Adictos a lo prohibido Capítulo 39 Me lo van a pagar
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Capítulo 39 Me lo van a pagar

Cassie Queen

—Jane…

Tomo el teléfono y del otro lado una Jane acongojada me espera.

—Cass… tienes que venir.

—¿Qué sucede?

Mi voz sale llena de preocupación.

—Es Genna, ella… tuvo un accidente, está inconsciente.

Siento como si algo cayera sobre mí aplastándome.

—¿QUÉ? ¿Dónde, cómo? —Ella solo llora—. Voy para allá, tranquila, voy para allá, Jane.

—Por favor, conduce con calma, Cass.

Mi corazón quiere salirse de mi pecho y contrario a lo que ella piensa que saldré corriendo, siento que mi cuerpo no responde correctamente.

—Sí, tendré cuidado, yo… Llegaré rápido.

Corto la llamada y siento mi visión nublada por mis lágrimas.

Mi Genna, no puede ser. ¿Qué sucedió?

—¿Qué sucede, Cassie?

Miro a Gregor y niego.

—Necesito que conduzcas, es Genna… —Mi voz se quiebra y ni siquiera puedo decirlo sin sentir que me destroza—. Un accidente. —Mis lágrimas se escurren—. Un accidente de autos, Gregor.

No puedo evitar sentir que todo se repite. Mamá tuvo un accidente de autos y todo empezó así.

—Te llevo, yo… te llevo, Cassie. ¡Dios mío! Tengo que avisarle a Ty. ¡Mierda! —Se acerca y me abraza—. Tranquila, todo va a estar bien, vamos al hospital.

Toma la iniciativa y agradezco eso.

Le doy mis llaves y vamos apresurados hasta el auto donde pongo en el GPS la dirección del hospital y él conduce.

Mis manos tiemblan y miro mi teléfono sin saber qué hacer. Debo llamar a Liz o Jane la habrá llamado, quizás, no sé qué hacer. Quiero verla, que esté sana y salva, que sea un mero susto.

¿Qué diablos está pasando? Liz y Ash, ahora Genna.

¡Maldita sea! ¿Qué mierda está pasando?

Justamente ellas no merecen nada de esto.

Muevo mis manos ansiosa por llegar, no hablamos nada y agradezco el silencio, en estos momentos mi cabeza está llena de pensamientos temerosos.

Llegamos al hospital y bajo apresurada viendo llegar a Liz.

—¡Cass!

Me acerco a ella y la abrazo.

—No sabía si Jane te llamó, si llamarte, lo siento, Liz, es que… no quiero que nada le pase.

Veo a Marchetti solo en silencio.

—Va a estar todo bien, Cassie, descuida.

Asiento ante las palabras de mi cuñado que voltea a ver a Gregor.

—No digas nada, no ahora.

Solo levanta su mano y me acerco para tomar la mano de Greg y entramos al hospital.

—Cassie, tengo que avisarle a Ty, es que no sé si él sabe, si a ti te pasara algo, yo quisiera que me avisaran.

Clavo mis ojos en él y asiento.

—¡Cassie!

Me suelta y Jane se acerca a mí muy conmocionada.

—Jane, dime todo, ¿cómo está?

Me abraza y le correspondo.

—Dicen… que estará bien, la están interviniendo porque se lesionó las costillas por el cinturón de seguridad. No puedo creerlo, tengo miedo, Cassie, no quiero que le pase como a mamá.

Niego y la abrazo con fuerza.

—No le sucederá igual, tranquila, solo debemos mantener la calma y estar bien para ella.

Nos separamos y Liz se acerca a consolar a mi hermana.

Veo a Kaleb hablando con los médicos.

Me volteo y Greg viene con su teléfono en la mano.

—Le avisé a Ty, él… está viniendo. ¡Por Dios! Es que él estaba mal.

Suspiro. Esto es terrible.

—Reinita, lo siento, no puedo creer que esto pase.

Me acerco a él solo tomando su mano.

—Estoy bien, ella va a estar bien, lo sé, es joven y…

—¿Cassie, podemos hablar?

Esteban se acerca a mí y noto que está serio.

—¿Sucede algo?

Solo sigue manteniéndose serio.

—Es sobre lo que pasó con Liz y Ash.

No lo dudo y me concentro en él. Lo tomo del brazo para alejarnos donde nadie nos escuche.

—¿Qué sucedió con eso?

Su mirada tan inerte solo me dice que no es bueno.

—El auto estaba estacionado cerca de la esquina, sin matrícula, vidrios polarizados, se movió directo para arrollarlas, Cassie, esto no fue puta casualidad y necesito saber si debo preocuparme por algo. —Frunzo el ceño—. ¿Todo está bien?

Mi cerebro comienza a trabajar a dos mil por segundo.

—Fue a propósito, no es posible. ¿Por qué les harían daño a ellas? No lo comprendo.

No tengo jodidos enemigos.

Mucho menos ellas.

Mi cerebro lo primero que me dice es Randall, lo descarto al percatarme de que él no sabe quién soy.

—Estoy investigando casos viejos en los que he trabajado y que yo recuerde, no metí a la cárcel a nadie que ahora esté queriéndome hacer daño.

Froto mi rostro.

—Tenemos que investigar qué pasó con Genna, es simple… si lo de ella no fue un accidente real, alguien quiere tocarme el culo y te juro que lo encontraré para que pague.

Suspira y sé que está preocupado.

—Okay, yo hablaré con los de urgencias para saber en qué parte fue el choque, revisaré las cámaras para saber qué pasó.

Asiento.

—Haz lo que sea necesario y me avisas cualquier cosa que descubras.

Palmea mi hombro.

—Cassie, recuerda que soy tu abogado y todo lo que sea te suceda, debes decírmelo.

Paso saliva.

—Marchetti… —No es posible que sea Randall—. Solo avísame qué encuentras.

Se aleja para ir junto a Lizzie.

Veo a Gregor parado en un costado, debería ir a su departamento, yo no me moveré y la verdad que si se queda todos empezarán a indagar.

No quiero lidiar con eso justo ahora.

Me acerco hasta él y sonrío como puedo, la verdad estoy muy preocupada por todo.

—¿Todo está bien, Cass?

Asiento.

—Solo debemos esperar a poder verla y yo me quedaré aquí, es mejor que vayas tranquilo, te prometo que lo que sea que necesite o suceda, te voy a avisar.

Frunce el ceño reticente con la idea.

—Cass, no tengo ningún problema en quedarme.

Me acerco y lo beso.

—Lo sé y eso es tan lindo de tu parte, eso solo me demuestra lo mucho que te importo. Ve tranquilo, yo estoy con mis hermanas y… de verdad no hace falta.

Acaricia mi mejilla y vuelve a besarme.

—Lo que sea me llamas, me hablas y correré a ti sin dudarlo.

Sonrío de lado por sentirme tan contenida.

—No lo dudaré, tranquilo.

Suspira y toma mi mano llevándola a su boca para besarla.

—Te amo, no lo olvides, todo estará bien. —Asiento—. Ty debe estar por llegar desesperado, él la ama.

—Lo sé, Genna igual, yo veré que mi cuñado lo trate con cuidado, descuida. —Suelta mi mano y se aleja mirando a cada momento hasta que sale del hospital.

Me acerco a mis hermanas, están sentadas esperando a los médicos.

Odio esto, los hospitales me parecen una mierda.

Vernos a todos reunidos solo me recuerda a cada vez que tuvimos que despedir a un ser querido.

—Le dije a Joe… —Comenta Jane—. Vendrá con Cati, con los niños, quise decirle que no se preocupe, pero ya lo conoces cómo es.

Joe es el mayor y es obvio que ellos vendrán sin dudarlo.

Siguen hablando de en dónde se va a quedar mi hermano y yo estoy inmersa en los malditos culpables de lo que está pasando. Odiaría ser la responsable de esto.

¡Por Dios! No me perdonaría ser la causante de esta mierda.

Una doctora se acerca y nos levantamos todos a la vez.

—¿Cómo está ella? —preguntamos al unísono.

—Ella está bien, está despierta, no tuvo complicaciones muy graves, quiere verlos, le advertí que no pueden pasar todos juntos y me dijo un orden de a quiénes quiere ver primero.

Frunzo el ceño.

—Tyler, mamá y papá.

Kaleb, su padre, frunce el ceño.

—¿Lo nombró primero a ese que ni siquiera está aquí?

El ruido de las ruedas de un auto me hace voltearme hacia la entrada.

—Él sí está aquí —advierto.

—¿Cómo está? Dime que está bien. ¡Maldita sea! Debí ir a buscarla, es mi culpa.

Llega agotado y exaltado. Soy la primera en recibirlo.

—Llegas tarde —expresa Kaleb.

—No es momento, Kal. —Jane es la primera en tomar las riendas de la situación—. Tú debes ser Tyler.

Asiente y hasta lágrimas derrama.

—¿Ella está bien? ¿Qué fue lo que pasó? Yo pensé… ¡Dios! Creí que no llegaba a nuestra cita por otro motivo, menos este.

No se le entiende nada. Está muy conmocionado.

—Ella está bien, descuida, Tyler. Soy Jane.

Asiente y parece un niño asustado.

—Sí, eres su madre, ella me ha hablado mucho de ti y de su padre y la verdad hubiera querido conocerlos en otra situación.

Mi hermana pone su mano sobre su hombro.

—Tranquilízate, ella está bien.

Mi hermana está muy tranquila.

Mi cuñado lo observa con un semblante realmente aterrador que, por suerte, al estar tan concentrado en Genna, Tyler no lo nota.

—¿Pasarán a verla? —indaga la doctora.

—Sí, entramos. ¿Quieres entrar a verla, Tyler?

—Por supuesto, sí quiero verla, qué alivio ella está bien, casi muero pensando que algo peor pudo pasarle.

Ver que se preocupa tanto por ella me hace bien. Es un desaliñado, pero un buen hombre que valora y ama a mi sobrina.

Nos toca quedarnos a esperar que ellos terminen su turno de verla para entrar nosotros, me quedo con Liz que mira su teléfono todo el tiempo, busco a Marchetti con la vista y no lo veo.

—¿Tú sabes a dónde fue Esteban? —me interroga.

—Tenía que ver unas cosas de…

—¿Del accidente de Genna? No soy tonta, también soy abogada y sé que todo esto es muy sospechoso. Está investigando, ¿verdad?

Aprieto los labios.

—Sí, déjalo que lo haga, Liz, sabes que es bueno en su trabajo y necesitamos saber si esto es solo algo al pasar o alguien está queriendo hacerles daño y por favor, no preguntes nada.

Rueda los ojos.

—Ustedes dos son extraños, se odian, pero luego se apoyan, me confunden y con todo esto me preocupan, Cass.

Apoyo mi mano sobre su pierna.

—No te preocupes, Liz, ahora tenemos que pensar en Genna.

Asiente.

Esperamos un poco más y vuelven solo Jane y Kaleb.

—A mí sí me ha agradado, se ve buen hombre y que la quiere, es muy atento y no noto malas intenciones, Kal.

Vienen hablando al parecer de Tyler.

—Solo tiene seis años menos que tú, Jane, además, están muy serios para estar hace tan poco tiempo, eso es extraño.

—Es lindo, Kal, y no somos quienes para en este momento ponernos a cuestionar.

Ella estaba mal y lo primero que quiso es verlo y a solas, porque es importante para ella y como padres eso es suficiente para nosotros.

—Llegan hasta nosotras—. Ella está muy bien, tendrá que estar con cuidado unas semanas.

Ahora se quedó con su novio un rato, le dimos espacio.

—Habla por ti, me obligaste a salir de ahí —reclama Kaleb.

—Sí, porque eres un padre intenso y recuerda que tú estabas así de loco conmigo cuando tenía dieciocho años.

Mi hermana es lista para replicarle a su esposo.

—Qué bueno que ella está bien. —Suspiro aliviada—. Solo puedo decir que es buen hombre, por lo que Genna me ha contado, la cuida, la respeta y es muy atento con ella.

Mi hermana se ríe.

—Seguro… ahora que estoy más tranquila, no me olvido de que te vi besándote como adolescente con el que te trajo.

Ruedo los ojos.

—Genna está internada, no es un tema para destacar.

Se ríe más.

—Yo creo que sí, nunca eres así con tus novios y en internet no dicen que tienes nuevo novio, eso solo significa que es muy importante para ti que lo tienes oculto como tesoro. —Abro mis ojos con regaño—. Oh, sí, ya veo que es muy relevante.

Liz se carcajea.

—¿Acaso este sí es en serio, Cass?

Me froto la nuca.

—Basta, por favor, estamos viendo qué sucede y espero que todo siga marchando bien, solo no me hostiguen. Sí, va en serio, eso creo.

Mis hermanas jadean.

Y ahora tendré que soportarlas molestando todo el tiempo, aunque eso solo indica que ya pasamos la tensión del momento.

Qué alivio.

◆◆◆

Una noche pesada, nos quedamos en el hospital y recién ahora he salido de allí para ir a la oficina a vestirme y arreglar todo para poder volver con mis hermanas. Aunque sé que no es necesario, quiero estar ahí.

Kaleb y Marchetti volvieron a sus casas a cuidar a las niñas, ya que está Nina de catorce años y Ash de trece años, solas en sus respectivas casas.

Entro a la empresa y se siente tan raro que Genna no esté. Ella no merecía nada de esto, por suerte está sana y salva. Tyler estuvo toda la noche con ella, ese hombre no comió siquiera. Ya se ganó a mi hermana y a Liz, ellas están encantadas con él y cómo se preocupa por Genna.

Voy directo a mi oficina y mi teléfono suena, veo que es Marchetti.

—Hola, dime, ¿qué tienes de nuevo?

Está investigando desde ayer y estoy segura de que me llama porque encontró algo.

—Cassie, no fue casualidad el accidente de Genna. —Frunzo el ceño—. Alguien la chocó de la nada y adivina.

—Tampoco tenía matrícula.

Asiente con un sonido.

—Además, apenas lo hizo, huyó.

Mi pulso comienza a acelerarse.

—No puede ser, malditos, deja que me encargue yo de esto, Esteban.

—No, de ninguna manera, Cassie, no puedes hacer esto sola. Si sabes de algo o alguien, dímelo y hagamos algo.

Es abogado, no sabe de esto, ¿o qué?

—Esteban, déjame hacer unas averiguaciones y te diré, confía en mí.

Oigo su resoplido.

—Cassie…

El teléfono de mi oficina suena y me acerco a tomarlo.

—Aguárdame que tengo otra llamada.

Tomo la llamada fija.

—Señorita Queen, ¿qué sucede? —Para que la recepcionista me llame es porque alguien me busca abajo y que yo sepa cancelé todas las citas—. Dije que hoy no estaba para nadie —advierto.

—Señorita Queen, un caballero la busca, dice que no tiene cita, pero que usted la recibirá igual, le he dicho que no, pero insiste.

Frunzo el ceño.

No creo que sea Greg.

—Nombre.

—Randall, así se llama, no me ha dado apellido y…

—Que suba —digo sin pensar cortando la llamada—. Después hablamos, Marchetti.

Le corto la llamada a él también.

No puede ser, esto no es posible. ¿Cómo mierda sabe quién soy?

Estoy completamente desencajada y es peor cuando la recepcionista golpea la puerta y lo hace pasar a mi oficina.

—Aquí está, señorita Queen, el señor Randall.

Veo entrar a este maldito.

—Señorita Queen, qué gusto verla. —Sonríe y la recepcionista se marcha—. ¿O debo decirle Reina de Hielo?

Esto no puede estar pasando.