Capítulo 26 Un café
Cassie Queen
Salgo para buscar dónde están mis trabajadores y ponerlos a hacer algo, no estarán aquí haciendo nada mientras se les paga por trabajar.
—¿Revisaron que el fallo de la señal sea en todos los pisos o solo fueron al primero y desistieron?
Los miro a todos y el que está encargado de los obreros se acerca.
—Probamos solo los primeros dos pisos, son diez pisos, señorita Queen.
Arqueo una ceja.
—Son quince personas, me sobran cinco si va uno por piso revisando que la señal funcione o no, son cables de datos, conectan cualquier laptop y verán si la señal funciona. —Me mira sin decir nada—. ¿Espera la señal o irá a hacer su trabajo?
—Tenemos que ir de a dos personas por piso, por lo que tres pisos nos quedarían sin revisar.
Le clavo la mirada a lo que se siente presionado.
Veo a mi arrogante salir de la oficina, no tiene la mejor cara, le jodió lo del café y eso es chistoso.
No diré estúpido, ya que soy de tener ese tipo de reacciones un poco irracionales.
—Duarte, piso ocho, nueve y diez, vamos. —Camino hacia el ascensor, me volteo y miro a mi encargado de los obreros—. Cuando termine de revisar esos pisos, espero que ustedes hayan terminado con los otros.
El ascensor se abre y el pequeño Gregory no quiere entrar.
Está bien enojado.
Abro mis ojos esperando que entre y la forma que me clava esa mirada asesina, ¿se supone que debo intimidarme o calentarme?
—No hay tiempo que perder, Duarte, mi tiempo vale y si se hace la hora de que me marche, tendrás que pagar extras a Cassie Queen, imagina qué costoso será eso.
Se mete al ascensor y aprieta el botón para que las puertas se cierren.
—Supongo que lo puedo pagar contigo, contra un escritorio, diciendo: «soy tu jodida perra, Gregor».
Lanzo una pequeña carcajada.
—Ay, pequeño Gregory, cuando te enojas eres muy chistoso.
La forma que abre los ojos y se transforma su expresión al escucharme decirle pequeño Gregory, me insta a querer reírme, pero reír con ganas.
—¿Cómo acabas de decirme, Reinita?
Me encojo de hombros y justo las puertas se abren en el piso ocho.
—Es que te estás comportando como niño y olvido que se debe a que eres menor, normal, juegas con niños y terminas con este tipo de escenas.
Camino mirando dónde tienen conectada la línea de la red de internet.
Lo siento caminar detrás de mí en completo silencio, eso no sé si es bueno, no me volteo tampoco.
Me paro debajo del supuesto distribuidor de señal que aparece con una luz verde titilante y con mi teléfono intento conectarme.
—No funciona. —Cuando me volteo choco con él—. Seguías aquí, pensé que te habías ido a hacer berrinche por ahí.
Con sus dedos acomoda mi cabello detrás de mi oreja y sonríe de lado.
—Comienzo a creer que lo haces a propósito.
Te gusta cómo terminamos cuando haces estas cosas.
—Va al cuello alto de la camiseta negra que traigo y lo estira para ver la piel de mi cuello—.
Aún no se van las marcas, qué lindo. —Mis labios se despegan y trago grueso—.
Me pregunto: ¿dónde más tendrás marcas de mi boca o mis dedos, Reinita?
—Deja mi camiseta—. Muy niño y todo, pero pedías más de mí a cada momento, señorita Queen.
Sonrío de lado.
—Aquí de lo que hablamos es de cómo te comportas porque tomaré un café con alguien más.
Me alejo para ir al ascensor, pero está ocupado, así que voy por las escaleras para subir al siguiente piso.
Llego primera y vuelvo a buscar el proveedor de señal que está en el mismo lugar que abajo, pero este tiene la luz titilando en naranja.
—Me parece un costo muy alto cuando el inepto es el dueño que no puede enviar a hacer una buena instalación.
Su voz llega a mí.
—Aquí ni siquiera me aparece disponible para conectarse. —Lo observo muy tranquila—. Un costo alto sería que se la mame por hacerme este trabajo, Novato.
Arquea sus cejas y abre sus ojos con más molestia.
—Él fue el del error y tú debes pagarle, pero que se vaya a la concha de su madre.
No, si su fuerte no es ser culto al hablar.
¿Solo usa el español para insultar?
—Solo es un café, ¿por qué te molesta, Trevor?
Niega.
—No juguemos con el nombre ahora, Cassandra, no tengo un jodido buen día y encima ahora tendré que soportar a un imbécil que quiere un café contigo, aquí.
Me encojo de un hombro.
—Sigo sin entender el problema.
Camino para subir las escaleras y él llega a mí impidiendo mi paso. Me aprieta contra el barandal con suavidad.
—¿Cuándo nos vemos otra vez, Reinita? Yo invito, te invito un café y luego te llevo a un lugar lindo, terminamos lo de la otra vez, todavía estamos en mi semana de no reglas.
Sonrío.
—No puedo, tengo que tomar un café con alguien más. —Rueda los ojos—. Quizás te puedo ver en otro lugar, no sé, jugando por ahí.
Chasquea la lengua.
—Eres mala, te gusta joderme y ponerme así. ¿Me quieres loco? Te gusta cuando termino desquiciado y me desquito con tu cuerpo, ¿verdad? —Humedezco mis labios—. ¡Eres una perra tan mala!
Acerca su boca a la mía.
—Una perra que no tiene dueño.
Pega su pecho al mío.
—Te falta el collar, es cierto, soy tan tonto. No te preocupes, Reinita, yo te conseguiré uno para que veas que tienes dueño.
Me besa mordiendo mis labios y mi primer impulso es acercarme a él para seguir saboreando su boca.
Mi mano derecha va a su nuca mientras que una de las suyas va a mi cintura y como dos jodidos adolescentes nos besamos en una escalera, cuando deberíamos estar siendo serios, trabajando. No, besarse es mil veces mejor.
No nos detenemos y sabemos que no podremos ir más allá, no aquí. Aun así, no dejo de besarlo ni él a mí. Mi teléfono comienza a sonar y quiero separar mi boca de la suya, lo cual no me deja, lo muerdo y me suelta sin apartarse demasiado.
—Atiende al inútil de Harris —susurra a un suspiro de mi boca.
Saco el teléfono de mi bolsillo y así, con él pegado a mí, tomo la llamada.
—Harris…
Mi voz sale normal.
Gracias al cielo.
—Ya he llegado, Queen, estoy abajo. —Gregor me mira y sonríe haciendo que me distraiga—. ¿Me escuchas?
—Sí, ya bajo.
Corto la llamada y no duda en volver a besarme.
—Para que mientras tomas el café con él, recuerdes que te veo esta noche, ¿jugando, verdad?
Sonrío de lado porque entiende mis señales a la perfección.
Le digo jugando y él entiende que es en el casino.
—Jugando… —susurro y la forma tan engreída que sonríe, lejos de molestarme… Me complace.
—Por cierto, ya no tienes lápiz labial. —Otro beso, pero este es corto—. Eso pasa porque no usas lo que fabricamos nosotros, Reinita.
Relamo mis labios y me alejo.
—Lo tienes todo tú —comento mientras voy al ascensor.
Lo tomo sin él, hurgo en mi cartera y encuentro algo para retocar mis labios en el espejo del ascensor.
Al bajar apenas se abren las puertas, veo a Harris junto a un hombre que trae un maletín y ropa de trabajo.
—Al fin llegan, mas subimos, ya ni siquiera se registra la señal, esto es algo muy problemático, todo funciona con internet, así que necesitamos una solución ahora.
Harris me escanea.
—Hola, Cassie Queen.
Si esperaba amabilidad de mi parte, se equivocó de persona.
—Hola, perdón, si no soy la más amable y paciente, llevamos como cuatro horas perdidas de trabajo, no creo que Industrias Harris Data vaya a pagar esas horas de trabajo de quince trabajadores, el señor Duarte y mías, por lo que un poco la cortesía se me ha olvidado. Lógico, ¿no lo cree, Harris?
Sonríe relajado.
—Supongo que el café tendrá que ser doble. Lamento este inconveniente, lo solucionaremos ahora.
Las puertas del ascensor se abren de nuevo y baja él.
Acomodando su saco, con sus aires de superioridad.
—Hola, ¿el dueño del problema? —Extiende su mano—. Gregor Bruno Duarte, dueño de Duabella.
Harris estrecha su mano con él.
—Lamento lo ocurrido, la señorita Queen…
—No es nada de que enorgullecernos que la señorita Queen —apoya su mano en mi espalda— haya tenido que arreglar este problema, ella solo está aquí para supervisar la instalación del sistema de seguridad, lamentable que la red que falle cuando ni siquiera se ha empezado a usar.
Es igual de directo que yo y la verdad es que tiene razón.
—Mi especialista lo arreglará, tardará unas horas, por lo que tendremos que esperar, pero quedará todo listo. —Harris me mira y a Gregor—. Podemos ir por el café mientras esperamos. Hoy no será posible que trabajen, me encargaré de compensarla, señorita Queen.
Si cree que puede compensarme con sexo, este idiota está eligiendo muy mal, no me gustan los irresponsables en el trabajo.
—Me vendría bien un café también, aquí al lado hay una cafetería, podríamos ir y charlar acerca de los motivos de la falla.
No, si para ser maldito él es experto.
—Tenemos asuntos aislados que hablar con la señorita Queen.
Arqueo una ceja.
—Qué lástima, que le vaya bien con su café. Te veo luego, Cass.
Se acerca y besa mi mejilla para irse a su oficina y me quedo sin saber qué responder.
Él me acaba de decir, Cass, como si fuéramos amigos de toda la vida, y me besa en la mejilla solo para marcar el territorio con este imbécil de Harris.
Por favor, Greg.
Cuando pienso que no puede parecerme más divertido, hace tanta pendejada junta. Y me gusta.
—Vayamos por el café.
Camino a la salida y Harris me sigue.
—Pensé que él era tu cliente.
Sonrío relajada.
—Lo es, un cliente importante, estoy supervisando la instalación, así que, creo que notas no es un proyecto cualquiera.
Es cierto, al lado hay una cafetería.
—Es una simple empresa cosmética, aunque parece que tienen confianza.
Arqueo una ceja mientras entramos a la cafetería.
—¿Por lo de mi nombre lo dices? Los extranjeros no son tan formales y no sé por qué siento que tú estás indagando mucho.
Me carcajeo irónica.
Nos sentamos en una mesa y cuando nos atienden solo pido un café con crema, leche y edulcorante.
—No, por favor, no estoy indagando, solo me dio curiosidad, quiero saber si estoy incursionando en tierras ocupadas.
Arqueo una ceja.
—Suena a que soy un condominio.
se ríe nervioso.
—Yo… lo siento, soy pésimo para esto, no se me da nada bien.
Llega el café.