Capítulo 15 Yo sé jugar
Gregor Bruno Duarte
Cassie Queen no sabe con quién está jugando, ella puede ser muy jefa, muy buena en todo, pero yo idiota no soy. ¡Por favor! Ayer la pasamos increíble, yo sentí lo bien que ella se corrió cada vez, una mujer que no estuviera disfrutando no grita como ella, ni se empapa como ella.
El cuerpo no miente y si cree que las reglas las pone ella, se quedará sin nada. Lo siento, Reinita, es justo o nada. Si vamos a jugar, yo sé cómo jugar a lo que sea.
Vuelvo a mi puesto de trabajo, Bella está ahí, al verme se voltea y sonríe.
Ella no se rinde y eso me halaga. Patrañas, no me sorprende en absoluto.
—¿Dónde estabas, Gregor?
Vuelvo a sentarme en mi lugar de trabajo.
—Fui a preguntarle algo a la jefa —comento casual.
—Ella es muy estricta, da un poco de miedo.
Me carcajeo.
—Que no te dé miedo, Bella, es solo la jefa.
Ella siembra el terror.
Cómo le gusta tener el maldito control.
Conmigo no lo va a tener tan fácil, que no se crea.
Sigo mi turno como siempre, hago toda la producción y más, solo dos días quedan de mi semana aquí, no sé cuál es su maldita prueba, pero la pasaré. ¡Maldición! Y cuando la tenga como mi «empleada»...
Y ahí voy otra vez, pensando en cogérmela de nuevo.
¡Genial, idiota! Pienso con mi verga en vez de con mi cerebro.
Con ella sí, cuando ya pruebo y me gusta, es difícil pensar de forma racional. Me gustan las indomables, aunque jamás había estado con una mujer como ella, una auténtica perra.
Salgo de la empresa y veo a Bella salir también conmigo.
—Adiós, Gregor, que tengas buena noche.
Ella camina a la entrada y estoy molesto.
—¿Quieres que te lleve? —sugiero.
Sé que dirá que sí.
—¿En serio? Sería muy amable de tu parte y la verdad me evitaría esperar un taxi.
Asiento muy relajado.
—Te alcanzo, al menos cerca de pasada a mi departamento.
Sonríe toda coqueta.
Es linda, solo que…
El ascensor se abre y está ella, la última que se va, nos mira a ambos.
—¿Suben o les encanta quedarse horas extras?
Su tono autoritario y despectivo no lo oculta. Así que estamos en guerra, Reinita.
—Subimos. ¿Te llevo entonces, Bella?
Ella asiente con un sonido, como una chica buena.
Al subir, la reina se aparta porque por supuesto ella cerca de los plebeyos no está.
—Qué alivio que me llevas, ya comienzo a sentirme la única fuera cuando tarda el Uber, además, a veces viajo con algunos conductores desagradables.
Quiero escuchar a Bella, pero no puedo dejar de ver a la Reinita y su semblante tan estoico.
La forma erguida en que se para, cómo logra mirar al frente sin expresión, sin moverse, de perfil sus ojos siquiera pestañean.
—Y eso también sucede.
No escuché lo que dijo la chica.
Solo me ofrecí a llevarla, no a conocer su vida, no sé siquiera si quiero cogérmela.
Las puertas se abren en el subsuelo, todos bajamos y mientras camino a mi auto, el repiqueteo de sus tacones me prohíbe concentrarme en algo más.
Como la mujer superada y que le valgo una mierda, sube a su auto y enciende el mismo, se marcha a mucha velocidad.
Me cabrea muchísimo que ella actúe así y lo hace tan interesante.
¡Puta madre!
—Sube, dime por dónde vives y te dejaré cerca.
Subo al auto y la muchacha lo hace del otro lado.
—De verdad no sé cómo te lo voy a agradecer.
Con un gracias, querida.
No estoy para mamadas de agradecimiento, no es mi estilo, no me gusta que me la chupe cualquiera, además, no voy a cogerme a esta chica. Podría, sé que ella seguro es de las que está muy predispuesta.
No, gracias, ahora no.
Ella me indica dónde es su casa y la dejo cerca, donde me queda de pasada, sigo mi camino una vez que se baja. Trató de insinuar que, si la llevaba a su casa, me invitaba algo en agradecimiento. Me negué, no estoy de humor para hacer nada.
Llego al departamento y al entrar me encuentro con Ty sentado en el sillón, como si estuviera esperándome.
—Hice algo muy malo, Greg.
Abro los ojos preocupado.
—¿A quién mataste? No me asustes así.
—Acepté una especie de cita.
Niega y se frota el rostro.
Enarco una ceja sin entender la gravedad de eso.
—Bien, pensé que dirías: «me follé a alguien que no debía», lo cual es imposible, no está prohibido coger.
Se ve preocupado de verdad.
—Yo… saldré con la señorita Müller.
Sonrío.
—¿Es eso? Sos un tonto, pensé que era algo de verdad grave. —Me acerco y le doy una palmada en la espalda—. ¡Bien ahí, Ty! Te vas a coger a la asistente de la señorita Queen.
Niega frunciendo el ceño.
—Ella me invitó y yo…
—¿Aceptaste por compromiso? Dale, ella no es fea.
Rueda los ojos.
—Ya lo sé, pero le debo llevar al menos ocho años, o más, no lo sé, es un poco imprudente de mi parte y…
—Dejate de joder, Tyler, ella es linda, te invitó y decilo sin pena. ¡Vamos! Decí: «me gusta y por eso acepté».
Mira sus manos y murmura tan bajo que no lo escucho.
—No voy a decir eso —me regaña—. Acepté y fin. Será una sola cita, no pasará nada, ella se aburrirá como las demás, terminado el asunto.
Qué problema Ty.
—Qué jodido sos, solo sal, diviértete, si ella te agrada, llegas a más, si no, haz lo que quieras, pero no salgas con alguien pensando que todo va a salir mal. Un poco de autoestima, hombre.
Se ríe.
—Ella sí es agradable y muy directa, me asusta un poco, tengo treinta y un años y ella me invitó, eso es vergonzoso, Greg.
Me encojo de hombros con relajo.
—A ella no le molestó, te invitó, no te hagas la cabeza. ¿Cuándo?
Rueda los ojos.
—Mañana, al final de su turno, iremos por un café, nada del otro mundo.
Palmeo su hombro.
—Eso es bueno, no seas menso e invitala a caminar, un helado, ingéniatela, siendo tú —incito.
Sonríe más animado.
—Gracias.
Sacudo mi mano.
—Al menos tú tienes que pasártela bien en este lugar.
Su mirada curiosa me escanea.
—¿En qué andas?
Me encojo de hombros.
—En unos asuntos con una Reinita, ya lo arreglaré, no tienes de qué preocuparte, solo quiero dormir, de verdad solo necesito despejar mi mente.
Lo cual no me gusta un carajo, sentirme tan disperso y todo por su causa.
—No me preocupas vos, me preocupa que te ves muy pendiente de esta persona que realmente me da curiosidad quién es.
Ruedo los ojos.
—No importa quién es.
Ty me mira dudoso.
—Nerea me ha estado hablando, preguntándome qué haces —agrega.
Arqueo una ceja.
—¿Por qué a ti y no a mí? ¿Intenta vigilarme o qué? ¡Por favor! ¿Qué le pasa?
No me gusta que me controlen, no soy un niño y si elijo mi vida sin compromisos es porque me gusta mi jodida libertad.
—No lo sé, ella solo me dijo eso, además, ya sabes cómo es de controladora.
Frunzo el ceño.
—Pero no es mi madre ni mi novia, es mi amiga, me jode que no me diga a mí y te diga a ti.
Se encoge de hombros con relajo.
—Es Neru, ya sabes cómo es.
—Sí, ya sé, ella es intensa y demandante, debe estar aburrida al no poder fastidiarnos, solo es eso. Luego la llamo para ver cómo está, vos no hables de mi vida, si ella quiere saber, que me hable, no somos niños para hacer estas cosas —advierto.
Camino a la habitación.
—¿Qué le voy a decir? Haces todo muy en secreto.
Me carcajeo.
Porque no quiero que toda mi vida se filtre en un show. Neru le cuenta a todo el mundo, sin pena, y a mí me gusta la privacidad de mi vida. Ella ha llegado a enlazar mi teléfono con el suyo para ver mi ubicación y reclamarme. ¿Por qué no salía con ella? A veces quiero salir solo.
Pasar 24/7 con alguien implica mucho desgaste y la verdad es que yo puedo adorarla, eso no quita que sus mañas no me jodan.
Me tiro en la cama a pensar si llamarla o no, si alimentar sus manías o solo dejar que ella lo haga.
Como la quiero, no tengo que alimentar sus caprichos, lo sé.
◆◆◆
Industrias Queen tiene algo muy particular, todo parece decir «Cassie» por cada rincón, ella es muy peculiar en cuanto al estilo. La empresa siempre es concurrida en los horarios de la mañana.
Subo al ascensor para ir a mi piso, comienzo a acostumbrarme a esto, siendo honesto, me encantará rondar por aquí cuando ella acepte el proyecto.
Por otro lado, tenemos nuestros asuntos personales, sí, personales, no puedo decir que cogérmela forme parte de los negocios, sería quitarme crédito.
Voy caminando hacia la zona de las máquinas y veo a Bella llegar, viene sonriente y en su mano trae un café.
Se acerca a mí y me habla, pero como estamos fuera de la sala de empaquetado, el ruido de las máquinas no me deja escucharla.
—No te oigo.
Le hago seña de que no la escucho, pero ella sigue hablando.
Me pone nervioso que ella nunca entienda las señales.
La tomo del brazo, no soy brusco, solo busco que nos alejemos un poco, justo a la zona de los baños donde ya no hay ruido.
—No te escucho nada, Bella, las máquinas.
Se carcajea.
—¡Qué bruta, es cierto! Te traje un café para agradecerte por lo de ayer.
Pero si no puedo tomar café en mi horario de trabajo.
—No hacía falta, descuida, tómalo tú.
Quiero alejarme.
—Acéptalo, por favor, anda, Greg —insiste y niego.
—No, gracias.
Con mi mano intento alejar la taza de café que me extiende y vuelve a empujarla hacia mí, haciendo que este se vuelque sobre mis pantalones.
—¡Oh, no! Qué tonta.
—¡LA PUTA MADRE!
Está caliente y entro en desesperación. Me meto al baño ante el miedo de que me queme el pene el café hirviendo y me quito los pantalones con desespero y preocupación.
—¡Está caliente, la puta madre!
Abro el grifo y me echo agua.
¡Esta mina es una bruta de mierda!
—Lo siento, lo siento, déjame ayudarte.
Me volteo anonadado.
—¿Qué haces aquí?
—Solo quiero ayudar, no quise volcarte el café, déjame ayudarte…
—No, Bella, estoy en paños menores, no necesito ayuda.
Me cubro un poco. Escanea mi cuerpo, no disimula la forma en que me mira.
—Lo siento, solo…
—¿Se puede saber qué está sucediendo aquí?
Me cago en todo.
—Señorita Queen… yo… es que…
—¡Sal del baño de hombres, ahora! —ordena seria y lo único que me faltaba era esto.