Capítulo 13 Solo jugar #2
Ataco su boca en un beso hambriento. Sus manos toman las solapas de mi saco pegándome a ella con firmeza.
No escatimo en el beso, descargo todas mis ansias, mis ganas y mi deseo.
Presiono mi lengua sobre sus labios, entrometiéndome en su boca para buscar saborearla mejor.
La escasez de aire no me detiene, su lengua toca la mía y eso solo hace que la presione más ante las incontrolables ganas de jadear que golpean mi garganta.
La boca de una reina. ¡Puta madre!
Suelto su cabello y su mentón para que mis manos se escurran por todo su cuerpo, buscando contacto con su piel de forma urgente.
No dejo su boca mientras tironeo su camisa que está metida dentro de su falda.
—No rompas mi ropa.
Jadea, mientras una de sus manos sube a mi nuca para presionarme contra ella.
Su delicada mano me presiona con fuerza y eso me gusta. Es dominante hasta para besar.
Comienzo a desabotonar los botones intentando no romperlos, ¡puta mierda! Quiero destrozarlos al igual que su falda, su ropa interior, no soy paciente.
Con su mano libre noto cómo flexiona su pierna hacia atrás quitándose el tacón, cambia la mano con la que está presionándome para que no deje de besarla y se quita el otro.
La diferencia de altura se hace notoria y debo inclinar mi cuello para besarla.
Termino con la camisa y se la quito, desesperado por sentir contacto corporal.
Ella no es delicada, me quita el saco y comienza a tironear mi camisa. La va a romper, lo cual me pone tan caliente.
—Rómpela, Reinita, en todo caso saldré así, a nadie le va a molestar.
Se aparta solo unos pocos centímetros de mi boca para mirarme a los ojos.
—Solo estamos jugando, Novato —aclara.
La tomo de la cintura de la falda, volviéndola a atraer a mí.
—¿Cuántas veces lo repetirás? Olvida esa mierda, Reinita —rujo, subiendo mis manos por su cintura apretando su piel—. Ahora me importa una puta mierda el juego y lo que sea suceda fuera de este lugar. Solo te quiero follar, te voy a devorar, Reinita.
Llego a su brasier que tiene prendedor en el frente.
Color crema, delicado y tan sensual, me quedo viéndolo un momento. Sus manos me empujan, haciéndome caer en la cama.
—Estás lento, Novato.
Me incorporo cuando la veo acercarse a mí, tomo su cintura para colaborar mientras se sube a horcajadas sobre mí.
—Me distraje pensando en si tendré piedad con tu piel o te devolveré la mordida —suelto, sarcástico.
Desprende su brasier y, como un niño desesperado, mi boca solo quiere ir a sus pezones para torturarlos.
—¿Qué esperas?
Tan mandona, tan quisquillosa.
Invierto nuestra posición, dejándola acostada en la cama y comienzo a morder sus tetas.
—No todo lo vas a tener de inmediato, eso deberías saberlo, Cassandra —la regaño.
Me hala del cabello y la muerdo con fuerza.
Tanto, que gime para mí y, en vez de detener mi acción, la aviva.
Disfruto de sus pezones como si fueran una golosina, no pierdo el tiempo y mientras gimotea entre adolorida y gustosa por mi intenso accionar, busco el cierre de su falda, el cual no tarda en aparecer y lo deslizo.
Colabora a todo momento para terminar solo con su tanga, que no necesito revisar el color para saber que está a juego con el brasier que antes tenía.
Sus manos dejan mi cabello, buscando deshacerse de mi camisa, y dejo sus tetas solo para besarla y que termine de quitarme la ropa.
—Ahora no eres tan mala, o sí, Reinita.
Susurro en sus labios y me muerde. No es tan fuerte como para lastimarme, pero sí me duele.
—No eres tan eficiente, Trevor.
Llevo mis manos a sus muslos para abrir sus piernas con fuerza.
—Vuelve a decirme así y voy a golpearte en el culo.
Jadea mientras pego mi erección que sigue cubierta por mis pantalones, contra la fina tela de su tanga.
—Atrévete, Trevor —desafía.
Soy rápido y conciso, me separo, la volteo boca abajo y le doy un sonoro golpe en el trasero con la palma de mi mano.
—¿Tan difícil es decir mi nombre, Reinita?
Sobo con mi mano su nalga que ha quedado roja.
La tomo del pelo y automáticamente se pone en esa perfecta postura, su pecho apoyado contra la cama, su culo levantado mientras apoya sus rodillas.
¡Puta madre!
Ella está demasiado buena.
Olvidemos que es la señorita Queen, que esta mujer me destrozaría en cualquier juego, olvidaré todo porque no puedo dejar pasar esta oportunidad.
—Y tú, un genio horrible.
Le doy otra nalgada y sobo el área sin soltar su cabello. Gime en cada golpe y solo me la pone a palpitar, que hasta me duele de las ganas de metérsela que tengo. Sin embargo, me aguanto, quiero complacerla a ella y al final saciarme yo.
Bajo su tanga, dejándola en el pliegue de sus rodillas.
—Alardeas acerca de placer y solo me has… —Paso mi pulgar por su entrada, subiendo a sus pliegues buscando su clítoris—. ¡Maldito!
Estiro más su cabello para que arquee su cuerpo.
—Aahh…
—Aguanta, Reinita.
Paso la palma de mi mano, la golpeo, la acaricio, así una y otra vez. Ver como sus jugos brotan me tiene a cada minuto peor.
—Si no me dejas de torturar.
Suelto su cabello y con mis manos abro su culo para poder ver mejor lo empapada que la tengo con mis jueguitos.
—¿Qué, Reinita?
Me acerco y soplo acercándome a su centro.
—Aahh… no te volveré… —Paso mi lengua entrometiéndola en su entrada—. ¡Oh! ¿Qué me haces?
Saco mi lengua de su interior. Sabe como un manjar.
—Te devoro, Reinita. No me molestes que voy a cenar.
No escucho qué dice porque son puros balbuceos cuando abro con mis dos manos sus pliegues y con mi lengua comienzo a jugar con su clítoris.
Lo lamo, lo mordisqueo y succiono de él como si me fuera a dar alimento, la forma en que sus pies se retuercen y empuja su trasero contra mi cara, es la señal de cómo le encanta lo que le hago.
Con determinación sigo estimulándola, buscando que se corra y beberme toda su excitación. Mi lengua aumenta el ritmo y cuando sus gemidos pasan de ruidosos a ahogados, sé que va a llegar.
Me muero de ganas por una jodida mamada. ¡Puta madre! No se lo voy a pedir, no esta vez.
Mientras tomo todo de ella, suelto su culo y comienzo a quitarme el cinturón, al igual que desabrocho mis pantalones.
—El… el condón, siempre con condón.
Jadea apenas pudiendo respirar.
—Siempre uso condón, Reinita, regla de oro.
Me aparto de ella para quitarme los pantalones y ponerme el jodido preservativo.
Mientras lo hago, ella se incorpora y me mira, está sudada, sonrojada, se ve tan revolcada y apenas empiezo a follármela.
—¿Ya cansada?
Niega y se abalanza sobre mí a besarme. Me toma por sorpresa, correspondo y me dejo guiar un momento por ella que me incita a sentarme para subirse a horcajadas sobre mí.
Su tanga, quién sabe dónde quedó, solo puedo concentrarme en ella acomodando mi verga con su mano para metérsela subida sobre ella.
—¡Oh, Dios!
Qué Reinita más linda. ¡La puta madre!
La abrazo cruzando mis brazos para empujar sus hombros hacia abajo y enterrársela toda.
—¿Te gusta tu asiento, Reinita?
Me besa y comienza a saltar sobre mí, dejándome en blanco.
Suave, caliente y mojada. Justo así se siente.
El ruido de sus nalgas chocando contra mis piernas aparece y siento cómo mi verga se hincha por lo rico que se está moviendo.
¡Sus tetas! Despego mis labios de ella para bajar a su cuello y buscar sus pechos, los cuales quiero torturar. No deja de sorprenderme lo colaboradora que es, se inclina un poco hacia atrás para que la atienda y solo tengo que mordisquearla un poco para que se corra.
La ayudo a moverse más rápido y cómo me jode no poder ver bien su cara con esa puta máscara.
No deja de gritar mientras la muevo enérgico buscando llegar y la fuerza con la que me aprieta me hace lograrlo.
—¡Cómo gritas, maldita sea!
Voy a su cuello y la muerdo para no gemir al correrme.
—¡Las marcas, Trev...!
La muerdo más fuerte.
—¡Gregor, puta madre, Cassie!
Me aparto para verla a los ojos, los cuales entre la luz y su máscara no se ven bien. Apoya sus manos en mis hombros y sale de encima mío para sentarse en la cama.
—¿Necesitas descansar?
Me quito el condón y me duele porque no se me ha bajado aún.
Al menos dos veces sin bajarse aguanta y así se atreve a llamarme Novato.
—¿Tú? Porque yo ya estoy listo para más.
Me inclino hacia ella acorralándola en la cama.
Acabo de correrme y no dejo de pensar que quiero estar dentro de ella otra vez. ¡Carajos!