Capítulo 6 Trevor y Cassandra
Cassie Queen
Dos golpes a la puerta y Genna entra, deja unas carpetas en mi mesa, que noto, están ordenadas por color y a su vez orden alfabético, como a mí me gustan.
—Esta es la producción de la semana, separada por área según color. Antes de que lo revises, llegó Bruno Duarte.
Muy bien, el irresponsable está aquí y ahora sí temprano.
—Escóltalo aquí, me haré un breve momento para rechazarlo, con cinco minutos debe ser suficiente.
Genna me mira y sonríe.
—Los compadezco, si ellos no te conocen, no estarán gustosos de conocer a Cassie Queen así.
Levanto ambas cejas.
—Todo acto tiene su consecuencia y faltar a una reunión es una falta grave, la consecuencia será la exigencia.
Sale de la oficina y solo me acomodo en mi sillón, esperando que los representantes de Duabella vengan.
No tarda en volver Genna con los visitantes, son dos, uno es muy alto, rubio oscuro y con un cabello revuelto, me da alergia ver tanto desorden en una persona.
El otro no es tan alto, fornido, cabello castaño, que no llega a ser rubio ni tampoco pelirrojo, barba prolija, observo con detenimiento su ropa, su corbata, su camisa bien anudada y planchada, dos cosas que lo hacen ver en orden, ese debe ser el hijo de Duarte, con un padre como él, su hijo tiene que verse así.
—Buenos días, hoy sí asisten a la reunión.
Ese es mi saludo de bienvenida.
—Señorita Queen, qué gusto poder tener una reunión con usted, ayer hubo percances con mi vuelo y eso me impidió llegar, por lo que mejor no llegar si sería tarde.
Arqueo una ceja.
—Sí, mejor no hubiera venido hoy tampoco, señor Duarte.
Sus ojos color miel se clavan en el azul de los míos con molestia.
Qué lástima, el irresponsable quería que yo fuera amable, hubiera asistido ayer o al menos llamar, pero ni eso, ahí se ve su falta de compromiso. No trabajo directo con los de su tipo, los mando a que alguien más se relacione con ellos y el trabajo que desean se haga.
—Cómo cree, por supuesto íbamos a venir, los negocios no pueden posponerse, por eso estoy aquí para contarle acerca de lo que estamos buscando y ofreciendo, para que sea usted misma quien supervise que todo sea perfectamente ejecutado en la nueva sede de Duabella.
Al haber laboratorios donde se manejan fórmulas secretas de nuestros cosméticos, necesitamos un alto sistema de seguridad, que usted misma sea quien lo revise nos da certezas y eso es en lo que nos basamos en la compañía de mi familia.
¿Así se supone que me convencerá? Me cruzo de brazos y miro mi reloj.
—Además, será una amplia construcción, por lo que usaremos…
—Dos.
—¿Dos? Perdóneme, señorita Queen, no comprendo.
Se ve confuso, por la forma que habla está claro que intenta ser amable, aunque su naturaleza no parece ser esa.
—Uno y 49, 48, 47. —Arquea una ceja más confundido aún—. El tiempo que les queda para explicarme de qué va el proyecto y qué beneficios saco de ellos.
La forma consternada en la que me observa me insta a sonreír.
—¿Está bromeando?
Sigo mirando mi reloj.
—¿Eso es todo lo que tienen para decir?
Observo a ambos, mientras el desaliñado parece perdido sin saber qué decir, el que supongo quiere ser el jefe, está en pañales.
—Hay más, señora Queen, nuestros planos del edificio están diseñados para instalar un sistema de seguridad de tres niveles, que nos permitirá publicitar el próximo sistema de seguridad que anunciaron saldría el año entrante.
El supuesto ingeniero, por lo que dijo Bruno Duarte, intenta convencer.
—Suena a una publicidad mutua, lo sé; sin embargo, nosotros tenemos un gran caudal de grandes clientes y teniendo en cuenta lo abundante de empresas cosméticas que hay en el área…
Interrumpo al niño Duarte.
—Suficiente —Se ven expectantes—, es un buen proyecto, lo haremos, en realidad lo hará uno de mis contratistas, todo muy regulado y con las normativas de Industrias Queen.
Desvío mi vista a las carpetas que me trajo antes Genna y tomo una de ellas.
—Entonces no lo hará usted misma.
Un cosquilleo en mi nuca se instala ante el tono arrogante y firme que implementa. Lo observo dudosa de esa extraña sensación familiar.
—¿Siguen aquí? Lo siento, le diré a mi asistente que los lleve a la salida y les dé una cita con alguno de mis empleados que se encarga de proyectos grandes —comento despreocupada, ya que nada de lo que dijeron llamó realmente mi atención.
Tras que no asiste, no llama y luego viene como si nada hubiera pasado, creo que se equivocó de lugar si piensa que así a mí me convencerá.
Novato.
Desde los diecisiete años que estoy metida en esta empresa, ¿cuántos años tendrá él?
Unos treinta años fácilmente y aún no maneja la empresa, es un incompetente o simplemente no tiene la capacidad, ya que a su edad yo podía convencer al mismísimo diablo de hacer lo que yo quisiera.
Qué lástima, muchacho, así de fácil no son las cosas y ahora entiendo por qué su padre me dijo que no se las haga fácil.
—Queremos que sea usted misma quien se encargue del proyecto, el dinero no es problema.
Dirijo mi vista a él y vuelvo a mirar la carpeta que tomé antes.
—No, gracias. No me interesa, ya han pasado cuatro minutos del tiempo otorgado, un poco más y empezaré a cobrar por mi tiempo.
No escucho la puerta cerrarse, por lo que siguen aquí.
Tercos resultaron.
—Vos andá afuera; de esta mina me encargo yo.
Mis sentidos se agudizan cuando lo escucho hablar un español muy fluido, un español que conozco muy bien de mi cuñada.
Y ese acento yo ya lo escuché, no hace mucho. Los observo y el desaliñado camina a la salida.
—Fue un gusto, señora Queen.
Sale de mi oficina y observo a este extraño espécimen irresponsable frente a mí.
—¿De qué se encargará, Bruno Duarte?
Se acerca con mucho relajo, y se sienta frente a mi escritorio, sin siquiera esperar que lo invite.
Un insolente.
—Debí saber que sí sabe español, lamento eso. Gregor Bruno Duarte, prefiero que me llamen por mi nombre, si no siento que le hablan a mi padre.
Extiende su mano y solo la observo.
—¿Gregor? ¿No les alcanzó para el Gregory o se confundieron y era Trevor?
Arqueo mis cejas y dibujo en mis labios una sonrisa suave y burlona. Si es tan idiota que piensa que quedándose solo podrá convencerme, no sabe con quién se está metiendo.
—Qué graciosa, no sabía que alguien seria como usted se burlara de los nombres de sus futuros clientes.
Me encojo de hombros y comienzo a hojear la carpeta en mi escritorio.
—Soy conocida por mi honestidad y debo confesar francamente que su nombre me parece poco agraciado. La verdad que, quiero decir Gregor, en mi mente y mi instinto de lógica, me lo traduce a Trevor; así que, dígame, Trevor, ¿qué piensa conseguir estando a solas conmigo? Lo siento, ¿era Gregor?
Arqueo una ceja.
Se ríe con fastidio y en sus ojos puedo ver su molestia. Sus ojos se tornan un poco verdosos, juro que puedo ver sus ganas de insultarme en su rostro, pero a la vez la forma ladina en la que sonríe denota un nivel de arrogancia impoluto, puro y completamente genuino, natural.
«Algo que ya vi antes».
—Es Gregor, Cassandra. —Levanto ambas cejas—. Ya que hablaremos de lógica de nombres, Cassie es un nombre que primero suena gentil, es por sabido que eso no le va y, además, es el diminutivo de Cassandra. ¿No les alcanzó a sus padres para ponerle el nombre completo?
Un maldito arrogante.
—Debería ir al cementerio a preguntarles, están uno al lado del otro. Si busca familia Queen en el cementerio de Seattle, no se perderá, Trevor.
Miro mis uñas en una clara señal de que ya me aburrí de interactuar con él.
Pienso que se disculpará, no lo hace, solo guarda silencio, pero cualquier otro se disculparía al instante.
Su falta de humanidad debe ser a que me burlé de su nombre y con su burla solo me dio la pauta de que no dejaré de burlarme.
—Señorita Queen, solo quiero llegar a un acuerdo. ¿Qué puedo hacer para convencerla?
Interesante.
—Volver el tiempo atrás y llamar para avisar que no podía asistir a la reunión y justificarlo con su boleto de avión y la hora de arribo a Seattle.
Se ríe en un chasquido de lengua.
—Ya comprendo lo que decían. Imaginemos que yo no falto a la reunión, ¿usted aceptaba mi proyecto?
Finjo pensar.
—No, los negocios no son tan fáciles, esa explicación que dieron no me bastó para aceptar.
Lo siento, fue pobre y mediocre, prácticamente yo me estaría involucrando directamente con lo que implica no solamente en costos, sino en prestigio de imagen para usted y yo únicamente recibiría dinero.
Si el poder se construyera solo con dinero, todos los ricos serían poderosos, ¿no?
Mira el escritorio.
—¿Qué le hace pensar que no ganará poder ni beneficios?
—lanza ambas palabras, tanto «poder» como «beneficios» con una absoluta seguridad y firmeza—.
Solo en Seattle hay doce empresas cosméticas reconocidas a nivel mundial, de las cuales ocho poseen sus laboratorios en ella, ninguna tiene un sistema de seguridad de Industrias Queen, ya que el rubro cosmético no es tan reconocido como lo serían joyerías, bancos, farmacéuticas, hospitales, escuelas e incluso simples empresas.
—Escucho lo que dice solo para ver qué tiene en su cabeza aparte de ego y arrogancia—.
Aceptando ser partícipe de forma directa en esto, no solo brinda seguridad a los que quieran hacer lo mismo que Duabella desea hacer, sino que sería una publicidad directa de la dueña de Industrias Queen, no solo en Seattle, en todo el mundo hay empresas cosméticas y pasaría a ser algo que garantice calidad: «La mejor cosmética con una calidad garantizada única e irreproducible, resguardada por Industrias Queen».
Un eslogan que nadie podría replicar, excepto que tengan el mismo sistema de seguridad que nos otorgan a nosotros y este tiene que ser el mejor, el más costoso y el más exclusivo, un producto y lanzamiento que no estará a la venta y ya tendrá muchos deseando tenerlo.
No suena mal. Tampoco es algo extremadamente innovador, admito que supo defender su postura en su afán de convencerme.
Observo sus movimientos, apoya una de sus manos sobre mi escritorio y mueve sus dedos tamborileando, observo su rostro y la arrogancia que refleja este… No puede ser él, algo malo me sucede que estoy viendo a ese idiota en todos lados.
¿Es eso?
—¿Qué dices, Cassandra, lo siento, Cassie Queen?
Yo digo que necesito confirmar esta duda.
—Lo pensaré, mi asistente lo llamará para tener una futura reunión donde comunicaré mi decisión, Trevor.
Se levanta de su asiento y se ríe irónico.
—Eres imposible, esperaré el llamado.
Asiento mientras lo miro incitándolo a salir de mi oficina.
—Adiós, Trevor.
Resopla y sale sin saludar. ¡Ay, Dios! Pones en mi camino pura diversión.