Adictos a lo prohibido Capítulo 12 Cámaras #2
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Capítulo 12 Cámaras #2

—Fiel, inteligente, astuto, observador, con carácter, no quiero un bobo, quizás, que sea gracioso, me gustaría un payaso. —Me carcajeo—. Ah, y si no es mucho pedir, que sea bueno en el sexo, no es demasiado lo que pido.

Bromeo y Genna se carcajea.

—Cada día son más graciosos con lo que ponen de ti. —Bajamos en el buffet—. Ensalada con pollo y queso, ¿verdad?

Asiento y ella se dirige a pedir mi comida en el comedor mientras me siento en mi lugar, saco mi teléfono y lo observo.

No tengo audio por aquí, pero mientras Bella sale, supongo que, a su almuerzo, él se queda, toma su teléfono y se sienta de frente a la cámara, sonríe divertido, como si supiera que estoy viéndolo o simplemente es siempre así, tan…

—Aquí tienes. —Tomo la ensalada que Genna me trajo—. ¿Sigo leyendo? —Asiento mientras sigo viendo la cámara—. Muchos se preguntan si la señorita Queen es solo una despiadada mujer o tiene un corazón que oculta por alguna razón, algún exnovio…

Me desconcentro cuando lo veo mirar su teléfono y luego la cámara, la cual pierdo completamente la transmisión. Toco la pantalla de mi teléfono pasando a las siguientes cámaras que están también sin señal.

¿Qué diablos sucedió?

—Y entonces…

—Tengo que irme, Genna.

Me levanto.

—¿Pasó algo?

Sacudo mi mano y camino tratando de ocultar cómo me siento con lo que acaba de pasar.

No entiendo qué está pasando, bajo al área de empaquetado para ver qué mierda fue lo que hizo que todas mis cámaras dejaron de funcionar. Para mi sorpresa el área está vacía, no está tampoco Duarte y estoy segura de que de pasada no lo vi en el buffet.

Reviso las otras cámaras y noto que todas las del nivel uno no funcionan en ningún piso.

Subo a mi oficina bastante cabreada, voy a llamar al técnico que me explique esta porquería. ¡Ahora no sé a dónde carajos se fue este idiota!

Los pisos están bastante vacíos, ya que en el almuerzo la mayoría elige descansar, ir al buffet o ir a almorzar afuera. Las puertas del ascensor se abren y camino directo a mi oficina. Con un humor de la mierda, abro la puerta molesta.

—¡Tranquila, Queen! Vas a descomponer tu puerta.

Frunzo el ceño al verlo sentado en mi silla del escritorio.

—¿Qué diablos haces aquí? Sal de mi silla, por favor.

Sonríe y balancea mi silla giratoria hacia un lado y otro.

—Digamos que es muy deficiente tu seguridad, para ser la dueña de una empresa de seguridad, muy fácil violar el sistema.

Frunzo el ceño.

—¿De qué hablas?

Se encoge de hombros.

—Sentía que las cámaras me seguían, lo cual es raro porque si no estoy mal informado, ese modelo de cámaras de Industrias Queen solo tiene movimiento manual y, como ya hice doble producción este día, me aburrí.

—Sonríe con arrogancia—. Solo pensé, si quieren verme, que sea frente a frente.

Debes trabajar en las cámaras del nivel uno, son muy deficientes.

—¿Tú las apagaste? ¿Qué has hecho?

Se levanta de mi asiento caminando hacia mí.

—Nada que no pueda hacer cualquier idiota que sepa usar el navegador de internet y tenga acceso a un teléfono celular.

—Frunzo el ceño—. Las apagué con mi teléfono, descargué una aplicación por internet, que incluso hasta vídeo explicativo tenía, así que, imagina lo fácil que es, hay mucha información en internet hoy en día.

Lo observo parado frente a mí, con sus aires de satisfacción.

—Eso fue…

—Solo intento que veas por qué queremos el nuevo sistema de seguridad con IA, es el futuro, sin empleados flojos que no vigilan las cámaras, sin errores, con el escáner que ustedes manejan, sería algo increíble y también debes ser menos confiada, nunca sabes cuándo tienes a un infiltrado entre tu personal.

—Toca su teléfono—. Solo interferí la señal si te interesa saber, así las apagué.

—Te gusta jugar en vez de trabajar, ya veo.

Rueda los ojos.

—¿Qué esperas que haga? Tú quieres humillarme, eso es lo que sucede, por eso me tienes trabajando empaquetando, desperdiciando mi tiempo y seguro no aceptarás dirigir el proyecto. ¿Me equivoco?

La forma en que está parado frente a mí, enfrentándome sin miedo, sin una pizca de consideración. Inaudito.

—Sí, te equivocas, el proyecto ya está aceptado, solo una semana de trabajo y listo. ¿Te da pena trabajar? No pensé que eras de los niños ricos que no se ensuciaba las manos.

Me mofo de él.

—Y sigues suponiendo de mí. —Suspira y se acerca un poco más —. No tienes idea, de nada. Esa energía que gastas en fastidiarme la podríamos aprovechar de otra forma, pero creo que es demasiado para ti, Reinita —susurra al pasar por mi lado—. La veo luego, señorita Queen.

Sale de mi oficina como si nada. ¿Lo sabe o solo es una simple casualidad que use el mismo apodo?

Maldito arrogante.

Violó mi sistema de seguridad como si fuera de kinder, se burló de eso y luego me dice que es demasiado para mí.

Voy a mi escritorio y me siento a tratar de ganar algo de calma, no sé qué diablos me hace este arrogante que no puedo controlarme.

Abro mi laptop y me quedo sorprendida al ver una carta de póker, la reina de diamantes. La tomo y miro hacia la puerta por donde se marchó hace un momento. ¿Él la dejó aquí? Claramente, no puede ser nadie más.

Volteo la carta y tiene escrito con bolígrafo de color:

«Te veo en el estacionamiento al final del día, si no le tienes miedo a jugar».