Capítulo 41 La traición
Gregor Bruno Duarte
Mi teléfono suena y lo tomo, mientras reviso unos papeles de trabajo.
Al ver que es Cassie, me detengo a leer su mensaje, ella nunca envía mensajes.
Reinita: Gregor, toda esta mierda es obra de Randall, sabe quién soy y no permitiré que siga molestando, haremos un trato y si le gano una partida me dejará en paz. Estaré en el casino, lo sé, es peligroso, por eso te aviso. Te amo.
Frunzo el ceño, ¿cómo que fue a jugar con Randall?
No es posible.
Tomo mis cosas saliendo directo a buscarla.
Randall, maldito hijo de puta, se atrevió a meterse con su familia.
Ese imbécil, quería creer que no se trataba de él.
Por mí, para no seguir autocastigándome, me dije que Randall no podía ser tan mierda de hacer algo así, solo porque Cassie es buena jugando al póker. ¡Mierda!
Ella no puede ir a jugar contra él, ese maldito no jugará limpio, yo le dije que no había forma legal de ganarle, eso…
¡La puta madre! Cassie…
Tengo que alcanzarla e impedir que cometa un error, decirle de una maldita vez que es mi error, yo… la cagué, es que ella no me importaba. Yo nunca quise hacerle mal, aun así, lo hice de forma indirecta.
Conduzco directo al casino, estoy lleno de preocupación por su bienestar. Randall ha intentado hacerle daño ya dos veces, ella no puede estar sola con él.
Voy llegando y la ansiedad me invade, con una de mis manos libres tomo mi teléfono para marcarle, pongo el altavoz.
«El número que intenta marcar se encuentra apagado o fuera del área de cobertura».
Eso me pone peor, sigo viendo el camino y vuelvo a marcar. De nuevo me dice lo mismo, eso sin dudas no es una buena señal.
Veo el casino y me detengo, mientras sigo marcando su número.
Camino directo a la entrada trasera del casino, no veo su auto y eso solo aumenta mi preocupación. Al llegar, en la entrada, veo al guardia del lugar, eso no me detiene a querer entrar y me acerco decidido a hacerlo.
—¡No se puede ingresar! El lugar está cerrado hasta la noche.
Frunzo el ceño.
—Adentro está Randall jugando con la Reina de Hielo, ¿verdad? —indago y solo guarda silencio—. Necesito entrar, no aceptaré un no como respuesta.
Intento hacerlo a la fuerza y me empuja.
—¡EL SITIO ESTÁ CERRADO!
No me importa, quiero entrar y esta vez el empujón es con fuerza.
—¡CASSIE! ¡CASSIE! —grito, intentando que ella me escuche desde adentro.
Estoy desesperado, ella no puede jugar contra Randall, seguro es una trampa o algo más. Necesito verla, que esté a salvo.
—¡Váyase de una vez!
Niego y comienzo a forcejar con el tipo, es más alto y tiene más fuerza, así que de un manotazo me manda a volar.
—¡CASSIE! ¡CASSIE! ¡DÉJENME ENTRAR!
No me rindo y sigo insistiendo.
Los minutos pasan y observo al guardia que se niega a ceder, solo busco una pequeña brecha para entrar a la fuerza. Ella está adentro, lo sé y qué impotencia me da no poder entrar, no poder saber lo que está pasando dentro.
¡Por favor, Reinita! No hagas una locura, por favor.
—¡DÉJENME ENTRAR, MALDITA SEA! —grito con fuerza.
—¿QUIÉN ES?
Una voz se oye desde adentro. El guardia mete su cabeza.
—¡ES DUARTE! —grita de la nada y los nervios comienzan a invadir mi cuerpo.
—¡AH, DEJA PASAR A MI SOCIO!
Ese es el maldito de Randall.
Me permiten acceso abriendo la puerta y solo quiero decirle que no puede confiar en nada de lo que Randall le diga.
—¡Cass! No puedes…
Entro agitado buscándola, a lo que conecto con sus ojos al instante.
—¡Acá está mi socio! Ven a festejar, que sin ti esto no sería posible.
Randall levanta las manos emocionado.
Pedazo de mierda.
—¡Deja de decir estupideces! Cass, Reinita, ¿qué pasó?
Lo ignoro, solo quiero saber por qué ella se ve así con su mirada perdida.
Intento acercarme a ella.
—¿Por qué es tu socio, Randall?
No me mira, ella solo se levanta alejándose de mí y eso hace que mi pecho se apriete.
Ella no tiene que escuchar a Randall, debe escucharlo de mí y con una explicación, sabiendo que yo la amo, que jamás en mi vida quise hacerle daño. Yo nunca la hubiera delatado si sintiera en ese momento lo que siento ahora, ella debe oírme y creerme a mí, no a la estupidez de Randall.
—Cassie, escúchame a mí.
Niega sin despegar los ojos de Randall.
—¿No es obvio? Él fue quien me dijo tu identidad, Reina de Hielo.
Jadeo.
—¡CÁLLATE, MALDITO! —La miro intentando acercarme y mis ojos pican—. Cass, Reinita, escúchame por favor, yo…
—Ya veo, así que fue eso.
Más quiero acercarme, más se aleja.
—No sé lo que estás pensando, no es así, mírame y confía en mí, por favor.
Voy a tocarla y me empuja con fuerza.
—¡NO ME TOQUES! —Su grito penetra en mis oídos—. ¡Mentiroso! Traidor… eres un traidor.
Niego con mis ojos empañados.
—No, no lo soy. Cassie, solo escúchame y…
—No tengo nada que escuchar de tu asquerosa boca.
Se aleja saliendo por la puerta.
—¿Vienes por tu parte? —dice el imbécil de Randall.
—Cierra la boca, ¿la parte de qué?
Camino a la salida apresurado para seguirla.
—De Industrias Queen. —Me volteo y frunzo el ceño—. Soy el nuevo dueño, ella la perdió apostando y todo es gracias a ti. Te debo una, Duarte.
Siento como si un balde de agua helada me cayera encima.
¡No puede ser! Ella no pudo perder la empresa en una apuesta.
No…
Salgo corriendo del lugar.
◆◆◆
Cassie Queen
Mis manos tiemblan y no sé ni siquiera cómo caminar, quiero tirarme en un rincón y hacerme un bollito pequeño, desapareciendo de la faz de la tierra. Quiero dejar de existir.
Me sedujo, se ganó mi confianza y me traicionó, yo siempre lo supe, nadie puede evitar la traición y esta me duele, me destroza, me deja sin nada.
Ya no tengo nada, nada de nada.
Le di todo, hasta la última gota de mi dignidad, de mi ser y de mi alma. Me usó.
—¡Cassie! Por favor, tienes que escucharme.
Me volteo conteniendo en mi pecho las ganas de llorar.
Unas desgarradoras ganas que parecen destrozarme por dentro, rompiendo mi piel desde mi pecho hasta mi corazón, ese que no parece existir de tan hecho picadillo que está.
—No voy a escucharte, ni lo sueñes. ¡HABLAMOS DE MI FAMILIA!
Y todo es tu culpa, confié en ti, te dije que no me fallaras.
Todo era una puta mentira, acabo de perder lo único que me importaba en esta vida, lo único que me quedaba de mi padre, lo único en lo que he dejado mi maldita vida y todo es tu culpa. ¡¿POR QUÉ?!
Las palabras parecen romper mis cuerdas vocales.
—Yo quería decirte, no quería que lo supieras así, solo…
—¡ME TRAICIONASTE! ¡NO VOY A PERDONARTE JAMÁS! —Intenta acercarse y lo golpeo en el pecho—. No tenías que hacerlo, no es justo. —Mis labios tiemblan y no logro evitar que mis ojos se empañen—. Casi matan a mi familia. ¡Te odio!
Niega y no me importan sus lágrimas.
No cuando solo puedo pensar en su traición.
—Cass, yo te amo, yo nunca qui…
—¿Nunca quisiste arruinarme la vida? ¡MENTIROSO!
—Lo abofeteo—. Escúchame bien porque solo voy a repetirlo una vez.
—Me trago las lágrimas y con la última fuerza que me queda, lo miro a los ojos con toda la frialdad que puedo conseguir en este momento—.
Solamente dos cosas me importan en esta vida, mi familia y mi empresa, y por ti, perdí una y se dañó la otra.
En este momento, no existes y nunca lo hiciste, hablo en serio cuando te digo que te o-di-o.
Te odio con cada fibra de mi maldita existencia, Gregor Bruno Duarte, eres lo peor que la vida me pudo dar y tú acabas de morir para mí, no quiero verte nunca más en mi vida.
Cada palabra sale con dolor, destruyéndome.
Lo odio, eso es cierto, pero lo amo y eso es lo que me está destruyendo el alma en mil pedazos. Que él acaba de arruinar mi vida, de destruir todo lo que tenía. Fue él y siempre estuvo jugando conmigo, como una estúpida no lo vi venir, la traición siempre le ganará al poder.
—Lo siento… no quería esto, yo…
—Solo querías destruirme, felicidades, lo conseguiste, ahora solo desaparece.
Camino a la calle donde detengo un taxi.
Hubiera puesto las manos en el fuego por él y me hubiera quemado.
Subo al taxi y siento que si no dejo mis lágrimas y mi llanto salir me ahogaré, pero no quiero llorar, no quiero que me duela, no quiero sentir nada por él, no quiero. Lo odio, lo odio tanto.
Necesito a mi papá, necesito a mi mamá, solo quiero que me abracen y llorar hasta desaparecer.
El taxi sigue derecho, nada más le pedí que me llevara lejos.
Tomo mi teléfono con mis manos temblorosas y como puedo le marco a Joe.
Sé que seguro acaba de llegar, que está preocupado por Genna, no tiene la obligación de nada, ni siquiera sé qué haré.
¿Cómo le diré que perdí el 75 % de las acciones de la empresa familiar?
¿Cómo le voy a decir que solamente quiero que venga a abrazarme?
—Hola, Cass…
—Joe… ¿Estás en el hospital?
Mi voz sale ronca y áspera.
—¿Qué sucede, Cass?
No puedo controlar el temblor de mis labios.
—Joe… algo malo pasó, algo… Lo siento, Joe, te necesito y…
—¿Dónde estás? Voy para allá, mantente tranquila, solo dime dónde estás…
—Iré a Great Wheel… no quisiera necesitarte, de verdad.
Intento no ser una jodida carga.
—Te veo allí cuanto antes, Cass, solo aguanta a que llegue.
Asiento con un sonido y corto la llamada.
—¿A Great Wheel, entonces? —indaga el chofer.
—Sí…
Aguanto, todo lo que puedo.
El viaje se siente eterno y una verdadera tortura, cuando llego solo pago el taxi y bajo, dejando que la brisa proveniente del océano me golpee.
Camino hasta el muelle donde hay una enorme rueda de la fortuna, observo la inmensidad de dicha atracción y las ganas de llorar aumentan.
Lo sé, yo pensé que era él, mamá, fue mi error, me equivoqué. Lo siento.
Voy hasta el barandal del muelle y me apoyo en él para observar el agua, lo fácil que sería lanzarse y olvidar todo esto, que dejé a mi familia sin la principal fuente de ingresos familiar y que me sucedió por ingenua, por confiar y pensar que yo tenía permitido amar.
—¡Cassie!
Me volteo y veo a mi hermano.
Él a veces me recuerda a papá, su bondad, sus ojos, su cabello, su templanza. Decirlo es aceptar lo débil que soy y que ahora lo necesito.
—Cass, ¿qué te sucede?
Llega apresurado a mí y lo primero que hace es abrazarme.
—Joe… lo perdí… perdí todo.