Adictos a lo prohibido Capítulo 21 Cine
36%

Capítulo 21 Cine

Genna Müller Queen

Salgo de la oficina y veo a Ty. La forma en la que pestañea nervioso me encanta.

—Tu tía solo se mete en problemas con sus juguetitos —comenta el tío Esteban al salir.

—Sí, seguro, ella la está pasando bien, dejémosla en paz.

Clavo mis ojos en mi tímido ingeniero.

—¿Tú en qué andas?

Me encojo de hombros.

—No empieces, tío.

Voy a caminar y me detiene.

—Genna, no me digas que tú y ese tipo… es mayor que tú.

Me carcajeo.

—Vamos, tú empezaste con la tía Liz cuando ella tenía dieciocho y tú casi treinta. —Levanto mis cejas—. Según dicen, no eras muy respetuoso que digamos, al menos a mí me tratan con respeto, no seas pesado.

Camino hacia Ty. Cuando él me ve, sonríe sutil, es tan respetuoso que no se anima a mirarme demasiado en la oficina.

Cosita.

Si supiera todas las cosas que ya imaginé con él.

Pobre inocencia que planeo destruir paso a paso y hacerla toda mía.

—Holis, como que esos dos y sus jueguitos son una cosa seria, ¿no?

Abre los ojos sorprendidos.

—¿Greg y la señora Queen?

Aprieto los labios. No es posible que no haya notado eso.

Ty, qué despistado eres, ¿será que tampoco nota lo encantada que me tiene? Me dejó muy mal la otra noche, ebria, con ganas, luego de esos besos que me dio.

¡Por favor, no puedo ser así!

Él quiere citas, tratarme lindo y yo me muero por mucho más, aunque también me encanta como es: todo tierno y atento.

—Quizás es idea mía, nada más.

Trato de arreglar que casi delato a mi tía.

—Mmm, no es cierto. Gregor, solo se meterá en problemas.

Me carcajeo.

—Tú te meterás en problemas si no me dices nada de cómo me arreglé para nuestra cita.

Jadea.

—Soy un tonto, cuando te vi lo noté, me encanta tu cabello, te lo has recogido y te quedó muy lindo, resalta tu cuello. —Pasea su mirada por mi rostro y sonríe—. Sería una falacia decir que no estás hermosísima, solo que, bueno… estás trabajando y no está bien.

Sonrío y acomodo su camisa.

—Me gusta la camisa sin corbata y el negro te va de maravilla.

Voy al botón que le da esa abertura muy sutil en el cuello.

Dos más abajo y sería ilegal.

—Oh, es una camisa normal, no tiene la gran cosa.

Se ríe nervioso.

—Estás guapo, Ty. ¿Te arreglaste así para nuestra cita?

Asiente.

—No puedo decir que no estoy ansioso, espero que te guste el plan del cine.

Me parece genial.

—Hace demasiado que no voy al cine, me gusta mucho.

La puerta de la sala de juntas se abre y mi tía sale primera.

—Señorita Queen…

Trato de mantener las formas porque es cierto, estaba hablando con Ty y se supone estoy trabajando.

—Descuida, Müller, ya terminamos, por favor, enséñales la salida a ambos. Adiós, Andrade.

Sale con una sonrisa que me sorprende mucho.

Mi tía está sonriendo, eso es algo extraño.

Duarte sale mirando hacia donde se fue, con su rostro lleno de sorpresa y en la mano trae algo que guarda en su bolsillo.

—Los acompañaré a la salida…

—Ya la conozco. Vamos, Tyler —ordena Duarte.

—No, ve tranquilo, yo… —Carraspea—. Tengo algo que hablar con la señorita Müller, Greg.

Duarte nos mira y asiente.

—Okay, nos vemos después, entonces.

Duarte se marcha.

—¿Algo que hablar conmigo? —indago.

—No se me ocurrió otra cosa, no quería decir una cita, quizás esté mal porque trabajaremos juntos, no lo sé.

Ruedo los ojos.

—Olvídalo, acompáñame a buscar mis cosas, así salimos juntos. Hoy está la empresa vacía.

Lo siento, Ty, no puedo ser decente.

Mi mente piensa cosas malas e indecentes, con él, siendo sexy y tierno, mientras me hace cosas que no deberíamos, en lugares que tampoco tendríamos que ultrajar.

Caminamos hasta la pequeña oficina que tengo, donde solo debo buscar mi cartera y abrigo.

Como sabía que tendríamos cita, vine en taxi.

Tomo mis cosas y él, como todo hombre correcto, me espera fuera.

—Listo, ya podemos salir. —Sonríe de lado—. Pensé que entrarías conmigo, no sé, quizás a saludarme como corresponde. —Abre su boca sin decir nada. Te voy a enseñar una cosa, Ty, ¿quieres aprender?

Abre sus ojos sorprendido.

—¿Ahora?

Qué mente sucia.

Me gusta, él pensó en otra cosa y eso me gusta.

Hay timidez, pero también ganas, eso es una buena señal, sin dudas.

—Sí, ¿quieres o no? —Mira a los lados—. ¿Me rechazas?

—No, sí quiero —expresa seguro.

Sonríe con picardía y me acerco, tengo tacones, pero soy mucho más baja que él.

—Solo pensaba que, en vez de saludarme con miedo, lo puedes hacer así.

Me levanto un poco en las puntas de mis pies y beso su mejilla con suavidad, mientras pongo su mano en mi cintura.

Me gusta que no dude en apretarme de forma sutil, pero seguro.

—No era nada malo, ya ves. —Me separo de él y camino—. ¿Vamos?

Noto que se queda pasmado, viéndome caminar.

—Sí…

—¿Esperabas otra cosa? —indago cuando estamos subiendo al ascensor.

Mira el ascensor.

—¿Hay cámaras? —Arqueo una ceja sin entender—. Aquí dentro.

Señala el ascensor.

—Ah, no, ¿por q…

No me lo espero, me besa.

¡Y qué beso, Diosito! Él no es para nada tímido en ese beso delicioso que es intenso, pero no lujurioso. Solo es un increíble beso que dice: «Hola».

—Hola, Genna.

Boba, así quedo.

Solo pestañeo y sonrío como idiota sin aliento.

Las puertas del ascensor se abren y caminamos a la salida. Me dejó como reiniciando mi sistema, que no sé si tirarme sobre él desesperada o morir muerta, porque ahora resulta que también puede ser impulsivo.

Gracias, Diosito, por mandarme a este perfecto espécimen. Todo para mí, de eso no hay dudas.

Como todo un caballero que es, abre la puerta del auto y es una estupidez, no es que sea la gran cosa, a mí me encanta que lo haga y ya.

—¿Qué piensas que podemos ver? Revisé la cartelera y hay muchas películas, no sé si quieres ver algo gracioso, romántico, quizás acción.

Conduce y habla, mientras yo no dejo de mirarlo.

—Podría mirarte a ti dos horas, Ty, y estaría muy entretenida.

Se ríe divertido.

—Eres graciosa, Genna, no creo que…

—Oh, sí, verte dos horas, podría imaginar en mi mente una buena película contigo.

Sigue riendo.

—Tú tienes una gran imaginación, ya veo.

Asiento con un sonido.

—¿Tú no? ¿No imaginas nada de nada?

Carraspea.

—Lo hago, por supuesto, no soy un santo, ni tampoco un puritano, solo algo torpe en la ejecución. Imaginar, imagino mil cosas, Genna, solo que… No sé, lo imagino conociendo a la persona. —Llegamos al cine—. A ti te conozco, es más fácil.

Sonrío.

Claro que me conoce, dos semanas lleva en la ciudad y esta semana que pasó me la pasé coqueteando hasta que aceptó el café y fue donde descubrí que él es un gran partido.

—Quiero ver una comedia romántica.

Sonríe ampliamente.

—Me encanta, vamos, entonces.

De hoy no pasa, con esa cara, esa sonrisa y ese beso que me dio.

Bajamos y caminamos a la entrada del lugar, pero lo detengo antes de entrar, me paro frente a él y coloco mi mano en su cuello cerca de su nuca.

—Quiero que sepas que… al salir, planeo enseñarte algunas cosas que me gustan.

Su mano se apoya en mi cintura.

—Y yo planeo aprenderlas a la perfección, Genna.

Humedezco mis labios.

Woow, eso… Necesito control.

—Tú, eres encantador, Ty. —Lo tomo del brazo—. Vayamos por palomitas.

Ahora disfrutaré de la película y lo mucho que él puede hacer que me divierta y entretenga sin sexo. Eso lo considero una gran capacidad.

◆◆◆

Me duele la panza de tanto reír, es que esa película fue genial, nos comimos un tarro entero de palomitas y tomamos dos sodas.

—La mejor parte es cuando ella le dice: «¿Te gustan mis pechos?». Qué descaro, por amor de Dios.

Una película buenísima.

—Me gustó al final, como piensan que está enferma y ella le hace la broma a sus amigos.

Comienzo a reír a carcajadas.

—El pollito pío, no, de verdad es muy buena, definitivamente tenemos que ver todas las que hay de ellos.

Asiente y llegamos afuera.

—¿Quieres…?

Duda y suspira.

—¿Qué?

Niega.

—Nada, olvídalo.

Abro mis ojos con regaño.

—Me estabas por invitar a hacer algo, anda…

—Iba a decir de tomar un trago, pero debo conducir y quería invitarte al departamento, no puedo porque Gregor seguro está en él y…

—Ven a mi casa.

Lo digo sin pensar, no sería tan buena idea, pero me vale una mierda.

—¿Tu casa?

Asiento.

—Es pequeña, pero de pasada compramos unas cervezas, aunque seguro tengo algunas en la heladera. Te quedas hasta que se te quite el efecto.

Hasta mañana, si quieres, por mí mucho mejor.

¡Jesús! Soy una maldita pervertida.

—Eso… —Duda—. Es buena idea, la verdad, sí, suena un buen plan.

Sonrío emocionada.

Subimos al auto y pongo en el GPS la ubicación y emprendemos el camino.

Hablamos de lo bueno de la película, también de que la próxima deberíamos ir en taxi para poder salir a algún bar y beber.

Ty es muy responsable y no va a conducir si bebió, eso está muy bien la verdad.

Cuando entramos a las tierras Queen, comienza a ver todo curioso.

—¿Segura que es aquí?

Carraspeo.

—Sí, tú sigue el camino.

Se sorprende al ver la imponente mansión Queen.

—¿Tú?

—No, no, tranquilo, quizás debí advertirte que vivo cerca de mi tía Cas, pero ella no está nunca y si lo hace, se encierra como si el exterior le diera alergia, yo estoy más hacia el este.

Sigue conduciendo, desviándose de la casa de mi tía.

Y ahí se puede ver mi pequeña casa, me gusta, es mi espacio personal.

—Yo creo que no me imaginaría vivir tan cerca de la señora Queen.

Me da risa que le diga así. Mi tía no es tan vieja.

—Mi tía es señorita aún, Ty.

Se ríe y bajamos del auto.

—Lo siento, es cierto, no es tan mayor que yo.

Asiento y abro la puerta.

—No eres un señor para mí, bueno sí, pero no eres viejo en absoluto.

Mira mi casa con curiosidad.

—Es muy lindo y acogedor.

Dejo mi cartera por ahí y me quito el abrigo.

—¿Tomamos una cerveza?

Asiente y se sienta en un sillón que hay en el pequeño living.

—Sí, por supuesto.

Voy a la nevera y solo me queda una cerveza.

Carajos.

No importa.

—Me vas a matar. —Camino con la botella de cerveza en la mano—. Solo tengo una, ¿compartimos?

Aprieto los labios.

—Claro, no tengo problema, no he venido solo por las cervezas, me gusta tu compañía, Genna.

Precioso y lindo.

Ty, me das más ganas de que pase de todo.

Me siento a su lado y destapo la botella ofreciéndole, con una seña me indica que tome yo primero, lo hago y se la extiendo. Él bebe de donde yo bebí y me observa.

—¿Hace mucho vives sola aquí? —Muevo la cabeza a los lados—. Qué idiota, hace un año como mucho.

—No, hace como tres, fue un trato con papá, él me dejaba su vieja casa y yo no haría un escándalo. —Se carcajea—. Sí, soy muy caprichosa, lamento que te enteres de eso ahora.

—No, no es un problema, me da risa imaginarte caprichosa.

Vuelvo a beber la cerveza.

—Soy divertida haciendo capricho, la mejor parte es cuando consigo lo que quiero.

Vuelve a beber él.

—No tengo dudas, eso es bueno, eres determinada, te llevará muy lejos.

—Con que me lleve a lo que quiero es suficiente.

Bebo mirándolo todo el tiempo.

—¿Y qué quieres?

Imita mi acción de beber sin despegarme la vista.

—¿Ahora o en general?

Se encoge de hombros.

—Ambos.

Relamo mis labios y dejo la botella sobre la mesa ratona frente a nosotros.

—Ahora… uff… Quiero muchas cosas, Ty, aunque eso depende de lo que tú quieras.

Me cruzo de piernas inclinándome un poco hacia él.

—Yo quiero muchas cosas, pero depende de lo que te guste y pueda hacer dentro de mis capacidades.

Me inclino un poco más y voy a los botones de su camisa.

—Capacidades veo muchas en ti, Ty.

Desabotono uno de sus botones y paso mis dedos por su piel.

—¿Tú crees?

Asiento.

—Solo necesitas un empujón, un poquito de guía y alguien que realmente te dé… la…

Apoya su mano en mi rodilla desnuda, acercándose al dobladillo de mi vestido negro.

—¿Chispa? —susurra cerca de mí y solo asiento—. Tú tienes mucha chispa, ¿te lo han dicho, Genna?

Niego.

—No, eso nunca me lo han dicho.

Me acerco más a sus labios.

—Tienes algo especial, eres la combinación perfecta entre tierna y sexy.

Joder, a la mierda la paciencia.

Paso mi mano por su nuca estampando mis labios con los suyos.

Me encanta esa boca que tiene, él es un gran besador. Su mano no se mueve más allá y con la otra me aprieta la nuca para intensificar el beso.

Me pego a él buscando más contacto y cuando mi lengua busca la suya, su mano se mueve metiéndose debajo de mi vestido. Los besos se vuelven intensos y más necesitados, me acomodo para que él pueda meter su mano con espacio y me haga lo que quiera.

¡Carajos!

No me quedo quieta y, con una de mis manos, soy curiosa y voy a su entrepierna para sentir que sí está animado con mis besos, qué animado. ¡Maldita sea! Está claro que, si no sabe qué hacer con eso, él me puede lastimar. Y ahora quiero más.

Su pulgar va a mis bragas y me acaricia sobre ella, pero lo hace muy despacio y en el lugar incorrecto.

—Ty…

—Dime cómo te gusta.

Tomo su mano y la acomodo a la vez que abro mis piernas subiendo mi vestido un poco.

Muevo sus dedos sobre la tela de mis bragas.

—Ahí y así, suave, pero con fuerza, pero no tanto porque la tela rozando es incómoda.

Asiente y vuelve a besarme mientras me toca.

—¿Y si hago así te gusta?

Susurra en mis labios mientras entromete sus dedos dentro de mis bragas, tocando la humedad de mis pliegues.

—Sí… eso me gusta, aun así… mmm. —Tomo su mano y la guío al igual que sus dedos—. Constante y rítmico, eso es lo que necesito para correrme.

Me vuelve a besar y comienza a acariciarme con sus dedos. Con su mano libre aprieta mis pechos sobre la tela, sin despegar su boca de la mía.

—Así, justo ahí… mmm… así, Ty… ¡Oh! Mmmm.

Pellizco su nuca mientras lo beso cuando me corro en su mano.

—Oh, Genna, no está nada bien, nada bien y quiero hacerlo igual.

Me aferro a él besándolo con desespero.

—Ty, ahora me toca…

El sonido de la puerta nos interrumpe.

—Alguien golpea.

Su rostro es de preocupación y el mío de sorpresa absoluta.

—Gen, princesa, ¿estás?

Maldita sea.

—¡Carajos!

Voy a matar a mi papá.

—¿Quién es?

Me cubro el rostro y acomodo mi vestido.

—Mi papá, maldita sea, deja que lo eche y ya.

Me levanto del sillón.

¿Qué hace aquí? Voy a la puerta y solo la abro un poco, que agradezca aún estoy vestida.

—¿Qué haces aquí, papá? ¿Pasó algo?

—No, nada yo… ¿Estás con alguien?

—¡Papá! Vete, por favor.

Siento a alguien detrás de mí.

—Genna, yo, mejor me marcho.

Ruedo los ojos.

—¿Quién es?

No, si mi papá es un pesado.

Abro la puerta, ya no me queda opción.

—No importa, papá. Ty es un amigo que…

—Nos vemos luego, Gen, de verdad te hablo.

Asiento a mala gana. Lo mejor es que se vaya. Pero estoy molesta igual, no con él, con mi idiota querido padre.

—Sí, yo te hablo, Ty, lo siento.

Sacude su mano y besa mi mejilla.

—Descuida, hablamos. Un gusto, señor Müller, adiós.

Ty se va. Porque esta porquería de situación no es nada cómoda.

—¿Quién es este tipo, Genna?

Ruedo los ojos.

—¡Qué te importa! Viste el auto y viniste a propósito, mejor vete, papá, ya estoy sola.

Le cierro la puerta.

Qué molestia.

Me arruinó la cita.

¡Carajos!