Adictos a lo prohibido Capítulo 19 Promesas a uno mismo
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Capítulo 19 Promesas a uno mismo

Cassie Queen

—¡¿Qué es lo que me dio?! —Tiro las pastillas sobre el escritorio de la doctora—. ¿Por qué soy tan promiscua de repente?

Clavo mis ojos en ella con seriedad. Esto es un asunto muy grave.

—Señorita Queen, mantenga la calma. ¿Le sucedió algo malo con las pastillas?

Levanto mis cejas.

—¿No es claro que sí? Estoy… descontrolada, mi libido, estoy mal, doctora.

Algo malo me pasa.

—Señorita Queen, todo esto ya se lo advertí, no debería ser algo que le afecte a niveles de promiscuidad.

Me mira extrañada. Claramente, eso no lo escuché y debí hacerlo, suspiro tratando de mantener la calma.

—Necesito saber si puedo dejar de tomarlas, no puedo estar así de… irracional, sin poder controlar mis emociones.

Los ojos de la doctora se abren con sorpresa.

—Creo que hay un error, señorita Queen, usted manda en sus emociones, estas pastillas solo son un pequeño cóctel de hormonas como las que libera durante su ovulación, no es nada extraño, lo hacemos, ya que tenemos esa parte del ciclo algo ausente en su organismo, según los registros, tuvo descenso de óvulos la última vez hace cinco meses.

Sí, ahora recuérdeme mi espectacular infertilidad.

—Entonces, ¿por qué estoy así? Como… incontrolable, solo quiero atención, ya sabe a qué me refiero.

Se pone frente a mí un candidato que cumple con todo lo que me gusta y mi racionalidad se fue a reverendo caño. Nunca pensé que haría algo así en mi vida.

—Eso es extraño, quizás… puede optar por autocomplacerse antes de salir de su casa, usar algún aparato que la ayude con eso, y le repito: usted maneja sus emociones, sus acciones, eso no está ligado con estas pastillas.

Solo al descenso drástico de mi IQ, parece ser.

—Supongo que fue algo raro para mi cuerpo comenzar a tomarlas.

Vuelvo a tomar la caja.

—Necesitamos que su cuerpo esté preparado para la futura implantación del embrión u óvulo, en caso de que tenga una pareja para fecundarlo.

Niego muy tranquila.

—No, descuide, será un embrión que ya esté fecundado, seguiré tomándolas y… puedo manejar la situación. ¿Algo más que deba saber además de un libido multiplicado al doble?

Eso es un grave problema. No soy una mujer que sufra de poco libido.

—Puede que sienta las mamas extrañas, hinchadas o mucha sensibilidad en zonas delicadas, no es algo que vaya a suceder sí o sí, son opciones.

Me levanto del asiento.

—De acuerdo, gracias por atenderme, doctora.

La cagué por mí misma. ¡Genial!

—La estaré viendo en un mes, señorita Queen.

Asiento y salgo del consultorio.

Increíble, soy una promiscua por mero gusto y placer.

¡Maldita sea!

Yo controlo mis acciones y eso solo hace peor todo lo que ha pasado, si solo me hubiera detenido cuando él se marchaba de la sala de empaquetado nada habría pasado, al menos cuando hui de allí. ¡Tampoco! Tenía que ser una idiota y rogarle que me follara en mi oficina.

Arrepentirse luego de haberlo disfrutado tanto sería sumamente hipócrita. No soy hipócrita, me gustó, claro que me gustó, fue… algo totalmente distinto a lo que alguna vez haya hecho o sentido.

Por eso la gente se embaraza sin pensarlo, se vuelve adicta a no usar condón, porque se siente demasiado bien para estar tan mal.

Eso estuvo pésimo, de su parte, porque yo sé que no puedo embarazarme, jodida infertilidad de mierda y maldito periodo que me llega casi que dos veces por año. Desde los treinta y dos años que me viene pasando eso, no son quistes, no saben qué es.

Da igual, me es favorable para esta situación, está claro que no puedo tomar anticonceptivos y hacer tratamiento para inseminarme, así como tampoco voy a tomarme una pastilla de Last day.

Ni siquiera terminó dentro, nada pasará.

Yo me pregunto si es un inconsciente y se las folla a todas sin condón. Recuerdo cuando dijo, que era su regla de oro. Bien al diablo se fue porque lo hizo, dos veces y nada le importó.

¿Por qué sigo pensando en él?

Ya basta de ese arrogante.

Basta de pensar en lo que pasó y alimentar la calentura que me genera pensar en lo que hacemos.

Mis reglas rotas, destrozadas, pisadas por mí.

Tuve que entrar y quitar los vídeos de las cámaras de la sala de empaquetado.

De mi oficina solo tengo acceso yo y no me atreví a verlo.

Candente y excitante, así imagino que estará.

¡Ya!

Suspiro subiendo a mi auto, estoy colapsada, todo se me sumó y es difícil.

El último día del plazo es hoy, lo pasó, la jodida prueba que le pongo a todos la pasó sin esfuerzo, no dudó, no flaqueó ni llevándola a la casa. ¿Ahora qué sigue?

Yo me prometí que, si alguien pasaba esa prueba, no temería en dejarlo entrar, es solo ser y ya.

No puedo permitirme algo así, él solo busca jugar y no sé qué quiero yo. Mañana tengo que aceptar el proyecto con él, lo veré hasta que se termine la instalación en el edificio.

Algo debo hacer.

Hasta tenemos una partida de póker pendiente.

Así de enmarañada como tengo la cabeza, no puedo ir a la empresa corriendo el riesgo de cruzármelo y seguir guiándome por la irracionalidad que parece haber poseído mi mente al verlo, como si mis instintos fueran los únicos que mandan sobre mí.

No, no voy a permitirme que él, un Novato arrogante, tenga poder sobre mí.

No.

◆◆◆

Carraspeo antes de entrar a la oficina de mi amiga.

—Adelante.

Escucho su voz y entro nada más. La señora Philips tiene una gran oficina en la empresa tecnológica.

—Cassie, es... sumamente extraño verte por aquí. La recepcionista me dijo que venías a revisar detalles de nuestros negocios.

Una mentira.

Es extraño, pero necesito el consejo de alguien y nadie mejor para aconsejarme que Helen, ella piensa como yo siempre y por eso me agrada tanto.

Me siento frente a su escritorio.

—Sí, eso es correcto, es lo que dije.

Me observa inexpresiva y analítica, después de verme con detenimiento, arquea una ceja.

—Solo que justamente nosotras no dejaríamos asuntos para revisar luego, menos si de negocios se tratara.

En eso también está en lo cierto.

—Claro… aun así, estoy aquí.

—Y hay pocas opciones de los motivos por los cuales estás interrumpiendo mi hora de trabajo, es de mal gusto y espero sea muy grave, de lo contrario, comenzarás a caerme mal, Cassie.

Carraspeo y la miro despreocupada.

—No puedo ir a la empresa. —Confieso sin miedo—. Tengo un problema, no, corrección es… —Decirle problema sería darle una importancia mayor—. Un contratiempo, muy pequeño e insignificante.

Deja su bolígrafo, interesada en lo que tengo para decir.

—Sí, esto es algo grande, te escucho. ¿Debo actuar como amiga o como terapeuta? Sería más fácil para mí que me digas cuál.

Suspiro poniéndome erguida.

—Como tú y ya, tú me agradas, te considero inteligente, superior al resto, tal que en estos momentos me gustaría un…

—¿Consejo?

Muevo la cabeza a los lados.

—Sí, de alguien mayor, que tiene más experiencias en algunas cosas.

Frunce el ceño dudosa.

—No logro saber en qué asunto tengo más experiencia que tú, Cass.

Manejas una empresa desde los diecisiete, te criaste sola, has estado con más hombres que yo en toda mi vida.

Tienes el valor de correr el riesgo de transitar un embarazo.

Objetivamente, eres una mujer con más experiencia, en promedio de la que yo tengo con ocho años más que tú.

Ruedo los ojos.

—Tan literal que eres, Helen. —Se encoge de hombros—. Tengo una duda: yo he hecho una promesa o algo así, sí, es una promesa.

—¿A quién? No me digas que a un hombre porque eso sería estúpido, a menos que sea Oliver Philips o Joe Queen, no valen la pena y ambos están ocupados con esposas, así que: ¿A quién le hiciste una promesa, Cassie Queen?

Me río porque Helen es increíble.

—A mí misma y pienso: ¿son realmente importantes las promesas que nos hacemos a nosotros mismos? ¿Puedo simplemente fingir que no la hice y seguir como si nada? De todos modos, nadie sabrá de eso, ¿no?

Puedo hacer de cuenta que no importa que Duarte no se folló a la chica y seguir solo con los negocios.

—No, eso sería malo, las promesas que nos hacemos a nosotros mismos son las más valiosas. Si no podemos cumplir una promesa a nosotros mismos, no somos de fiar, no tenemos determinación y eso solo nos convertiría en un ser más del montón.

Paso saliva.

Gracias, amiga, eres de gran ayuda.

—¿Si cumplir esa promesa me hace correr riesgos? ¿Si no garantiza mi… estabilidad emocional?

Ahora se ve confusa.

—Tú te lo buscaste, además, nuestra estabilidad emocional solo está controlada por nosotros, si nosotros dejamos entrar eso que nos puede dañar, recuerda, mejor siempre tener el control, como cuando quieres comer un chocolate y estás a dieta, comes de forma controlada para no comer en atracones, lo mismo es al incursionar en percances, lo haces controlado, para que luego no se convierta en problema.

Tiene algo de sentido.

—Quizás a…

—¿Qué es lo que sucede en realidad?

Me levanto.

—Nada, realmente, yo solo ya sé cómo solucionar el inconveniente, de verdad eres una buena amiga, Helen.

Arquea una ceja extrañada.

—Gracias, supongo, pienso que soy pésima, Cass.

Niego.

—Me ha ayudado la charla contigo. —Camino a la salida—. Adiós, Helen.

Me despido agitando mi mano y me marcho.

Comer de forma controlada, me parece bien.

Solo debo organizar esa partida de póker y el que gane que ponga las reglas, es justo, estoy segura de que ganaré, pero de no ser así, yo… no podría negarme a lo que suceda, las reglas son las reglas.

Ya está, no sirve darle demasiada importancia. El sexo con él me gusta, eso está muy claro, tiene una especie de atractivo que me resulta muy ardiente, solo evitaré dejarme llevar y controlar cuando suceda.

◆◆◆

—Actualízame, Genna.

Entro a la oficina tarde, demasiado, ya pasado el almuerzo.

Me pareció lo mejor.

—Todo va perfecto como siempre, quería saber si organizo la reunión para mañana con Duarte y Andrade.

Eso, un trato es un trato.

—Sí, organízala, para primera hora, diles que una reunión de domingo es una gran excepción y que se sientan afortunados de ello, que sea temprano, ya sabes que…

—Sí, ya lo sé, irás al cementerio. —Asiento—. De acuerdo, arreglaré todo. Esto llegó de correo.

Pone sobres en mi escritorio.

—¿Y tú? —interrogo.

—¿Yo qué? Ah, hola, tía Cass.

Niego.

—Vamos, no finjas, ayer saliste con el desalineado.

Se ríe como tonta. Eso no me gusta, como la picardía se le sale por los poros.

—Eso, fue bien, ¿qué te puedo decir?

Sigue caminando a la puerta.

—Genna, esa no es una respuesta correcta.

Se vuelve en sus pasos y arquea sus cejas.

—¿Tú y Duarte?

Frunzo el ceño.

—¿Qué? Él y yo no tenemos nada que ver, nada, no sé siquiera por qué lo metes en la conversación y…

—Entonces yo y el desalineado, que por cierto tiene nombre y es Tyler, no tenemos nada que ver.

Juega sucio como toda Queen.

¡Mierda!

—Genna, no seas así, yo…

—Yo estúpida no soy y cuando están en el mismo lugar, se huelen las ganas que hay entre ustedes, ganas odiosas, pero ganas, en fin. ¿Te lo follaste? Si respondes con la verdad te cuento todo.

Arqueo una ceja.

—No se huelen ganas odiosas, eso es, absurdo, solo…

—Sí, se huelen, yo las huelo; si seguro lo llamo y entra por esa puerta, olerá peor.

Ruedo los ojos.

Sí, tenía que ser mi sangre.

—Lo que hablamos…

—Soy una tumba, yo no hablo con la señorita Queen, soy su secretaría, por favor.

Adoro a esta niña adulta.

—Sí, pasó, no diré nada más, porque no es algo importante, solo es casual, sabes de eso.

Asiente y me mira analíticamente.

—No sé si mientes, eres buena para ocultar tus emociones. —Me carcajeo—. No follamos con Tyler, lo juro, solo… besos y un poquito de manoseo, gentil diría yo, él es… especial, tía Cass.

Arqueo una ceja.

—Un pervertido de más de treinta, con una niña de menos de veinte, eso es…

—No, él no es así, no es como los demás que me ven y solo están imaginando cómo grabarme, si se corren en mis tetas o en mi cara o cómo me follan.

Me gusta, lo admito, me encanta que los hombres se vuelvan locos conmigo.

—La entiendo, es joven y vive su sexualidad—.

Es que nunca alguien me había mirado así, lo que soy, no lo que pueden hacer con mi cuerpo.

Te juro que en toda la cita él me miró a los ojos, fui a su casa y no intentó nada, yo…

creo que saldré más con él, no sé, quizás ya no quiero vivir una locura y solo quiero pasarlo bien como ayer.

Aprieta las carpetas contra su pecho y me enternece ver a Genna así.

—Eso suena bien, quizás no tengo que castrarlo.

Se carcajea.

—Por favor, no, que aún no pruebo la mercancía y ya me la quieres destruir.

Niego sonriendo.

—Me alegra que haya ido bien, Genna.

Se aleja a la puerta con una sonrisa alegre.

—A mí igual.

Ya sola en mi oficina miro los sobres del correo, nada relevante, hasta que encuentro un sobre negro, con letras blancas que dice Cassie Queen.

¿Qué es esto?

Lo abro y dentro veo una nota.

«Con cuidado, Queen».

¿Qué es esta puta mierda? Miro la nota, el sobre y el remitente, nada.

Suspiro, esto es algún idiota que quiere fastidiar. A mí no me van a asustar tan fácil.

Rompo la hoja y la tiro al cesto de basura junto al sobre.