CAPÍTULO 59
Leighton
Presente
La puerta de la furgoneta que siempre nos acompaña a todos los conciertos se cierra y el corazón empieza a latirme acelerado, como si hubiera corrido una maratón.
Spencer va al volante mientras Macy y Jaden están ocupados en la parte de atrás haciéndose arrumacos. Lanzo un largo suspiro que no pasa desapercibido para el rubio, que aprovecha un semáforo en rojo para preguntarme qué me pasa.
—No sé, tío. Llevamos tanto tiempo sin actuar que…¿y si cuando me suba al escenario no ven a Leighton Sullivan sino al tío que ha estado a punto de entrar en la cárcel? — Me sincero con él.
Spencer chasquea la lengua y reanuda la marcha. Tarda varios segundos en contestar, segundos que me parecen eternos.
—Lo que ha pasado no te define, Leighton.
¿Sabes lo que sí te define? Esas canciones que nos has hecho tocar todos estos años y que te has negado a cambiar por Scarlett —me dice.
—Ese amor que nos has transmitido a todos y que nos ha impulsado a tocar contigo en cada concierto.
Nuestra gente sabrá valorar todo el esfuerzo que hemos hecho todos estos años. No te preocupes, tío.
Me guiña el ojo haciéndome reír al momento y cuando menos lo espero ya estamos en el local que nos vio actuar por última vez. Los recuerdos del pasado vuelven a mí y respiro profundamente antes de mandarlos a un resquicio de mi mente que los mantendrá en el olvido.
Al llegar a la parte trasera del bar, por poco me desmayo al ver a Scarlett apoyada contra la puerta que nos llevará a nuestro improvisado camerino.
Al ver que me he quedado completamente embobado mirándola, Jaden me aprieta el hombro y me avisa de que irá a hablar con el jefe él mismo.
Macy y Spencer siguen sus pasos y Scarlett y yo nos quedamos a solas.
Me acerco a ella como si no hiciera un par de días que nos vimos. Su sonrisa tímida me desarma y la arrincono contra la pared, haciendo que suelte una carcajada que me llena el alma.
—¿Estás nervioso? —pregunta, mientras me mantengo demasiado ocupado con los labios sobre su cuello.
Niego con la cabeza pero ella se aparta unos centímetros de mí para mirarme a la cara y cerciorarse de que le he dicho la verdad. Al leerme en cuestión de segundos, me da un golpe flojo en el pecho y me hago el ofendido.
—¿Y eso a qué viene?
—No me mientas, Leighton. He visto cómo casi te tropiezas al bajar de la furgoneta porque ibas pensando en cosas que no debías.
Pongo los ojos en blanco al instante en que me percato de que ha captado mi mentira.
—Ya lo he hablado con Spencer. Es una situación…complicada. Ahora todo ha cambiado y no sé si voy a ser capaz de afrontarlo —admito, vulnerable.
—Claro que vas a ser capaz de afrontarlo, idiota. ¿Y sabes por qué?
Esbozo una sonrisa ante su pulla y me cruzo de brazos, atento a sus siguientes palabras.
—Hoy tu musa está aquí para apoyarte, para recordarte que esas canciones que llevas cantando todos estos años tienen un sentido.
Tus amigos y tu familia, siguen estando ahí.
Solo tienes que recordarte cuando subas a ese escenario que te lo mereces, Leighton.
Que te mereces toda esa felicidad que durante tantos años has creído que no merecías.
—Scarlett… —murmuro su nombre como una advertencia.
—¿Qué?
—Que como sigas hablando así de profundo, voy a tener que cancelar el concierto porque me voy a querer encerrar en el camerino para hacerte el amor hasta que no pueda más.
Su escandalosa risa me llena el alma antes de que se abalance contra mis labios.
Llevo una de mis manos a su nuca para profundizar el beso y, justo cuando estoy a punto de unir su lengua con la mía, Spencer abre la puerta que se encuentra a nuestro lado para avisarnos de que ha llegado la hora de prepararse.
—Ya tendréis tiempo de follar después.
Le enseño el dedo de en medio al rubio antes de darle otro beso a Scarlett y adentrarnos en el camerino.
◆◆◆
El barullo del exterior me reverbera en los oídos y tengo que respirar hondo varias veces para serenarme.
Le dedico una mirada asustada a Macy, quien me guiña un ojo para destensar el ambiente y antes de que pueda arrepentirme de subir al escenario, el propietario del bar grita nuestro nombre.
Entonces llegan los aplausos y, joder, menuda sensación.
Siento mis pasos pesados avanzar hacia el escenario y miro al público mientras Macy, Jaden y Spencer acaban de acomodar los instrumentos.
Coloco el pie de micro con las manos temblorosas, esperando que nadie se percate de mi gesto y cuando los chicos y Macy me hacen saber que está todo preparado, agarro el micrófono con una mano y carraspeo antes de hablar.
—Buenas noches a todos. —El silencio se abre paso en el bar, pues no es habitual que suelte ningún discurso antes de ningún concierto.
—Sé que ha pasado mucho tiempo desde la última vez que nos vimos y os prometemos que no volverá a pasar.
Me gustaría celebrar nuestra vuelta a los escenarios con la noticia de que vamos a sacar nuevas canciones —escucho un leve murmullo de emoción que consigue que siga queriendo abrirme en canal.
—Durante muchos años, me he aferrado a cantar siempre las mismas canciones porque me recordaban a una persona a la que perdí y pensé que jamás recuperaría —dirijo mi mirada hacia Scarlett que se encuentra con las lágrimas a punto de salir mientras me mira con una sonrisa en los labios desde primera fila.
—Pero, ahora, esa chica está aquí, entre todos vosotros.
Mi inspiración tiene nombre y apellido y es la culpable de que todas las canciones de la banda formen su nombre.
Scarlett, te quiero tanto que todas las canciones del mundo se quedarían cortas para expresártelo.
No olvides que siempre seré un adicto a tu recuerdo y a todos los momentos que nos quedan por vivir juntos.
Un fuerte estallido de gritos y aplausos nos dan la bienvenida al concierto en el que, ahora sí, nos dejaremos la piel.
◆◆◆
El corazón me late acelerado esta vez por la felicidad que me produce saber que el concierto ha ido mejor de lo que esperábamos.
El público se ha entregado como si el tiempo no hubiera pasado y todavía no soy capaz de asimilar que realmente ha ocurrido, que me he sentido una vez más abrazado por la música, por mi familia y por esa mujer que no ha parado de gritar y de aplaudir emocionada como si fuera la primera vez que nos escuchaba.
Scarlett y yo somos los últimos que quedamos en el camerino ya que Spencer ha tenido que ir a echar gasolina a la furgoneta y Macy y Jaden han ido a hablar con el responsable del bar para cerrar el concierto.
Permanecemos abrazados en el pequeño sofá del camerino con la adrenalina todavía recorriendo nuestras venas cuando llaman a la puerta. Frunzo el ceño y Scarlett acaba levantándose para abrirla. Siento que me falta el aire cuando veo a Kairon al otro lado.
Scarlett no sale de su estupefacción, pues se ha quedado parada delante de la puerta sin siquiera poder articular palabra o moverse.
—Kairon… —Acabo murmurando, ya que el silencio empieza a pesarme.
—¿Puedo pasar? —pregunta, con una amabilidad impropia de él, teniendo en cuenta nuestra última conversación.
—Sí, claro, pasa.
Scarlett le permite entrar y toma asiento en una silla mientras ella vuelve a sentarse a mi lado, esta vez manteniendo la distancia por razones obvias.
—He estado pensando en vosotros toda mi maldita luna de miel.
Rompiéndome la cabeza pensando en cómo no había podido ver algo tan claro cuando se estaba desarrollando delante de mis ojos.
Pero, es que ahora lo entiendo todo. Entiendo tu aversión a todos los chicos a los que le ponías alguna pega —dice, mirando a Scarlet.
—No entendía cómo Caroline no podía ser el amor de tu vida cuando era perfecta para ti.
Y, ahora… ahora lo he entendido todo. Todas tus canciones, ese amor del que hablaban. Has hablado de ella todo este tiempo.
Trago saliva ante el peso de sus palabras y acerco un poco mi mano a la de Scarlett buscando su apoyo.
—No voy a decir que lo he asumido porque creo que me costará bastante hacerlo, pero me niego a perderos por algo que escapa del control de cualquiera. Supongo que uno no elige de quién se enamora y…
Antes de que pueda acabar la frase, Scarlett se levanta de golpe del sofá para abrazar a su hermano con tal ímpetu que casi lo tira al suelo.
—No me estrangules, hermanita. No quiero que Lisa se quede viuda tan pronto.
La sonrisa que Kairon me dedica me calma y entonces sí, puedo respirar con normalidad porque todos aquellos problemas que me carcomían la mente durante estos días parecen haberse solucionado.
Unos minutos después, Spencer vuelve con la furgoneta y nos acabamos marchando todos para celebrar un nuevo comienzo como esa familia escogida que tanto necesitamos para seguir adelante sin mirar atrás.