Adictos a lo prohibido Capítulo 5 Solo soy un hombre
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Capítulo 5 Solo soy un hombre

Gregor Bruno Duarte

Mi teléfono suena y no sé si es la puta alarma o alguien está llamando.

—Gregor, no seas un maldito y contesta el teléfono, hombre. —Manoteo en la mesa de luz del hotel, tomando mi teléfono—. ¡Las tres de la madrugada! ¿Quién carajos te llama a esta hora?

Tyler tiene toda la razón de molestarse.

—¡Me cago en todo!

Solo puede haber una persona que me llame a esta hora, teniendo en cuenta las cuatro horas de diferencia horaria que hay entre Seattle y Argentina.

Allá son las siete de la mañana, bendito el padre que la vida me ha dado.

Tomo la llamada, apenas puedo abrir los ojos, me habré acostado hace una hora, ¡maldición!

Si no me hubiera cogido a esa endemoniada reina rubia, habría ganado más horas de sueño. ¡Jodido problema esa mujer!

—Hola…

Mi voz sale más ronca de lo que es, estoy dormido. ¡La puta madre!

—Buenas tardes, Gregor.

Resoplo porque es muy temprano para que el señor Bruno me esté exigiendo cosas.

—Madrugadas, papá, son las tres de la mañana y lo sabes, pero al parecer tengo que madrugar, ¿no?

Me quejo.

—Reunión en Industrias Queen, ¿cómo te fue?

Suspiro a conciencia de que cuando le diga que el vuelo se retrasó, que no llegaba a la reunión y preferí no ir. Ya lo oigo a su sermón… Carajos que es difícil escalar al éxito con un padre así de exigente.

—Oh, eso… el vuelo se retrasó, llegar tarde es lo mismo que no llegar, así que prefiero ir hoy a primera hora. Ahora que ya aclaré tus dudas, ¿me dejas dormir que acabo de acostarme?

Escucho el silencio y eso no es un buen indicativo.

—¡Gregor, te mandé ahí con un claro objetivo!

Cassie Queen no es una mujer fácil y yo quiero que ella sea en persona la que supervise que la seguridad de Duabella esté en perfecto funcionamiento.

Si lo arruinas, te olvidas de la empresa, tienes que entender que esto no es un juego, no existe el posponer, llegar tarde o lo hago después, así no es como yo construí lo que tenemos ahora, lo que tú quieres dirigir.

Tiene razón, lo sé. Solo que mi orgullo nunca me permitirá que lo admita, además… ¡Vamos! ¿Yo qué culpa tengo de que se retrase el vuelo? No puede condenarme.

—Ya, no te preocupes, que yo me encargaré de que Cassie Queen instale el sistema de seguridad ella misma si es necesario.

Una señora no me va a ganar. No a mí.

—Suerte con eso, ya me advirtió el hermano ella que no supervisa los trabajos personalmente, a menos de que el proyecto le sea muy favorable.

Ruedo los ojos.

—Lo hicimos bien, Ty supervisó todo, un poco de confianza, viejo, solo eso te pido. Ahora déjame dormir.

Chasquea la lengua.

—¿Estuviste de fiesta?

—Eso no es de tu incumbencia, no tengo dieciséis años, ¿okay?

Resopla. Don señor del orden Bruno Duarte, debería llamarse.

—Solo espero que sepas comportarte y no hagas estupideces, no te olvides de que a Nerea tú tienes que respetarla.

Lo que me faltaba. ¿No había algo más que ponerle a mi viejo, aparte de exigente, controlador, mandón, dominante? Y ahora encima me quiere elegir pareja.

—¿Perdón? Te voy a cortar porque estás diciendo muchas tonterías, ya hablamos de esto.

Carraspea.

—Lo sé, también sé lo que tienen ustedes y Nerea es como mi sobrina.

Paciencia, eso pido.

—Viejo, Nerea y yo no somos nada, solo somos amigos, ¿cuándo vas a entenderlo?

Qué difícil es que todos entiendan eso.

—Amigos. —Chasquea la lengua—. Unos raros amigos, ya todos sabemos lo que hacen, no somos tontos, que ustedes lo nieguen o que no quieran oficializarlo aún son cosas diferentes.

Ruedo los ojos. Los grandes contras de tener familias tan unidas y cercanas, no puedes follar sin que lo sepan.

—Papá, Neru es mi amiga, mi mejor amiga, mi relación con ella no te incumbe y mejor te hablo luego de ver a la señora Queen. Mándale saludos a las chicas, a Ami y a Mirko.

Corto la llamada. Este hombre un día me hará volver loco.

Vuelvo a dejar el teléfono en la mesita de luz para dormir al menos unas tres horas más.

◆◆◆

Solo un pip de la alarma y ya estoy arriba, mi cerebro decodifica la hora en que voy a despertarme y no me cuesta hacerlo, a pesar del pequeño percance llamado papá. Llamarme a las tres de la madrugada, no, viejo, sí te pasas a veces.

—¡ARRIBA, TYLER ANDRADE! —grito para que el dormilón de mi amigo ya se levante.

—Gregor, eres un molesto, en cinco minutos me preparo, no me dicen metrosexual que me pongo hasta aerosol de cabello.

Me carcajeo.

—Dale, tarado, tenemos que hacer un excelente trabajo hoy, hay que convencer a esa señora Queen, pan comido para nosotros.

Voy a mi maleta a buscar ropa.

—Ayer me dejaste plantado, dijimos de ir juntos por cerveza y te fuiste solo.

Ruedo los ojos.

—Tenía cosas que hacer, cosas… mías.

Me sigue hasta el baño donde estoy por darme una ducha.

—¿Tú te fuiste a ligar y no me llevaste?

Me carcajeo. Él no quiere saber lo que fui a hacer y en lo que me metí. Culpa de la Reina de Hielo, pensé que era un mito o algo así, no que la desgraciada me iba a ganar con una maldita escalera real.

¡Vamos! La probabilidad es de uno en 648 000.

—Sí, eso hice, caí en las garras de una jodida rubia.

Se comienza a reír.

—No me extraña, no es como que no te hayas follado a muchas rubias ya, una más no hará la diferencia.

Niego. Esta sí fue algo distinto.

—Esta no era una rubia ordinaria, era de estatus alto, nivel realeza, una rubia problemática.

Arquea una ceja.

—Si no te conociera, diría que te gustó.

Comienzo a reírme.

—¿Gustarme a mí? Eso es un montón, sabes que puedo follarme a miles, pero ninguna será lo que en un futuro quiero.

Lo empujo para que salga del baño.

—El señor «ninguna es suficiente».

Ruedo los ojos.

—Déjame ducharme, Ty.

Se sale del baño y cierro la puerta. Me gusta mi libertad de vivir como quiero, de follar con quien quiero, es algo que disfruto desde muy joven y eso fue lo que hice ayer, a sabiendas de que tengo una misión específica con esa mujer.

Eso no será fácil, frecuentar las mesas donde juega sin que eso que hicimos nos remueva.

Fue algo extraño, como una conexión, fue…

como si ya hubiera follado con ella. Qué extraño, eso nunca me pasa.

Me meto a la ducha y me enfoco, tengo un claro objetivo con la Reina de Hielo y Randall fue muy conciso.

Perdí, aunque yo le aseguré a Randall que no sería así, perdí todo su dinero por mi arrogancia, jamás imaginé que esa mujer era el verdadero demonio del póker.

Randall es para quien juego, quien me da la excusa perfecta de seguir con mi adicción y no es una adicción que esté relacionada con perder todo mi dinero. Me encanta jugar y que sea peligroso, que sea un reto.

Este vicio empezó cuando yo tenía trece años, viajé con mi papá a Inglaterra por negocios.

Siempre fue de esos padres que quiere que su hijo varón aprenda todo de él, pero era aburrido cuando me dejaba en la habitación de hotel y se iba a reuniones de negocios.

Así que, en la noche, me escapé, me escabullí.

Para tener trece años parecía de dieciséis y sabía muy bien cómo pasar desapercibido gracias a Neru.

Mi amiga es experta en escapar. Solo quería dar una vuelta, husmear y ahí me enamoré, no de una mujer, de lo que ella hacía jugando al póker, rubia, joven, aunque mayor para mí, ella se veía muy joven, rodeada de tipos viejos que fumaban habanos y bebían whisky.

Ella solo estaba ahí, inexpresiva, solo sonreía de a pequeños ratos mientras jugaban Black Jack, algo que también sé jugar muy bien.

Hipnotizado por esas perfectas cartas, miré el juego desde un pequeño balcón sobre ellos.

Jugaron una ronda de póker convencional y ella les ganó, a todos.

En ese momento supe que quería aprender a jugar al póker.

Lo hice, me volví el mejor, un prodigio.

Con nada más que diecisiete años organizaba juegos ilegales de póker, hasta que me descubrieron; al parecer, ya existe una red de juego ilegal de póker y no debí meterme en ese asunto.

Terminé en la cárcel y mi primo me sacó, pensé que podría volver a hacerlo y no me descubrirían.

No fue así, el padre de Randall me reclutó; o eres de los nuestros o estás en nuestra contra. No vi fallas en su lógica y me patrocinaban lo que a mí me gustaba hacer, sin que nadie sepa. Esa era la mejor parte.

Lo hice, por años, me llevaba una parte por ganar y siempre había ganado, nunca perdí dinero. Por supuesto no faltaron las amenazas, si no juego para ellos harán público lo que hago para manchar el nombre de mi papá y el de su empresa.

Es importante, pero ciertamente no lo hago por eso, lo hago por la adrenalina.

Cuando supieron que vendría a Seattle, les pareció genial que los ayude con la Reina de Hielo.

Y el trato fue que, si le ganaba, me dejaban libre, si perdía, debía hacer un trabajo para ellos.

Estaba seguro de que ganaría, que ella estaba sobrevalorada.

¡Maldita y tan… esa perra!

Ahora dicen que les debo, mucho dinero que no pienso darles y dicen que harán un escándalo, tampoco me importa.

Amenazan con que no me dejarán jugar si no hago esta mierda que quieren.

Sé que pueden hacerlo, todo esto de los juegos está regulado y organizado por este tipo de personas.

Hay reglas y solo rompiendo una, ellos me dejarían fuera de cualquier maldito casino así sea legal.

Y el objetivo no era follármela, eso… solo sucedió, me descolocó, no me lo esperaba y no iba a decir que no, mi curiosidad no me lo permitió.

Pero las palabras de Randall resuenan en mi cabeza.

Quiero que descubras su truco para ganar, su debilidad y me la digas, así como quiero su jodida identidad, solo así te dejaré en paz, Gregor.

Salgo de la ducha resoplando. Su debilidad y su identidad, dos cosas que no serán fáciles de descubrir. Más no imposibles, paso a paso, primero su debilidad al jugar. Lo de la identidad, ya veré cómo lo hago.

Termino de vestirme y, al salir a la habitación, veo a Tyler ya arreglado.

—Tu teléfono sonó diez veces seguidas.

Comienzo a reírme. Neru. Solamente existe alguien que me llamaría más de una vez, mi queridísima mejor amiga. La mayoría de las personas se rinden cuando se trata de insistir, ella no. Eso me ha sacado y metido en muchos problemas a lo largo de nuestra muy larga amistad.

Nos criamos juntos, yo conozco todo de ella y ella… conoce bastante de mí, lo suficiente.

No es que no confíe en Neru, es solo que…

la protejo de lo que soy, eso creo. La verdad es que Neru es jodida, ella es una máquina de problemas, aún ya teniendo ambos 28 años, ella sigue pareciendo de 20 y me agrada, eso la hace divertida.

Ella es experta en salir de fiesta, podemos tener sexo si es lo que surge, como también ayudar al otro a ligar con alguien que le haya llamado la atención. Tenemos una buena amistad.

Y sí, probablemente como todos esperan terminemos juntos algún día, es algo que siento tengo tan impuesto hace tantos años, que si no lo hiciera sería extraño.

Tiene sentido, si pensara a fondo nunca fui tan cercano a una mujer como lo soy con ella, yo la quiero mucho y…

odio pensar en esto, me estresa. Me ofusca pensar en ella y yo, de forma romántica, ella es una buena mujer, la mejor que conozco, lo sé.

Fin del asunto.

Tomo el teléfono para marcarle; solo dos tonos y atiende.

—Greg, tú sí que eres el peor de todos, ni un mensaje me has enviado, al menos di: «Estoy vivo».

Solo me río de su reclamo.

—Llegué tarde, salí y ya sabrás, no tuve mucho tiempo, ya que acá son recién las siete y media de la mañana, Neru.

Se comienza a reír.

—Oh, cierto, lo olvidaba, acá son las once y media de la mañana, yo ya me pasé toda la mañana haciendo cosas.

—No me digas que un día solo pasó para que te aburras sola.

Se carcajea.

—Qué dices, nada más que… ¿Ayer saliste?

Un pequeño defecto. Ella es muy controladora y eso me hace enfadar a veces.

—Sí, ayer salí. ¿Acaso tú no saldrías si vas a una nueva ciudad?

Se ríe jocosa.

—Por supuesto que sí, yo saldría y dejaría mi marca en cualquier lugar.

Probablemente, ya que terminaría en la cárcel por hacer algo ilegal. Como querer coger dentro de un auto en una zona pública.

—Me la pasé bien la verdad, Seattle no está tan mal.

Se escucha silencio.

—Qué genial, bueno, aprovecha, disfruta del viaje, estarás mucho allá y es bueno que ya conozcas todo.

Es cierto, estaré al menos unos meses.

—Tú cuida mi departamento bien, aunque ni plantas tengo, solo cómete todo lo que tengo en la heladera.

Se carcajea.

—Eso no será un problema, te echaré de menos, Greg, pero este viaje es bueno para ti, para que cumplas tus objetivos y, cuando vuelvas, quiero que hagamos muchas cosas.

Se escucha extraña.

—Seguro, cuando vuelva saldremos de fiesta, Neru, gracias por llamar y no te preocupes que no estoy haciendo nada ilegal. —Se ríe conmigo—. Al menos no me descubrirán.

—Usa condón.

Me carcajeo.

—Me compré muchos.

—¡Eres un maldito!

Sigo riendo.

—Lo sé, no tengo remedio, besos, cuídate, Neru.

La escucho suspirar.

—También cuídate, adiós, Greg.

Corto la llamada. Ty me mira abriendo los ojos.

—No digas nada, te lo pido.

Él no deja de molestar con que Neru y yo no parecemos amigos. Sí, lo somos, es lo que él no entiende y nadie entiende, no entraré en este círculo.

—¿Vamos a esa reunión? Ya tu papá dijo que esa Cassie Queen era la mujer más complicada de todas, una despiadada empresaria, esa palabra usó.

Ruedo los ojos.

—Una señora que le debe gustar molestar.

Salimos de la habitación.

Nos tomamos un taxi, aún no pude rentar un auto, nos toca movernos así. No tardamos en ver el imponente edificio que en letras enormes y ostentosas dice «Industrias Queen».

Parece un maldito monstruo de muchos pisos este lugar. Ya comprendo por qué mi papá quiere que trabajemos directamente con la sede central.

—Una mujer con carácter y muy dominante, también arrogante, imposible de corromper.

Ty habla, no sé de qué. Yo solo me distraigo con una rubia que baja de un auto muy lujoso, vestida muy formal y entra al edificio. ¡Ya basta, universo! Deja de ponerme rubias llamativas a mi alcance.

Un día terminaré mal por caer en gustos y fetiches extraños con el cabello dorado.

—¿Me escuchaste?

Volteo para ver a Tyler y niego.

—No, amigo, me distraje.

Solo niega.

—Te decía que todo eso es la supuesta jefa de aquí.

Ruedo los ojos.

—Me vale lo que sea, ella aceptará, como que me llamo Gregor Bruno Duarte.

Sonríe y entramos al edificio. Nos anunciamos en la recepción, nos hacen esperar y, luego de un buen rato, nos hacen pasar, subir hasta el último piso guiándonos a lo que deduzco es la oficina de la señora Queen.

—Pasen por aquí, la señorita Queen los está esperando.

Una chica rubia, pero muy joven nos guía. Ella no me causa nada a pesar de ser muy bonita.

Cuando entramos a la oficina, arqueo mis cejas al ver la mujer que está sentada frente al enorme escritorio. Pensé que era una señora, no la rubia joven y nada fea que está frente a mí.

¡Ya, universo! Solo soy un hombre.