Capítulo 27 Sentí que mi corazón se pararía
Gregor Bruno Duarte
—¿Te vas?
Ty al instante que me ve vestido listo para salir, comienza a indagarme.
—¿Querés invitar a tu chica?
Lo molesto.
—No es con las intenciones que vos estás pensando, solo a ver una película.
Ruedo los ojos.
—No me tenés que disfrazar la situación, está muy bien, que al fin se te dé. Yo no voy a volver esta noche, no está en mis planes.
Espero quedarme toda la noche con mi Reinita.
—De verdad no, no vamos a hacer nada, ella… bueno, ella me dijo que tiene sus días y yo la quiero invitar a ver una película, comer y nada más.
No, si Ty es una especie en extinción.
—¿Sabes que no es un limitante ese asunto, no? Muchos lo hacen igual, yo lo haría igual si tengo muchas ganas y ella quiere.
Mira sus manos.
—Sí, es cierto, pero ella se mostró incómoda con el asunto, solo quiero que se sienta bien y cómoda. El sexo no es lo primordial, si sucede será espontáneo.
Qué ternurita.
—Descuida, no volveré, puedes invitarla sin problema.
Tomo mis cosas.
—¿Te verás con Queen otra vez? —Asiento—. ¿Solo sales con ella? Se me hace tan extraño que frecuentes tanto a una persona sin buscar a otra.
Me encojo de hombros.
—No es tan raro, la paso bien, además, cuando nos vayamos de aquí, se acabó, solo estamos divirtiéndonos.
Levanta ambas cejas dudoso.
—Tú no haces eso, lo sabes bien.
Ruedo los ojos.
—Soy libre, puedo hacer lo que quiera. Si quiero verla todos los días, lo haré. Me gusta, lo disfruto y quiero hacerlo, son motivos suficientes para hacerlo. —Voy a la puerta—. Diviértete, Ty, yo también lo haré.
Me marcho. No es que ella me importe demasiado, tampoco es tan raro que yo frecuente a alguien. Ty exagera, yo ya he hecho estas cosas muchas veces.
Subo a mi auto y me quedo pensando: ¿cuándo hice algo así? Sexo con alguien que conozco, hace poco. Exclusividad, ansiedad por verla, emoción por saber que voy a verla, que me joda tanto pensar en que otro se le acerque nada más. ¡Carajos! Ella es…
¡Mierda!
No, no es tan importante, solo es casual, no somos nada, aunque mientras follamos somos todo. Qué paradójico, yo no sé qué está sucediendo, es muy pronto para pensarlo.
Conduzco al casino, no sé a qué hora irá ella, solo pensé que sería mejor ir ya con la noche empezada.
Traigo la máscara en el asiento trasero, innecesaria, lo sé, es solo que ella la usará y me gusta esto de hacer juego ambos con máscaras, combinamos.
Voy llegando al club y veo una situación que me pone alerta al instante, hay un hombre forcejeando con una mujer, pero lo que me hace automáticamente sentir que mi corazón se parará, es cuando veo a la mujer. ¡No puede ser!
¡La puta madre!
Freno y saco de debajo del asiento la llave cruz del auto.
Esto no puede estar pasando.
La adrenalina, el terror y una sensación asfixiante de desesperación me posee.
Bajo sumido en mi propio instinto de hacer algo y en ese momento, cuando ese pedazo de mierda la golpea y la levanta para meterla al jodido auto que está esperando por él, me olvido de cómo respirar y a continuación una ira me invade.
—¡SUÉLTALA, HIJO DE PUTA!
No me interesa jugar limpio, me acerco como un loco y voy directo a su cabeza a pegarle con la llave.
La suelta, dejándola caer en el suelo y ella se queja.
¡Lo voy a matar!
Como lo tomo por sorpresa, está algo desorientado por el golpe y lo vuelvo a golpear indiscriminadamente, no me importa si de verdad lo mato. Lo golpeo sin dejarlo pensar, directo a la cabeza.
—¡HIJO DE PUTA! ¿QUÉ MIERDA ESTABAS HACIENDO? ¡PEDAZO DE MIERDA!
Estoy enojado, completamente fuera de mí.
Lo golpeo una y otra vez, hasta que él reacciona dándome un empujón que me desestabiliza y el cobarde de mierda huye en el auto.
Podría seguirlo, no lo hago, tiro la llave al suelo y voy directo a ella, que está respirando agitada en el suelo.
¡La puta madre!
—Maldición, mi reina. ¡Dios mío!
La ayudo a levantarse y comienzo a examinarla.
La comisura de su boca sangra, sus mejillas están rojas y parece desorientada.
—Tengo que llevarte a un hospital.
Ella niega. No le hago caso, la levanto en mis brazos y la llevo hasta mi auto.
—No, la prensa, Gregor, hospital no.
La subo al auto y le coloco el cinturón. Abre sus ojos y le quito la maldita máscara porque quiero ver si está más lastimada, tiene la ceja cortada, parece que la misma máscara acompañada de los golpes se lo generó.
—Alguien tiene que revisarte, Cassie, mira cómo te dejó ese hijo de puta, ¡por Dios!
Respira agitada, tiene la boca llena de sangre, eso me preocupa más.
—Quiero escupir, qué asco, tengo su asquerosa sangre en la boca.
Busco en mi guantera pañuelos y la ayudo a limpiarse.
—Te llevaré a mi casa, no puedes ir a la tuya así, mira si alguien más quiere hacerte daño.
Asiente y se tira hacia atrás en el asiento.
Solo subo a mi asiento y conduzco, la miro cada vez que puedo.
—Cambia esa cara con la que me miras, estoy bien, no voy a morir ni nada, solo me golpeó un poco ese maldito.
No se da cuenta lo grave de esto.
—Podrían haberte hecho más daño, Cassie. ¿Qué iba a pasar si no llego? —Guarda silencio—. No lo digo porque seas mujer, ya que ese tipo me podría haber matado a golpes, solo que jugué sucio. Si no, no habríamos salido de eso.
No responde nada.
Sabe que tengo razón, esto que sucedió fue muy peligroso y no entiendo por qué ella terminó en esa situación.
—Ese maldito quería llevarme. ¡Estúpido! Les jode que gane, no soportan la derrota, que se jodan.
Me detengo en mi departamento.
—¿Qué se jodan? ¡POR DIOS! ¿No ves que casi te secuestran? Te han golpeado y quién sabe qué querían hacerte.
No me mira.
—Quieren asustarme, está claro, quieren que deje de jugar y lo sé, podría haber terminado muy mal, aparte de manoseada y golpeada.
Eso me enoja más todavía.
—Debí matarlo, asqueroso infeliz.
Frunzo el ceño molesto.
—No vale la pena, ya pasó, Gregor, ya está, solo… tengo que llamar a mi médico y descansar, en mi casa.
Niego.
—No puedes saber si en tu casa están esperándote.
Suspira.
—¿Cómo podrían si no saben quién soy?
Me quedo pensativo un momento.
Randall. No sería capaz de esto, es demasiado, además, él me dijo…
La observo, paso saliva porque si ella supiera que yo le dije a alguien quién es. No, esto no es por eso, además, fue antes, yo… no la conocía.
No debo sobrepensar justo ahora.
—Es cierto, igual deberías tener cuidado.
Bajo del auto y antes de que llegue a su puerta, ella ya está bajando por sí sola.
Me apresuro para ayudarla.
—Estoy bien, puedo caminar, solo estaba atontada por el golpe. —No me importa y la ayudo igual—. Eres terco, Novato.
La sostengo de la cintura para caminar.
—Me asusté, Reinita, pensé que algo iba a pasarte y no quiero eso suceda, así que seré muy terco con tal de que estés bien.
Me mira fijo, sin decir nada mientras subimos al ascensor.
La veo esbozar una leve sonrisa muy rápida.
—No pensé que así de loquito te tenía, Novato.
La pego más a mí.
—En estos momentos, me importa poco todo, Cassie, iba a matar a un tipo por ti y por un segundo sentí que mi corazón se había parado. Supongo que eso es estar loco y volvería a hacerlo, porque eres mi Reinita.
Las puertas del ascensor se abren.
—Gracias, por… por preocuparte.
Carraspea y me aparta para caminar sola.
—¿A dónde vas si no sabes cuál es mi departamento?
Se voltea y rueda los ojos.
Me acerco a la puerta que es la mía y saco la llave para abrir.
Entramos al departamento y había olvidado a Ty, que está literalmente viendo una película con la sobrina de la Reinita.
Al vernos entrar, ambos se sorprenden, por supuesto, no me esperaban.
—No puede ser —Cassie se queja.
—¡Tía! ¿Qué te pasó?
Se ve incómoda al encontrarse a su sobrina.
—Nada, solo… un percance.
Ty nos mira preocupado.
—Por Dios. ¿Tú fuiste el responsable?
Al instante ella me acusa.
—Genna, compórtate, él no tuvo nada que ver, solo me trajo aquí para que pueda llamar a un médico, ya sabes cómo son los hospitales.
Camina acercándose a una silla y se sienta en ella.
—Llamaré a tu médico, deberíamos reportar a la policía, no pueden atacarte en la calle. ¿Dónde estabas?
El ceño fruncido de Cassie es muestra de lo incómoda que está.
—Yo me encargaré de llamar al médico y ver que ella esté bien —interfiero.
—Lo haré yo, tú no eres nadie, no voy a dejar que ella esté a tu cargo —replica.
—Genna, ¿puedes comportarte? —Ellas sí que tienen carácter—. Necesito recostarme. —Me mira en señal de que quiere que la saque de la misma habitación que su sobrina—. Tú, llama a mi médico, Genna.
—Te llevo a mi habitación para que estés más cómoda.
Asiente y se levanta para venir conmigo. Al entrar, suspira y se apoya en la pared.
—¡Maldición! Ella no puede saber dónde pasó ni qué pasó. Ni mucho menos que yo…
—Descuida, no diré nada, tampoco quiero que se sepa lo que hago.
Me observa.
—Necesito usar tu baño.
Me acerco y abro la puerta.
—Pasa tranquila.
Se mete al baño y solo camino de un lado al otro.
Hoy he traspasado todos mis jodidos límites, con lo que dije, lo que hice, es que me siento extremadamente sensibilizado.
Me acabo de dar cuenta de que esta mujer me importa más de lo que alguien me ha importado y no tiene maldita lógica, que ahora esté así de movilizado porque no puedo siquiera pensar en la idea de perderla.
¡Maldita sea! ¿Qué me está pasando?
La puerta del baño se abre y la veo salir, se limpió la sangre y se ve mucho mejor, noto que su ropa está algo mal, desarreglada e incluso las tiras de su vestido dañadas.
Juro que me pone muy mal pensar en lo que pudo pasarle y lo que le pasó.
—Deja de mirarme así, es raro.
Pestañeo y mis ojos van a los suyos.
—Solo estoy mirándote normal.
Se acerca a mi cama y se sienta en ella.
—Me miras como si casi hubiera muerto, estoy bien, ya pasó.
Voy a mi ropero y busco una camisa mía.
—Deberías ponerte algo más cómodo.
Arquea una ceja y sonríe.
—¿No crees que es demasiado tener la suerte de verme dentro de una camisa tuya?
Sonrío y me encojo de hombros.
—En mi defensa, solo quiero que estés cómoda y tu vestido se ve muy maltratado.
Estira su mano tomando mi camisa.
—Lo pensaré. —Suspira—. Tengo que volver al club.
Frunzo el ceño.
—No, ¿cómo piensas en volver?
—Tengo que ir por mi auto, por mi dinero y que no crean que me quedaré de brazos cruzados con lo que sucedió.
Ruedo los ojos. Qué mujer más testaruda y que no le teme a nada.
—¿Piensas que ellos tienen algo que ver?
Se encoge de hombros.
—No confío en nadie, puede ser cualquiera, yo tranquila no me voy a quedar, quiero mi dinero y mi auto.
No me agrada la idea de que vaya sola.
—Te acompañaré.
Arquea una ceja.
—No es necesario, puedo sola, ya me ayudaste y lo agradezco, esto lo haré sola.
Aprieto la mandíbula y solo la miro.
—Cassie.
La puerta de mi habitación suena.
—Llegó el doctor.
Suspiro y salgo de la habitación. El médico entra a la habitación y me quedo afuera.
Froto mi rostro frustrado, quisiera decir que no la entiendo, pero para mi desgracia lo hago, yo haría exactamente lo mismo que ella, es solo que yo no puedo estar tranquilo.
—¿Qué fue lo que pasó exactamente? —Genna me interroga.
—Yo solo llegué cuando ya había sucedido y ella no me dice nada.
Cambio un poco la verdad.
—Tan típico de ella, debería tener seguridad o algo.
No acoto nada.
—Ella es la jefa, tú ya la conoces, no va a escuchar a nadie —agrego al final.
—Es que ella es complicada.
El médico sale de la habitación y Cassie detrás de él.
—Gracias, doctor, haré lo que dijo.
Lo lleva hasta la puerta. Se voltea a vernos.
—Cambien esa cara, nadie murió. Genna, ¿me llevas a casa? —indica.
—Yo puedo hacerlo —interfiero.
—No, cómo crees, no irás a mi casa, Duarte.
Ruedo los ojos.
—Te llevo, tía. Después haremos otra cita, Ty.
Ella se acerca a mi amigo que todo este tiempo estuvo mudo observando la situación.
—Sí, por supuesto, no te preocupes, Gen.
Se despiden afectivos y al igual que yo, Cassie los observa.
—Vamos, seguro tienes que descansar.
Ellas caminan hasta la puerta y las sigo incluso cuando ya han salido.
—Cassie…
Ellas esperan el ascensor.
—¿Qué sucede, Duarte?
Llego hasta ella.
—Cuídate, ¿de acuerdo? Y si necesitas ayuda o lo que sea, tienes mi número.
Rueda los ojos.
—Yo no necesito ayuda.
Las puertas del ascensor se abren y Genna sube. Cuando Cassie va a hacerlo, la detengo y me pego a ella en un beso seguro, pero suave. Pienso que me golpeará, pero ella corresponde al corto beso.
—Yo lo sé, pero me encanta ser el esclavo de Su Majestad.
Sonríe y se aparta de mí subiendo al ascensor.
—Te veo en el trabajo, Duarte, compórtate.
Sonrío y las puertas del ascensor se cierran.
Vuelvo al departamento y Ty está esperándome.
—¿Ahora me dirás que no es nada, Greg?
Me encojo de hombros.
— No me importa, Ty, ahora no me interesa si es nada, poco o mucho. En serio que no me importa y estoy muy jodido por eso, aun así, adivina, tampoco me importa. ¡Puta madre! Esa rubia está embrujada.
Niega.
—Esto es raro y para resaltar, Gregor Bruno Duarte pensando en alguien más que no sea él mismo.
Me acerco y lo empujo a modo de broma.
—Te molestaré con la niña.
—Hazlo, tengo asumido que terminaré hasta el cuello por ella, me encanta y no pienso negarlo.
Ruedo los ojos y camino a mi habitación.
—Te odio.
Se carcajea y entro a mi habitación.
Sé que esto que siento es raro, no puedo hacer nada para frenarlo, ni tampoco quiero.