Capítulo 37 Un susto
Cassie Queen
Bajo en Industrias Queen y veo a Genna bajar de un auto que no es el suyo, y si no fuera suficiente, se acerca a la ventana del conductor, donde la veo besarse con el desaliñado, dan como exceso de azúcar, la miel les chorrea, lindos, pero demasiado para mí.
Solo me dirijo a la entrada fingiendo que no presencié toda la escena y mi sorpresa se agranda cuando veo en plena recepción a mi… novio no oficial.
En síntesis, somos una pareja incursionando en esto del amor juntos, con calma, sin hacer demasiada exposición, prácticamente hacemos lo mismo de antes, con los «te amo» y cariñitos extra, que me gustan mucho, debo resaltar.
Él es muy afectivo, intenso y pegajoso todo el tiempo, me agrada, me hace sentir como una verdadera reina al no dejar de prestarme atención ni un segundo.
Solo dos pasos y su sonrisa, ladina, sexy y descarada, me espera, esa que promete que me va a acorralar en cualquier lugar oculto y me besará como un adolescente, metiéndome mano por todos lados.
¡Ay, Novato, no me haces nada bien para el trabajo!
—Buenos días, señorita Queen, lamento aparecerme por aquí, pero tenía que hablar con usted algunas cosas y como hoy Duabella no abrirá, tuve que venir hasta aquí sin cita.
Temprano vino, eso me gusta, que madrugue por mí, para sorprenderme.
—Tendrá que esperar a mi asistente para que revise mi agenda si no está ocupada.
Su mirada de asombro y diversión me hace sonreír divertida.
—Señorita Queen, estoy aquí, lamento la tardanza, es que…
—Te besuqueabas con ese…
—Mi novio. Lo siento, seré prudente con mi hora de llegada, aunque aún faltan tres minutos para el horario.
Se escuda. Genna está muy alegre, la verdad es que no puedo decir nada de nada, mi sobrina es muy feliz y es lo único que me importa.
—Revisa mi agenda, Müller, Duarte quiere hablar asuntos de negocios y necesito saber qué tengo en mi agenda.
Caminamos al ascensor y sé que Gregor está siguiéndonos sin pena.
—Debía pedir cita, Duarte, de todos modos, revisaré.
Finjo que no miro lo que hacen, manteniendo mis ojos al frente.
Genna toma su tableta y sé que finge hojear mi agenda. Ella no es tonta, sabe que Gregor y yo andamos en algo.
—En media hora tienes reunión, lo puedes recibir ahora si será breve.
La observo de reojo y está viéndome con complicidad.
La adoro.
—De acuerdo, lo recibiré ahora.
Bajamos del ascensor.
—Gracias, señorita Müller, qué suerte había lugar en la ocupada agenda de la señorita Queen.
Caminamos a la oficina y entramos los tres en un inicio.
Genna nos observa, yo volteo mi vista a Gregor, que está esperando que mi sobrina salga de la oficina.
—Me iré para que puedas… hablar tranquila y de verdad, en media hora tienes reunión. —Me advierte—. Ah, si tú me molestas con Ty, yo los molestaré a ustedes, porque obvio sé que salgo por la puerta y estarán como dos garrapatas. —Abro mi boca con asombro por su osadía—. Te quiero, tía Cass.
Sale del lugar y Gregor se ríe.
—Ella te conoce muy bien y me gusta cómo logra dejarte sin palabras, Reinita.
Ruedo los ojos y voy a caminar a mi escritorio.
Por supuesto, él no me deja llegar, porque me toma del brazo jalándome hacia él.
—¿A dónde te quieres escapar? No me saludaste, incluso fuiste grosera y malvada conmigo, que solo tengo amor para ti.
Me río.
—No voy a dejar que toda la empresa sepa que tú y yo, ya sabes, andamos en algo.
Arquea una ceja pegándome a su cuerpo abrazando mi cintura.
—¿Andamos en algo? Error, mi Reinita, andamos en todo, solo que por prudencia no lo diremos hasta terminar lo de Duabella, pero eso no le quita seriedad a esto.
Sonrío de lado.
—Qué comprometido estás, Novato.
Asiente y pega su rostro al mío.
—Te extrañé, Reinita, ayer en la noche te extrañé.
Me besa, suave y profundo.
—No podemos estar todos los días pegados, eso…
—Lo sé, como también sé que no dejaré de extrañarte, aunque sepa que no podemos vernos 24/7, por eso vine, no iba a aguantar hasta la noche y necesito empezar mi día bien, besando a mi Reinita.
—Muerdo mi labio inferior y vuelve a besarme, ahora con más intensidad—.
Qué lástima, tienes reunión ahora, tendré que conformarme con esto y hacer todo el día papeleo.
Sonrío.
—En la noche nos vemos, vienes a mi casa.
Asiente y aprieta mi trasero.
—Te cuidas y me extrañas mucho, ¿de acuerdo?
Lo beso yo.
—Tú extráñame, te veo luego, procura que no te miren tanto mis empleadas, no quiero echarlas.
Se carcajea y me suelta despacio.
—Mucho, mi Reinita, que tengas un buen día.
Lo veo salir.
Maldito que me tiene estúpida.
Voy a mi silla para ponerme a trabajar, ya debo dejar esta nube llamada Gregor.
En la noche tendré tiempo de estar sumergida en esto que me hace sentir. Maldito alborotador.
Genna no tarda en entrar a la oficina con algunas carpetas en sus manos.
—Mira nada más, te cambió la cara de amargada.
Abro mis ojos con regaño.
—Genna, por favor…
—Vamos, si Ty dice que Duarte está igual de tonto desde hace una semana que hubo todo ese drama con la chica esa que vino.
Arqueo una ceja.
—De eso no supe nada, ¿qué sabes?
Se encoge de hombros.
—Nada, no debía decir eso.
Deja las carpetas en mi escritorio.
—Vamos, Genna, cuéntame.
Rueda los ojos.
—Ese día, Ty me llamó y nos vimos, dice que Duarte se gritó con la chica y tú estabas en la conversación y las palabras «yo la amo», dije: «Dios mío, sí van en serio».
Luego tú te pusiste con él porque cada día vienes con una sonrisa tonta, la chica se fue y fin, te casarás y tendrás hijitos con Duarte, ya no necesitas los óvulos; por cierto, la doctora te envió un mail de que si reprogramarás tu cita de nuevo para quince días más.
No sé si reírme de su monólogo o qué.
Gregor no me dijo nada de su amiga, solo supe que se marchó y nada más.
No fue mi culpa, la verdad es que yo no elegí esto, solo pasó.
—Lo de la doctora, prográmalo y no vuelvas a decir estupideces, Duarte y yo solo…. estamos conociéndonos, no nos apresuremos, ¿okay?
Se ríe y sale de mi oficina.
—Como digas, señorita Queen.
Ruedo los ojos.
Gen es todo un caso, me conoce demasiado y eso me gusta, compartir con alguien lo bien que estoy no se siente tan mal.
◆◆◆
Termino una videoconferencia y miro la hora, no es tan tarde, hoy podría salir al horario normal, pedir dos cafés y pasar a buscar a mi arrogante. De camino a la casa pasaríamos por comida china y tendríamos la noche solucionada.
Me suena buen plan.
Mi teléfono comienza a sonar y veo que es Liz, raro que Liz me llame. Tomo la llamada sin tardarme, ya que mi hermana no me llamaría si no es algo importante, menos en horario de trabajo.
—Hola, Liz, ¿qué…?
—Cassie, soy Esteban, no te asustes, estamos en el hospital.
Jadeo.
—¡Por Dios! ¿Qué pasó? —Me levanto de mi asiento tomando mis cosas apresurada—. Ya salgo para allá.
—Cálmate, por favor, Cassie, no es tan grave, solo…
—¿No es tan grave? Marchetti, están en el hospital, iré ahora mismo. ¡Dios mío!
Salgo de la oficina sin avisar, directo al ascensor.
—Te he llamado porque, necesito encontrar al bastardo hijo de puta que casi me deja sin mis dos razones de existir.
Eso no me ayuda.
—¡Dijiste que no era grave, Marchetti!
Carraspea.
—No lo es, ellas están bien, solo… cuando estés aquí te cuento, Cassie, conduce con cuidado, hay muchas multas de tu auto.
Resoplo y le corto la llamada.
Llego al estacionamiento y voy directo a mi auto para encaminarme al hospital, preocupada. ¿Qué sucedió?
¡Por Dios! Para que Marchetti me hable del teléfono de Liz y encima esté así de molesto. Sí, fue grave.
Estaciono en el hospital justo en urgencias donde veo el auto de Marchetti.
Al entrar al lugar, lo veo saliendo con Liz y Ashley, las examino buscando algo, solo veo las rodillas de Ash con una venda pequeña y Liz trae la muñeca vendada.
—¡Tía Cas!
Me acerco y la abrazo con fuerza.
—Mi amor, ¿cómo estás? ¿Dónde te lastimaste? Déjame ver.
La examino mejor y noto las palmas de su mano también raspadas.
Dirijo mi vista a Liz y también me acerco a abrazarla.
—Liz, qué susto me dio tu estúpido esposo, ¿qué les sucedió?
Marchetti se ve molesto.
—Cass, tranquila, estamos bien, solo… un idiota que no sabía conducir casi nos atropella en la esquina de la escuela de Ash, por suerte…
—Por suerte, mi malcriada tiene reflejos, pero si no era por su reacción que corrió a Ash cayéndose, las iban a chocar a ambas. Eso es grave, podrían haber terminado peor. Y voy a encontrar a ese bastardo, tienes que ayudarme, Cassie.
Asiento.
—Por favor, solo quiero ir a casa a descansar, están asustando a Ash.
Miro a mi pequeña sobrina y ella se ve preocupada, es cierto.
Pero yo estoy más preocupada aún.
—Te habilitaré para que accedas a las cámaras, Marchetti, busca la matrícula, encuéntralo y demándalo por hijo de puta. —Asiente y las acompaño a la salida—. Ven, Ash, no te asustes, somos exagerados porque las amamos y no queremos que nada les pase.
Abrazo a mi sobrina saliendo del lugar.
—Estamos bien, tía Cass, dio miedo, pero mamá tiene buenos reflejos, solo hay personas que conducen muy mal, tendremos que tener más cuidado al cruzar.
Suspiro. Trata de no seguir alterándolas.
Ellas no quisieron que las acompañara a su casa. Dicen que exagero y es cierto, no quiero invadirlas, aunque me preocupe por su bienestar, ellas tienen a Marchetti que las cuidará muy bien.
Una horrible sensación me quedó en el pecho, moriría si les sucede algo a ellas o a cualquier miembro de mi familia.
Mi teléfono suena mientras conduzco y veo que es Gregor, le tomo la llamada con el manos libres.
—Hola, Reinita, ¿te paso a buscar a la empresa? ¿Qué opinas?
Suspiro.
—Hola, Greg, no, yo pasaré por tu departamento y vamos a mi casa. Estoy en viaje.
—De acuerdo, hoy quiero hablar de algo contigo.
—¿De qué se trata?
Su tono de voz se escucha extraño.
—Algo que no tiene demasiada… relevancia, solo… cuando te vea, Reinita.
Ruedo los ojos porque odio esperar.
—De acuerdo, te veo en un rato.
—Te espero, Cass, te amo.
Sonrío.
—Yo igual, tonto.
Se carcajea.
Corto la llamada y conduzco hasta su departamento. Al llegar, lo veo esperarme afuera con ropa casual, se ve bien el maldito.
—Señorita Queen, me siento como adolescente que su novia mayor lo pasa a buscar.
Lo regaño con la mirada mientras se sube al asiento del acompañante.
—No seas insolente, Gregor.
Se inclina para dejar un casto beso en mis labios.
—Lo siento, Reinita, no me importa que seas mayor, eso no te quita lo buena que estás.
Sonrío de lado y me encamino a mi casa.
Sigo un poco nerviosa de lo que les sucedió a Liz y Ash.
—¿Todo bien, Reinita? Te noto algo tensa.
Carraspeo.
—Olvídalo. ¿Qué ibas a decirme?
Guarda silencio.
—¿Pasó algo? Anda, dime, Reinita.
Chasqueo la lengua.
—Tuve un mal día, Greg. Mi hermana y mi sobrina sufrieron un pequeño accidente, nada grave, aun así, me preocupé. Ya dime lo que ibas a decirme.
Carraspea.
—No pasa nada, no es tan importante, has tenido un día difícil, Reinita, mejor…
—¡Gregor! —Me freno en una esquina y lo observo—. ¿De qué se trata? Ya dime, ¿es de tu amiga? ¿Eso quieres hablar?
Humedece sus labios y asiente.
—Sí, es eso, es una tontería, es que no hablamos del asunto y solo quería que supieras que yo sí aclaré todo. Ella se molestó, se fue y nada, eso, una estupidez.
Ruedo los ojos.
—No es una estupidez, es importante, tú me diste mi lugar y eso es valioso, tonto.
—Apoyo mi mano en su rodilla y enciendo el auto de nuevo—.
Para mí es fundamental que tú me valores y me priorices, Greg, ahora solo vamos a casa y ayúdame a calmarme.
Que me he dado un susto de muerte con lo que les pasó, por suerte no fue grave.
Aprieta mi mano que sigue en su rodilla.
—Descuida, Reinita, te mimaré mucho.
Es justo lo que ando necesitando.