Capítulo 35 Es real
Cassie Queen
Me muevo en la cama y la siento vacía, abro mis ojos confirmando que estoy sola.
Tengo la boca muy seca, veo en la mesita de luz que hay un vaso de agua el cual bebo.
Qué atento, me dejó agua antes de irse.
¿Qué esperaba? Dije tanta estupidez que lo espanté.
Es obvio que todo lo que dijo fue para no hacerme sentir mal.
¡Idiota! Se fue y eso se siente por primera vez horrible.
Despertar sola cuando me dormí pensando otra cosa, que…
¡Ya basta!
No necesito a nadie, no me importa.
Me levanto y tomo una bata que tengo para cubrir mi desnudez. ¡Maldito Randall!
Ahora ni siquiera puedo ir al maldito casino, esto fue demasiado, no soy tan estúpida para arriesgarme así. Debería mandar a que le den una lección a ver si así me deja de molestar siendo un jodido grano en el culo.
Salgo de mi habitación, pero antes noto que su chaqueta está en los pies de mi cama. La olvidó, quizás tenía prisa por irse.
Bajo las escaleras suspirando y escucho ruido proveniente de la cocina. Me acerco con cautela, lo veo, llenándome de sorpresa y horror. La cocina es un completo desastre.
—¡La puta madre que me parió! ¡Mierda! ¡La concha de mi hermana!
Doy un paso más haciendo que note mi presencia.
Hizo un chiquero en mi cocina, no sé qué es eso que se ve blanco y que manchó todos los platos que hay en la isla, parece una especie de pegote muy feo.
—¡Ay, no! Te levantaste, Reinita.
Observo su aspecto, su camisa arremangada y sus manos sucias.
Pensé que se había ido y a pesar de que me dará algo por ver mi cocina tan sucia, no puedo evitar alegrarme de que no se haya ido.
—¿Intentas destruir mi cocina? Porque ya la has dejado toda sucia y de verdad me da alergia solo de ver.
Suspira y mira el desastre.
—Lo siento, soy un idiota, un fracaso de cocinero.
Se acerca y miro sus manos sucias.
—No irás a tocarme con tus manos así de sucias.
Sonríe de lado.
—También están pegajosas y dulces, seguro.
Frunzo el ceño.
—¿Qué hiciste? Debiste quedarte en la cama, desperté sola.
Se acerca un paso más quedando frente a mí.
—Lo siento, eso no estuvo bien, quería despertarte yo, con besos y un desayuno digno de mi Reinita. —Sonrío de lado—. El desayuno no me salió, tampoco despertarte, qué fracaso.
Acerca sus manos a mi rostro y me alejo.
—Eso está pegajoso —reclamo y no le importa, de un paso se acerca, pasa su mano por mi nuca besándome.
Como estúpida sonrío sobre sus labios ante lo poco que le importan mis manías, él quiere besarme y lo hace.
—Buenos días, Reinita, lamento dejarte sola en la cama, quería hacer malvaviscos con galletas y no me ha salido, lo siento.
Miro sus hermosos ojos miel. Claro, todo este desastre es por eso.
—¿Cómo los has hecho, Greg?
Se encoge de hombros y me acerco para ver que el muy menso puso una sartén donde intentó derretir los malvaviscos.
—Se hacen todos blandos y cuando los quieres quitar, se hace un chiquero —se queja—, limpiaré todo, lo juro.
Me carcajeo.
—¿En Argentina no hacen malvaviscos con galletas? —Niega—. Son alieníGennas o algo así. Comienza a juntar los trastos para ponerlos en el lava platos, anda, colabora y limpia un poco que te enseñaré cómo se hace.
—Así no se supone que sería, yo quería impresionarte, pero resulta que hasta para eso eres complicada.
Sonrío porque parece niño que no le salió lo que quería hacer.
—Eres un Novato, descuida, supongo que tendrás que ponerte tú una camisa mía. —Se carcajea—. ¿Eso quieres, no? ¿Que yo use una camisa tuya?
Se apoya en la mesada y me mira de lado.
—Eso quería, pero he fracasado.
Corro la sartén y enciendo el fuego.
—¿Los malvaviscos? —Se aleja y trae una bolsa enorme, que al parecer compró—. ¿Quieres engordarme o qué?
Se carcajea.
—Para nada. —Se vuelve a alejar y trae las galletas consigo—. Aquí están las galletas.
—Hay unas máquinas especiales para esto, no la tengo porque no es algo que como seguido.
—Busco un tenedor y clavo un malvavisco en él—.
Directo al fuego es un resultado similar.
—Lo pongo directo contra la llama—. No mucho tiempo y rápido van las galletas.
—Con mi mano libre tomo dos galletas y aprieto el malvavisco—.
Lo deslizo para quitar el tenedor y listo.
—Lo tomo en mis dedos y le doy un mordisco—.
Abre o… —Trago antes de hablar—. Sabe a un día de campo con mis padres.
Me observa y sonríe.
—Sí, era muy simple o tú eres muy experta en todo, Cass.
Me encojo de hombros.
—Inténtalo.
Toma el tenedor y lo hace. Lo observo comiendo mi sándwich de malvavisco; cuando lo logra, me mira como si hubiera logrado algo mágico.
—Ahora vuelve a la habitación y lo haré solo para llevártelo.
Me carcajeo.
—Ya no se vale, yo te he enseñado.
Apaga la hornalla.
—Eso es cierto. ¿Cómo dormiste, Reinita?
Carraspeo y me alejo un poco. Aún no menciona nada de ayer, lo mejor es que si finge demencia, yo también.
—Como una persona drogada, nada del otro mundo, dormí.
Camino de salida de ahí.
—Cassie…
Me volteo y suspiro.
—Gregor, gracias por ayer buscarme, interrumpí tu noche y…
—No interrumpiste nada, no fingiré que todo lo que nos dijimos anoche no existió.
Paso saliva.
—Estaba drogada, yo…
—¿No recuerdas? Descuida, te lo recuerdo: «Te amo, estúpido, y si no vas a amarme, vete, no vuelvas nunca más».
Tomo aire. Recuerdo bien lo que dije. ¡Maldita sea! No puedo creer que se lo dije.
—Gregor…
—No me fui, Cassie, estoy aquí, tampoco pienso irme de tu vida.
Aprieto mis labios.
—¿Y eso qué? ¿Qué hay de tu relación con la señorita dueña del aire?
Rueda los ojos.
—No existe tal relación, lo que te haya dicho, lo repito, es mentira y hablaré con ella de eso.
Al parecer yo la considero mi amiga y ella no.
—Lo miro a los ojos desconfiando—. No voy a mentirte, Cass, Neru y yo hemos follado muchas veces, solo era eso.
Yo la considero mi amiga, mi familia, mas no la veo con sentimiento amoroso, ella debe estar confundida.
Sigo manteniéndome seria.
—¿Entonces? ¿Qué se supone debo decirte ahora, Gregor?
Niega.
—Nada, tú no tienes que decirme nada, yo sí tengo mucho que decir.
—Se acerca y no me muevo—. No sé qué carajos pasó, Cassie, tú te has metido en mi piel, en mi mente y en mi corazón como nunca nadie lo ha hecho.
Va más allá del sexo, te pienso cuando me despierto y cuando me acuesto.
Te siento en cada recuerdo, te imagino conmigo, siempre y te amo, Cassie.
—Mi respiración se acelera de tenerlo tan cerca diciendo todo eso—.
Te amo de amor, de ese que te hace sonreír estúpidamente por robarte un simple beso, del que te imagina usando mi ropa y sonrío como idiota.
Del que te ve dormir y piensa que eres lo más lindo que alguna vez vi.
—Pega su frente con la mía levantando mi mentón—.
El hielo también quema, Cass, tú me quemas cuando me tienes cerca de ti, me quemas tanto que me vuelves parte de ti y amo eso.
Pestañeo sin saber qué responder.
—Yo…
—Tú ya me dijiste lo que querías de mí y te lo diré, Cassie Queen, sin miedo, no tengo miedo a esto, quiero todo contigo, absolutamente todo.
No puede decirme eso.
—Y ahora se supone que yo debo derretirme ante tus palabras perfectas y esa confesión, ¿verdad?
Sonríe de lado y niega.
—No te derritas, mi Reina de Hielo, solo dime que también lo quieres.
Asiento perdida. Ya perdí y confío en él, yo quiero todo, quiero su amor y quiero darle el mío sin temor.
—Sí, quiero, mi estúpido arrogante, quiero todo contigo.
Su mano viaja a mi mejilla y me besa. Es un beso suave que me deja deseando mucho más.
—Esto es una locura y, aun así, me siento mejor que nunca en mi maldita vida, todo es por ti, Reinita.
Es un tonto cursi divino y yo ahora solo pienso que necesito ultrajemos toda mi casa.
Porque es mío, quiero y puedo.
—Y te puedes sentir mejor si ahora solo me besas como corresponde, Gregor.
Lo tomo de la nuca y lo beso con fuerza.
Muerdo sus labios y lo obligo a jadear sobre los míos, no tarda en tomarme de la espalda para pegarme a él, no le dura mucho el mandato porque soy más rápida y lo empujo hasta que choque contra una pared sin dejar de besarlo con hambre.
—Ahora es peor que antes, tienes que saberlo, Gregor, soy yo quien te dice que me perteneces, tu cuerpo me pertenece…
—Mi corazón te pertenece, Reinita.
Sonrío.
—Mirarte será motivo de multa. —Se carcajea y comienzo a desabotonar su camisa—. Tendré que despedir al personal femenino que babea por ti.
Apoyo mis manos en su pecho desnudo.
—No es necesario, si después de todo, me tienes para ti. Ellas babean, pero tú eres quien me saborea.
Sonrío de lado y niego pegándome a él.
—Eres un arrogante y es qué, ¡bendita cara que te tocó para darle peso a ese jodido carácter que tienes!
Me pega a él y sin aviso entierra su rostro en mi cuello para morderme.
Sus manos van al nudo de mi bata para deshacerse de ella y dejarme desnuda, solo en bragas frente a él.
—Y qué jodida perfección te dio el universo para que hasta en eso seas una reina.
Me voltea pegándome a la pared para comenzar a acariciarme y besarme.
Su toque me enciende, me pone a desearlo y necesitarlo.
Me encanta cuando me muerde, como sus dientes se arrastran en mi piel, dejando su intensidad en ella.
Soy ansiosa, no me gusta esperar y, cuando voy a sus pantalones para desabrocharlos, le muestro que no necesito tanta previa, yo ya sé lo que quiero y cómo se siente.
—Tu perra no puede esperar, Greg.
Sonríe y muerde mis labios haciéndome gemir.
—Mi perra, por Dios, tú no puedes decirme eso y esperar que sea un caballero, Cass.
Me toma de la nuca jalando mi cabello y vuelvo a gemir.
Suelto sus pantalones que caen a sus pies y con maniobras se deshace de ellos, quedando solo con su camisa, sin bóxer, con su erección a la vista.
Abrazo su cuello y sigue estirando mi cabello para besarme.
—¿Quién quiere un caballero? Yo quiero a mi animal loco y descarrilado.
Suelta mi nuca y me toma del trasero para estampar mi cuerpo contra la pared.
—Te juro que te amo, aunque sea un jodido animal.
Lo beso.
—Yo amo que seas así.
Solo corre mis bragas y comienza a acariciarme con su dura erección.
—Yo amo estar dentro de ti, ¡carajos!
Siento cómo se desliza y me arqueo a contrapunto.
—Ooh, Greg…
Aprieta mis caderas y me aferro con mis piernas de la suya, mientras lo siento completamente dentro de mí.
—Eres tan cálida, tan húmeda.
Comienza a moverse y mis gemidos solo salen de mi garganta, como si tuvieran vida propia.
Me besa y no se detiene, arremete contra mi cuerpo con una lujuria desbordante, nos quemamos, nos amamos y se siente demasiado bien, como su piel me acaricia llenándome de placer, como su calor entra profundo dentro de mí sin ninguna limitación.
Es perfecto.
Mi casa es invadida por el calor, la pasión que nos profesamos y por primera vez está llena de amor, un amor que me llena, me completa.
Mis piernas tiemblan y lo siento correrse conmigo.
—Siente mi amor, Reinita, siente cómo te lleno de mí, todo para ti.
Miro sus ojos.
—Amo estar llena de ti.
Me besa y así nos quedamos, pegando nuestros cuerpos sin pensar en nada más. Es real, todo esto que siento es muy real.