Capítulo 45 Un espacio vacío #2
—¡Basta! Soy tu mejor amiga, Greg, mirate, estás hecho mierda, boludo. Mira, si te voy a dejar así solo, olvídate de lo que hablamos, eso fue el pasado, ahora nada más soy tu mejor amiga acá para que me abraces y me digas qué mierda te tiene así.
Mira el suelo y noto cómo respira acongojado.
—No estoy bien, Neru, nada bien. —Me mira con sus ojos empañados—. No sé cómo superar esto, no sé cómo se hace.
Tarado, si supiera que no se supera.
—Vení acá.
Me acerco y lo abrazo.
—Siento que me muero, boluda, no sé qué mierda hacer, no tengo ganas de nada, me siento inútil y no sé qué hacer.
No pensé que estaba tan mal.
La puta madre.
—Greg, ¿por qué no me hablaste antes?
Palmeo su espalda y se separa.
—Porque no soy tan hijo de puta como para ser un egoísta y buscarte luego de lo que me dijiste en Seattle.
Tiene lógica. Aunque no lo entiendo, yo no dudaría en buscarlo, primero yo y luego el resto.
—Eso ya pasó, al volver me di cuenta de que estaba confundida.
Qué mentira más grande.
—¿Hablás en serio?
Asiento tranquila. Soy buenísima mintiendo.
—Ahora déjame que…
Miro su departamento que se ve un desastre. Eso es extraño, porque Gregor siempre fue extremadamente limpio.
—Esto es un chiquero, boludo, dale a ver si activamos, nos ponemos a limpiar y me contás todo lo que pasó y te tiene así, cuando termines de desahogarte te vas a duchar, afeitar, peinar y nos vamos a ir a algún bar a distraernos y no podés decir que no.
—Frunce el ceño y niega—. No podés opinar, a los vagabundos no les doy la opción de elegir.
—Neru, no estoy de humor, no me siento bien, estoy devastado.
Suspiro y me siento en el sillón tirando todas las cosas y cajas de pizza que hay en él.
—Necesito el contexto, sentate y contame.
Se sienta a mi lado y lo observo. Dios mío, se ve fatal.
—No sé si lo mejor sea hablar.
Chasqueo la lengua.
—¡Hablá de una vez!
Suspira.
—La perdí, todo fue mi culpa; tengo secretos, Nerea, soy un maldito adicto al juego, desde los diecisiete años.
Eso no lo sabía, yo sabía que le gustaba jugar a las cartas, pero de ahí a ser adicto…
Eso no me lo esperaba.
—Te refieres a eso que juegas a las cartas, ¿no?
Se ríe irónico.
—Es mucho más que jugar a las cartas, cuando llegué a Seattle me tenían bastante agarrado de las pelotas las personas que mandan en ese asunto y yo hice algo malo, algo que dañó a Cassie, no sabía que eso pasaría, yo…
—Su voz se quiebra y me sorprende demasiado verlo llorar, él nunca lo había hecho—.
Le arruiné la vida, Neru, la cagué y ella no quiere verme ni escucharme, me ha dicho tantas cosas feas y todas son ciertas.
Me odia, arruiné todo, no podré recuperarla y me duele. ¡Mierda!
Estoy en shock viéndolo llorar así. Me duele verlo así, él de verdad está devastado.
—Greg…
—¿Cómo mierda hago para olvidarme de todo, Neru?
Lo abrazo y llora como un niño.
—Greg, desahogate, es la única forma de superar el dolor.
Llora con dolor, con agonía.
—Soy una mierda, Neru, yo tuve elección y no lo dudé, no me correspondía, no tenía derecho a dañarla así, ni a su familia, no puedo arreglarlo y se acabó.
¡Cómo duele, carajo! —Froto su espalda mientras intento brindarle consuelo—.
Me alegra no haber perdido nuestra amistad, es bueno tener una amiga cuando pensé que había perdido todo.
De verdad él está mal y no sé cómo ayudarlo. Soy muy mala para esto, yo solo encuentro aliciente en salir de fiesta.
—Gregor, vamos, boludo, no podés dejarte morir de esta forma, levántate y seguí, porque ella va a seguir su vida mientras vos te dejas así abandonado.
Me separo de él para mirarlo a la cara.
—Eso intento, ¿pensás que no lo intenté? No sé qué hacer, no encuentro la voluntad de seguir, de hacer algo para salir del pozo de mierda donde estoy.
Él necesita una distracción y bien dicen por ahí que un clavo saca otro clavo.
—Levantate, andá a bañarte, aféitate, cámbiate y vamos a salir a tomar aire.
—Niega y me levanto del sillón—. ¡Dale! Vos querés seguir, haceme caso, ¡DALE, GREGOR!
Así funciona y así es como lo vamos a hacer.
—Lo obligo a levantarse—. Si no lo hacés, yo me voy a quedar acá sin bañarme y al abandono como vos.
¡Dale, boludo! Arriba ese ánimo, hacele caso a tu amiga.
Suspira.
—¿Y qué vamos a hacer?
Me encojo de hombros.
—Lo que pinte, algo vamos a hacer, al menos nos tomamos unas cervezas y te olvidas un poco de todo, apurate, ¡dale!
Resopla y camina al baño.
Matthew nos abre la puerta y miro a Greg que, si bien se ve mejor, se nota en su cara que no está completamente bien y es peor verlo todo el camino mirar la ventanilla, mientras el viento golpea su rostro.
Solo cierra los ojos y no habla nada, yo nunca lo había visto así, él necesita olvidarse de esa mujer que lo hace sufrir tanto.
Llegamos a un bar muy bueno al que hemos venido muchas veces anteriormente y mi chófer nos abre para bajar.
—¿Segura que funcionará? Yo veo este lugar y solo pienso que soy la puta piedra que te impedirá que la pases bien sola, Neru.
Ruedo los ojos y palmeo su espalda.
—Vos relajate y dejate llevar, vamos a tomar y seguro después del segundo whisky ya te sentís mejor, porque si te doy cervezas, como veinte necesito para que te hagan cosquillas.
Se ríe.
—Con lo poco que he comido, con una cerveza quizás ya me pongo ebrio.
Nos sentamos en la barra del lugar.
Yo pido dos cervezas y nos ponemos a beber.
—Hoy no hablaremos de problemas, solo de cosas buenas, como que podríamos irnos de viaje a cualquier lugar si le pido a papá.
Niega riendo.
—Soy oficialmente desempleado, ¿no te enteraste? —Frunzo el ceño—. Renuncié, se fue todo a la reverenda mierda, boluda, no sé siquiera cómo podría volver al trabajo, tendría que hablar con el viejo y no sé si me va a recibir, no lo juzgo, llevo un mes siendo una mierda que no hablo con nadie.
Se carcajea sarcástico. Se bebe toda la cerveza y pide otra.
—Eso se arregla, aunque deberías tomarte un tiempo de todo, yo puedo hacerte compañía, podemos hacer muchas cosas para distraernos.
Bebe como si de agua se tratara.
—Tenés razón, la cerveza no me hace nada.
Se pide un whisky.
—Además, no podés estar así por una mujer que no conociste demasiado.
Mira su vaso y se lo toma de un tirón.
—Déjeme la botella —ordena y el cantinero obedece—. Eso suena gracioso, porque… siento que la conozco de toda la vida, que siempre he estado con ella y no tiene sentido.
Sigue bebiendo un trago tras otro. Cuando apenas voy por la cuarta cerveza, él se terminó una botella entera de Jack Daniel’ s.
Habla incoherencias, no logro seguirle el hilo, solo lo veo perdido y pienso que lo que él necesita es un recordatorio de lo bien que la pasábamos nosotros.
—Deberíamos ir a la casa, Greg, y distraernos un poco, ya sabes, nosotros podemos pasarla bien.
Se carcajea.
—¿Tú qué insinúas?
Lo ayudo a levantarse de la silla.
—Colabora, anda, camina, Greg.
Lo hace, muy mal, porque apenas puede mantenerse en pie y hablar.
Las palabras le salen cruzadas lo cual es señal de lo ebrio que está. Lo llevo hasta afuera, solo se ríe y cuando Grey me abre la puerta, lo meto como puedo para meterme con él.
—Sí funciona, no siento nada, Nerea, fue una buena idea.
Por supuesto. Yo solo tengo buenas ideas.
—Te vas a sentir mejor después, eso tenelo asegurado.
El viaje se la pasa riéndose, mientras mira por la ventana y dice pura pendejada como el Greg que yo conozco.
Eso me alegra.
Llegamos a su departamento y lo ayudo a bajar, se sostiene de mí y solo vamos hasta el ascensor.
—Estás mal, boludo, tomaste un montón.
Se carcajea.
—Mi alma necesitaba alcohol, gracias, por llevarme, por traerme, por no dejarme solo aunque sea una puta carga.
Sonrío sutil.
—No sos una carga, Gregor.
El ascensor se abre y vamos hasta su departamento, al cual entramos y él no puede mantenerse en pie.
—Llegamos, hogar, asqueroso hogar, vacío como la mierda —escupe y comienza a caminar a su habitación chocándose con todo.
Lo sigo y casi se cae en la entrada de la habitación.
—Idiota, no te caigas.
Lo ayudo y se voltea dejándose caer en la cama conmigo sobre él.
—No debimos beber tanto, Reinita.
Está con sus ojos cerrados y con sus manos me toma de la cintura.
—Todo es mejor cuando estamos ebrios, siempre lo decís.
Se carcajea.
—Contigo es todo genial, sobrio, ebrio, en cualquier momento. Mi Reinita.
Frunzo el ceño porque él nunca me dice así. Toco su mejilla intentando que abra los ojos.
—Greg…
Sus manos suben por mi espalda.
—Te extraño, Cass, te extraño, mi Reinita, de verdad, no sabes cómo te extraño, mi amor.
Paso saliva y lo aparto. Se voltea y sin abrir los ojos, sorbe por su nariz.
—Te extraño demasiado, mi Reinita.
Soy una tonta. No entiendo por qué soy tan estúpida. ¿A quién quiero engañar? No existe un espacio vacío donde él me pueda amar, no al menos de la forma que yo lo hago.
Suspiro.
Perdón, Greg, soy una amiga de mierda y es que mentí, yo no olvidé lo que sentía.
Lo dejo solo y salgo de ahí, porque no puedo superar que él me haya hablado como si fuera ella, eso solo es la prueba de que sí, en ese poco tiempo tal parece que él construyó con ella lo que no pudimos en toda una vida.
Qué humillación y una que yo sola me busqué.
¡Tonta!
Es momento de que deje esto atrás, porque la verdad es que, aunque lo quiera, él no lo hace y está bien, él siempre fue honesto y yo…
No quise aceptar que nunca fue para mí.
Perdón, amigo, hoy fui una amiga pésima y prometo que intentaré ser una mejor, mientras te olvido, mientras entiendo que lo que teníamos nunca fue amor, no del que yo me engañé teníamos.