Capítulo 26 Un café #2
—No lo había notado. —Soy sarcástica—. Me pides que te recompense con un café cuando…
—Sí, el error fue mío, no encontré otra excusa para invitarte.
Bebo un poco de mi café.
—No estarás buscando que sea tu nueva conquista, ¿o sí?
Arqueo una ceja.
—Debo confesar que me has deslumbrado al conocerte, eres segura, con carácter, una mujer muy lista.
Cuando tú empezaste a manejar la empresa, yo estaba en la universidad y tú apenas terminabas la escuela.
No sé cómo lo has hecho. —Escucho su discurso—.
Al menos hasta que te oí en la reunión no supe cómo lo hacías, ahora lo sé.
¿Qué es lo que busca?
—¿Y eso? Siento que buscas algo en concreto, Harris, y no me lo estás diciendo.
Se frota la nuca.
—Ya tengo treinta y ocho años, no tengo esposa, no tengo hijos, soy el único hijo varón de la familia, tengo que asegurar mi nombre, necesito una esposa.
—Abro mis ojos ante su confesión—. Tú ya tienes treinta y cinco años, tus mejores años pasarán.
Pienso que entre los dos podemos hacer grandes cosas, Industrias Queen junto a Industrias Harris, podríamos hacer que de nuevo sean las dos familias más ricas de Seattle.
Estoy bastante sorprendida de lo que dice.
—Mi familia ya es la más rica de Seattle y… ¿Tengo cara de desesperada?
Me ofende.
—No, por supuesto que no, solo que pienso que tú también debes querer mantener tu legado y juntos podríamos hacerlo.
Me espanta.
¡Por Dios! Yo jamás estropearía mi genética con la de un tipo que, a diez años de dirigir la empresa familiar, la está llevando en picada.
—¡Woow! Tú no me conoces nada, está claro.
Lo miro a la cara para ser completamente honesta.
—La verdad no, Cassie Queen. Yo no busco amor, solo quiero preservar mi legado. No tenemos siquiera que ser una pareja perfecta, solo quiero un hijo o algunos, ambos garantizamos el linaje.
Me asquea de pensarlo.
—Te confundiste, no soy una incubadora, Harris.
Me quiero levantar.
—Sonó muy mal, yo únicamente… pienso que ambos podemos favorecernos de esto, piénsalo.
Niego y me levanto.
—No, no tengo nada que pensar, estoy bien así.
Me marcho.
—Si cambias de opinión… —Es lo último que escucho antes de ir a mi auto e irme.
¿Pero qué le pasa?
¿Así es como me ve toda la élite? Una solterona que se casará con cualquier idiota, se embarazará y ya.
Nefasto.
Mi teléfono suena en un mensaje y aprovecho un semáforo para leerlo.
Número desconocido: Sí, conseguí tu número sin permiso, Reinita. Te fuiste sin despedirte y eso solo quiere decir que sí, es tan idiota como se ve y el café no fue bien. Te veo en la noche, Reina de Hielo, prometo compensar este jodido día y quién dice: te consigo el collar que tanto quieres.
Idiota.
Sonrío y, cuando una bocina suena, arranco de nuevo para cruzar el semáforo que ya se habilitó.
No contesto, solo me quedo con la premisa de verlo esta noche.
Qué bien me hace sentir este arrogante de solo pensar en verlo y eso no debería ser así.
No puedo evitarlo.
Y no pienso hacer nada para detener lo que siento, las promesas son promesas y yo lo hice, prometí dejarme llevar a donde sea que me lleve todo esto.
Mal no está.
◆◆◆
—Quiero todo esto de fichas, la mesa de la esquina, un reservado, también que me lleven un Martini y dos whisky.
Dejo el dinero sobre el mostrador.
—Así será, Reina de Hielo.
Qué buen humor tengo.
Tomo las fichas que me otorgan, la tarjeta para el reservado y el número de la mesa.
Primero me siento a beber, bebo y me relajo un poco. He venido temprano con ganas de arrasar en todas las mesas, desde la primera hasta la última jugada.
Tengo muchas ganas de ver fracasar a muchos de esta manga de inútiles. Yo sé que solo me ven como un estorbo, una molestia, que solo debería estar siendo la puta de alguien, en vez de estar jugando al póker.
Así es cómo ven a las mujeres aquí y me vale tanto una mierda.
Termino de beber mi último trago y me levanto para ir a una mesa a jugar.
No sé si ha llegado el Novato, lo notaré porque aparecerá a hacer sus comentarios molestos y filosos.
Primera partida, mesa llena. Gano.
Fue rápido para mi gusto.
Cuando me siento en la segunda mesa veo una cara nueva, un tipo alto, fornido, está fumando un puro, muy relajado y cuando me siento me clava la mirada.
No sería la primera vez que llamo la atención de alguien, por lo que lo ignoro y me concentro en jugar. Salgo victoriosa siendo el último en la mesa conmigo, ese tipo.
No habla, eso no sé si sea bueno o malo, solo me observa con demasiado interés. Para haberle ganado y vaciado de fichas, debería estar molesto. No se ve así.
Indico que me preparen el botín porque iré a otra mesa.
Y lo curioso es que él también se levanta para ir a la misma mesa que yo.
Eso ya no me gusta mucho, no me da nada de buena espina, así que me levanto.
—Ya he jugado mucho por hoy, dejen lo que he ganado en la recepción, que al salir lo buscaré.
Solo me voy al pasillo de los reservados, el cual está bastante vacío, miro el número y me han dado el último, justo al lado de la salida trasera del lugar.
Me apresuro caminando y puedo sentir pasos detrás de mí. Si me volteo, me veré débil, si me apresuro, también; solo debo mantener la calma.
Llego a la puerta del reservado y cuando apoyo la tarjeta no funciona.
—¿Trae apuro la Reina de Hielo?
Llega a mi lado y sí, es el mismo que estuvo jugando conmigo.
—No.
Apoyo de nuevo la tarjeta y esta sí abre la puerta.
—Qué suerte, está sola, puedo ser un buen acompañante esta noche, dicen por ahí que le gusta mucho follarse a quienes le gana.
No respondo, tampoco muestro expresión y quiero entrar al reservado, pero él apoya su mano en el marco de la puerta impidiéndome el paso.
Yo con tacones él me llevará unos diez centímetros, es de contextura grande. Comienzo a analizar su cuerpo al sentirme amenazada por su aura.
—¿Me invitas o no? No me digas que te harás la difícil.
Carraspeo.
—No necesito su compañía, gracias, déjeme pasar.
Se ríe con burla.
—Hoy no, Reina de Hielo, no acepto un no como respuesta.
Me toma del brazo e intento zafarme sin éxito.
—¡Suéltame, idiota!
Con su mano en mi pecho me pega al vidrio por fuera del reservado.
—No, lo lamento, hoy no te saldrás con la tuya, tú ganaste, ahora yo quiero mi jodida recompensa.
Lo piso con fuerza.
—¡Vete a la jodida mierda!
Me quiero alejar y me toma del cabello acercándome a él de nuevo.
Me pega al vidrio y con su mano aprieta mi cuello.
—Me iré a la mierda contigo, Reina de Hielo, tengo algunos amigos listos para querer jugar conmigo, aunque primero puedo empezar yo.
Forcejeo, intento golpearlo, pero él es mucho más grande que yo.
¡Maldita sea! No puede estar pasándome esto.
—Suéltame, no vas a conseguir nada.
Se ríe y sigue sosteniéndome del cuello sin apretar demasiado, pero sí consiguiendo inmovilizarme.
—No quiero.
Va al escote de mi vestido y lo escupo.
—¡Que me sueltes, maldito asqueroso!
Mi mejilla quema y mi boca sabe salada cuando una bofetada impacta en mi piel.
Quiero quejarme del dolor y lo soporto, lo vuelvo a escupir y ahora me toma del cabello tironeándome hacia la salida trasera del lugar.
Lo golpeo, busco morderlo, librarme, pero con una de sus manos toma las mías en mi espalda, inmovilizándome.
—¡SUÉLTAME, MALDITO! —grito en un punto ya desesperada.
Me lleva afuera y me toma de los hombros golpeándome contra la pared, mi cabeza impacta dejándome aturdida.
¡Mierda!
Siento sus manos en mi cuerpo y, aunque me resisto, no le muestro desespero, no le daré el jodido justo de desesperarme y desear llorar o que alguien me ayude.
No lo haré.
Siento asco, mucho asco, y en cuanto mi cabeza me deja reaccionar, con mis manos intento apartarlo. Termina rasgando mi vestido y lo rasguño, es mucho más fuerte que yo, así que me toma del cuello y comienza a arrastrarme a un auto.
—¡Déjame, infeliz! ¡Déjame!
—Tranquila, que cuando llegues a la fiesta sabrás lo que es de verdad ganar, somos muchos y estamos necesitados de una buena mujer.
Su carcajada me da asco, mucho asco.
No puedo dejar que me suban a ese maldito auto.
Me resisto y, maldita mierda que este lugar está tan jodidamente desierto, logro tomar su mano y lo muerdo tan fuerte que arranco un pedazo de su piel.
—¡Maldita perra!
Me da un golpe y siento que todo da vueltas.
—¡SUÉLTALA, HIJO DE PUTA!