar a pesar del tiempo y la distancia.
Cuando volví a ver a Amanda, estaba casado, tenías cuatro años, hacía cinco años que no la veía y…
todo seguía ahí, ella aún tenía mi corazón.
Confía, si es para ti, la vida te la pondrá en el camino, hijo.
Suspiro y asiento. Espero que así sea, que la vida me devuelva a mi Reinita de hielo.