Adictos a lo prohibido Capítulo 30 Es simple, es amor
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Capítulo 30 Es simple, es amor

Tyler Andrade

Miro a Greg y antes de que siquiera pregunte, él ya está sonriendo.

—No volveré, ya sabes que si salgo por la noche, no vuelvo hasta la mañana.

No sé cómo hace para ir al trabajo.

—Yo solo quiero saber porque…

—Siempre la invitas, ya sé, Ty, si llego a las tres o a las cinco de la madrugada me acostaré a dormir directo, no seré una molestia, disfruta tu cita y espero ya concretes.

Carraspeo.

—¿Tienes condones, Greg?

Antes de salir se voltea y sonríe.

—Eso me gusta, iniciativa y responsabilidad, lo único que falta es que embaraces a la sobrina de la Reinita, ella te mataría.

Me froto la nuca.

—Es solo por si acaso, yo no es que la invite con esa intención, solo… olvídalo, llevamos como diez citas y la verdad quiero intentarlo, nada más que soy un idiota y siempre olvido comprar condones y no quiero estar desprevenido.

Va a su habitación y me trae varios en su mano.

—Aquí tienes, Ty, en mi habitación hay más, compré una caja de doce cuando llegué a Seattle, creo que quedan como seis todavía.

Arqueo una ceja.

—Pensé, que tú y Queen, bueno yo… olvídalo, que tengas buena noche, Greg.

Sonríe sacudiendo su mano.

—La tendré, también disfruta tu noche, amigo.

Se marcha y suspiro.

Miro los condones y los guardo en mi habitación.

Esto es muy normal, solo la invitaré y si sucede, sucede.

Me siento muy tonto, la verdad llevamos viéndonos hace bastante y ella me gusta demasiado, vamos despacio y me siento bien con eso, es solo que la otra noche, como imbécil olvidé comprar y ella no tenía uno en su cartera, tuvimos que quedarnos con las ganas. No quiero que nos vuelva a pasar.

Y sí quiero hacerlo, ya siento que es insostenible la tensión que hay entre nosotros, no quiero arruinarlo y sí quiero seguir con esto tan lindo que tengo con ella.

Tomo el teléfono y le marco, suena dos veces y ella atiende.

—Ty, qué gusto que me llamas.

Su dulce voz suena del otro lado y sonrío.

—¿Cómo estás, Gen? Sé que es un poco tarde, yo…

—¿Me invitas a tu departamento?

Aprieto los labios.

—Gregor…

—Mi tía salió de la mansión hace veinte minutos y me preguntaba si fue a verse con Duarte, confirmamos que sí.

Me carcajeo.

—Haré hamburguesas y bebemos algo, luego… podemos quedarnos aquí, hacer muchas cosas.

Una risita coqueta traspasa el teléfono.

—Muero de hambre y estaba preguntándome cuándo te vería. La otra noche me quedé pensando en ti, en realidad llevo cada noche pensando en ti cuando me acuesto, Ty, sola pienso en ti mucho, mi consuelo en las noches frías es eso.

Carraspeo porque como idiota me quedé sin aire.

—Hoy no tendrás que pensar porque me tendrás todo para ti.

Un suspiro de su parte me pone muy mal.

—Me prepararé y estaré allí pronto, Ty, llevo el postre.

Claramente ella es el postre.

—Te espero, Gen.

Corto la llamada y pienso que debo cambiarme, ponerme a cocinar y al menos dejar todo lindo para esperarla.

Un florero o algo al menos.

◆◆◆

Suena la puerta y me acerco a abrirla para verla; hermosa, con un vestido que resalta cada parte de su cuerpo, su cabello suelto con ondas. Genna es realmente la mujer más hermosa que alguna vez vi.

—Sí, creo que te da gusto verme.

Sonrío y abro la puerta para que entre.

—Hola, lo siento, me quedo como idiota contemplando lo hermosa que estás.

No titubea y me besa, un beso corto a modo de saludo.

Siempre lo hace y si no es ella soy yo, un buen saludo consta de un beso, uno de verdad y sin pena.

—Y eso no sabes cómo me gusta, Ty. —Se separa de mí con una sonrisa coqueta y cierro la puerta una vez que está adentro—. ¿Tú preparaste esa mesa para nosotros?

Froto mi nuca y asiento.

—¿Es demasiado? Solo quería hacer algo… distinto.

—Es perfecto, me encanta, nunca nadie había decorado una mesa así solo para cenar, es lindo, Ty. —Se acerca y besa mi mejilla—. Pienso que quieres volverme muy loca y es que tú no sabes que ya lo estoy, con esto solo harás que me enamore de ti y mira que si eso pasa; ya no te voy a soltar, Tyler.

Sonrío y la miro a los ojos.

—Ojalá eso pase, así tendré la fortuna de que no quieras soltarme.

Muerde su labio inferior.

—Muero de hambre, dime en qué te ayudo y terminamos de servir la mesa.

Niego y separo la silla de la mesa.

—Eres mi invitada, siéntate que yo traeré todo, ya lo tengo listo.

Se sienta sin protestar ante mis palabras.

—De acuerdo, me dejaré atender por ti, Ty.

Camino a la cocina para buscar los platos.

—No es la comida más refinada de la vida, solo puedo prometer que estará rico.

Apoyo los platos en la mesa. Hamburguesas con papas a la francesa.

—Esto se ve mejor que en los restaurantes de comida rápida.

Me siento y la observo esperando que pruebe.

Siempre le gusta mi comida, es solo que las hamburguesas es algo que es tan común, es fácil que sepa a algo muy banal y sin gracia.

Con sus manos y mucha delicadeza toma la hamburguesa y la muerde, manchando sus labios y su nariz.

—Mmm, esto está delicioso, Ty, eres muy bueno para cocinar, definitivamente no pasaré hambre, tú serás el que cocine en nuestra casa.

Sonrío embelesado por ella.

Lo tierna que se ve y la vez lo sexy que es. Y lo que más me vuela la cabeza es que ella diga ese tipo de cosas, donde me hace pensar que proyecta con nosotros y me encanta.

—¿Nuestra casa?

Asiente con un sonido, mientras come unas papas y sigue con su hamburguesa.

También empiezo a comer.

—Imagínate una casa pequeña, minimalista, porque, además, yo más de un hijo no pienso tener y lo haré después de los treinta.

Pintaré cuadros en la sala de lavado y cuando el día esté soleado lo haré en el patio.

Quizás tengamos un gato. ¿Te gustan los gatos, Ty?

—Asiento emocionado con su relato—. Un gato entonces y como seré pintora; no sabré cocinar, comeré sobras de día y cuando tú vengas me harás una cena deliciosa y ahí dejaré de pintar para pasar tiempo contigo.

¿Es demasiado, algo que quieras agregar?

Bebo un poco del vino que hay en la mesa.

—Me gustaría una especie de hamaca como sillón donde yo pueda sentarme en los días soleados a verte pintar.

Sonríe y muerde su labio inferior.

—¿Lo dices en serio? ¿O solo lo haces para que no me sienta patética? Fantaseando una vida contigo después de solo haber tenido diez citas perfectas, corrección, once citas perfectas.

Ella es soñada. No puedo estar más perdido en toda su esencia.

Bebe de su copa y sus ojos me observan con expectativa.

—Hablo súper en serio y debo corregirte, no puedes decir once citas, porque esto recién está empezando, Gen, y no eres patética, si lo fueras también lo sería por sentirme tan fascinado con esa hermosa vida que pensaste.

Aprieta sus labios con un brillo en sus ojos.

—A veces soy algo eufórica y me asusta que eso te asuste, Ty, yo… de verdad tú eres especial.

Bebe todo el contenido de su copa y se sirve más.

—También eres especial, Genna, eres espontánea y me gusta, no me asusta, tú jamás podrías asustarme. Tú me haces tener fe, confiar en mí y pensar que no soy tan loco por sentirme enamorado, aunque sea pronto.

Me mira y puedo notar la intensidad de su mirada.

—Dios, me da pena dejar la comida, Ty, pero si tú solo escucharas lo perfecto que te oyes hablando, también dirías: ¡al diablo la comida!

Se levanta, y así, sin aviso, llega a mí, me toma de la nuca y me besa con fuerza.

Ni siquiera lo pienso, la tomo de la nuca y me levanto de mi asiento para besarla sosteniéndola de la espalda baja.

La pego a mí con necesidad, ganas y toda esta pasión contenida que llevamos reprimiendo. Con sus dos manos me toma de las mejillas apretándome a su boca, ella parece querer devorarme con sus besos.

Hermosa y tan salvaje. Ella me fascina.

Suelto su nuca para con mis dos manos apretarla de su espalda contra mi pecho.

Jadea sin aire y me mira a los ojos.

—No sabes todas las cosas que deseo que me hagas.

La pego a mi cuerpo para que sienta como estoy deseando hacerle mil cosas más.

—Quiero hacerlas todas.

Sus labios vuelven a los míos y me empuja haciendo que choquemos con todo.

La guío yo en dirección a la habitación, pero antes la pego a la pared y acaricio su cuerpo con deseo, sin nada de pudor.

Bajo mis besos a su cuello y ella se arquea hacia atrás dándome acceso a él. Sus jadeos me tienen muy caliente, nunca me había sentido así: excitado y necesitado. Nunca había deseado tanto hacerlo con alguien como con ella.

Bajo a su escote y deslizo con cuidado las tiras de su vestido, su mano va a mi nuca y me aprieta en señal de que desea avance más, lo hago, libero sus pechos y primero solo los beso hasta que los veo bien y las ganas por chuparlos me invaden, lo hago.

—Oh, Ty, no te prives de nada.

Ella gime ante mis atenciones y quiero más.

Quiero tenerla en la cama desnuda y seguir atendiéndola.

Vuelvo a su boca y sigo arrastrándola a la habitación.

—Tú dime si no te gusta, si puedo hacer algo mejor, sí…

—Estás haciendo todo muy bien, Ty.

Me besa y su lengua busca la mía poniéndome más caliente.

Sus manos comienzan a tironear mi ropa y comienza a hacerla volar. Adiós, chaqueta, adiós, camisa. Voy a su espalda para bajar la cremallera de su vestido y que este caiga a sus pies.

Dios, ella es muy hermosa.

—Eres hermosa. —Acaricio su cuerpo con cuidado mientras lo contemplo—. Eres como una diosa.

—Muéstrame cómo debe sentirse una.

La beso y caemos en la cama, donde sigue ayudando a que termine solo en bóxer mientras ella solo trae bragas.

Mis manos no se quedan quietas, voy a sus bragas y comienzo a acariciarla sobre la fina tela notando lo empapada que está y algo se me viene a la cabeza.

—Quiero probar, debes saber muy bien.

Sus ojos se ven oscuros, cargados de deseo.

—Haz esto. —Toma mi boca y comienza a mover su lengua sobre la mía—. Justo así tienes que mover tu lengua y puedes hacer esto también.

Succiona mis labios poniéndome peor aún.

Suelto su boca y voy bajando a la vez que le quito sus bragas, me acerco por sus muslos despacio, ella se ve tan bien.

La miro y ella está ansiosa, lo veo en su mirada, primero paso mi lengua con cuidado y luego hago justo todo lo que ella me dio como instrucción.

Sus gemidos son la señal de que lo disfruta y yo igual, estoy disfrutando como nunca probando todo de ella, se siente tan suave, húmeda y cuando un gemido intenso sale de sus labios, ese delicioso sabor llega a mí, como dulce, suave, no sé cómo explicarlo, nunca lo había probado.

—Ven aquí, Ty. —Me estira para volver a besarme—. Ahora dime que sí tienes condón, si no, traje unos en la cartera.

Sonrío sobre sus labios.

—Sí tengo, Gen.

Abro el cajón de la mesita de luz y tomo uno.

—Qué buen chico. ¡Dios! Esa boca, Ty, no sé de dónde sacaste que tú no eras bueno. —Me aparto un poco para quitarme los bóxeres y ponerme el condón ante su atenta mirada—. Solo no seas tan brusco hasta que me acostumbre al tamaño.

No sé qué decir, no me deja pensar demasiado porque me estira para que caiga sobre ella y seguir besándome.

Le sigo sus besos, esa boca perfecta que ella tiene me pone a flotar en una maldita nube de puras ganas.

Mis ansias por estar dentro de ella se vuelven incontrolables, lo necesito y más cuando mi erección roza su centro una y otra vez.

Con mi mano me ayudo para meterla y ella pellizca mi espalda con sus manos.

— Oh… Ohm, Ty.

Entra la punta y ella me pellizca más.

—¿Estás bien?

Asiente y me besa.

—Estoy muy bien. ¡Oh, Dios! —Entra un poco más—. Cuando me acostumbre, te juro que me quejaré, pero de gusto.

Susurra en mis labios. Otro poco entra y ella gime con fuerza, mientras siento sus uñas clavarse en mi espalda.

—Solo queda un poco, yo…

Muerde mis labios.

—Ya métela toda, métela.

Obedezco y su boca se abre cuando estoy completamente dentro de ella.

Se siente tan apretada, llena de mí y deseo moverme, solo que no quiero ella siga incómoda. Odio que pase esto.

—¿Te duele mucho? Si te duele demasiado…

Niega y sus manos dejan mi espalda para entrelazarse en mi nuca.

—Tú déjame a mí marcarte el ritmo. —Comienza a mover su pelvis y se siente jodidamente bien—.

¡Oh! Mmmm, sí está muy… —Sigue moviendo su pelvis y sus gemidos comienzan a oírse cada vez mejor—.

Ahora, ahora muévete, Ty. —Me muevo una vez y el gemido que lanza me la pone más dura—.

¡Oh, Dios! Muévete como quieras. —Dos estocadas doy y ella se oye tan llena de placer—. Qué rico, está rico, sigue así.

Me muevo rítmico, guiándome por sus gemidos y se siente tan, pero tan bien.

Su voz llena de excitación, pidiéndome que siga, me siento en un sueño, uno muy erótico. La beso mientras comienzo a tomar ritmo y ella me sigue con su pelvis. La habitación se llena de sus gemidos de placer y no tengo dudas de que hasta fuera de ella se deben oír.

La sensación de fusión que siento con su cuerpo es mágica, me muevo libre y sin miedo, mientras ella me tiene a punto de estallar, es solo que espero, me muevo y busco que ella se libere.

Solo necesito sentir cómo me aprieta y grita de gusto para terminar descargando todas mis ganas.

—Oh, Genna, oh, Dios, eres fabulosa, increíble.

Me besa con suavidad.

—Tú eres fabuloso, Ty. —Acaricia mi cabello mientras no deja de besarme—. Me encantas.

—Tú me encantas a mí, Gen, mucho.

Sonríe y seguimos besándonos.

Solo después de un momento yo salgo de su interior y me recuesto a su lado abrazándola. Nos cubrimos con las colchas y así nos quedamos entre besos y caricias, acostados, descansando hasta dormirnos.