Adictos a lo prohibido Capítulo 31 Lo que siento
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Capítulo 31 Lo que siento

Cassie Queen

Juego con su cabello mientras lo beso, subida a horcajadas de él que se encuentra sentado en la cama con sus manos apoyadas sobre ella.

Estas se mueven para tocar mi trasero y lo muerdo, haciendo que gimotee frustrado.

—Eres una perra, no es justo —reclama y clavo mis ojos en los suyos.

—Yo mando esta semana y debes respetar mis reglas.

Rueda los ojos y me besa sin permiso, como el caprichoso que es.

—Tus reglas limitan, tus reglas me dan unas tremendas ganas de desquitarme contigo y castigarte muy duro.

Con mi mano tomando el cabello de su nuca me quedo viéndolo.

—¿Ah, sí?

Asiente muy seguro y con esos ojos color miel oscurecidos.

—Cuando te portas así como una perra, me tientas, Reinita, me haces desear tantas cosas malas, como tenerte arrodillada frente a mí y castigar esa boca que no se cansa de morder.

Arqueo una ceja.

—Cuidado, Novato, te puede salir caro querer someterme, puedes terminar mordido por esta perra, en zonas que te dolerán.

Apoya sus manos en mi trasero cuando le dije sin tocar.

Caprichoso.

—¿Qué importa que me duela? Solo pensar en esa boca tuya llena de mí, no sabes cómo me pones. ¡Maldita sea! No debí pensar en eso.

Siento cómo su erección crece más dentro de sus pantalones.

—Dije sin tocar.

Le vale, sube una de sus manos a mi nuca y me besa con una intensidad deliciosa.

—Ya deja el juego, Reinita, me tienes así hace como media hora, sufriendo mientras me besas, me encanta; no vayas a confundirte, besarte es delicioso y único, pero, mi Reinita, me vas a matar si no puedo tocarte, con lo mucho que me gusta hacerlo.

Su mano libre, la que estaba en mi trasero, comienza a ir hacia uno de mis muslos y lo aprieta.

—Eres un caprichoso, no sigues las reglas y luego dices que tú vas a castigarme a mí.

Aprieta el agarre en mi cabello y gimo cuando va a mi cuello mordiéndolo.

—Sí, yo te castigo, porque eres mi perrita codiciosa que se está portando mal, muy mal.

Sigue bajando sus mordidas a mi hombro y me calienta muchísimo cuando es así de bruto.

Mi animalito loco y arrogante. Me fascina.

—Sigo sin tener…

Muerde una de mis tetas y gimo de puro gusto.

Solo quería jugar con su resistencia, desnuda sobre él mientras lo hago desear, hasta que se vuelva así de loco como está ahora. Funciona mi técnica.

—No llega esa maldita cosa que pedí por internet, pero deja que ya mismo lo soluciono.

Afloja el nudo de su corbata con una mano y se la quita por la cabeza.

Lo observo y la sonrisa ladina que se dibuja en sus labios promete, promete placer, locura, perversión y todo lo que a mí me gusta él me haga.

Me muestra la corbata y sonrío de lado.

—¿Eres mi perra, Reinita? —Pasa por mi cabeza la corbata y asiento—. Uff, Dios, no seas así de jodidamente linda, asintiendo, porque querré esto siempre, Reinita.

Cuando termina de pasar la corbata por mi cabeza, soy yo quien la ajusta como si fuera un jodido collar.

—Una perra con dueño. ¿Eres el dueño del collar o lo es alguien más?

Me toma de la corbata para pegarme a su boca y con su lengua invade la mía, haciendo que jadee entre besos totalmente excitada.

—¿Quién más podría ser dueño de este collar, Reinita? No existe nadie más que entienda que así como eres una perra, eres la jodida reina.

Me desespero y vuelvo a besarlo mientras él no deja de sostener la corbata.

Comienzo a despojarlo de su ropa, desabotono su camisa y acaricio su abdomen trabajado.

—Ahora me vale una mierda, tú dijiste que ibas a castigarme y eso quiero, pero solo estás siendo un dueño muy flojo y permisivo.

Jadeo cuando se levanta de la cama obligándome a pararme.

—Arrodilla, Reinita —ordena con firmeza y lo miro a los ojos—. Tú te lo buscaste, arrodíllate, Reinita.

Relamo mis labios.

Sí quiero hacerlo, no pienso si se lo ha ganado, si lo merece, ni lo que todo esto que hacemos significa. Pienso en que el tono ronco y ardiente que usa, me tiene como loca queriendo obedecer.

—Tú no me puedes dar órdenes a mí, ni…

Estira la corbata obligándome a levantar mi mentón y con su pulgar acaricia mis labios.

—De verdad quiero que quieras, Reinita, no sabes cómo me tienes, deseándolo hace mucho, ver tu boca mal hablada y mandona, llena de mí.

—Abro mi boca llena de excitación por la forma suave que me habla—.

Si tú quieres, si deseas hacerlo, arrodíllate y déjame fingir que me obedeces, aunque esté muy lejos de eso, solo…

Lo hago.

Me arrodillo frente a él, mis manos van a sus pantalones, los cuales comienzo a desabrochar lento, torturándolo un poco, puedo notar la desesperación en su respiración.

Bajo sus pantalones junto a su bóxer y frente a mí, tengo su erección, su punta rosada, y las venas que lo adornan.

Me relamo porque la verdad sí se ve como un pene que chuparía hasta que se corra en mi boca.

—Pídeme, por favor, Greg.

Me mira confuso cuando con mi mano tomo la base.

—¿Eh?

Se ve totalmente desorientado. Su mirada nublada por el placer es la señal de lo mucho que desea esto.

—Que me pidas, por favor, Greg, dime que te lo haga.

Saco mi lengua dejando caer mi saliva sobre la punta, lo que lo pone a gemir.

Maldición, sus gemidos son tan ardientes.

—Por favor, solo un poco, Reinita, solo… pon tu boca ahí.

Abro mi boca y con la mano que lo sostengo de la base lo posiciono, me lo meto todo lo que me cabe y aprieto mi boca para sacarlo humedeciéndolo completamente.

Los gemidos que lanza son algo nuevo y que nunca había escuchado en él. Me encanta.

—Oh, por Dios, Reinita. ¡Jesús! Qué boca tan linda.

Se sostiene de mis hombros tratando de ganar equilibrio y solo lo he chupado para mojarlo.

—Recién empiezo, Novato.

Con mi lengua rodeo la punta y succiono de ella, poniéndolo a decir maldiciones y no sé cuánta cosa.

Comienzo a chuparlo moviéndome en compás con mi mano que sigue en la base.

—Oh, Reinita, no es posible, tú me quieres matar. —Sigo con mis movimientos y me detiene al instante—. No puedo, espera que no aguanto. ¡La puta madre! Qué pena, pero no aguanto, Reinita.

Succiono de la punta a sabiendas de que se correrá.

No me importa, me gusta tener el control de cuándo pasará, sucede, y sus piernas tiemblan a la vez que sus gemidos roncos invaden mis oídos, mientras trago todo lo que él tiene para mí.

—No puede ser, oh, Reinita, tienes una boca perfecta.

Me levanto y él me ayuda estampando sus labios con los míos mientras me tira en la cama.

Se deshace de sus pantalones que estaban en sus tobillos y comienza a acariciarme sin dejar de besarme, es intenso y lleno de mera pasión. Eso me fascina.

No tarda en estar de nuevo listo y comienza a rozar mi entrada que está empapada, lista para recibirlo, llena de necesidad, así me tiene, por lo que no se tarda en penetrarme llenándome de placer.

—Así, Greg, ooh…

Me toma de las piernas para entrar más profundo y solo puedo gemir de tantas sensaciones que él me da, mientras me embiste con ganas y energía.

—Estás tan mojada, Reinita, está perfecta, me encantas. ¡Maldición! Cass, no sabes cómo me encanta estar dentro de ti.

Abrazo su cuello y lo beso mientras él no deja de moverse y estallo en un orgasmo intenso, que solo se hace más placentero cuando se mueve acompañando mi placer.

—Me encanta sentirte, me encanta saber que me llenarás y… ¡Ooh!

Siento el primer latido y sé que estoy llena de él.

¡Carajos! Esto es una maldita adicción.

—Qué perra hermosa, tengo. ¡La puta madre! Tú eres una reina, una hermosa, perfecta y preciosa.

No puede decirme todas esas cosas mientras me folla.

¡Por Dios! Es que me encanta que lo haga.

Me voltea y toma la corbata que aún está amarrada a mi cuello.

Sin salir de mi interior se inclina y muerde el lóbulo de mi oreja mientras me estira, ejerciendo la fuerza justa.

Aún lo siento muy duro dentro de mí y cuando empieza a moverse, grito sin poder evitarlo.

Se siente bien, demasiado bien. Me gusta que no sea delicado, él arremete contra mi cuerpo haciendo que mis nalgas choquen con su pelvis, mientras me la mete tan profundo que como cada vez, mañana dolerá.

No importa, nada importa cuando el placer que me da es tan increíble y completo.

Estallo sin remedio y él no para, estoy prácticamente derretida sobre la cama y no deja de bombearme hasta que suelta la corbata y clava sus dedos en la piel de mi cadera cuando apenas siento cómo se corre.

No sé cómo hace para correrse tanto, puedo sentir cómo su agarre se afloja y su cuerpo descansa contra el mío.

—Necesito descansar, Reinita, tú me dejas seco.

Sale de mi interior y se tira en la cama a lo que lo imito y me recuesto de costado.

—Qué poca energía manejas, Gregory.

Se carcajea y estira su mano para manosear mis tetas.

—Dame un momento que te chupo las tetas, te manoseo un poco y te juro, estaré listo de nuevo.

Me acuesto boca abajo impidiendo que me toque.

—Bromeo, descansa, también estoy agotada.

Se arrima a mí y me besa para tirarse con los ojos cerrados en la cama.

—Me exprimiste, entre esa boca que tienes y esa vagina exprimidora, me mataste. —Me carcajeo por la forma en que lo dice—. Nunca me había sentido así al tener sexo con alguien, Cassie.

Suspira con sus ojos cerrados y me quedo muda ante sus palabras.

No sé si debo responder algo o solo quedarme callada.

Menos aún sé si tengo que decir que yo tampoco me había sentido como me siento con él en la cama.

Solo guardo silencio y después de unos momentos él parece haberse dormido. ¡Dios mío! No sé qué hacer.

Si quedarme durmiendo con él como una estúpida o irme. Me pongo nerviosa y pienso que lo mejor es irme, no puedo hacer esto, es demasiado, si cruzo esa línea esto se pondrá más y más complicado.

Me levanto, busco mi ropa para vestirme y marcharme dejando todo pago, le dejo una nota en un papel, que dice: «Mejor descansar por hoy, te veo luego».

Al irme me siento tonta y no sé si debí decirle algo más, la verdad soy malísima en esto. Da igual, mañana en el trabajo lo veré.

Es que todo esto que siento por él no me deja hacer las cosas bien.

◆◆◆

Llego a trabajar como si nada, como si ayer no lo dejé en el cuarto de hotel solo, entro al lugar y mis empleados están trabajando, mientras los obreros están en el piso tres instalando el sistema de seguridad, nosotros lo checamos desde la laptop que tenemos aquí en lo que será luego la recepción de este lugar.

—Señora Queen, ya llegó.

Mi contratista me saluda y yo solo busco con la vista a una sola persona. Lo veo salir de la oficina y escanearme con rapidez, no se ve enfadado.

—Señorita Queen, pase, así le cuento cómo estuvo la mañana de trabajo.

Eso es una falacia, él solo me quiere dentro de su oficina para besuquearme y manosearme, lo cual me gusta.

—Señor Duarte, espero que todo vaya bien.

Asiente y entro a la oficina con él, donde apenas se cierra la puerta, me pega a ella en un beso ardiente.

—Hola, mi Reinita, ayer me dejaste muy solo y triste.

Jadeo porque me dejó sin aire.

—Yo… estabas cansado y yo, igual, quería dormir y…

—¿Te dio miedo? —Paso saliva—. Descuida, gracias por la nota. La próxima que sea nuestra partida de póker, si yo gano, estará prohibido dejarnos durmiendo a cualquiera de los dos.

Sonrío de lado y vuelve a besarme, pero esta vez es más corto.

—De acuerdo, para eso debes ganar, Greg.

Se ríe.

—Mejor finjamos que ya te conté todo, porque si seguimos aquí, terminarás sin tu tanga, porque te follaré y la romperé.

Ruedo los ojos y salgo de la oficina.

Me pongo a trabajar, superviso lo que van haciendo, cerciorándome de que todo vaya bien. Me gusta eso, ver cómo el sistema funciona tan bien, es increíble y me encanta. La mirada de mi arrogante está sobre mí a cada segundo, finjo que no sé, pero lo siento mirarme y eso me agrada mucho.

Solo tengo que voltearme para que nuestros ojos se encuentren y quedarnos así, viéndonos fijamente de la forma más tonta que existe; aun así, no dejamos de hacerlo, porque es como si ambos estuviéramos…

—¡Aquí estás, maldito desgraciado!

Se voltea ante una voz femenina y yo igual.

Una mujer castaña, ojos cafés, joven y bonita, está acercándose a él con una sonrisa.

—¡NERU!

Su tono está lleno de sorpresa.

—¿Pensabas que iba a estar tanto tiempo sin verte, maldito?

Él se acerca a ella y se abrazan.

—Estás loca, boluda. ¿Qué haces acá?

Él le habla en español.

—Vengo a ver a mi mejor amigo.

Los miro a ambos y no entiendo nada. Al igual que tampoco me gusta nada.