Adictos a lo prohibido Capítulo 17 Timidez
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Capítulo 17 Timidez

Tyler Andrade

Trato de repasar qué es lo que haré en la cita, es una vergüenza que tenga que planificar tanto para algo tan simple.

Ella es joven y quizás piensa que yo tengo mucha experiencia, por eso me invitó. ¿Será que ella planea tener sexo?

Treinta y uno. Sigo pareciendo de veinte y eso es frustrante.

Por alguna razón me cuesta demasiado mantener la atención de las mujeres, soy torpe, tímido, a veces hasta tartamudeo cuando me pongo nervioso y peor cuando llega el momento del sexo.

Intento hacer las cosas bien, al parecer no soy bueno para eso, es que no es que exista algún manual.

Siempre que he follado no la he pasado mal, tampoco bien, es un poco incómodo saber que no logré que la otra parte se sienta lo suficiente bien como para caratular el encuentro como decente.

Desde la escuela me ha pasado, hubo un tiempo que se esparció un rumor de que era muy malo para el asunto y eso me tuvo mucho tiempo inactivo, perdiendo experiencia que otros ganaron.

Por un lado, está el asunto de que necesito conocer al otro para intimar, comencé a pensar que por eso no logro conectar al momento de estar a solas y avivar el fuego.

Me he vestido casual, nada extraño, incluso me he peinado un poco, quisiera tener esa naturalidad de Greg para ser extremadamente prolijo.

Mis manos sudan mientras aprieto el volante, esperando fuera de Industrias Queen. Observo la entrada, luego mi reloj y al volver la vista al lugar la veo salir.

¡Woow! Ella de verdad es hermosa, yo creo que nunca había visto a una mujer tan bella, su rostro, su cabello, su cuerpo. Me pregunto: ¿por qué alguien como ella invitó a alguien como yo?

Sonríe al verme y le devuelvo la sonrisa sin poder evitarlo, es que es deslumbrante.

Trae un traje de dos piezas, la parte superior es como un top formal y debajo una falda todo color crema, su cabello rubio lleno de ondas perfectas, su maquillaje.

Trabajo en una empresa cosmética, veo miles de mujeres bellas y con un rostro perfecto, sin dudas, ella es más que eso.

Mi tensión solo aumenta.

—Hola, Tyler, por un momento pensé que me cancelarías y que todo el esfuerzo para verme bonita sería en vano.

Se apoya en mi ventanilla y sonrío como idiota sin saber qué decirle.

No quiero sobrepasarme, ni decir algo incorrecto.

—No planeaba cancelar, eso es de mala educación.

Se inclina besando mi mejilla.

—Qué bueno, eres educado.

Se carcajea y rodea mi auto para subirse. Qué descuidado, me quedé como bobo sin poder siquiera bajarme y abrirle la puerta.

—Hay una cafetería muy cerca de aquí, ¿vamos?

Asiento. Soy un desastre.

—Ponla en el GPS, lo siento, yo… ¿Cómo estás, Genna? Te ves muy bonita y arreglada.

Sonríe con simpatía.

—Ya lo sé, me preparé para nuestra cita. Y estoy muy bien, ansiosa por salir contigo. Tú también te ves bien, me gusta tu estilo, Tyler.

Paso saliva nervioso. Coloca la dirección en el GPS y me encamino a la cafetería.

—¿Hace mucho trabajas en Industrias Queen?

Trato de sacar charla.

—No, hace poco, menos de un año, es que… No irás a decir algo de lo que hablemos, ¿verdad?

Su voz es dulce, delicada, con un toque de chispa.

—No, de ninguna manera. Yo mantengo mi vida privada siendo privada y una cita es privada.

Asiente con un sonido.

—Bueno, mi tía Cas, la señorita Queen, me contrató hace unos nueve meses, no fue arbitrario porque pasé el test, en fin, se me da bien ser asistente.

Sin dudas yo la he visto trabajar y es muy organizada.

—No hubiera imaginado jamás que Cassie es tu tía, tú eres…

—El apellido de papá, por eso Müller Queen, pero es mejor que nadie sepa que soy una Queen, la presión es mucha y realmente te digo, no me interesa nada de eso.

Es relajada, muy casual, se siente bien entablar conversación con ella.

—¿Y tú, Tyler? —cuestiona.

Suspiro.

—Yo… Trabajo en Duabella desde antes de terminar la universidad, el dueño es el esposo de mi tía, así que, también todo queda entre familias, supongo que es por confianza.

Llegamos a la cafetería.

—Es más fácil que poner a extraños, igual no hablemos de trabajo.

Entramos al lugar y es muy bonito. Nos sentamos en una mesa alejada y la camarera nos trae la carta, pedimos café y algo de comer.

—Cuéntame de ti, ¿por qué no me invitaste tú?

Su pregunta me toma por sorpresa.

—Yo… es que… oh, soy malísimo en eso de invitar citas y además… no lo sé, no pensé que una chica como tú…

—¿Cómo yo? —sonrío incómodo.

—Joven y bonita, me dijera que sí, intenté mantener las formas, pero al parecer —Suspiro—, debí invitarte, qué pena eso.

Niega frunciendo el ceño.

—Actualidad, el cliché del chico invitando a la chica pasó de moda. ¿Conocías Seattle?

Niego.

—Nunca había venido, es lindo, me gusta, no es como que haya salido mucho y, bueno…

—Seattle es lindo, las chicas son lindas y amables. —Me carcajeo—. En especial las rubias y que trabajan de asistente. —Sigo riendo—. En Industrias Queen, ya sabes, debes invitarlas a cenar, a desayunar, así conocer lo bueno de la ciudad.

Asiento divertido por su sentido del humor.

—Siento que tú eres más graciosa y carismática que yo.

Chasquea la lengua.

—Anda, Tyler, libérate, estás muy tenso, nervioso. ¿Qué te sucede?

Suspiro.

—Que solo sé hablar de cosas tontas y cursis, el mal de una madre escritora de romance o quizás heredé mi gusto por eso.

No es entretenido hablar de libros, de las últimas películas de amor o de lo cliché que sería decirte que eres la chica más linda que salió conmigo, que en esta cafetería todos te miran porque eres realmente muy llamativa o que eres muy graciosa.

Sonríe y sus ojos son muy claros. Su boca es llamativa, llenita, se ve muy sexy.

—Tonto y cursi, pero eso que dices es súper lindo, Tyler. Créeme que los hombres no son más cursis y es triste. Ya no existe eso que cuentan los adultos, de las flores, decir cosas bonitas, todo es tan… sistemático. ¿En serio tu mamá es escritora?

Asiento.

—Ella escribe romance, no es tan conocida, aunque en la familia es la escritora favorita de todos, me gusta mucho leer por ella.

Abre sus ojos con sorpresa.

—Eso es supercool. ¿Entonces, tú también lees romance? Tienes que invitarme a leer un libro contigo, Tyler.

Sonríe.

—Cuando quieras, podemos hacerlo.

Ella bebe su café.

—Cuando empiece la universidad tendré que leer mucho y no será nada bonito como leer romance.

Arqueo mis cejas.

—¿Empezar la universidad?

Qué extraño que aún no la haya empezado.

—Sí, me tomé un año para empezar, es que… quería trabajar también.

Frunzo el ceño.

—¿Un año? ¿Cuántos años tienes, Genna?

Tomo mi taza de café.

—Tengo dieciocho años. —Casi me ahogo con el café—. Tranquilo, no te ahogues. —Se ríe—. En unos pocos meses cumplo diecinueve años. —Carraspeo y escaneo su rostro—. Lo sé, parezco mayor, me siento mayor. Vamos, Tyler, no me veas así de raro.

—Lo siento. —Observo mi taza de café—. Eres muy joven, Genna, mucho más joven que yo.

Vuelvo a mirarla.

—Lo sé y me sorprende lo correcto que eres, lo respetuoso y tímido.

Suspiro al ver su expresión. ¡Dios mío! Tiene dieciocho años, trece años menos que yo. Esto está muy mal.

—Solo espero que no entres en crisis y me abandones en esta cita, tenía mucha ilusión por conocerte.

Hace un puchero con sus labios y todo en mí se descontrola.

Puta madre, no puedo dejar que ella me envuelva con su inocencia. ¡Por favor! Ella es una jovencita.

—Genna…

—Olvida mi edad, solo tengamos esta cita. ¿Qué dices?

Aprieto los labios.

Quiero negarme, quiero ser correcto, pero la forma en que me mira coqueta, abanicando sus pestañas con un toque de picardía en su mirada… Me convence.

Soy lo peor.

Es que ella de verdad es encantadora y… ¡Uff! Ella es embriagadora.

Asiento y seguimos bebiendo café.

Ella me cuenta más de ella, es hermana mayor de dos, le gusta pintar y todo lo relacionado con el arte. Es muy alegre, bromea a cada segundo y me tiene encantado.

Salimos de la cafetería y ella propone caminar un rato, lo hacemos y me percato de que es la primera vez desde que llegué aquí que paseo por Seattle.

—¿Tienes hermanos, Tyler?

Asiento.

—Una melliza, pero no nos parecemos en nada, ella es distinta…

—Eso sucede, no siempre nos parecemos entre hermanos. ¿Y qué te gusta hacer en tu tiempo libre?

Pienso un poco.

—Disfruto mucho de una buena película, quizás tomar un trago o solo pochoclos.

Arquea una ceja.

—¿Pochoclos? —pregunta confusa.

—Lo siento, palomitas, ¿así es? La verdad es que a mí me suena super extraño decirle palomitas.

Se carcajea.

—Pochoclos, me gusta, puedo acostumbrarme. ¿Y sales de fiesta, Tyler?

Aprieto los labios.

—A veces, sin éxito, no se me da bien… atraer la atención de los demás.

Me escanea detenidamente.

—Bueno, yo lo pregunto para que salgas conmigo, no necesitas atraer la atención de otras chicas si sales conmigo.

Me carcajeo.

—Es un buen punto.

Se comienza a hacer de noche y comienza a hacer frío.

La veo fruncir sus hombros y me saco la chaqueta.

—Toma, está refrescando, deberíamos irnos.

Asiente y se coloca mi chaqueta.

—Gracias, no pensé que haría frío.

Volvemos hacia el auto.

—Te llevaré a tu casa.

Me mira curiosa.

—¿Ya te aburrí?

Abro la boca como pez fuera del agua.

—No, qué dices, para nada, es solo que es tarde y…

—No es como que mis padres me regañen por llegar tarde, soy joven, pero independiente, Ty. —Asiento—. Invítame, yo te invité dos veces, el café y a caminar, te toca a ti.

Muerde su labio inferior y me mira con ese descaro que me nubla la razón.

—¿Quieres venir a mi departamento un rato? Te invito un trago.

Asiente sin dudarlo.

—Ya ves que sí puedes ser muy entretenido, Ty.

Besa mi mejilla y un cosquilleo me recorre. No está nada bien que mi mente y mi cuerpo comiencen a fantasear con esta jovencita.

Llegamos al auto y nos encaminamos al departamento. No tardo demasiado, estamos cerca de este.

—Me quedo con mi compañero, ahora no está, quizás llegue más tarde, perdón si está algo desordenado.

Abro la puerta.

—Descuida, que si te invito a mi casa sabrás lo que es el desorden. —Observa el lugar—. No es justo, en un departamento rentado no podré descubrir cosas de ti, Ty.

Froto mi nuca.

—Siéntate, buscaré algo para beber.

Se quita mi chaqueta y se sienta en la butaca que ataca en la barra que separa la cocina de la sala.

La forma que se cruza de piernas, delicada y sensual. Me castigo al saber lo joven que es. No debería ni siquiera pensar en que algo suceda.

Voy a la heladera y solo hay cervezas, saco algunas y le paso una.

—Espero que te guste, no hay nada más, yo…

—Descuida, me gusta la cerveza.

Sonríe y no deja de mirarme a los ojos.

Me siento a su lado y destapo ambas cervezas para tomar la mía y quitarme un poco los nervios.

No quiero cagarla, porque con todos los contras, ella sigue llamando mi atención.

—Es en serio, no estoy bromeando —confieso carcajeándome.

—¿Cómo que nunca has tenido una novia en treinta y un años? Por favor, si eres encantador.

Sus mejillas están rojas porque nos hemos tomado todas las cervezas de la heladera.

—Nunca jamás, es que soy muy aburrido, Genna, y soy malísimo, muy malo para complacer a las chicas.

Se sigue riendo.

—Eso no puede ser cierto, yo me siento muy complacida de esta cita.

Niego, ella no está entendiendo nada.

—Yo digo otra cosa, otro tipo de complacimiento.

Se comienza a reír.

—¿Esa palabra existe?

Me encojo de hombros.

—No tengo idea. De verdad, tú no deberías perder el tiempo conmigo, terminarás decepcionada. No soy bueno en nada y, aparte, tienes dieciocho, tú quieres un joven que te deje exhausta y satisfecha, no necesitas a un hombre que no sabe hacer nada bien.

Frunce el ceño.

—Qué pesimista eres, tú eres lindo, Ty, atento, mírate, un hombre muy atractivo. ¿Te has oído hablar?

Ruedo los ojos y ella intenta arrastrar su silla para quedar más cerca de mí.

Se tambalea y casi se cae, pero la sostengo.

—Cuidado, Genna, te vas a caer.

Se sigue riendo.

—Si me caigo sobre ti, no hay problema. —Apoya sus manos en mis hombros y me mira a los ojos—. Ty… ¿Susurrarías en mi oído algo?

Arqueo una ceja confundido.

—¿Como qué?

Humedece sus labios.

—Lo que sea, es que… me encanta tu acento y… es sexy un hombre con acento susurrándote al oído.

Me río.

—Sí, ¿por qué no? —Me acerco a su oído—. Eres muy hermosa, Genna.

Un jadeo sale de sus labios.

—Maldición.

Se aparta de mí sin dejar de apoyar sus manos en mis hombros.

Sus ojos se clavan en los míos, mira mis labios, vuelve a mis ojos e instintivamente imito su acción, miro sus labios y luego sus ojos. Nos quedamos un segundo viéndonos y al siguiente la beso.

Paso mis manos por su espalda, tocando la piel que su top deja libre, entrelaza sus manos en mi nuca y me sigue el beso con una intensidad que me hace jadear. Su boca sabe tan bien, su lengua busca la mía y la aprieto a mí buscando más contacto.

Jadea en mi boca, pero no deja de besarme. Se pega más a mí, buscando contacto con mi cuerpo. Nuestros besos suben de nivel y quiero más, de verdad quiero, solo que no quiero arruinarlo.

—Genna… —Su respiración agitada choca contra labios—. Esto va a sonar tonto…

—Nada suena tonto, Ty.

La veo tan cerca de mi rostro.

—Me encantas, eres linda, divertida y de verdad estoy muriendo por tocarte, pero…

. Genna, soy un idiota, no sé… yo no quiero arruinarlo y me gustaría conocerte más, antes de pasar a otro nivel.

Yo… es muy estúpido, no sé cómo complacer a una chica, no sé qué hago mal, pero siempre fracaso, no quiero fracasar esta vez y prefiero…

Apoya sus dedos en mis labios.

—No tienes idea lo que me encanta cuando tartamudeas, cuando eres así de tímido, te ves tan inocente y eres como un sueño, un hombre sexy, adulto, con un cuerpo de hombre, pero una inocencia que se siente candente destruir.

—Acaricia mis labios con su pulgar—. Ty, no te preocupes, yo te puedo enseñar lo que me gusta y tú me lo haces y si ahora solo quieres que nos besemos, nos metamos mano sin follar.

Me encanta, podemos tener más citas; sin embargo, de mí no te librarás así nada más.

Sonrío por su perfecta contestación. La pego a mi cuerpo y vuelvo a besarla.

—Cuando suceda, no te preocupes, que te mostraré todo lo que debes saber, Tyler Andrade —susurra en mis labios.

Ella es perfecta y me hace sentir tan cómodo, me hace sentir comprendido.