Capítulo 16 Perder el control
Cassie Queen
Acelero sin que me importen las reglas de tránsito.
¡Así de fácil!
Te estimé demasiado, pedazo de idiota inservible, niño caprichoso, imbécil de cuarta.
¡Que se olvide del trato! Su proyecto puede metérselo por donde mejor le quepa.
Tú no sabes con quién te has metido, Gregor Bruno Duarte.
¡Estúpida! ¡Estúpida!
Coloco el auto en automático. Toco mi pantalla táctil.
—No, aquí no, necesito la jodida laptop.
Necesito calmarme. No hay motivos para tal enojo, tal furia que me está poseyendo en estos momentos. Él no me importa, que se aguante las represalias de follar con su compañera de trabajo.
No lo hace en la empresa, esa es la parte mala, que no puedo inmiscuirme en su vida privada. ¡Mierda!
Le marco a Genna porque necesito que ella vaya a mi casa, enlace mi laptop con mi teléfono y yo…
Estoy tan enojada.
Genna no contesta, ¿dónde está?
Acelero llegando a la mansión y entro directo a la casa, voy a mi estudio y abro mi laptop.
—¡Vamos, préndete!
Agito mi pie ansiosa y cuando la pantalla me da imagen, voy a mis archivos ocultos para tocar el enlace que me vincula con la base de datos en Industrias Queen.
Un maldito escáner facial, eso tiene Seattle y tengo acceso a eso, mis empleados se escanean el rostro porque lo uso para la entrada a la empresa y para tenerlos en la base de datos de Seattle.
Gregor Bruno Duarte.
Solo tecleo su nombre y al instante las cámaras de la ciudad lo comienzan a rastrear.
—Más rápido…
Muevo mis dedos sobre el escritorio y ahí me aparece.
Hace dos minutos pasó por una cámara, cuando pasa por otra en la pantalla, me aparece en tiempo real, solo conduce mientras lleva a la muchachita esa. ¿A dónde la llevas? ¿A un hotel? Vamos, hazlo, señor noches ocupadas, tan solicitado que está.
Mis ojos no se despegan de la pantalla, lo sigo por toda la ciudad, él… solo la deja en una esquina, ni siquiera la lleva hasta su casa y conduce hasta donde deduzco está quedándose.
Paso saliva y observo mi entorno, cierro la laptop de golpe.
¿Qué diablos me sucede? Yo no hago esto, no… no está bien usar esto para vigilar a las personas.
¿Soy idiota? ¿Me está por dar algo?
Me siento reclinándome en el respaldo de mi silla.
Perdí la cabeza por un momento e hice lo más estúpido e irracional que alguna vez he hecho.
Abro la laptop y cierro todo.
Algo no está bien conmigo, ser impulsiva no es mi estilo. Carraspeo levantándome de mi asiento.
Me daré un baño, cenaré y me voy al casino a jugar.
Bebo mi whisky hipnotizada por el líquido ámbar. Tres partidas, en una dejé la mesa en el descarte, no tenía nada para jugar, en las otras dos he ganado, con lo justo, pero gané, buenas partidas, me han… divertido. Lo suficiente para quitarme la estupidez que invade mi cuerpo.
Miro a mi alrededor. Debería acostarme con alguien más, eso estaría bien, a ver si se me quita este estrés que traigo encima.
Busco una víctima y solo me frustro más al no encontrar lo que busco, quiero alguien que me folle bien, que me hago olvidar…
¡Basta, así no soy yo!
—¿Qué sucede?, ¿la Reina de Hielo busca acompañante?
Me volteo al instante para ver a Randall.
—A ti no te importa. ¿Me buscas para jugar? Estoy de suerte, gané dos de tres, en realidad no perdí, solo me retiré.
Se carcajea.
—Eres muy altanera, eso es perder, te aviso por si no lo sabías.
Mediocre, eso es no saber nada.
¡Por Dios, maneja esto y no sabe una mierda de póker!
—Saber retirarse también es ganar, Randall, qué pena. ¿No te avergüenza caminar así por el lugar?
Clavo mis ojos en él con total tranquilidad, no ve mis expresiones por la máscara.
—¿Por qué me avergonzaría?
Chasqueo la lengua.
—Por manejar los juegos de póker sin saber jugarlo.
Quiero marcharme y me toma del brazo con fuerza a lo que respondo zafándome.
Me pongo alerta porque Randall puede ser un imbécil, pero es sabido que es un hombre peligroso, metido en este mundo de ilegalidad, nada bueno puede venir de él.
—Escúchame, comienzas a ser una molestia y eso no me gusta nada, cuando empiezo a perder dinero es un problema, ¿sabes?
Me importa tan poco.
—No es mi problema si pierdes dinero, lo que hago está todo en regla.
Intento alejarme de nuevo y me toma de la ropa.
Tomo la mano con la que presiona la tela de mi vestido.
—Todos saben que ganas casi siempre, apuestan por ti y estoy perdiendo dinero, cuando todo se vuelve predecible, pierdo y no me gusta perder, es simple, comienza a perder o deja de venir a fastidiar, querida Reina de Hielo, no me obligues a recurrir a métodos que no me gustan.
Retuerzo su mano para que me suelte.
—¿Me estás amenazando, Randall?
Me suelta y relame sus dientes en un sonido molesto.
—Advirtiendo, que no te vuelvas un estorbo.
Es un imbécil.
—No me fastidies, no soy una estúpida que podrás manejar. Cuídate, Randall, porque también te puede ir mal, consíguete un buen jugador que gane y listo, o más simple: apuesta por mí y también ganarás.
Me alejo molesta.
Y ahora viene a joderme más el día. Imbécil.
No sabe con quién se mete, si supiera quién soy, no haría una amenaza de ese tipo.
Mejor me voy. ¡Maldita sea! Qué puto día de porquería.
◆◆◆
—¡Genna!
Vuelvo a revisar el reloj y él no ha llegado porque es temprano.
—Señorita Queen.
Miro a mi sobrina que hoy se ve muy bien, arreglada, trae brillo labial.
—¿Hay reunión? ¿Tienes una cita o qué?
Se ríe.
—Tú siempre adivinas todo, tía Cass. Sí, tengo una cita. ¿Me veo bien? —Asiento seria—. Díselo a tu cara, tú no te ves nada bien. —Suspiro arqueando una ceja—. Lo siento, eso fue inapropiado, pero honesto. ¿Está todo bien? ¿Duarte ya se acostó con la chica?
Probablemente no tarda en hacerlo.
—¿Por qué metes a Duarte en la conversación, Genna? Quiero los informes de rendimiento en empaquetado de esta semana.
Asiente.
—Lo meto, porque sé que es el problema, y si quieres saber con quién saldré, con el ingeniero.
Ruedo los ojos.
—Ese tipo te lleva más de diez años, Genna, ten cuidado y…
—Sabes que él es quien debe tener cuidado conmigo, tía. Ya te traigo todo.
Sale de la oficina.
Ella tiene toda la razón, ese tipo se ve tan lento que Genna le dará mil vueltas en un instante.
Miro el reloj, suena en el horario de entrada de los trabajadores y lo primero que hago es revisar las cámaras, todos están entrando correctamente.
¿Por qué él no está en su puesto de trabajo y la tal Bella tampoco?
No me digas. ¡Woow! No te esperaste nada, Novato.
Retrocedo un poco las grabaciones para poder ver cuándo se perdieron los dos.
Okay, no pasa nada, era lo que buscaba y, así como los otros los descarté, con él tiene que ser igual. No llegamos a tanto, por favor, dos folladas no son nada.
Los veo en la puerta de entrada a la sala de empaquetado, ¿por qué no entraron? No logro escuchar qué hablan por el ruido de las máquinas, solo veo cómo él la toma del brazo, llevándola al área de los baños.
¡Qué bonito!
Justo donde no hay cámaras.
¡Ay, Duarte! Qué mal encontrarte infraganti.
Me levanto tranquila, controlando completamente lo que mi mente le grita a mi cerebro.
Salgo de mi oficina, voy al ascensor y bajo hasta la sala, camino al baño. A este punto ya no puedo controlarme, todo se va a la mierda.
—¿Se puede saber qué está sucediendo aquí?
Entro sin aviso al baño de hombres, deduciendo que ahí están.
—Señorita Queen… yo… es que…
Estaba en lo cierto.
—¡Sal del baño de hombres, ahora! —ordeno tajante.
Recién cuando sale corriendo toda asustada, observo la situación. El idiota está sin pantalones, en bóxer, ¿cubriéndose?
—¿Crees que esto es un motel? —escupo molesta.
—Déjate de tonterías. ¿Me crees tan imbécil? —Se acerca al grifo y lo abre para mojar su abdomen que se ve enrojecido—. ¿Me vigilas o qué?
—No te hagas el idiota, a mí no me vas a engañar, está prohibido el…
—No me la follé, no soy idiota, te dije. —Se voltea mirándome molesto—. Me volcó todo el café en los pantalones, esa chica es una bruta, casi me quema vivo.
Esa excusa.
—¿Y debo creerte? Por favor, tú…
Se acerca a mí, poniendo contra mi pecho sus pantalones.
—¿Qué sucede? Te ves muy enojada, Reinita. ¿Estás así de enojada por tus normas de trabajo o porque pensaste que yo le daría a ella lo que quieres tú? —La forma arrogante y altanera con la que me mira—. No me veas así, ella entró al baño, yo me estaba quemando, claramente no tuve tiempo de pensar.
Resopla. No sé cómo diablos librarme de esta situación, yo hubiera jurado que él estaba con ella y me jodió, no voy a admitirlo, eso sería algo muy malo. Igual nada me dice que no querían hacer algo, aunque no lo hayan concretado.
—Estoy molesta porque mis empleados no hacen su maldito trabajo, me importa una mierda si te la follas. ¿Qué te crees? —Vuelvo a tirarle su pantalón—. Mantén la compostura, Trevor, las reglas están para respetarse y el sexo en el trabajo está terminantemente prohibido.
Se ríe.
—Tranquila, me la llevaré a un hotel si quiero hacer algo.
Maldito.
Abro la puerta marchándome.
Lo mejor es irme y mantenerme lejos, porque siento que estando cerca de él me descontrolo y… no quiero perder los estribos, hacer una estupidez.
—Señorita Queen, lo siento, lo siento, le he volcado el café y no quise entrar al baño, pensé que le había hecho daño y quería ayudar. No malinterprete la situación, esto es todo mi culpa.
La muchachita se acerca toda preocupada.
Qué conveniente lo que les pasó; sin embargo, no puedo negar que ambas coartadas encajan y no tengo jodidos motivos para estar así de alterada como estoy, porque nada ha pasado.
Compostura, soy una Queen y sé controlar mis emociones.
—Por favor, sea prudente en el futuro.
Me alejo sin pensar en nada más. Vuelvo a mi oficina y me encierro para trabajar, mucho trabajo, eso hago. No dejo a mi mente pensar, la mantengo completamente desbordada de información, horas y horas donde ni siquiera miro el teléfono.
En el único momento que dejo de trabajar es cuando veo que mi teléfono marca las nueve de la noche.
Me he quedado demasiado tiempo.
Froto mi rostro cansada, me duele el cuello. Momento de ir a casa, ya no hay nadie en la empresa, el último turno terminó hace una hora.