22 Palabras que suenan bien
PALAbrAS QUE SUENAN BIEN
—¿Qué vamos a decirles? —me preguntó Raúl justo antes de acceder a la nave donde se ubicaban las salas de ensayo.
—¿De qué?
—De que las vimos el otro día haciendo las tijeritas… —replicó mi bajista con un gesto demasiado gráfico que ilustraba lo que acababa de decir, por si no estaba claro a qué se refería.
No me había costado mucho llevármelo de allí en silencio aquel día, se quedó tan flipado que no pudo ni reaccionar, pero había pasado el tiempo suficiente como para que ya estuviera desatado de nuevo.
Por supuesto, pese al comentario que hizo al enterarse de la relación entre las chicas, no se fue de putas.
Seguía tan virgen como una cinta TDK sin desprecintar.
—No vamos a decirles nada, no es asunto nuestro… Si quieren contárnoslo, ya lo harán.
Bufó como respuesta y, conociéndolo como lo conocía, me temí lo peor.
Fanny estaba ya sentada a la batería dando golpes de calentamiento cuando llegamos a nuestro local. Lena, por su parte, afinaba la guitarra ajena al hecho de que habíamos llegado.
—Hola, chicas —saludé al entrar.
Fanny devolvió el saludo con un grito y un redoble a la vez que Lena nos regalaba una sonrisa canalla.
Pese al poco tiempo que hacía que las conocía, sentía entre nosotros una conexión real, una fuerte energía artística.
Nos unía la música y, en ese sentido, conectábamos de un modo brutal, algo que para mí siempre ha sido uno de los mejores modos en que se puede conectar con alguien.
Confieso que aquella tarde, la primera que las veía desde que nos habíamos enterado de «lo suyo», las vi de un modo diferente.
No pude evitarlo. Era la primera vez que sabía que dos chicas que conocía tenían una relación ¿romántica?
¿sexual? No tenía ni idea. ¿Había sido algo puntual que justo habíamos visto?
No me dio esa impresión, la verdad. Lo que vimos me pareció íntimo en plan romántico.
El caso, como digo, es que aquella tarde las veía con otros ojos.
Primero por imaginar lo que pasaba entre ellas a espaldas del mundo.
Lo segundo porque me parecieron valientes por aceptar ambas lo que fuera que sentían.
Con independencia de si decidían contárselo o no a su entorno, ya solo el hecho de reconocérselo a ellas mismas me parecía digno de admiración.
Sí, tenían más valor que yo, eso estaba claro.
A esas alturas, todavía intentaba convencerme a mí mismo de que no estaba colgadísimo de un tío.
De que no podía estarlo. Pero la aplastante realidad era que mis pensamientos estaban todo el día con el puto Oriol Tusquets, que no tenía intención de salir de mi cabeza bajo ningún concepto.
—Bueno, bueno —empezó Raúl—. Tenemos que hablar de algo importante…
Las dos chicas dejaron lo que estaban haciendo y le prestaron toda su atención. El bajista abrió la boca para decir algo, pero me adelanté, porque imaginé que iba a decirles lo que habíamos visto y a mí lo último que me apetecía era hablar sobre la vida sexual de nadie.
—Tengo una canción —me adelanté.
Quizá era pronto para decirlo, porque la acababa de componer y siempre me ha gustado darle un par de vueltas a cualquier tema antes de enseñarlo, pero sabía que era el único modo de captar la atención de Raúl, que cuando hablábamos de música o del grupo se olvidaba hasta del sexo.
Casi siempre. Este fue uno de esos casos.
—¡¿Qué dices?! ¡¿Has compuesto un tema?! —gritó emocionado.
Fanny empezó a darles golpes a los toms y Lena silbó con entusiasmo.
—¡Tócala! —chilló la baterista con un toque al crash.
—A ver, que está así como muy improvisada —me justifiqué.
—¡Da igual! —gritó la otra guitarrista—. ¡Dale!
—¡Sííí, dale! —se entusiasmó Raúl.
Respiré hondo ante la presión de interpretar para ellos un tema con el que me sentía tan inseguro, y más por hacerlo con la finalidad de que lo valoraran.
Pero lo hice, no quedaba otra. Debía confiar en mi capacidad para componer y no dejar que el síndrome del impostor que llevaba más de un año creándose un hogar en mi cabeza me hiciera creer que no valía para eso.
Toqué y canté la canción al completo. Al principio, noté el calor y el color subirme a la cara, pero cerré los ojos y dejé que los acordes y la letra me llevaran donde quisieran.
Para mi desgracia, me llevaron a la noche que me había inspirado la canción, lo que era lógico.
Hice un esfuerzo por no abandonarme al recuerdo y concentrarme en la música.
Lo conseguí con un resultado más que aceptable.
Al terminar, los tres se quedaron en silencio unos segundos y luego comenzaron a aplaudir como locos.
—¡Brutal! —gritó Raúl.
—¡Maravilla! —se unió Lena.
—¡Ahora todos! —se entusiasmó Fanny y casi no había terminado la frase cuando ya estaba marcando un ritmo que encajaba de la hostia.
Raúl sonrió y se puso a tocar una línea de bajo de un modo tan natural que parecía que siempre hubiera estado ahí y él se hubiera limitado a encontrarla.
Comencé mi parte y Lena me observó unos segundos.
En cuanto cogió su guitarra y le dio su groove, el tema pilló un rollazo que me puso todo los putos pelos de punta.
—¿Algo así te mola? —me preguntó.
—¡Me encanta! —respondí con una sonrisa absolutamente inevitable.
Terminamos el tema eufóricos todos.
—¡Otra vez! —chilló Fanny desde la batería golpeando las baquetas entre sí y ninguno protestó. Empezamos de nuevo y Lena tardó un par de acordes en unirse, porque se acercó al radiocasette que había en un rincón y lo puso a grabar.
La tocamos en bucle tres o cuatro veces y cada una de ellas nos sonaba mejor.
No sé a los demás, pero a mí la euforia me corría libre por las venas.
Durante un rato, me había olvidado de todo lo que me carcomía la cabeza desde hacía días.
Bueno, eso era relativo si pensaba en la canción en sí misma y lo que me la había inspirado.
Fanny abandonó durante un momento la batería para ir hasta el pequeño frigorífico y sacar latas de cerveza para los cuatro.
Estaba dándole un primer trago a la mía, cuando Lena preguntó:
—¿De qué va la canción?
A mí, del susto, se me fue la birra por el otro lado y me dio un ataque de tos.
¿Habría sido lo más lógico esperar que alguien hiciera esa pregunta? Seguramente, pero mi mente y la lógica no mantenían la más estrecha de las relaciones durante aquellos días.
—De nada en concreto —mentí.
Los tres me miraron como si les hubiera soltado una trola como un piano, cosa que sí era cierta… Qué ironía.
—Vaaale —alargó Lena la sílaba—. ¿Y esa «nada en concreto» tiene nombre?
—¿El tema habla de una chati y no me lo has contado? —se ofendió Raúl—. ¿De qué vas?
—Que no va de nadie en concreto… Es más… como una idea difusa…
—¿Una fantasía? —tanteó Fanny.
—Eso es. —Suspiré con alivio.
—El sofá hundido hasta el vicio por culpa de tres piratas… ¿Es una fantasía sobre follarte a dos tías en tu sofá? ¿Va de eso?
Resoplé y me rasqué un poco la frente. No era la mejor de las opciones, pero sin duda me dejaba en mejor lugar que la verdad.
—Podría decirse que sí, algo así… No le deis tantas vueltas, una canción es una canción. A veces no significa nada, la mayoría del tiempo son solo palabras que suenan bien.
—Las tuyas siempre significan algo —terció Raúl—, por eso triunfan y la peña las ama. Porque son sinceras y eso se siente…
Vaya momento había elegido mi colega para ponerse profundo, con lo básico que solía ser él y lo bien que me habría venido eso en aquel momento.
—Pues esta vez no.
—Espera, ¿fue con ellas? —Señaló a las chicas con la cabeza—. ¿Después de que las viéramos el otro día ahí en el tema…, te imaginaste con ellas?
—¡¿Qué?! ¡No! ¡Ni de putísima coña! —me indigné, porque casi prefería contar la verdad a que las chicas creyeran la opción de Raúl.
—Uouououo —interrumpió Fanny—. ¿Estáis hablando de nosotras?
—Sí —dijo el bajista tan tranquilo.
—Raúl… —advertí, pero me ignoró.
—Después del último ensayo, volvimos porque quería comentaros algo y os vimos en el sofá…, en fin, ya sabéis vosotras lo que estabais haciendo…
—Oh, joder. —Lena chasqueó la lengua.
—¿Y qué? —replicó Fanny en tono chulo.
—Y nada —me adelanté—, que Raúl no sabe ser discreto.
—¿Es verdad lo que ha dicho, te imaginaste con nosotras? —me preguntó la baterista—. ¿Va de eso la canción?
—Por supuesto que no —dije con toda sinceridad y creo que vio en mis ojos que no mentía.
—Pero sí va de dos personas concretas.
Respiré hondo y decidí ser sincero hasta donde pudiera.
—Sí —confesé.
—¿Fantasía o realidad?
Me mordí el labio por dentro para que no se me escapara la sonrisa, pero creo que fracasé.
—No voy a contestar a eso.
Fanny comenzó a hacer un redoble.
—Miiilo, cuéntanoslo… ¿Has hecho un trío? Cuéntales a tus amigas bolleras cómo es montártelo con dos tías a la vez…
—Entonces, ¿sois bolleras de verdad? —me salvó Raúl sin ser consciente de ello.
—¿A ti qué te parece? —bufó Lena—. ¿No dices que nos viste?
—Pero por confirmar…
—Pues sí, somos pareja, ¿te quedas más tranquilo? —soltó Fanny—. Qué gusto quitarse ese peso de encima…
—En cualquier caso, no era asunto nuestro… —tercié.
—Bueno, está bien que lo sepáis. Somos amigos y tocamos en el mismo grupo. Mola saber esas cosas los unos de los otros.
Yo sentí que me ponía colorado hasta las orejas por todo lo que estaba callando, y tenía la impresión de que me iba a explotar por dentro en cualquier momento. Por suerte, fue Raúl el siguiente en hablar.
—Entonces, si era importante que lo supiéramos, ¿por qué no nos lo habíais contado?
—Prejuicios —confesó Lena—. Al ser dos tíos, esperábamos la típica «broma» de «cuando queráis hacemos un trío porque lo que os pasa es que no habéis probado una buena polla»…
Esta vez fue mi amigo el que se puso rojo y a mí se me escapó una carcajada.
—¿Qué pasa, Raúl? ¿Era lo siguiente que ibas a decir?
Él se puso más rojo y confesó, porque era demasiado inocente para mentir o disimular.
—¡Pero de broma! Bueno, si queréis no es broma…
—Argh, joder, no la cagues ahora —protestó Fanny—, que ibas muy bien.
—Bueno, ¿vamos a seguir hablando del rollo bollo o vamos a tocar? —preguntó Lena.
—Vamos a tocar —me apresuré a confirmar.
Necesitaba cambiar de tema, porque tenía la paranoica sensación de que si seguíamos por ese camino, iban a leerme la mente y a adivinar lo que me atormentaba en realidad.
Por otro lado, me habría encantado seguir hablando de eso con confianza y haberles hecho mil preguntas sobre cómo se dieron cuenta, cuándo, cómo se lo reconocieron primero a sí mismas y luego a la otra, si se lo habían contado a su entorno, cómo había reaccionado la gente, si habían tenido problemas, habían recibido odio o burlas…
Era tanto lo que se amontonaba en mi cabeza que comencé a tocar para silenciarlo.
Los demás se me unieron enseguida y dejamos el asunto aparcado porque era indiscutible que los cuatro estábamos ahí para tocar.
Durante todo el tiempo que seguimos allí, mi cabeza no paró, y una cerveza no había sido suficiente para acallarla.
Raúl se fue en cuanto acabamos porque esa noche curraba.
Yo me quedé un poco más ayudando a las chicas a recoger.
Al verme a solas con ellas, estuve tentado de hacerles alguna de esas preguntas, pero el pánico a que averiguaran la intención oculta (sobre todo después de que hubieran adivinado tanto de la canción) me hizo quedarme calladito, que siempre me decía mi madre que estaba más guapo.
Era ya de noche cuando me marché del ensayo. Solo. Busqué una cabina y llamé a casa para pedirle a Luci que abriera ella la tienda al día siguiente. Necesitaba apagar mi cabeza y solo se me ocurría una manera. Una que me iba a dejar no apto para madrugar al día siguiente.