Adictos a lo prohibido Capítulo 45 Un espacio vacío
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Capítulo 45 Un espacio vacío

Nerea De La Marquesina Maxwell

Jefa de planta, eso soy, en una fábrica de alimentos, no es broma cuando digo que en cualquier momento papá venderá el aire envasado.

Miro la hora y es casi tiempo de que salga, tomo mi teléfono y le envío un mensaje a mi chófer, Matthew Grey, aunque no creo que se haya ido, después de todo ya no debo compartirlo con Jacob, mi hermano menor.

Qué injusto, él puede tener auto y yo no.

¿No será porque has chocado demasiado?

No fueron tantos, solo… unos ocho quizás en tres años, sí son muchos.

De todos modos, tener chófer tiene sus ventajas, como que puedo ponerme muy ebria y siempre alguien me llevará a salvo a casa.

Voy a la salida porque ya terminó mi horario, cumplo una jornada simple y básica con un buen sueldo, papá a veces me dice que debería estar trabajando con él en Maximus, la empresa de indumentaria que él tiene. No me gusta, nada de esto me gusta realmente.

Quisiera tener el valor de hacer lo que quiero, es solo que no he estado muy bien últimamente.

Con el corazón roto no se puede pensar con claridad.

Pienso que más que roto está decepcionado, de que Gregor no tenga criterio, está claro que soy mejor que cualquier otra mujer que se cruce en su camino, lo conozco por más tiempo, su familia me adora, él debería saber que soy la maldita mejor opción del mundo.

¡Tarado!

He sabido por su padre y por todos que comentan ha vuelto y no se encuentra nada bien. Eso dicen, yo sigo esperando que me busque y escuchar esas acertadas palabras que digan: «Lo siento, debí ver que siempre fuiste tú», se está tardando.

Amo a Gregor, lo he amado por mucho tiempo, estamos hechos para estar el uno con el otro, es solo que él no logra verlo, no entiendo por qué, nos conocemos desde niños, ya todos lo saben, que ambos estaremos juntos porque somos perfectos.

Pero le gusta hacer todo a su modo y va, y se enamora… No sé cómo pudo enamorarse de alguien más en tan poco tiempo.

Eso no es amor, si no, no habría vuelto y me he estado conteniendo, porque quiero que él venga a mí.

Ya ha pasado un mes desde que volvió y ni un mensaje me ha enviado, por supuesto yo tampoco.

Él solo debe darse cuenta de que es mío, yo no tengo que estar recordándoselo, además, sigo un poco triste.

¿Cómo pudo decir que ama a una aparecida?

Llego a la salida y Matthew ya está esperándome.

Me abre la puerta antes de que llegue a él.

—Buenas tardes, señorita Maxwell, ¿a dónde la llevo el día de hoy?

Subo al asiento trasero del auto que está designado para mí.

—A mi departamento, Matthew.

Asiente y se sube al asiento delantero.

Él es un excelente conductor y la verdad, Matthew es casi hasta que guardaespaldas, más bien como asistente, porque creo que un guardaespaldas no te sostiene el cabello mientras vomitas porque estás tan dolida porque el idiota que debería amarte está con otra.

Odio eso y pensé que de verdad lo había perdido, hasta que volvió y supe que no me había equivocado, no iba a durar.

Eso fue solo un simple capricho de Greg, nada más.

Mientras el auto se mueve, suena mi teléfono y en la llamada veo que es Bruno, el papá de Greg, me llama de vez en cuando para saber si su hijo me buscó, él me adora y esa es una razón más de por qué lo nuestro sería perfecto.

—Bruno, ¿cómo estás? —respondo cordial.

—Hola, Neru preciosa, ¿estás ocupada?

Suena raro.

—En viaje a casa, ¿todo está bien? —indago interesada.

—Estoy algo preocupado, Neru, la verdad no sé qué pasó entre vos y Gregor, solo sé que me preocupa mucho, no sé qué hacer, no contesta mensajes, llamadas y he ido a su casa, pero no atiende y yo sé que ya es un adulto, estoy preocupado de todos modos y…

Comienzo a preocuparme yo por lo que dice.

—¿De verdad es tan grave? No me estás exagerando porque quieres que nos amiguemos, ¿verdad?

—No, Neru, yo estoy de verdad preocupado, por eso te llamo, es que vos y él siempre se entendieron, yo me prometí que ya no volveré a molestar ni insistir en lo de ustedes.

Yo a ti te tengo mucho cariño que no cambiará y a él lo respeto, quiero a mi hijo de nuevo, a ese competente, que no dejaba de darme dolor de cabeza con su obstinación.

Se escucha muy preocupado.

—Yo… no sabía que estaba tan mal, pensé que solo estaba haciendo su drama porque quería que yo lo busque.

Ya veo que no es así.

—Neru, ni siquiera a su mamá le ha querido abrir la puerta, pero sí le habló y le dijo que por favor lo deje solo. No sé si está comiendo, si le pasa algo, no quiero llegar al extremo de forzar su puerta, por eso pensé en vos, sos su mejor amiga.

Soy su mejor amiga. Eso es cierto, duele, pero es cierto, ahora me pregunto yo, ¿es más lo que lo quiero como mujer o como amiga?

—Estoy con algunas cosas, pero… veré si puedo pasar a verlo, lo prometo, es mi amigo y aunque a veces sea un pendejo, veré que esté bien.

Esta situación es complicada.

—Gracias, Neru, no quise molestarte, pero estoy preocupado.

Ahora también lo estoy. ¿Qué fue lo que pasó, Gregor? Dios mío, no puedo creer que tenga que ir a verlo. No puedo evitarlo, esa es la verdad, porque el hecho de que es mi amigo no lo puedo borrar con nada y yo sigo sintiendo tantas cosas por él.

—Descuida, seguro no es nada.

Trato de consolarlo.

—Te dejo, Neru, gracias.

—No es nada, adiós, Bruno, saludos a las chicas.

Corto la llamada. Suspiro y pienso qué hacer. Observo la ventana que me separa de la parte delantera del auto y le doy un golpecito para que él la baje.

—¿Necesita algo, señorita Maxwell?

Suspiro mirando mi teléfono sin mirarlo.

—Detente que te avisaré el nuevo destino.

Le marcaré a Taylor. Mi amiga me dará algo de lucidez ahora. Siento que Matthew sigue con la ventanilla abierta.

—Ya terminé, puedes cerrar la ventanilla que quiero privacidad, en cuanto sepa a dónde iré te lo diré.

Resoplo estresada. Si no fuera porque papá dice que conocemos a Matthew desde que es niño, no estaría soportando tener un chófer. Es eficiente, aunque a veces me estresa porque habla cuando no debe.

A él no le importa si bebo demasiado o si no debería irme con desconocidos. Se le paga para conducir, no para mirar lo que hago, es mi problema lo que hago.

Le marco a mi amiga, solo dos tonos y el bullicio se escucha. Ella es ingeniera, está trabajando en una empresa fabricante de juguetes, así que siempre hay mucho descontrol donde ella trabaja.

—Neru…

Dejo de escuchar tanto ruido porque de seguro se apartó para hablarme. Pensé que ya habría salido.

—Taylor, amiga, necesito ayuda y un consejo, maldita mierda.

Me quejo porque la verdad estoy en una disyuntiva.

—¿Qué pasó ahora?

Ya la pobre no sabe qué esperar, cada vez que hablamos algo nuevo le sumo a mi drama.

—Bruno me pidió que vaya a ver a Gregor, que está muy mal y una amiga quizás le sirva…

—Una amiga honesta, no vos, está claro.

Chasqueo la lengua.

—Sí, soy su amiga, también siento otras cosas y…

—Yo diría que no, te conozco y solo irás a meterle más presión buscando ese espacio vacío para volver a lo mismo, o peor.

Aprieto los dientes porque Taylor me conoce demasiado bien.

—¿Qué tiene de malo eso? Si al final…

—Nerea, como tu especie de tía amiga, tengo que ser honesta contigo. Él fue honesto y si está mal, si necesita una amiga, no vayas con otras intenciones, no cuando una persona está vulnerable.

Ruedo los ojos.

Ella no entiende nada, por eso sigue soltera, no se atreve a hacer lo necesario cuando es necesario.

—No sé por qué pensé que vos podías ayudarme.

Se ríe.

—Te gusta saber mi opinión, aunque luego hacés lo que querés, sabes que tengo razón, vos hacé lo que quieras, yo te advertí, recuerda eso, sabés que no importa qué pase, estaré, así que esperaré tu llamado.

La odio.

—Sos mala, vas a ver que te equivocás.

Le corto molesta.

Es muy simple, ella debe apoyarme y decir que aproveche este momento para que suceda lo que yo quiero, no decirme lo contrario.

¿Por qué es tan difícil todo? Golpeo la ventanilla.

—¿Señorita?

Puedo escuchar el tono agotado de mi chófer.

—Llévame al departamento de Gregor y cambia ese tono que me estresa, Grey.

Cierra la ventanilla y no responde nada.

De camino al departamento de Greg solo pienso qué haré.

Eso depende de cómo esté, no puede estar tan deprimido por una mujer que conoció por tan poco tiempo.

Así que si lo que necesita es superar esto, yo ayudaré a que eso suceda, de la forma que yo considere mejor, y si eso implica que le haga ver que conmigo puede sentir igual o mejor que con ella, lo haré.

El auto se detiene y bajo sin avisar.

Subo hasta el departamento de Greg, y golpeo una vez. Si no abre, en breve usaré mi copia de la llave que me dejó cuando se fue a Seattle y debía cuidar sus plantas.

—Gregor, abre la puerta, soy yo, anda. —Espero y no hay respuesta—. Bueno, voy a usar la llave que me diste.

Meto la llave y cuando abro, lo veo llegando, supongo a querer evitar que entre.

Sí que se ve fatal, está demasiado mal.

—Nerea, ¿qué haces acá?

Frunzo el ceño.

—Dios mío, ¿debajo de todo eso está mi amigo Greg?

Está barbudo y su pelo es un desastre.

—Andate, Neru, por favor, no quiero seguir lastimándote, ya he lastimado a muchas personas, no voy a causarte daño a vos también, andate, no deberías haber venido.

Sus ojos se ven perdidos y debajo de ellos unas ojeras opacan lo que alguna vez fueron unos ojos muy particulares.

—No me voy a ir, Gregor, vos necesitás una amiga…

—Por eso mismo, dijiste que me odiabas, que sentías cosas por mí, no quiero que esto se vuelva peor, sí necesito una amiga y como sé que vos no podés serlo, no te llamé, solo andate.

Cierro la puerta y ruedo los ojos.

—Olvídate de lo que hablamos en Seattle, yo estaba muy confundida.

No puedo verlo así y dejarlo solo.

Ya veo que sigue pensando lo mismo y necesita una amiga. Sé que lo quiero como algo más, pero si necesita una amiga, seré esa amiga.

—De verdad, Neru, yo no quiero hacerte daño, por favor…