Capítulo 16 Perder el control #2
Tomo mis cosas y voy a la planta baja. Al llegar, noto algo: aún hay alguien fichado en la empresa.
Me pregunto qué idiota se olvidó de fichar al salir, voy al tablero… Bruno Duarte.
¿Es un chiste? ¿Se quedó follando o qué? No, la chica ya salió.
¿Qué diablos hace aquí todavía?
Me enojó, estoy enfurecida con él, no encuentro motivo y tampoco quiero ahondar en ellos.
Solo voy como alma que lleva al diablo hasta la sala de empaquetado, y abro la puerta bruscamente.
—¿Te gusta hacer horas extras o intentas fastidiarme? —escupo con molestia.
—¿Perdón? Oh… ¿Ya tenía que salir? No lo noté.
Su tonito irónico me molesta de más.
—Deja de jugar y vete de una vez, no vuelvas, ve por ahí a follar, a ser sobresolicitado y tener tus preciadas noches libres.
Las palabras salen sin pensar y me arrepiento de ellas al instante que salen de mi boca.
Lo observo, noto que tiene pantalones diferentes a los que tenía en la mañana. Está claro, se cambió.
—Estás molesta, Reinita.
Finge un tono gentil acercándose a mí.
—¡No estoy molesta! Solo no quiero que vuelvas aquí a perturbarme —ordeno.
¡Carajos! ¿Qué me pasa que no logro controlar lo que digo?
—Vamos, solo di lo que quieres y acabemos con esto, está claro que estás furiosa porque la chiquita esa es linda, predispuesta y…
—Una fácil, que te follarías si quisieras, hazlo, vamos, hazlo, me importa una mierda —vocifero acercándome más a él—. Si lo que buscas es que yo…
—Yo no busco nada, ni con ella, ni contigo. Tú decidiste que nuestro juego terminara antes de empezar. Si estás enojada, es por tu culpa, por tu orgullo y ahora no pienso tocarte, Reinita, no hasta que me lo pidas.
Me escanea con esa estúpida mirada intensa y mi respiración se descontrola.
—No quiero que me toques, no te confundas.
Da un paso cerca de mí y mis ojos van a su boca, escaneo su cuerpo.
—¿Segura? ¿Estás muy segura de que ese mal genio que traes hoy y ayer no es porque necesitas que te arranque la ropa y te coja ahora mismo?
Mi respiración se vuelve más irregular cuando lo veo acercar su boca a la mía.
¡Dios mío! ¿Qué me pasa? Siento que me ahogo.
—No… no te confundas, yo jamás…
—Cierto, tú no me lo vas a pedir.
Chasquea la lengua y se aleja.
¡Maldición! Parece que me quitara el aire.
—Es una pena, tan bien que la pasamos, Reinita de hielo, quémate con tu frialdad.
Me guiña un ojo y camina a la puerta.
—¿De qué serviría que te lo pida? Tú solo eres un inepto —escupo perdiendo el juicio completamente.
Todo es tan rápido que no sé cómo él llegó a mí tan ágil, tomándome de la nuca, pellizca mi cabello pegándome a él, a solo un milímetro de sus labios.
—Vamos a ver cuán inepto soy.
Su voz me hace jadear con una estúpida necesidad.
En un movimiento me muerde los labios, me toma del trasero subiéndome a la mesa de empaquetado, tirando todo lo que hay en ella al suelo. Rompe los botones de mi camisa bajando sus mordidas a mi cuello y a mis pechos sobre el brasier.
Maldita sea, estoy tan caliente que no quiero que pare.
¿Qué me pasa?
Escucho el ruido de su cinturón en señal de que está liberando su miembro. Apoyo mis codos sobre la mesa cuando sus besos bajan más.
—Mira lo desesperada que estás.
Sus manos van a mis rodillas.
—Rompiste mi camisa, si eso no es una muestra de desespe…
Gimo cuando aprieta mis muslos subiendo mi falda, la cual no cede y tengo que levantar el trasero para que la suba bien.
—No te hagas, Reinita, te encanta que sea un bruto.
Acerca su pene rozando la tela de mi tanga y el calor de su piel traspasa de formas deliciosas a mi centro que palpita totalmente necesitado.
¡Maldita sea!
No comprendo mi necesidad.
Me incorporo un poco para tomarlo del cuello y atacar sus labios mordiéndolo. Con su mano corre hacia un lado mi tanga y sigue frotando la punta caliente de su miembro.
—Ooh…
Lo muerdo para no gemir, demostrando lo mucho que quiero que me la meta completa.
—¿Será que alguien más que tú revisa las cámaras y me ve cogiéndote? Eso no me gusta, pero también me calienta pensar que alguien te vea disfrutar mi verga dentro de ti.
Gimo sobre sus labios porque también me excita lo que me dice.
¡Carajos!
—Y entonces métela.
La mueve de arriba abajo desesperándome, humedeciendo mis pliegues que al sentir su piel se comienzan a empapar.
Qué sensación tan placentera, la suavidad que acaricia mi centro palpitante es única, algo que no he sentido antes.
—Quiero, sí que quiero, Reinita, enterrártela completa, es solo que… —Muevo mi pelvis buscando que su calor entre a mis pliegues mojados—. ¡Oh, maldita perra!
Lo muerdo y puedo sentir cómo se desliza dentro de mí.
—Hazlo, querías que te lo pidiera, hazlo. ¡Maldición!
Me aprieta de la espalda.
—La puta madre, Reinita, qué jodidamente bien te sientes. —Da una fuerte estocada y niega—. Está mal y tan rico. —Aprieta mi cadera y gimo—. ¿Te gusta, Reinita?
Comienza a embestirme y asiento sin pensarlo, estoy completamente sumida e inconsciente ante las ganas que están siendo saciadas.
Se mueve con ímpetu, es rápido y me llena de calor, como si una ola de fuego me invadiera por dentro.
—¡Oh! Ahí…
Cuando empieza a moverse estimulándome, me siento aún más necesitada por correrme.
—Ay, Reinita, sigue gimiendo, vamos.
Sus movimientos se vuelven más rítmicos, obligándome a gemir a su ritmo.
No me privo, solo me entrego a lo que mi cuerpo necesita y cuando me corro, la intensidad me hace balbucear, pellizco su nuca y lo muerdo.
—¡Puta madre! Me harás correrme, maldita sea —maldice. Me pego a sus labios y gimo sobre ellos—. ¡Carajos!
Gruñe, siento que me la saca y el calor de su esencia chorrea por fuera mi vagina.
—Mío, eres mío.
Jadeo y caigo en cuenta de las palabras que acabo de pronunciar.
—¿Qué dices? Casi me corro dentro de ti, Reinita, esto estuvo mal y rico.
Asiento.
Algo anda mal conmigo.
—Tengo que irme, yo…
Soy un desastre, la camisa rota, mi vagina y muslos llenos de semen.
¡Maldición!
—Tengo cosas que hacer.
Me bajo del escritorio acomodando un poco mi ropa que es un asco.
Me cubro como puedo, mientras él también me imita.
—Me usas y me abandonas, qué malvada.
Niego y camino un poco inestable.
—Tengo asuntos.
Huyo. Algo está muy mal conmigo, yo no soy así.