Adictos a lo prohibido Capítulo 7 Dos objetivos, una ciudad
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Capítulo 7 Dos objetivos, una ciudad

Gregor Bruno Duarte

Dios mío, maldita rubia loca y totalmente mi tipo.

—¿Cómo te fue?

Ty se acerca a mí, todo preocupado.

Camino directo al ascensor y él me sigue.

—Ya empiezas a actuar como el CEO idiota y yo corriendo atrás de ti, como si fuera tu asistente, vamos, Greg.

Nos metemos al ascensor y marco para ir a la planta baja y salir de este lugar.

Deben tener cámaras de seguridad en todo el lugar. No hablaré nada aquí, esa mujer podría escucharlo. La verdad es que de ella nada me sorprendería, necesito saber más. ¿Quién es Cassie Queen? La ahora señorita Cassandra, para mí.

—Dijo que va a pensarlo y me llamará, lo cual sospecho nunca pasará, es una mujer complicada.

Me encojo de hombros.

—¿Eso es todo? Pensé que usarías una táctica de señoras o algo así.

Arqueo las cejas.

—¿En serio le vas a decir señora al bomboncito ese? Vamos, Ty, te lo pido, por favor, no seas tarado.

Rueda los ojos. Bajamos al primer piso y nos dirigimos a la salida.

—Greg, se ve mayor, formal, seria. No me parece un bombón para nada.

Suspiro ante su falta de observación con las mujeres.

—A eso se le llama una visión simple, yo veo más allá.

Está confundido.

Él vio a Cassie Queen; dueña y señora de Industrias Queen, y solo vio una simple mujer que pasa los treinta y se acerca más a los cuarenta, como yo a mis treinta.

—Te comprendo, con esos trajes tan formales y su cabello de forma simple y elegante, que la hace ver como una mujer de negocios, puede que no te parezca atractiva.

Soy más observador, su cuello es estilizado, su rostro refinado, sus ojos de un azulado entre celeste y verde muy atractivo, una mirada audaz y de perra, me gustan mucho las perras.

¡Puta madre! Esa mujer con un vestido escotado, ese semblante y ese cabello suelto con ondas, perfecta, y por supuesto maquillada con los productos de Duabella —suspiro—. Una joya, eso es, y una hija de puta.

Chasqueo la lengua.

—Eso fue raro, Greg, si no te conociera diría que le echaste el ojo a la señora.

Me carcajeo.

—Señorita, no hay argolla, es soltera.

Ty se empieza a reír.

—¡Jódeme! No me digas que te vas a chamuyar a esta mujer para que acepte el trato.

Abro mis ojos como plato y niego.

—Ty, por favor, deja de decir tonterías. —Detengo un taxi—. Eso sería un error garrafal. Que ella me haya llamado la atención no quiere decir que haga algo al respecto y los negocios los solucionaré orgánicamente.

Le dicto la dirección del hotel al chófer.

—Pero te la vas a tirar, te conozco.

Me carcajeo.

—No, esa mujer es imposible y es de verdad una maldita, hasta me cambió el nombre. —Resoplo—. Una parte de mí dice que rechace el proyecto porque soportarla será un suplicio y otra me dice que no puedo permitirme fracasar por ella.

Ty solo me mira sin saber cómo aconsejarme.

—Yo la veo y para mí es un monstruo aterrador, ¿qué te puedo decir?

Le doy un golpe en la nuca y se empieza a reír.

—Sí, es un monstruo… —de esos que me encantaría domar con mi mano enterrada en su cabello rubio—. Un monstruo que me dará lo que quiero y eso es verla trabajando para nosotros.

Ya que no me la podré coger, al menos la veré cediendo ante el proyecto.

Sería lo ideal, verla cediendo ante mí y que esa cara de maldita que tiene sea reemplazada por una de placer, mientras yo le hago lo que quiero. No la voy a cagar así, cuando esto termine… quizás me quito las ganas antes de volver y listo.

Algo, y no sé qué, me hace recordar de nuevo a la Reina de Hielo, esa endemoniada rubia… rubia también. O me hicieron vudú o tengo un imán para el color oro.

◆◆◆

Antes de que me llame, lo hago. Le marco al teléfono de casa, tres tonos y nadie lo toma, seguro no está en la casa.

Espero a que me tome el contestador y dejar un mensaje para que sepa que lo llamé, no quiero que me vuelva a llamar a las tres de la madrugada.

Al quinto tono pienso que ya nadie contestará, me equivoco cuando alguien atiende mi llamada.

—Hola, ¿quién habla?

Reconozco la voz de Ami, mi madrastra. Es complicado porque Ami es mi mamá más que mi madrastra, tengo dos madres, es extraño, lo sé.

—Hola, Ami.

—Greg, cielo, ¿cómo estás? Le pregunté a Abel y solo dijo…

—Está haciendo todo mal.

Completo la frase y se carcajea.

—Ya lo conoces de memoria, Greg, dime, ¿cómo llegaste? ¿El viaje? ¿Ya tienes departamento?

Sonrío, porque ella siempre se preocupa, por todo.

—Todo está bien, hoy nos darán el departamento y el auto. Trabajando, ya sabes, a eso me mandaron.

Chasquea la lengua.

—También debes divertirte, eres joven y no es como que tu padre vaya a saber lo que haces, solo… compórtate con las chicas.

Ruedo los ojos.

—Ami, tú no vayas a decir nada, por favor, pensé que eras la que me entendía más.

Se ríe.

—Lo siento, la imparcialidad me funciona poco cuando se trata de mi sobrina... olvida lo que dije, te diré como le digo a las chicas: follen mucho, pero usen condón.

Suspiro porque eso no le tiene que decir a las chicas.

—Ami, no puedes decirle eso a mis hermanas. ¿Tú quieres que me encargue de encontrar a todos y cada uno de los que se atrevieron a tocar a una de mis hermanas y los castre uno a uno?

Lanza una carcajada.

—Tú y tu padre son exactamente iguales, ellas son más, no lo olviden, y más las cuiden, más se van a follar a todo el que pase, y se van a tener que aguantar, ya no son unas niñas.

Mis hermanas, un día nos matarán.

—Apenas tienen dieciocho, diecinueve y veinte, Ami, aún son unas niñas.

Se ríe, ella se burla del estrés que me genera pensar que mis hermanas sean tratadas como yo soy cuando cojo con mujeres.

—Dalia tiene veintitrés ya y ella seguro que es la que les enseña a Roma, Grecia y Venecia.

Soy yo quien se comienza a reír. No sé por qué tengo tantas hermanas mujeres, todas son un dolor de cabeza.

—Me rindo, le dejo el estrés a papá, que seguro piensa que son vírgenes todavía.

Ami se mata de risa.

—Si tu padre solo pensara en lo que él me hacía a los veinte… Es un irracional si cree que ellas son vírgenes. ¿Acaso tú, a los dieciséis, no estabas experimentando?

—No hablaremos de eso, a los dieciséis solo quería saber de qué se trataba el sexo. Lo hice bien, porque ahora no tengo hijos, así que solo compra condones, Ami.

Sigue toda divertida riendo.

—Siempre me divierte hablar contigo. ¿Cómo te está yendo con los negocios? —Asiento con un sonido—. No muy bien, me parece.

—Complicado todo en general, las rubias me están volviendo loco, son todas unas…

. Excluyéndote, por supuesto, y a mis hermosas hermanas también a…

—Lanzo una risa ronca—. Olvídalo, simplemente estoy algo jodido, me tocó lidiar con personas complicadas, pero ya me conoces, soy encantador y eso, ¿en qué se traduce, Ami?

Resopla divertida.

—Siempre conquistas lo que sea, ojo con ese ego, a veces no puedes conseguir todo lo que quieres.

Ella aún no me ha visto determinado.

Yo, si quiero, consigo todo lo que deseo.

—Descuida, tengo todo bajo control. Dile al viejo que ya tengo todo encaminado, espero pronto ya tener todo resuelto, que no me llame a las tres de la mañana.

—Sabes que es intenso, pero siempre quiere lo mejor para ti, Greg.

Ruedo los ojos aprovechando que no puede verme.

—Sí, seguro. Saluda a todos, estamos en contacto, Ami, no me eches de menos.

Asiente con un sonido.

—No te olvides de llamar a tu mamá, Greg, y sí, te echamos de menos, nunca estuviste tanto tiempo lejos.

Lo sé y pensé que sería raro, pero no es así.

—La llamaré, le envié un mensaje avisando que viajaría, no te preocupes, Ami, te quiero, adiós.

—También te quiero.

Corta la llamada y suspiro. Tengo una enorme familia de parte de papá, cinco hermanos que tuvo con su segunda esposa, Amanda; de esos cinco hermanos, son cuatro mujeres, Roma, Grecia, Venecia, París y un varón, Mirko.

Soy el primogénito y mayor de los seis. Las exigencias están al máximo de parte de mi viejo.

Sin embargo, de parte de mamá solo tengo una hermana; Dalia, de veintitrés años.

Mamá es muy tranquila, ella está en pareja hace como veinticuatro años con Nolan, somos todas familias ensambladas y siempre me sentí muy feliz por eso.

Todos nos llevamos muy bien, somos una enorme familia, la familia de Amanda está ligada a la familia de papá, todo en un enorme enredo complicado.

Tengo mucho que hacer en Seattle y no puedo perder el enfoque de mis objetivos. Lo que sea que ahora esté enmarañando mi mente, debe desaparecer.

Me siento disperso, como si inconscientemente algo me distrajera y no tengo la certeza de si es la Reina de Hielo o la bruja maldita de Cassandra.

Enfoque.

A mí ninguna mujer me mantendrá distraído, ambas solo son el objetivo, solo debo planificar la ejecución.

◆◆◆

—¿Salimos? —Ty cuestiona, mientras está tirado en el sillón del nuevo departamento viendo la televisión.

—Saldré, tú quédate, tengo que hacer… cosas personales.

Rueda los ojos.

—Tirarte a alguien, ya entiendo.

Termino de acomodar mi cabello.

—Solo intento quitarme el estrés, estoy harto de esperar la estúpida llamada de Industrias Queen, ya revisamos el proyecto muchas veces, Ty, no hay nada más que hacer.

Tengo asuntos en Seattle, aparte de lidiar con esa mujer quisquillosa y sí, quizás sea tirarme a unas cuantas para que se me quite el mal humor.

Voy a mi maleta y tomo el antifaz negro que guardo en mi chaqueta.

—Sí, mejor vete, contagias el mal genio.

Ruedo los ojos.

Ty es raro, prefiere quedarse viendo televisión o leyendo que salir de fiesta a veces. No lo juzgo, es su forma de vivir, lejos de los vicios. Yo disfruto demasiado todo lo que implique riesgos y adrenalina.

Salgo del departamento que ya recibimos, nos acomodamos fácilmente, pensé que extrañaría mi casa, mis cosas, la ciudad. Nada, me siento bien.

Mi teléfono suena cuando estoy subiendo al auto y veo un mensaje de Neru.

Neru: No puedo dormir, me hace falta sexo.

Leo su mensaje y trato de entender qué debería decirle. Es complicado entender a Neru a veces. Ella es algo demandante en todos los sentidos, no es que me queje, nos la pasamos bien, solo que cumplir con todo lo que ella exige, sale de mis posibilidades, como en estos momentos.

Yo: ¿No hubo suerte en la cacería? Yo estoy saliendo justo ahora.

Neru: No tenía ganas de salir, la verdad es que, para sexo mediocre, me masturbo. Pensé en sexo, en mediocre, luego masturbarme, y te me viniste a la cabeza.

Sonrío ante el descaro de Neru, ella es avasallante como para que los hombres no se intimiden con ella, con su belleza, su carácter.

Es una mujer completamente arrolladora, no le importa quién esté frente a ella, lo atropellará con su aura.

Conmigo lo hace, porque nunca me atrevo a contradecirle mucho.

A veces, cuando conoces a alguien desde hace tanto tiempo, el cariño que se forma es muy especial, no puedes permitirte dañarlo, porque ya es parte hasta de tu familia.

Yo: ¿Por lo mediocre?

Observo la hora, allá son las dos de la madrugada.

Neru: Tonto, al contrario, tú siempre me atiendes muy bien y, ya que me acordé de ti, me tocaré pensando que estás aquí.

Frunzo el ceño, eso me parece un poco personal.

Yo: Usa la imaginación, no seas perezosa, ultrajas mi cuerpo con tu mente, eso no debería estar permitido.

Neru: Aguafiestas, ya vete a coger por ahí con alguna rubia tonta. Te quiero, Greg, cuídate y échame de menos.

Yo: No creo que sean tontas, se me acercan, eso las hace listas, saben cuál es el premio mayor. También cuídate, Neru. Te quiero, perezosa.

Neru: Tan arrogante, si no me agradara eso de ti, ya te lo hubiera cambiado.

Yo: Sigue soñando, ya vete a dormir.

No contesta más, asumo que se durmió. Esta es mi relación con ella, podemos hablar de muchas cosas que ella apruebe, que ella acepte, más no me siento en esa libertad de contarle ciertos asuntos, como que juego al póker.

Siempre encontré una excusa para perderme cuando lo necesitaba, solo que cuando prendía el teléfono, ella ya me había llamado mil veces, me había dicho desconsiderado porque ella quería verme y yo no le atendía.

Es un poco intensa.

Es Neru, ella es así, es una buena mujer, viene de una buena familia, con buenos valores, es incondicional, es bonita, carismática, la mujer que todos quisieran tener.

Aunque siento que no entro en esa categoría.

Me encamino hasta el casino, hoy toca noche de cartas.

Si ella está, no jugaré, no necesito volver a perder dinero, porque el problema no es perder una partida, no es que yo nunca pierda una partida, lo que no pierdo es dinero, siempre gano o mantengo mi caudal.

Juego con la probabilidad forzándola al máximo, esa es mi estrategia.

Juego, me retiro sin perder y vuelvo a jugar cuando el mazo ya se volvió a barajar, aumentando mi racha y la variedad de jugadas, así es como gano, por eso me considero un buen perdedor y mejor ganador aún.

Eso sí, si hablamos de póker de mesa, ahora en Black Jack; es simple, cuento las cartas, así de simple.

La mejor forma de hacer dinero y encima divertida.

Me coloco el antifaz y camino a la puerta trasera por donde se ingresa a esa zona exclusiva.

—Buenas noches.

Le entrego una tarjeta que me dio Randall.

—Señor, pase, por favor.

Ingreso al lugar que tan solo el olor me hace sentir a gusto.

Ya estoy pasado del horario, así que si hay alguna mesa que empezó a jugar, no podré entrar. Camino por el lugar, encuentro algunas mesas donde apenas estaban empezando y decido jugar solo un poco para pasar el tiempo. No la veo.

No es que la esperara.

Pensé que quizás podría verla jugar y descubrir cuál es su estrategia para ganar, así tendría algo menos que hacer.

Me tomo dos vasos de whisky en la barra y algo me hace voltear, sonrío de lado.

La veo sentada en una mesa que está por empezar su jugada, la mesa está llena.

Ella trae un vestido azul, entallado al cuerpo hasta la cintura, sus piernas cruzadas de forma refinada le dan más presencia.

Sus codos se apoyan sobre la mesa en una completa muestra de poder, esa máscara es inconfundible, aunque hoy se ve distinta, se puede apreciar su boca más que la otra vez.

Tal parece que sí la estaba esperando.

Mi cuerpo se siente completamente lleno de adrenalina al verla.

Me levanto para acercarme a la mesa y ella no nota mi presencia, no hasta que hablo. Noto cómo un leve movimiento de su hombro se genera y juro que pude ver la piel de sus brazos estremecerse al oírme.

¡La puta madre!

Eso es una provocación del destino o quizás una señal de que así descubriré su identidad.

—Pago por ver.

Aún con la reacción de su cuerpo ella no voltea.

Porque es la señorita témpano, no lo parecía la otra vez cuando gritaba como una puta reina en su reservado.

Eso no va a volver a suceder, ya debo quitarme esos recuerdos de mi mente.

Me acomodo para poder mirar la mesa y a todos los jugadores. Es totalmente inquebrantable, ella no muestra expresión alguna ante mi presencia.

¡Maldita!

No importa. Solo es cuestión de tiempo, Reinita de hielo, yo de aquí me iré y ella va a estar completamente rendida ante mí.