Adictos a lo prohibido Capítulo 34 No hay nadie más, solo Cassie Queen
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Capítulo 34 No hay nadie más, solo Cassie Queen

Gregor Bruno Duarte

Conduzco y ella va mirando la ventana, dejando que el viento la cubra, cierra los ojos, está como perdida junto a la brisa.

—Cassie, ¿cómo te sientes?

Asiente.

—Sigo molesta y la brisa me gusta, es gentil, fresca.

Ella sí está drogada.

¡Carajos! Esto es demasiado.

No dejo de pensar que Randall tiene que ver y es mi culpa, yo le dije que era ella, es que… ella no me importaba, no la conocía, solo quería que Randall dejara de molestar.

Tengo que decirle, tengo que advertirle, y no puedo, tengo miedo, ella solo de ver a Nerea está así de molesta, ¿qué pasaría si le digo que Randall sabe su identidad? Me va a odiar, no me querrá cerca.

Me dijo que soy la única persona en la que confía y le diré esto, no me lo perdonará. Tengo que buscar el momento y ese no es ahora.

Miro el GPS y entramos a un enorme terreno, donde a lo lejos se ve una enorme casa de muchos pisos. La mansión Queen, no hay dudas.

Esta está rodeada de vegetación, en especial en el frente derecho hay un enorme jardín lleno de flores coloridas, se ve bien cuidado. No sé mucho de plantas, pero ese jardín no parece uno ordinario.

Apenas estaciono, ella abre la puerta y baja.

—Cassie, espera.

Ella sale caminando como si nada, al menos motriz no es el efecto.

—No me molestes, vete, ve con tu novia.

Frunzo el ceño y la sigo.

—¡Cassie! Deja de decir tonterías.

Me hace burla. Me descoloca su actitud, ella no es así.

—Él dice que estoy diciendo tonterías. —Se mete dentro del jardín y sigo detrás de ella—.

Es mentira, todos lo sabemos, solo miente, debería admitirlo, ¿no lo crees?

—La observo cómo habla con sus plantas—.

Tú no puedes opinar, mamá, papá jamás fue mentiroso, ustedes no pueden entenderlo, ninguno se enamoró de un idiota, como yo.

Paso saliva al escucharla.

—Cass…

Se voltea y niega.

—No, no te quiero, yo no me enamoro de mentirosos infieles.

Pasa por mi lado y me empuja con su cuerpo dirigiéndose a la entrada.

¡Mierda!

—Ella me importa, sí me importa, yo la quiero y es sincero, lo juro.

Miro las plantas.

¡La puta madre! ¿Qué estoy haciendo?

Ya me pegó la locura. Es que oírla decir lo que dijo, yo… ¿Qué es lo que siento por ella?

Y ese es el problema, que no hay nada que no sienta por ella, siento todo, estoy completamente perdido en ella.

No existe nadie más, no pienso en nada más que no sea Cassie Queen.

Me embrujó, me enamoró y que esté aquí, en medio de un jardín, supuestamente diciéndole a sus padres muertos que sí la quiero, es prueba de lo mal que me tiene.

Y estoy asustado, temo perderla, me aterra lo que pasó en el casino, que sea mi culpa. Pensar que si le digo pueda alejarla, me frena de sobremanera.

Quiero ser honesto, pero ahora, justo ahora, no puedo.

No cuando pesa más ser honesto con lo que siento, con lo que mi corazón grita a los cuatro vientos, lo que explota por mis poros.

—¡¿VAS A VENIR O QUÉ?! —grita desde la puerta y asiento siguiéndola.

—Pensé que me odiabas —murmuro llegando a su lado.

—Sí, te odio, maldito.

Abre las puertas de la enorme mansión y entramos.

—No vamos a hablar ahora, Cassie, no en el estado que estás, yo creo…

—¿Te la follaste? ¿La tocaste? Dímelo, termina de romperme en miles de pedazos de una puta vez y vete, déjame.

Niego ante la mentira que es eso.

—No es así, ahora no tienes que pensar en esto, debes descansar, Cass, estás bajo los efectos de drogas y eso no es bueno.

Se encoge de hombros.

—Lo que no es bueno es que tú no me hayas dicho que tenías una relación con ella.

Abro mis ojos como platos.

Nerea, esto que hiciste no estuvo nada bien.

—Déjame llevarte a la habitación, te buscaré agua.

Me acerco a querer ayudarla a subir y me empuja.

—No, no me toques, no quiero escucharte, no quiero verte, nada de nada. Debiste decirme, y no hubiera cambiado nada, Gregor. ¡Me hubieras dicho que tenías dueña!

Niego y me acerco de nuevo, aunque sé que podría golpearme.

—Cassie, mírame a los ojos. —Niego—. No sé qué te dijo Nerea, pero no es cierto, ella es mi amiga, es como mi familia, yo no siento nada por ella, nada, y no pasó nada, porque yo tengo un acuerdo contigo. —Me mira molesta—. Nadie puede tocarme que no seas tú.

—Se terminó, ya ve a que te manoseen, maldito mujeriego asqueroso.

Me carcajeo.

—Qué irracional te pones y linda. —Frunce el ceño—. No puedo dejar que alguien más me manosee, eso no es digno de mí, Reinita.

Me hace burla como niña pequeña.

—¡Vete a la mierda!

Sube las escaleras y no la dejo sola. Hasta dormir es peligroso para ella ahora.

—Vete, no seas acosador.

No le hago caso. Subo con ella hasta lo que parece su habitación, ella se para en la puerta y abre sus ojos azules con fuerza, pero estos se ven como somnolientos.

—Largo, largo. —Me mira fijo—. Vete a tu departamento con tu novia, Gregor.

Suspiro y niego.

—No tengo novia, Cassie, lo que sea que te dijeron es falso, muy falso.

Se mete a la habitación.

—Falso como tú, ¿por qué? No entiendo.

Se sienta en la cama y me mira afligida.

—Reinita, escúchame, quiero que hablemos cuando estés bien, no ahora.

—¡Yo quiero hablar ahora! ¿Por qué? Explícame, una relación abierta, ¿por eso no es tu novia?

Arqueo mis cejas a la vez que frunzo el ceño.

—¡No! Nada de eso, nada, Cass, no existe relación entre Nerea y yo, nada, te lo juro, no existe, solo es mi mejor amiga la cual, al parecer, no me ve como tal y lo acabo de descubrir.

Me clava la mirada.

—¿Nada? ¿No te la follaste?

Niego y me pongo en cuclillas para mirarla a la cara.

—No, Reinita. ¿Cómo crees que rompería mi fidelidad por ti?

Gimotea extraño.

—Igual, no quiero que te quedes, no vas a acostarte en mi cama.

Sonrío y niego.

—Tranquila, Reinita, no me acostaré en tu cama, solo quiero que tú te acuestes y te cuidaré toda la noche a que no te vomites encima y mueras.

Suspira molesta.

—Tenías que insistir, idiota, decirme que quieres acostarte en la cama conmigo para cuidarme, porque te gusto, porque te importo, porque te encanto. Tú no entiendes nada, Gregor, eres un tonto.

Lanzo una risa.

¡La puta madre! Ella sin filtro, es algo único.

—No te enojes, no quiero tentar a la bestia, ni tampoco aprovecharme de ti.

Chasquea la lengua y me toma de las solapas de mi chaqueta obligándome a levantarme.

—Te amo, estúpido, y si no vas a amarme, vete, no vuelvas nunca más.

La miro a los ojos.

Me ama.

—No pienso irme de aquí, Cassie, no lo haré.

Pego mis labios a los suyos, a pesar de que está mal, lo hago.

Sus brazos se aferran a mi cuello, fundiéndose en un intenso beso.

La suelto sin aire y veo sus ojos cerrados.

—¿Cómo no amarte? Mi Reina de Hielo, es imposible.

Abre sus ojos y pestañea.

—Confío en ti, Gregor, confío.

Asiento y acaricio su mejilla.

—No pienso lastimarte, Cassie.

Asiente y se aparta de mí.

—Tengo que acostarme y tú me cuidas.

Sonrío y asiento.

—Yo te cuido, Reinita.

Baja la cremallera de su vestido y se lo quita, quedando solo en bragas para meterse a la cama.

La tentación es maldita y más con lo que me dijo, solo quiero mimarla, mostrarle todo lo que siento.

Hay miles de maneras y sé que no necesito tocarla para demostrárselo.

Se acomoda en la cama y me mira.

—¿Qué esperas que no estás quitándote los zapatos para acostarte conmigo? Pensé que me cuidarías como si fuera lo más importante de tu vida.

Sonrío por su falta de razón al hablar.

Mañana no le gustará recordar lo que hizo y peor, que sea todo tan real. Tendrás que aguantar, mi Reinita, yo no pienso olvidar nada de lo que me dijo.

Me quito los zapatos y me recuesto a su lado, sin meterme dentro de las colchas.

—Por supuesto voy a cuidarte…

—¿Cómo si fuera tu mundo? —Asiento y la arropo—. ¿Soy tan importante para ti como para ser tu centro de atención?

Me mira a los ojos a cada momento.

—¿Te has visto entrar a un lugar, Reinita? Es imposible que no seas mi centro de atención, imposible.

Sonríe de lado.

—Eres encantador. —Se acerca a mí y apoya su rostro en mi pecho—. Has desacomodado mi esquema, Gregor, no sé qué haré.

—Ahora descansar, Cassie, mañana habrá más claridad para hablar y seguiré con todas mis palabras esperando por ti.

Acaricio su cabello.

—Solo quiero ser la única en la que pienses, la única que tenga tu amor, tu atención.

Es que ella no se da cuenta.

—Eres la única, Cassie, no hay nadie más, solo tú, Cassie Queen.

Se ríe por lo bajo.

—Qué idiota tan cursi, me gustas así, cursi, tonto, loco y salvaje.

No dejo de abrazarla.

—Descansa, mi Reinita amada.

Suspira con un sonido que hasta tierno se me figura.

Ya está, no hay marcha atrás y nunca me había sentido tan pleno, tan yo, en mi puta vida. Es con ella, no hay duda que con ella quiero todo.