36 Sin alma
SIN ALMA
Escuché los golpes de la batería antes de abrir la puerta. Fanny se detuvo en cuanto me vio aparecer.
—¡Milo! —Levantó las baquetas entusiasmada, como si fuese hasta arriba de algo, pero sabía que no era así, que se trataba solo de su energía natural—.
¡Escucha! —Comenzó a marcar una base diferente a la de la última vez y a canturrear por encima—: Eres mi puta blue note, la mancha en medio del trazo…
—Eh, qué flow tiene eso. —Me quité la chaqueta a toda prisa y saqué la guitarra.
—¡¿Y tú quién eres?! —le preguntó Lena a Ori en un grito por encima del estruendo que estaba armando su chica.
—¡Ori! ¡Oriol! —respondió él.
—¡Lena, encantada! ¡¿Tocas?!
—¡No, solo miro!
—¡Te puedes sentar ahí! —Le señaló el sofá y él fue hasta allí y se sentó.
Yo le hice un asentimiento con la cabeza para que viera que no lo estaba ignorando, pero me había poseído la nueva versión de Fanny y quería probar cómo sonaba con la guitarra. Brutal era la palabra. Lena no tardó en unirse, y también había adaptado el arreglo de su guitarra a la nueva base.
—¡Eso suena de la hostia! —dijo Ori entusiasmado en cuanto acabamos—. Que ya me encantó la otra noche solo a voz y guitarra, pero así… Otro nivel.
—¡Ya me caes bien! —gritó Fanny, a la que todavía no le había bajado el subidón, y lo señaló con las baquetas—. ¡¿Quién eres?!
—Ori, Fanny —los presenté.
Ella dio un par de golpes al crash como saludo y él se rio.
La puerta se abrió en ese momento y entró Raúl… O una versión parecida y oscura de él. Llevaba los ojos perfilados de negro a juego con toda su ropa. Hasta se había pintado las uñas del mismo color. Sí, me recordó mucho a Lucía y no pude evitar reírme. No obstante, no fui yo el que se lo hizo ver.
—¿De qué vas hoy, Raúl? ¿De siniestro? —preguntó Lena.
—¿Qué pasa?
—Tus pintas son lo que pasa —añadió Fanny.
—Voy normal, muchas veces me visto así —aseguró él.
—No te lo crees ni tú. —Ahí ya tuve que intervenir—. Te conozco desde hace más de ocho años y jamás te he visto las uñas o los ojos pintados.
—No te habrás fijado…
—¿Es por una chica? —preguntó Ori—. Por la compañera gótica de Milo, ¿no?
Raúl se giró a mirarlo de golpe.
—Tú ni siquiera eres del grupo. —Lo señaló y luego se dirigió a mí—. ¿Ya no voy a poder contarte nada sin que se lo sueltes a tu novio?
—Te juro que no le he contado nada —aseguré—. Lo habrá deducido él por tus pintas…
—¡¿Novio?! —gritaron las chicas a la vez—. ¡¿Cómo que novio?!
Suspiré de un modo bastante sonoro. Luego miré a Ori en busca de auxilio, pero él se limitó a observarme de modo divertido y dejarme todo el marrón a mí.
—A ver —me rasqué la nuca—, no es exactamente así… Ori, échame una mano, que tienes más experiencia en esto… —reclamé, ya que no tenía pinta de que fuera a nacer de él.
—Vale. Tenemos una relación sexual exclusiva, sí.
—Joder. —Me tapé la cara con una mano—. Qué animal eres. Eso suena peor aún que lo de «novio».
—Llámalo como quieras. —Se encogió de hombros—. La relación es la misma.
—Qué fuerte, Milo, no nos habías dicho nada… —se quejó Fanny.
—Es algo muy reciente —me justifiqué—. ¿Podemos no hablar de esto? Me siento como en un interrogatorio.
Lena se acercó a mí sin descolgarse la guitarra y me dio un pequeño empujón de costado.
—En junio te vendrás con nosotras a la mani del orgullo, ¿no? —Sonrió.
Yo me limité a resoplar.
—Ya lo vamos viendo…
—Oye, que los que somos normales también existimos, ¿eh? —se quejó Raúl.
—A ver, rey —replicó Fanny—, que tú serás el único hetero aquí, pero de normal tienes bien poquito…
Él bufó primero, pero empezó a reírse enseguida.
—Ya, tía… Bueno, que no os he enseñado lo que he encontrado.
Cogió una especie de cartón que había dejado en el suelo y lo desenrolló. Era uno de los carteles que había visto en Madrid. Al parecer, nos habían seguido hasta Valencia.
—Lo he pillado enfrente del Mercado Central. Está petadísimo.
—Joder —protestó Lena.
—Ojalá no vendan nada —se unió Fanny.
—Que vendan —dijo Ori—, que Milo cobra derechos de autor de cada disco.
—¡Hostia, claro! —exclamó Raúl—. ¿Cobras más que ellos?
—Ni idea. —Me encogí de hombros.
—¿Te imaginas? Estaría guapísimo…
—Lo que tenéis que hacer es petarlo a lo bestia —sugirió Ori.
—No es una competición —tercié.
—No es una competición —confirmó Fanny desde su banqueta—, pero resultaría de lo más satisfactorio…
—Pues sin nombre lo veo chungo —protestó Lena, que era la que llevaba insistiendo con lo de que necesitábamos un nombre desde el principio.
—Venga, lluvia de ideas, a ver si sale algo —propuso Raúl.
—Tsss, «Latidos de cristal» ya está cogido —protestó Ori tras chasquear la lengua de un modo muy sonoro.
Los cuatro nos reímos con la misma facilidad.
—Hay que ser hortera —dijo Fanny.
—Ridículos —se unió Lena.
—¿Hablas de ellos o es una propuesta para nuestro grupo? —Me reí.
—¿Ridículos? —se escandalizó Raúl—. Lo que me faltaba para no follar en la vida… ¿Y algo como «A contratiempo»? —propuso.
—«A contratiempo» tu puta madre —se quejó Fanny comenzando a dar golpecitos rítmicos en el charles—. Aquí el tiempo lo tenemos controladísimo.
—Podíais buscar algo acorde a los «latidos de cristal», algo como «suspiros de papel» —propuso Ori.
—Vale, gracias por participar —dijo Fanny—. Te llevas el juego del programa y este aplauso del público…
—Podríamos hacer algo así, aunque sería de ser un poco cabrones… Pero se lo merecen. O nos podríamos llamar «cabrones» directamente. Es otra opción —sugirió Raúl—. Nos representa.
—A ver, un poco cabrones somos, me gusta la idea —aceptó Lena—, pero no como nombre del grupo.
—Desalmados —sugirió Ori y me miró de reojo. Entendí perfectamente que lo había dicho por la conversación que tuvimos unos días atrás sobre mi padre.
—Me encanta la idea. Pero no mola un nombre en masculino —se quejó Fanny—, que somos mitad y mitad. Aunque sea correcto, suena a que es un grupo de todo tíos…
—Pues ¿algún sinónimo que sea igual en masculino y femenino? —propuse.
—«Sin alma» —dijo Ori y los cuatro nos giramos a mirarlo—. O mejor aún «Sine ánima», en latín.
—Hostia, ese me gusta —dijo Lena.
—Mucho —aceptó Fanny.
—Me mola —confirmó Raúl.
—Sí —acepté.
—¿Habemus nombre? —se entusiasmó Fanny y comenzó a golpear las baquetas sobre su cabeza—. Novio de Milo, o relación sexual exclusiva, que no me acuerdo de tu nombre… ¡Gracias!
Hizo un redoble y golpeó con fuerza uno de los platos y a todos nos dio la risa.
—Ori —le recordé.
—Eso, Ori. Me caes bien. —Lo señaló con una de las baquetas y luego le guiñó un ojo.
—Vale, pues ya solo falta que Milo se curre unas cuantas canciones más y podemos empezar a buscar bolos… —sugirió Lena.
—Ah, claro, qué fácil… —protesté—. Espera, que ahora me saco tres o cuatro canciones de los huevos…
—Bueno, usa a este. —Raúl señaló a Ori—. Yo te dije que necesitabas una musa… Pues lo mismo era un muso. —Se encogió de hombros.
—Eh, ya soy el muso de «Mi puta blue note» —aseguró Ori con orgullo.
—¡Venga ya! —chilló Fanny—. ¿En serio?
—A ver, más o menos… —me justifiqué—. Según lo que entiendas por «muso».
—Eres mi puta blue note, la mancha en medio del trazo, lo que me lo cambia todo…
y me hace ver que no encajo… —canturreó Fanny—.
Oh, joder, joder… Eres mi puta blue note, el fallo que no corrijo, sé que debería hacerlo, pero en el fondo lo elijo…
En el fondo te elijo… Ay, joder, ¿la compuso para ti? Ahora mismo te tengo envidia fuerte…
—No sé cómo tomarme eso —protestó su chica.
—Pues escríbeme tú a mí una canción así de bonita, de esas que después de escucharla puedes lanzar las bragas contra la pared y se quedan pegadas…
—Argh, joder, Fanny, qué gráfico. —Me reí y cerré los ojos.
—Soy romántica a mi manera. —Se encogió de hombros y luego hizo un patapum-chas con la batería.
Le respondí con una frase de la guitarra y Lena me replicó con otra. Raúl empezó a improvisar una línea muy tonta que no tenía nada que ver con nada y Fanny hizo un redoble.
—Eh, ¿sabéis en qué se parece un redoble de batería a un rayo? —recordé un chiste bastante viejo que solía hacerle a Sergio.
—¿En qué? —quiso saber Lena.
—En que no sabes dónde va a caer ni el daño que va a hacer.
Raúl y Lena se empezaron a reír, y Fanny me lanzó una de las baquetas a la cabeza, pero se unió a las risas también. Luego se levantó y fue a por ella para seguir improvisando.
Tocamos nuestros dos temas, tocamos versiones, llenamos el silencio con el proyecto de algo grande. Que quizá no llegaría a nada, pero en aquel momento todo parecía encajar, las posibilidades estaban todas abiertas y eso era justo lo que le pedíamos a la vida.
Nuestra historia todavía no estaba escrita.