Capítulo 12 Cámaras
Cassie Queen
—Te he enviado todo, los balances y los contratos que firmé, ya sabes, no son demasiados, pero…
—No digas tonterías, Joe. Más viejo, peor te pones, poco o mucho te encargas de lo necesario para sustentar a tu familia.
Sonríe a través de la videollamada.
—Es que llevarte el ritmo es complicado, Cass.
Mi hermano mayor es el único con el que trabajo asuntos de Industrias Queen.
Él vive en Argentina con su esposa y allí hay una pequeña sede de Industrias Queen, no cuenta con fábricas ni nada de eso, es una sede donde pueden hacer negocios, el resto todo viene a la central.
Me pareció mejor así, mi hermano no tiene ganas de lidiar con la exposición que ser CEO le implicaría y yo no confío en nadie para manejar una sede donde hagan fabricación, por lo que todo se hace en Seattle y se exporta a donde sea solicitado.
—No se trata de llevarme el ritmo, solo debes hacer lo que puedas y ya, para eso estoy yo, encargándome de todo lo demás, si no tú serías el CEO y no yo.
Niega y se carcajea.
—No sé cómo lo haces, Cass, sí sé cómo, no tienes una familia, aun así, no me gusta lo solitaria que eres.
Ruedo los ojos y resoplo.
—Joe, no eres mi papá, sé que soy la menor, que para ti soy una niña.
No es así y si no tengo una familia es porque no quiero, no porque Industrias Queen me consuma, al contrario, me da vida, es lo que ustedes nunca entendieron.
Nací para esto, amo esto que soy y que llevo construyendo años, Industrias Queen es mi familia.
Puedo ver en la cara de Joe que no comparte mi pensamiento.
No puedo pedirle que me entienda, está casado hace como veinte años, tiene tres hermosos hijos, un matrimonio envidiable.
Él y Catalina, mi cuñada, se aman tanto como lo hacían mis padres.
Por supuesto que no necesita esto para sentirse realizado, ya que su realización va por otro lado.
—Y nosotros, Cass.
Asiento sonriendo con diversión.
—Por supuesto, Joe, ustedes, mis sobrinos, mis cuñados y mi única cuñada son mi familia, luego Industrias Queen.
Se carcajea.
—¡Tía Cass!
El grito de Charlotte llega a mí.
—Char, no grites así, estoy hablando cosas de trabajo con la tía.
Joe regaña a su niña.
—Pero yo quiero hablar con la tía Cass, ella es mi tía.
Charlotte intenta tomar posesión de la pantalla.
—Char, muñeca, espera un momento, papi está trabajando, cuando termine si la tía Cass no tiene nada que hacer, tú le hablas, pero…
—¡Yo quiero hablarle! —Charlotte Queen es una niña muy determinada y caprichosa, quizás—. Quiero contarle que mis compañeros de la escuela ya están pensando en que yo les venda una cámara para su cuarto y su computador.
Me quiero reír. Ella tiene diez años y ya hace negocios. ¡Ay, mi Charlie! Esa niña tiene futuro.
—¿Tía, puedes mandarme ocho cámaras de seguridad para venderlas en la escuela?
—Charlotte, eso no se hace, tú eres una niña y no puedes vender cosas así como así, podrían sancionarte en la escuela.
Joe la regaña.
—Pero, papi, yo quiero comprarme un teléfono nuevo, tú dijiste que no era necesario, entonces no quiero gastar tu dinero, ganaré el mío. ¿Cómo podría eso estar mal, papi?
No encuentro fallas en su lógica. Independiente, desde tan corta edad, eso es digno.
—No, no harás eso, Char. Princesa, por favor, no hagas esas cosas. Cuando sea tu cumpleaños puedes pedir un teléfono nuevo…
—Papi.
Mi hermano niega y ella le hace un puchero.
—Char…
Ella sigue intentando convencerlo.
—Yo te regalo un teléfono nuevo, Charlotte, descuida, mi reina, la tía Cassie te ayudará, pero no puedes vender cosas en la escuela, pueden demandarnos. Espera a cumplir los dieciséis y ya podrás venir aquí, que yo te daré trabajo en la empresa.
Joe abre los ojos con regaño.
—Eres la mejor, tía Cass.
Me lanza un beso y se marcha.
—¡Cassie! —le sonrío a mi hermano—. No intentes convencerme con tu sonrisa privilegiada.
Me carcajeo.
—Anda, Joe, mira esa hija que tienes, es superlista, terca como tú y con la chispa de Catalina. Ella llegará muy lejos con el carácter de su madre.
Suspira.
—Tú no te llevarás a mi hija de dieciséis años a Seattle para volverla como tú.
Le hago burla.
—En seis años veremos, o en ocho, cuando Charlotte sea mayor, si ella quiere ser una Queen con todas las letras, vendrá a aprender de la mejor.
Joe niega serio.
—Mejor hablemos de otra cosa, yo tengo que llevar a los niños a la escuela. Hablamos luego, Cass, te quiero y prometo que apenas pueda haré el viaje para allá, así te ayudo, me siento mal al no hacer más.
Sacudo la mano restándole importancia.
—Deja la tontería, Joe, ven a verme con los niños, con Cati. No vengas a trabajar, eso lo hago yo sola sin ayuda, no soy tan idiota, envíale saludos a todos y ve a ser un buen padre, los amo.
—También te amamos, Cass, cuídate y espero que nos veamos pronto. Ah, por cierto, ¿te habló ese familiar de Catita, que quería hacer negocios contigo?
Sonrío de lado.
—Estoy en eso, descuida. Adiós, Joe.
Corto la llamada antes de que pregunte más. Sigo en la evaluación de mi nuevo objetivo a analizar. Lleva dos días trabajando en el área de empaquetado y aún no le he descubierto errores, ya los tendrá, no tardará en follarse a la niña esa nueva. Yo conozco a los hombres y…
Él no será la excepción, lo puedo asegurar.
No he ido al casino, prefiero guardar algo de discreción, al igual que no estoy encontrándome con él en la empresa. La otra noche, en el estacionamiento de la empresa, cuando hablamos, sentí… fue como si él supiera de mí y se mofara de eso.
Suspiro regañándome por estar pensando en esto, como si me importara, como si yo deseara jugar con él.
Justamente lo que quiero es eso.
El problema aquí es que, por más fuertes que sean mis ganas de follármelo y usarlo a mi antojo, no lo puedo hacer. No volveré a ser yo la que pida algo de él, no le daré el gusto.
Prefiero follarme a otro que proponer un nuevo encuentro.
Este asunto está zanjado. ¡Basta de perder tiempo en esto!
◆◆◆
Vamos, no es posible que esté todo el tiempo en su maldito lugar de trabajo.
Como se debe.
Me esforcé en buscarle a la muchacha: rostro angelical, sonrisa encantadora, es linda y no solo de rostro, tiene buen cuerpo, es habladora. Y él solo trabaja, hasta se pone los audífonos antiruido. No despego la vista de mi laptop, él se mueve y hago que la cámara se mueva con él.
—Gregor, ¿cómo crees que me quedó este? ¡Ay, es que no siento que me queden bien!
Ahí va de nuevo ella, hablándole toda coqueta.
—A ver. —Se acerca a ella, mira el producto empaquetado—. Le aplicas mal el calor, es eso.
Se lo devuelve y no habla nada más.
Hum… ¿Qué pasa contigo, Duarte?
Lo veo buscar más envoltorios para su máquina, terminó una bolsa entera de lo que lleva su turno, eso es la producción completa de un turno entero. Apenas estamos a media mañana.
Se voltea a ver la cámara y se la queda viendo, mira a su alrededor a cada una de las cámaras que hay. ¿Qué hace? Sigue en su tarea y solo se levanta a hacer una cosa y otra, volteando a ver no sé qué cosa.
Comienzo a aburrirme de la poca interacción que tienen. Él tiene que fallar, si no…
¿Qué excusa tendré para mandarlo al diablo?
—Permiso. ¿Tiene las firmas que le pedí, señorita Queen?
Genna entra de repente y recuerdo que tenía que hacer trabajo.
No hice nada por estar pegada a la laptop viendo a este arrogante trabajar y ya.
—Yo… firmaré ahora, lo siento, estuve haciendo unas cosas, es que…
Saco todos los documentos que ella me dejó esta mañana apenas llegué.
Busco un bolígrafo para firmarlos.
—¿Por «cosas» te refieres a ver a Duarte por las cámaras del nivel uno?
Frunzo el ceño.
—Lo siento, fue entrometido de mi parte, es que ayer en el almuerzo te vi con tu teléfono viendo las cámaras y llevas horas mirando la laptop haciendo caras. No notaste que yo entré dos veces, porque estabas muy metida en eso, supuse que estás vigilando qué hace y…
—Mejor no digas más, Müller, no está bien que mires mi teléfono y debes golpear antes de entrar.
La observo y no dice nada, tampoco hace caras.
Sigo firmando, pasando las hojas que ya revisó Genna.
—Lo siento, solo… olvídalo, tu vida privada es privada, yo no tengo que entrometerme, pero pienso que no puedes dejar que te afecte que él se folle a la chica nueva, tú lo estás poniendo ahí para que lo haga, así que… si no quieres que coma desperdicios, ofrécele comida real.
Arqueo una ceja y le extiendo los folders con los documentos ya firmados.
—¿A qué te refieres? No sé de qué estás hablando.
Suspira y sacude su mano tomando las carpetas.
—Nada, solo… recuerda autorizar los avances que hicieron para el nuevo sistema con IA, no lo harán si tú no le das el visto bueno.
Asiento y se marcha.
No estoy distraída, esto es parte del trabajo también. El proyecto de Duabella nos favorecería mucho a nivel comercial y más con un sistema que todo el mundo tiene curiosidad, pero mucho miedo de probar.
Ya basta de distracciones.
¿Qué está haciendo?
Abro mi laptop y sigo mirando lo que hace, va al baño algunas veces, habla muy poco con la chica. ¿Qué diablos está esperando?
Mi reloj suena porque debo bajar a almorzar algo. Alimentarse es saludable para el cerebro. Cierro mi laptop y tomo mi teléfono donde tengo acceso a las cámaras de nivel uno. Cámaras simples que uso para las oficinas de los empleados, como también área de producción, empaquetado, refinado y demás.
Al salir de la oficina, Genna ya está esperándome. Durante el almuerzo, ella siempre me lee todo lo que se ha dicho de mí o de Industrias Queen en el día anterior.
—Todos se preguntan si es realmente una pobre mujer o solo una devora hombres.
—Me volteo a verla y ella lee en su tableta mientras subimos al ascensor—.
Se han registrado, en solo un año, cuatro noviazgos cortos de la señorita Queen, que comienza a acercarse a ser señora, perdiendo sus mejores años para ser madre, saltando de hombre en hombre sin encontrar el ideal.
¿Existe el hombre ideal para Cassie Queen?
Lanzó una risa sarcástica.