Adictos a lo prohibido Capítulo 36 ¿Cuentas claras conservan la amistad?
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Capítulo 36 ¿Cuentas claras conservan la amistad?

Gregor Bruno Duarte

La beso mientras con mi mano acaricio suavemente una de sus piernas.

—Ese desayuno te dio energía, Novato.

Asiento y no dejo de besarla, de mimar su piel con mis caricias.

—Tengo mucha energía para mi Reinita. —Aprieto su muslo—. No sabes cómo me gusta lo suave que es tu piel.

Su mano va a mi nuca para acariciar mi cabello.

—Ya, deja de amarme tanto, porque no saldremos de la cama hasta el próximo año y no puedo dejar la empresa abandonada por ser adicta a ti y a lo cha…

La silencio.

—Shh, nada de decirme chamuyero, nada de eso está pasando y no puedo dejar de ser así contigo; en mi defensa, también tengo una empresa que dirigir.

Sonríe.

—He faltado a la empresa por tu culpa, ¿te das cuenta de lo grave del inicio de nuestra relación?

La miro a los ojos por lo que acaba de decir.

«Nuestra relación».

¡Suena tan bien, la puta madre, suena perfecto!

—No, la verdad, Reinita, no me doy cuenta de la gravedad de nada porque en lo único que puedo pensar es en que acabas de decir la palabra «nuestra» acompañada de «relación», en ese momento mi cerebro se desconectó y luego solo pude pensar en eso, así que no, no encuentro la gravedad del asunto, solo perfección.

Se carcajea.

—Eres… —Suspira—. No estás tan mal, Duarte. —Se incorpora obligándome a separarme de su cuerpo—. Tengo que ir al baño, debería llamar a la oficina, Genna debe estar preguntándose dónde estoy.

La veo caminar al baño y pienso que también debería ver mi teléfono.

Nerea y yo debemos hablar muy seriamente, yo llevo toda mi vida pensando que ella tenía claro todo, que era mi amiga, que no había nada más.

Me equivoqué y estoy molesto porque no fue honesta conmigo, porque le mintió a Cassie, eso fue horrible, si ella notó que entre nosotros pasaba algo, ¿por qué querer dañarlo así?

La puerta del baño se abre y la veo salir, su desnudez es deslumbrante, sonrío de lado por la imagen que me muestra, hermosa.

—¿Tú planeas mirarme siempre así?

Arquea sus cejas mientras se agacha a recoger mi camisa.

—Por supuesto que sí.

Mira mi camisa, clava sus ojos en mí y sonríe con picardía.

—Podría tomar en cuenta el esfuerzo, que recordaste todo, solo que eres muy Novato para ejecutarlo bien, ¿qué opinas?

Sacude mi camisa y asiento.

—Fui bueno, lo juro.

Se carcajea y comienza a ponerse mi camisa.

Me froto el cabello y me tiro en la cama observando cómo le queda de divina, como si fuera hecha para ella, dos talles más grandes, pero ustedes me entienden, le queda perfecta.

—¿Qué tal me queda?

Termina de abotonarse.

—¡Dios mío!

Me levanto sentándome en la cama y estiro mis brazos en señal de que se acerque.

—No sé por qué te emociona tanto, es solo…

Niego para que no diga nada más.

—No es solo una camisa, es mi camisa y la tienes puesta tú, eso te hace tan mía que me encanta, Reinita. ¿Qué puede ser más placentero que ver a la mujer que te vuelve loco, dentro de tu camisa, después de una larga e intensa sesión de sexo?

Se acerca y la tomo de la camisa para subirla a horcajadas sobre mí.

—¿Y cómo te sentiré mío? Tu análisis es solo para ti, qué injusto.

Me carcajeo.

—Bueno… yo nunca había estado sin condón con otras mujeres, exclusivamente contigo, y también nunca le había dicho «te amo» a nadie, menos que menos habría permitido que alguien tenga control sobre mí como tú lo tienes. —Arquea una ceja—. Puedo seguir enumerando muchas cosas y…

Abraza mi cuello y me besa.

—Ya cállate, es obvio que eres mío y no necesito una maldita comprobación.

Se acomoda y ya estoy listo para ella, la siento en cada centímetro que ella mete dentro de su humedad.

—Sí soy tuyo, Reinita. ¡Carajos!

Comienza a moverse. Soy un maldito ruidoso que no puede contenerse ante lo bien que ella me hace sentir.

—Qué escandaloso, cómo me encanta que te pongas así, mi arrogante. —Muerdo su boca para dejar de gemir con ella y comienzo a impulsar sus movimientos, obligándola a gemir de puro gusto conmigo—. Ooh, Dios mío, me encantas, me encantas… ooh…

La siento correrse y sigo moviéndola para poder llegar y acompañarla.

—Y tú me encantas, Reinita, mucho, moriría si algo te pasa, Cassie.

Me mira sin entender.

—¿Por qué me dices eso?

Suspiro y acomodo su cabello.

—No quiero que vayas nunca más a ese maldito lugar, prométemelo, hasta que no estés segura no lo hagas, Cass. Por favor, quieres jugar, busquemos otro lugar, hagámoslo nosotros, pero no vuelvas ahí, por favor, por favor.

Sus ojos se clavan en los míos.

—Gregor…

—Por favor, no vayas, olvida esa mierda, lo que pasó ayer fue grave y la otra vez peor.

Suspira y me abraza ocultando su rostro en mi cuello.

—Me gusta mucho jugar al póker, pero entiendo la gravedad de la situación y por el momento, no porque me lo digas tú, dejaré de ir, ¿okay?

La abrazo con fuerza.

—Qué alivio, Reinita, no quiero que algo te pase.

Pronto te explicaré todo, Cass.

Odio mentirle, pero ahora no quiero arruinar esto.

◆◆◆

Tuve que dejarla, me costó. Tengo asuntos que resolver y se llaman Nerea.

Mi teléfono estaba lleno de mensajes y llamadas perdidas, no miré ninguno, no pienso seguirle sus jueguitos, sus caprichos, ella se ha portado mal conmigo, con Cassie.

No tenía derecho a decirle nada.

Todo salió bien y Cassie me creyó, pero... ¿Si la perdía por eso? No me parece nada justo lo que ella hizo, fue egoísta y yo tenía el puto derecho de decidir.

Llego al departamento. Entro y la veo hablando con Ty, riendo como si nada. Me mira y frunce el ceño para luego rodar los ojos.

—¡Al fin llegó el desaparecido! Se lo tragó la tierra que ni siquiera es capaz de contestar el teléfono.

Ella está actuando como una niña y me está haciendo enojar.

—Tenemos que hablar, Nerea.

Soy tajante.

—Sí, claramente, porque no logro entender qué estás haciendo y por qué te fuiste ayer dejándome sola.

Arqueo una ceja.

—¿Y vos por qué le dijiste a Cassie que teníamos una relación abierta? ¡EXPLÍCAME!

Rueda los ojos.

—Qué llorona, te fue a decir, sí es verdad.

Abro mis ojos.

—¡¿DE DÓNDE SACASTE TREMENDA PELOTUDEZ?!

Me altero por lo relajada que dice algo así.

—Gregor, nos conocemos, es obvio que nosotros tenemos algo especial, como también es obvio que tú y yo estamos hechos para estar juntos.

Niego decepcionado. ¿Toda mi vida y nuestra amistad es una mentira?

—No, no es así, ¿qué te pasa, Nerea?

Se levanta y me mira llena de molestia.

—¿No lo ves? ¿Qué me pasa? ¡ESTOY ENAMORADA DE VOS, GREGOR, DEBERÍAS VERLO!

Niego mientras un escalofrío me recorre.

—Yo… los dejaré solos.

Tyler toma una chaqueta y sale del departamento.

—Nerea… ¿Desde cuándo?

—Desde siempre y nunca lo viste. ¡Maldito ciego! —Sus ojos se empañan—. Apenas la conoces y me cambias así.

Niego.

—No, Neru, no te cambio, sos mi amiga, no… yo no… lo siento, pero no estamos en la misma sintonía, no siento lo mismo, o sea… el sexo es solo sexo, el amor no es esto, no… ¡Lo siento! Pero no puedo imaginarte de otra manera que no sea como mi mejor amiga.

Sorbe por su nariz.

—¡Te odio! No puedes querer a alguien que apenas conoces, ella no te merece.

Está alterada y no deja de llorar.

—No digas esas cosas, Neru, le dijiste una mentira para alejarla de mí.

—¡Y FUNCIONÓ! PORQUE NO TE AMA.

Niego sin cesar.

—Estás equivocada, ella sí me ama, yo la amo, Nerea, y estaré con ella porque es lo que quiero y porque…

—¡Porque eres un idiota! ¡Idiota! Ella te va a lastimar, no te va a valorar y volverás arrastrándote a mí, porque soy la única que te quiere de verdad y lo sabes.

Ella perdió el juicio.

—No quiero esto, Neru, no quiero pelear contigo. ¡Por favor! Decime que es un chiste, que es una mala broma, Neru… somos amigos, mejores amigos, a quien le cuento todo, quien me apoya si hay que hacer tonterías.

Niega y no deja de llorar.

—No, lo siento, no voy a fingir más, yo te amo, desde siempre y al parecer jamás me viste. Jamás me pensaste de esa manera y te vas a arrepentir, cuando ella te deje, cuando encuentre a alguien mejor, vas a volver sabiendo que nunca debiste rechazarme. ¡Te odio!

Camina a la habitación y no sé qué decir.

No tengo nada que decir.

Me quedo en el lugar, estático, intentando procesar que mi amiga, la que conozco hace más de veinte años, no es mi amiga, ella siente cosas que no puedo corresponder y yo… me duele, me lastima perder a una persona que yo consideraba mi familia, mi mejor amiga.

Después de unos minutos, Nerea sale con su maleta y me mira llena de enojo, de odio.

—Neru… lo siento, yo no elegí a quién amar.

Veo sus lágrimas escurrirse.

—Sí, elegiste y no fue a mí; adiós, Gregor, «cuentas claras, NO conservan la amistad», que seas feliz hasta que te des cuenta de que no era aquí.

Sale dejándome sin palabras.

No puedo creerlo.

Me duele, aun así, sé que esta era la única manera, porque la única forma de que ella siga en mi vida, es como mi amiga.