Capítulo 11 Un día de trabajo y una jefa maldita
Gregor Bruno Duarte
La mujer más jodida que conocí en mi vida.
Cassie Queen, la maldita Cassandra.
No existen dudas, es ella y no sé cómo no me di cuenta antes, ¡era tan evidente!
La forma en que apoya los codos sobre la mesa, que mira sus cartas como si nada existiera a su alrededor, esa falta de expresión en su rostro me hizo viajar a La Reina de Hielo. Cuando la vi en su oficina pensé: ¿Cómo dos personas pueden hacerme sentir la misma sensación?
Porque no son dos y hoy, con sus comentarios, me lo confirmó.
Su frase que resonó todo el día en mi cabeza. «No tienes lo que se necesita».
Puedo dejar pasar todas las señales y solo pensar que se parecen, pero oír de sus labios esa frase se sintió como un déjà vu. Me lo dijo en la oficina, me lo dijo aquí.
¡Ay, no puede ser! Me cogí a la dueña de Industrias Queen, eso sí es empezar una relación laboral de la mejor manera.
Noten mi sarcasmo, no solo me está dando dolores de cabeza con el proyecto, me los da con Randall. Me los da a mí porque no dejo de pensar que la quiero probar sin maldita restricción, así, sin pensarlo. Saciarme de esa asquerosa personalidad llena de poder, tan imponente y mañosa.
Cómo me hace enojar esa rubia mañosa. ¡Me cago en todo!
Miro mi mano y niego en un suspiro.
¡Por favor, idiota, un poco de cordura! Esa mujer me está haciendo la vida a cuadritos.
No sé qué mierda me está pasando, intento pensar claro, ella es una perra, es mala, de verdad es una mujer muy molesta, desagradable, soy muy consciente de eso.
Aun así, me atrae de una manera inevitable, como inconsciente, es…
Ella me calienta y no me conformo con lo que tuve, mi ambición quiere más, mucho más.
Quiero irme de Seattle harto de cogérmela, la quiero arrodillada frente a mí, la quiero cediendo al placer, yo quiero doblegar a esa perra maliciosa.
Quiero a mis jodidos pies a la Reina de Hielo, a Cassie Queen, a ambas. ¿Ella sabe quién soy?
Trato de ir hacia atrás, pensar en cada uno de sus comentarios, de sus actos.
¡La puta madre!
La mordida. Obvio que sabe quién soy, ella solo está jugando conmigo, por eso no acepta el proyecto y probablemente no lo acepte.
¡Carajos!
Una mujer de negocios, calculadora, por supuesto que ella idiota no es y le vale una mierda lo que a mí podría afectarme que ella no acepte el proyecto.
¿Cómo es posible odiar y desear a alguien a la vez?
De verdad ella me saca de las casillas, todos mis problemas giran alrededor de dos mujeres, que resultan ser la misma.
Voy a salir del reservado porque solo quiero irme a descansar, pensar, lo que sea que aleje un poco mis pensamientos de esa mujer.
Abro la puerta del reservado y me sorprendo al encontrarme con Randall.
—Gregor, ¿cómo estás?
Me muerdo la lengua. Me tiene los huevos por el piso, molestándome cada día.
¡Paz, Dios! Quiero paz.
—Lo mejor que puedo, a punto de marcharme. ¿Qué se te ofrece?
Sonríe, esa sonrisa que dice: «esto será como una patada en el culo».
—Estoy algo ansioso, pensé que eras más ágil y ya llevas aquí bastante, no has conseguido nada. Mi paciencia se agota, no quiero empezar a hacer cosas para joderte la vida.
Aprieto la mandíbula.
—Sí, tengo algo, pero solo dime: «¿Para qué quieres saber lo que me pediste?».
Está insistente con esto.
—Es un reto, si descubro quién es, ella me pagará.
Toda esta mierda por un poco de dinero.
—¿Tienes para anotar?
Al diablo, yo quiero que me dejen en paz. Necesito un problema menos sobre mí, concentrarme en Duabella y…
—Sí, tengo. ¿En serio lo descubriste o estás jugando conmigo?
Ruedo los ojos y tomo el anotador que me extiende junto al bolígrafo.
—¿Parezco de los que bromean? Vamos, Randall, me dejarás en paz, por siempre. ¿Entendido?
Frunce el ceño.
—Si me das lo que quiero, hasta te dejo armarte tus propios grupos de juego, me da jodidamente igual, Gregor.
Escribo su nombre en el anotador. Cassie Queen.
—Aquí tienes, ya está, no me llames, no me molestes, no quiero saber de ustedes. Si vengo aquí no me conoces. ¿Es mucho pedir?
Se queda viendo el papel y me mira.
—¿Esto es en serio?
Arqueo una ceja.
—Sí, era lo que querías, es ella.
Quiero marcharme y me toma del brazo.
—¿Y cómo le gano?
Chasqueo la lengua.
—No se puede, ella juega bien, talento innato, suerte, no sé cómo quieran llamarle.
Es una maldita experta en el póker, no mira ni siquiera a sus contrincantes, quizás solo se trate de un don, no le encuentro otra explicación.
En serio, no hay forma de ganarle, no al menos que yo pueda descubrir.
—Me suelta—. Ya cumplí, Randall. ¿Conforme?
Asiente enmudecido.
—Eres bueno cuando tienes un objetivo.
Resoplo.
—Vete a la mierda y no me jodas más.
Salgo del lugar. Al fin, Randall: listo.
Solo me queda el proyecto y la supuesta prueba que la señorita Queen quiere para mí.
¡Por favor! La Reina de Hielo.
Es un buen nombre.
¿Qué voy a hacer con ella? Necesito ponerme objetivos, si no, la voy a cagar.
Y por ella no lo pienso hacer.
◆◆◆
—¿En serio te dijo que, si trabajas una semana para ella, aceptará?
Me encojo de hombros.
—Si trabajo una semana para ella sin fracasar, aceptará la propuesta.
El gesto que muestra Ty me hace ver que no está muy convencido con esto.
Eso se debe a que él no contaba con que la señorita Queen está jugando conmigo.
Esto no es siquiera parte del negocio, ella cree que soy un idiota que nunca me daría cuenta de quién es.
Así que me usa de mascota. Tan mala que me provoca muchas ganas de…
¡Un poco de calma! ¿Es mucho pedir, querido cerebro? ¿Dejar de imaginar cosas con esa mujer?
Parece que sí, porque no dejo de pensar en eso.
—No la cagues, trabajamos mucho por esto. Yo estaré revisando algunos planos con la secretaria de la señorita Queen, ella me llamó y me dijo que si podía pasarme mañana a revisar eso con ella.
Él cree que de verdad la chica quiere eso. Yo que no dejo de pensar en coger y a él que ni se le cruza por la cabeza. Por eso me agrada Ty, me da ese momento de paz que necesito, esa calma ante lo eufórico que puedo ser.
—Muy bien, eso es bueno, quiere decir que hay muchas probabilidades de que acepten el proyecto.
No estoy seguro de eso. Ty trabajó mucho en esto, al igual que yo, sí le pusimos todo de nosotros.
Duabella tiene dos sedes centrales y una sola tiene los laboratorios, la que está en Argentina.
Este sería el segundo laboratorio de Duabella, lo haré yo y eso es importante, es mi oportunidad para tomar un poco de poder en esto, en lo que será mi futuro.
—Suerte entonces, luego me cuentas cómo te va con la señora esa.
Me carcajeo.
—Señorita, Ty, es señorita.
Ella en absoluto tiene algo de señora. Ni el cuerpo, ni el rostro, ni esa boca, nada. Lo vi todo mientras ella estaba en cuatro para mí y todo está en su lugar, perfecta como una reina.
¡Ay, Queen! Me temo que no podré parar hasta conseguir lo que quiero, más sabiendo que ella sabe lo que hago.
Compartimos la misma pasión, podemos también compartir la habitación de un hotel, ¿o no?
Paso por lo que conforma el sistema de seguridad en Industrias Queen y para ese momento la secretaria de la Reinita ya está esperándome.
—Señor Bruno Duarte, la señorita Queen lo espera en el área de producción —informa.
Arqueo una ceja—. Es donde ella quiere que trabaje.
—Camino detrás de ella—. Es una buena forma de saber cómo funciona como líder, es un trabajo muy simple, aunque con fácil distracción, por lo que siempre usamos esta área para comprobar funcionalidad de personal.
La señorita Müller me explica todo muy técnico y formal.
—Entonces, si es tan fácil, ¿para qué me necesita ahí? Vamos, ella solo juega conmigo.
La muchacha solo me mira arqueando una ceja.
—La señorita Queen no tiene tiempo de jugar, por supuesto no entiende cómo funciona esto, por eso no es el CEO de Industrias Queen y la señorita sí.
De acuerdo, ella respeta y cuida a su jefa.
Buen punto.
—Ha de ser así.
Llegamos a una parte que es muy ruidosa.
—Aquí es, las máquinas se escuchan por fuera, mas no por dentro.
Abre la puerta y al entrar, efectivamente, no se escucha tanto, es cierto.
Apenas levanto mi vista, la veo siendo la jefa, habla con el que parece encargado del área, le da órdenes. Seria, inexpresiva, desde acá huelo su altanería y seguridad.
Se voltea solo un segundo, arquea sus cejas al verme y sigue en lo suyo.
—Tendremos que esperar, hasta que la señorita se desocupe.
Tan jefa que se da el lujo de hacerme esperar. Apenas la conozco y ella me ha hecho cosas que nunca jamás me habían hecho. Todas son malas. Por ahora, por ahora.
Esperamos unos minutos y solo miro el lugar, algo inquieto, lo está haciendo a propósito, lo sé. Yo haría lo mismo, esa es la cuestión.
Su secretaria solo mira una tableta, seguro hace trabajo. De repente, una chica joven y bonita se acerca a la señorita Queen. La observo como a cualquier mujer, no está nada mal.
Recién en ese momento ella deja a sus trabajadores, camina junto a la chica a la cual viene hablándole.
—Buenos días, Trevor. —No, si ella me busca a cada instante—. Es Gregor, ¿no? Qué difícil es recordar tu nombre, lo siento.
—No se preocupe, señorita Cassandra Queen.
Levanta ambas cejas e ignora lo que digo.
—Ella es Bella, nuestra nueva empaquetadora, como estarás esta semana en esta área, me pareció conveniente que aprendan juntos, ya que serán compañeros en el último turno y es importante que hagan esto bien.
—Se voltea a señalar las máquinas—. El proceso de empaquetado es simple, daremos un paseo por las áreas para que sepan cómo se hace.
Luego, harán algunos con mi supervisión y cuando terminemos comenzarán su turno.
El primer día siempre es agotador y largo, pero lleno de aprendizaje.
Su mirada relajada y soberbia me escruta.
—Además del honor que la señorita Queen en persona les enseñe, ella es una jefa que se cerciora de que cada uno de sus empleados aprenda de primera mano, eso evita los errores.
Su asistente parece su lorito hablante. Qué mejor que tener de asistente a alguien fiel.
Ella todo lo hace bien. ¡Genial!
—¿Entonces, seré empaquetador?
Miro mi ropa y, claramente, con un traje no podré ser empaquetador, arruinaría el apresto.
—Así es, joven Duarte, será empaquetador por una semana, con una excelente colega que le hará compañía.
Comienza a caminar hacia las máquinas.
—Hola, soy Bella. Será un gusto ser tu compañera y…
Sigo a la Reinita.
—¿Entonces ahora solo debemos seguirte y ver las máquinas?
Mi pregunta sale a modo de reclamo.
—Puntos para Trevor, por ser tan listo y descubrir que nunca deben dejar de seguirme.
Ruedo los ojos.
—Yo creo que te seguiré a ti, parece que sabes cómo funciona esto.
Miro a la mujer y arqueo una ceja. No necesito un perrito faldero que me haga cometer errores para que la señorita Queen me los remarque. ¡Dios mío!
Damos miles de vueltas, observo las máquinas teniendo que soportar a la parlanchina que tendré de compañera. Es cierto; el empaquetado es simple, no es la gran ciencia, yo creo que puedo hacerlo.
—Tienen que anotar el número de productos empaquetados por día, la máquina en la que se pongan les avisará el cómputo de productos que lanzó, desde que empezaron hasta que salieron.
Con sus tacones, su traje formal, se sienta con clase sobre la empaquetadora.
—Aprietan. —El producto sale—. Toman el empaque, lo meten en la matriz de doblado. —Lo hace rápido y perfecto—. Le dan calor y fin.
Me lanza el producto empaquetado a la perfección.
—Al menos hagan el mínimo que lo podrán ver en el cuaderno de registros. —Camina a la salida—. Empieza su turno y dura mucho, serán los últimos en irse y tiene un descanso en medio.
Sale del lugar y solo me deja ahí. Ella no es nada ordinaria.
—Qué nervios, no sé si me saldrán.
Ignoro a la castaña y me quito el saco para arremangar mi camisa y ponerme en lo que debo hacer.
Porque seré quien más empaque y mejor que cualquiera. Prendo la máquina y me molesta que la tal Bella esa siga intentando entender la máquina.
—¿Así? No, tampoco.
Me levanto de mi lugar fastidiado y camino hasta ella.
—Así se enciende. ¿No has prestado atención?
Reclamo y se ríe jocosa.
—Un poco, es que tú estabas delante de mí y me distraía.
Lo que me faltaba, está linda y todo, solo que en estos momentos no estoy para pensar en sexo.
—El botón, el empaque, el calor.
Le indico las tres cosas.
—Gracias, eres muy amable.
Ruedo los ojos y vuelvo a mi lugar. Hay unos audífonos colgados y optó por ponérmelos. No sé siquiera cuánto pasa, solo dejo de empaquetar cuando la chica que está conmigo se me para al lado. Me quito los audífonos y la miro.
—¿Sucede algo?
Abro mis ojos mostrándole que no estoy a gusto con su interrupción.
—Sí, hay que tomar un descanso, deberíamos ir por algo de comer, muero de hambre.
Me mira con su sonrisa coqueta y su postura que de seguro debe poner a todos deseosos de follarle las tetas enormes que tiene.
Paso, la verdad, tengo un humor de mierda como para hacer algo de eso. Además, tengo una rubia a la cual hoy tengo ganas de cogerme.
—Tomaré el descanso.
Paso de ella saliendo del lugar. Sigo los carteles hasta donde dice buffet y solo tomo un café de máquina.
Ahí, en pleno buffet, está ella, sentada en una esquina con su asistente parada a su lado, hablándole mientras bebe solo café.
Le gusta tener el control, ella siente que tiene el control. La ignoro, y después de mi descanso, vuelvo al trabajo, ella no me va a ganar.
Termino la jornada y la chica que está conmigo no deja de intentar entablar conversación.
Salgo del área, huyendo prácticamente de la intensidad de la chica.
La empresa está completamente vacía, al menos a la vista no se ve a nadie.
Busco el estacionamiento subterráneo y bajo por el ascensor.
Silencio y solo dos autos hay en él, el mío y otro deportivo de color negro intenso.
El repiqueteo de unos tacones me hace voltear.
Únicamente ella puede caminar generando un sonido tan perfecto.
—¿Sigues aquí, Trevor?
Su tono burlón me hace sonreír. Ponerle rostro a la Reina de Hielo es genial.
—De salida, Cassandra. —Un suave resoplido sale de sus labios—. ¿Vas a jugar? ¿O solo te irás a tu enorme mansión a pensar cómo seguir molestándome?
Se carcajea de forma sistemática y fingida.
—Yo no juego, nunca juego. ¿Tú irás a llorar porque te hice trabajar?
Inclino mi cabeza a un lado. Doy pasos certeros hacia ella y no se mueve, su mirada sigue en alto, incluso cuando me tiene frente a ella.
—No, me iré por ahí a buscar alguna afortunada que no muerda, lo siento, eso es personal, no debería decirlo.
No se inmuta. Ella es increíble.
—Suerte con eso, N… Trevor.
Ella iba a decirme Novato. ¡Ay, Cassie! Siempre existe una falla en el sistema y la de ella fue repetirme siempre lo mismo.
Ella debe sospechar que lo sé y sigue jugando, le encanta jugar igual que a mí o simplemente yo estoy obsesionado con tener un juego.
Y este juego quiero empezarlo como se debe.
—Suerte también, Queen.
Camino a mi auto y al subir la observo a lo lejos marcharse.