Capítulo 25 El despertar de Cassie
Cassie Queen
El sonido del teléfono me hace removerme en la cama, no es mi celular, es el teléfono de la habitación. Abro mis ojos y aún es de noche.
¿Qué diablos pasó? ¿En qué momento me dormí? Observo el reloj de pared, las cinco de la mañana.
Me levanto y estoy cubierta por las colchas, voy al teléfono que sigue sonando.
Tomo el teléfono y miro mi mano sorprendiéndome.
—Hola…
Mi voz sale ronca.
—Señora Queen, nos indicaron que sea despertada a las cinco de la mañana. La habitación está paga, también le dejamos en la puerta un desayuno.
Frunzo el ceño confundida.
—¿Quién dejó todo pago?
No aprende él.
—Su invitado.
Idiota.
—Muchas gracias.
Cuelgo el teléfono y me quedo mirando mi mano.
¿Cómo me escribió esto sin que lo notara?
Estaba muy cansada, me tiré en la cama a esperarlo y…
«Estás agotada, me quedaría rompiendo más reglas, durmiendo pegado a tu cuerpo. Otro día será. Descansa, Reinita de hielo».
Suspiro ante su mensaje con tinta azul en la palma de mi mano. Dejó el hotel pago, pidió que me despierten, que me traigan el desayuno y… esbozo una sonrisa cuando veo cómo dobló mi ropa dejándola a mi alcance.
¿Intenta impresionarme?
Funciona y eso no me agrada nada.
Me siento en la cama, sintiendo mi cuerpo con estragos de esta noche que puedo caratularla como increíble y algo que no he experimentado antes.
Eso es una mierda, esto no debía ser tan bueno y lo fue, con su arrogancia, sus juegos, su intensidad. Él me llevó hasta un punto de placer que yo no sabía podía y estoy segura de que puede ser mejor.
Qué mal está todo esto. ¡Maldición!
Y peor aún está que yo desee seguir mucho más. Sin reglas, con juegos, placer y eso que él me hace sentir. Necesidad de tener más de él, solo para mí.
Estúpida, así me siento viendo su caligrafía en mi mano, pensando si me lavaré la mano o no. ¡Idiota! Por supuesto que lavaré mi mano.
Pero ¿qué cosas pienso?
Esto no me impresiona, no me causa nada, ni mucho menos me tiene pensando en él.
No por completo.
◆◆◆
Aunque intento llegar con mi mal genio, no puedo, no lo tengo, no logro encontrar una excusa para estar molesta el día de hoy. Me siento tan bien anímicamente y mi cuerpo arremetido, con marcas y mordidas, se siente tan bien.
Llego a mi piso y Genna como siempre, con un café, al igual que algo de comer para mí.
—Señorita Queen…
—Le agradezco, Müller, ya he desayunado.
Bastante, la verdad.
También supo pedir lo que yo quería.
Me agrada y no me agrada. Es confuso, odio que me guste lo que él hace y a su vez no puede dejar de volverme loca.
No me arruinaré la mañana pensando demasiado.
Entro a la oficina y Genna lo hace detrás de mí.
—¿Ya desayunaste?
Asiento mientras me acomodo en mi asiento abriendo mi laptop.
—Y muy bien, la verdad, bébelo tú, tranquila. —Siento que me observa detenidamente—. ¿Algo más? ¿Tengo pendientes y lo olvidé?
Levanto la vista para verla sonriendo.
—Te ves muy bien, tía Cass, demasiado diría yo, hasta pareces contenta.
Ruedo los ojos.
—No digas tonterías, dame cinco segundos y me vuelvo una cretina.
Se carcajea.
—No lo creo, yo pienso que a ti te han estado atendiendo bien, que hasta desayunada llegaste.
Arqueo mis cejas.
—¿Qué te hace pensar eso?
Abro mis ojos.
—El brillo, tía, tu piel brilla mucho, no te ves nada cansada y es muy temprano.
No estás seria, al contrario, la comisura de tus labios se curva hacia arriba de forma sutil, tú tienes lo que se llama, un buen día.
—Solo miro mi laptop y sonrío por lo observadora que es mi sobrina—.
Mírate, no es posible que Duarte te tenga así.
Abro mis ojos.
—Genna.
Se carcajea.
—Ty me invitó ayer a su departamento porque su amigo no estaba, qué casualidad, hoy mi tía llega resplandeciente, como quien estuvo toda la noche bien mimada. —La regaño con la mirada y solo se ríe—. Huele a que te viste con Duarte, simple.
—Y tú fuiste con el ingeniero, así qué…
—No fui, quería ir, pero adivina, adivinador, tengo mi periodo. —Hace un puchero—. Lo sé, podría haber ido igual porque al final él es un tierno que hasta me cocinaría y me haría chocolate caliente.
Suspira.
—¿Qué sucede, Gen?
Se encoge de hombros.
—La otra vez, papá me arruinó la cita, no sé, Ty se fue, hablamos por texto y todo está bien, ahora no sé si él solo querrá sexo y ya. —Arqueo mis cejas—. No me veas así, no soy idiota, tampoco una boba enamoradiza.
—Ya lo sé, no tienes que aclararlo.
¿Qué le pasa a mi sobrina?
—Simplemente, comencé a pensar que me gusta bastante él y si avanzo más, ¿cómo salgo luego? Eso es lo que me pregunto y que si papá me lo llega a estropear. —Suspira—. Yo sé que papá muchas veces me ha espantado a los chicos y si ahora lo hace…
—Genna, estás pensando demasiado todo, apenas están conociéndose, relájate, eres joven, no es como que vayas a estar para siempre con alguien aún.
Se carcajea.
—Tú no entiendes, tía, no ves lo que yo veo en él, no dejaré que nada lo estropee, descuida. —Deja sobre la mesa unos sobres del correo—. Te ves bien y eso me alegra mucho, iré a trabajar.
Sale de la oficina dejándome algo pensativa.
Acerca de lo sensible que es Genna, lo intuitiva y sagaz. Ella es una verdadera Queen.
Más le vale a ese desaliñado que la tome en serio, porque se las verá conmigo. Una sola lágrima y que se considere deportado oficialmente a su país.
Reviso el correo y no hay nada anormal, sigo atenta a esa estúpida nota que me enviaron.
Parece que solo fue algún chistoso.
Ya basta de distracciones, tengo mucho que hacer y más con el proyecto que comienza la instalación mañana.
◆◆◆
Termino la junta con los supuestos nuevos inversionistas, la verdad es que no creo que inviertan, no sé siquiera qué hacen aquí. Al parecer querían conocer mi fama, no le encuentro otra lógica.
Los voy despidiendo con mi semblante serio de siempre, uno de ellos es hijo de los Harris.
—Un gusto poder hablar estrechamente con ustedes, señorita Queen.
Estrecho mi mano y noto que es el último en la sala de juntas.
—Me complace saber que así fue, aunque no creo que hagamos negocios, ¿verdad?
Suelta mi mano y sonríe.
Apuesto, maduro, es el hijo de una de las familias más ricas de Seattle. Su aspecto está bien, al igual que su porte.
—Digamos que todos tienen curiosidad acerca de usted, señorita Queen, me incluyo. Los rumores son muchos y saber si son ciertos, no es fácil. Sí, es tenaz, despiadada, fría y una mujer calculadora sin dudas.
Arqueo una ceja.
—¿Y eso me descarta como socia? Lo comprendo, alguien como yo solo hace peligrar el ego de machos alfas de sus socios, señor Harris.
Frota su nuca.
—De la mayoría, mas no el mío, fui el de la idea de venir. La recordaba como una niña seria y sigo pensando, ¿cómo es que ahora es la empresaria más despiadada de Seattle? Encantadora, sin dudas.
Él está intentando ligar conmigo.
Era de esperarse, hace casi tres semanas que terminé con Evans, ya era tiempo de que llegara algún hijo de la élite a querer ocupar su lugar.
Lástima que un idiota arrogante esté ocupando ese y muchos lugares más, que no quiero ahondar en remarcar.
—La idea fue buena, Harris, lástima que no preparó a su equipo para una mujer inteligente.
Miro la puerta en señal de que ya debería irse.
—Eso no quita que no pueda hacer negocios con usted, de forma personal, quizás no sea muy tentador en un inicio, aunque con una cena podría convencerla de que sí.
Arqueo una ceja.
—Una cena, entiendo, ingenioso, Harris, mucho diría, solo que… No tengo cenas con clientes.
Se ríe incómodo.
—Tampoco es tan simple como dicen, que es fácil invitarle una cena a la señorita Queen.
—Fuentes tontas, que subestiman mi criterio para elegir acompañante, descuide, señor Harris, podemos hacer negocios sin la cena, solo envíeme el proyecto y lo revisaré.
Asiente resignado caminando a la puerta.
—Lo haré, dicen que la perseverancia hace el imperio. Espero verla pronto, señorita Queen.
Lo veo marcharse.
Genial, Harris jr. quiso ligarme y en llanas palabras me insinuó que seguirá intentando hacerlo.
Qué bien, no sabe lo que es toparse con una pared, al parecer.
Siempre tengo un pretendiente de turno y me parece divertido.
En estos momentos estoy muy dispersa para pensar en eso, solo veo la hora y recuerdo que debo tomar mi pastilla diaria.
Miro el GPS con la dirección donde está la construcción.
—Donde está la entrada principal, aún no está habilitado, tienes que ir por atrás.
Me indica Genna al teléfono.
—De acuerdo, el personal ya está allí, ¿no?
Dejé todo listo. Aun así, siempre algún inepto puede fallar.
—Desde hace dos horas, deberían ya al menos haber empezado con algo.
Eso espero, porque no quiero que esto sea algo con lo que estresarme.
El sistema nuevo fue probado, supervisado, aunque nunca instalado de forma masiva, como se hará en este edificio de diez pisos.
Incluso en Industrias Queen tenemos muchos pisos y en cada área un sistema de seguridad distinto.
No es una mala idea la de ellos, es una excelente forma de demostrar que este sistema controlado por IA es funcional y versátil dependiendo la necesidad.
—Lo que sea que suceda, me llamas, Genna, ya estoy llegando, solo estaré aquí unas dos o tres horas, nada más.
Corto la llamada.
Llego al lugar y lo rodeo, como me indicó Genna, estaciono y veo a la entrada el vehículo de Industrias Queen. Al entrar, el lugar se ve bien para aún no abrir sus puertas, les falta vigilancia porque entré como si nada. En la entrada ya puedo ver a mis empleados a un lado sin hacer nada.
—¿Que no es su problema? Son los dueños de la red y a quienes le pagamos una suma muy grande como para estar sin conectividad.
Lo veo al teléfono entrar al sitio, molesto, alterado.
Aun así, el maldito se ve bien, impecable y arreglado.
—Tengo a quienes deben instalar las cámaras aquí sin poder trabajar, estoy perdiendo tiempo y dinero por su causa.
—Corre su saco poniendo una de sus manos en su cintura sobre la camisa blanca que trae—.
¿No van a hacer nada? ¡Quiero hablar con el dueño!
¿No atiende sin cita?… ¡Me cago en todo, la puta madre!
—Insulta en español, golpea con su mano un mostrador que hay en el lugar—.
Tienen que arreglarme esto, de alguna forma.
—Miro el lugar y camino un poco por él, esperando que termine su acalorada llamada—. ¡Ineptos!
Al parecer le cortaron porque mira el teléfono como si quisiera destruirlo.
—Veo que está con problemas, Duarte. ¿Tiene a mi gente desde hace horas sin trabajar?
Se voltea y me escanea con velocidad.
—Señorita Queen, lamento esto, creí que la red funcionaba bien, resulta que se cayó y la empresa no quiere enviarme a alguien que me arregle el problema. Sin red no pueden instalarlas, me ha informado su contratista.
Así mismo es.
—¿A qué red están ligados?
Este tipo de percances no deberían suceder.
—A la red Harris, dicen que es la mejor. ¡Verseros de mierda, la mejor ni una puta mierda!
Otra vez se pone muy alterado y comienza a hablar en español. Tiene un buen acento, es verdad lo que Genna me dijo.
—¿Tiene oficina, señor Duarte? Así podemos ver qué solución encontrar, sin red no lo haremos. Si no hay solución, enviaré a mi gente a hacer otro trabajo y cuando la recupere, empezaremos.
No encuentro otra solución.
—No, hoy debe empezar. Tengo una oficina, la invito a pasar, señorita Queen.
Lo sigo y sí que está que echa humos.
—¿No tiene ningún contacto para que esto se agilice?
Indago al entrar a la oficina.
—No, aquí no tengo jodidos contactos, esos malditos que no quieren contactarme con el dueño, ese tal Norman Harris, algo así.
En eso puedo ayudar.
—Yo puedo conseguir que arreglen esto —escupo así nada más.
—¿Y cuánto me costaría?
Arquea una ceja y sonrío divertida.
—Es parte de mi trabajo, no sería nada, Novato.
Me vuelve a observar, esta vez con más intensidad, ya que estamos solos en su oficina.
—¿En serio? De verdad necesito que empiece esto hoy, Reinita. Un día de retraso…
—Puede costarte meses de trabajo, lo sé, yo me encargo.
Tomo mi teléfono y le marco a Harris.
Supongo que con lo interesado que se mostró antes, no le molestará nada ayudarme un poco.
—Hola, Norman Harris, ¿en qué puedo ayudarlo?
Yo sé cómo ser encantadora para conseguir lo que quiero y a mí no me sirve tener a todos esos empleados sin trabajar tampoco.
—Hola, Harris, soy Cassie Queen.
—Señorita Queen, qué grata sorpresa su llamada. ¿En qué puedo ayudarla?
Siendo más eficientes. Supongo que por eso su mandato llevó a su empresa a ser la cuarta más reconocida de Seattle, donde la primera es Industrias Queen. A veces los hijos no superan a sus padres. Eso no le quita que su red satelital sea la número uno en Seattle.
—Verás, tengo algunos inconvenientes, hay quince trabajadores parados haciendo que gaste mi dinero porque la red Harris falló en un edificio donde hacemos instalaciones. Es un cliente que necesito que tenga este asunto arreglado. ¿Puedes hacer algo por mí?
Observo al Novato y frunce el ceño curioso, mientras me observa hablar por teléfono.
—En estos momentos tendría que dejar muchos asuntos para encargarme de eso personalmente, no lo sé.
Este idiota quiere que yo le dé algo a cambio.
—Es un cliente importante y su empresa luego será muy reconocida. Tiene el aval de Industrias Queen y tu red es la que falló.
A ver si así cede.
Odio esto.
—Puedo dejar todo e ir, si me aceptas un café, al menos, me sacrifico.
Carraspeo.
—Okay, un café, pero me solucionas esto ahora.
Los ojos de mi arrogante idiota se abren como platos.
—Dime el nombre de la construcción y estaré allí en breve.
—Duabella, así se llama, te veo aquí, Harris. —Corto la llamada—. Listo, solucionado.
Arquea una ceja.
—Un café, ¿una cita, señorita Queen?
Sonrío divertida.
—Un café, no una cita.
Voy a salir.
—Hicimos un trato, Reinita.
Me volteo.
—Y el trato sigue en pie, follar no es tomar un café.
Me carcajeo y salgo de la oficina.
No puedo explicar el porqué, pero él, haciendo esas escenitas, me da vida.