28 A la mierda
A LA MIERDA
Las oficinas de Horizon Records tenían un edificio completo en pleno Madrid, a diferencia de la agencia de mala muerte con la que contaban en Valencia. El hall era amplio y moderno, con un panel informativo en el que podías ver dónde encontrar a cada uno de los jefazos y sus departamentos.
No me costó localizar «Jorge Trillo, A el breve instante en el que la incertidumbre se convierte en certeza. Lo sustituí por un salto de fe sin escapatoria.
Ori tardó apenas un latido en reaccionar y pasar a sostenerme él, como si llevara esperando eso durante horas…
, días… o quién sabe cuánto más. Se aferró con una mano a mi cintura y con otra a mi nuca, y las mías bajaron a su espalda.
Y ahí todo cambió. Siguió siendo intenso, pero menos caótico.
Él ajustó el ángulo de su cabeza y tiró de mi cuello lo justo para que encajáramos con precisión.
Se aferró más fuerte a mi cadera y me ancló a él.
Creo que ese fue el momento justo en el que dejé de pensar.
Ni la discográfica, ni Sergio, ni Madi, ni el puto Patrick al que odiaba sin conocerlo.
Solo estaba su boca, el cosquilleo de la adrenalina que aún corría por mis venas y el calor que desprendía su contacto.
El aire a nuestro alrededor parecía haber desparecido y ninguno de los dos tenía pinta de querer recuperarlo.
Su piel ardía aun a través de la ropa y quise meter las manos por debajo para quemarme del todo.
Él gimió más fuerte y se aferró a mí con todo lo que tenía cuando notó el contacto de mis dedos.
Rodeó mis caderas con sus piernas y consiguió pegar todo su cuerpo al mío.
Yo dejé caer la cabeza hacia atrás lo justo para separarme unos centímetros de su boca.
—Joder —murmuré.
—Joder ¿qué? —quiso saber en apenas un jadeo.
—Que igual sí que soy un poquito gay.
Él dejó escapar una carcajada.
—Vámonos de aquí.