Adicto a tu recuerdo CAPÍTULO 60
99%

CAPÍTULO 60

Scarlett

Presente

Los besos ardientes de Leighton me arrancan un gemido que solo consigue que me agarre con más fuerza de la cintura.

—¿Sabes que tenemos toda la noche para hacerlo, ¿no?

—Tenemos que recuperar el tiempo perdido, señorita Lambert.

Cierro la puerta de mi piso con el pie y vuelvo a acercarme a sus labios, ya rojos por la pasión con la que nos hemos estado besando desde que hemos entrado en el portal.

A tientas y entre risas nos chocamos con las paredes hasta alcanzar finalmente mi cama, donde Leighton me deja con calma y se queda varios segundos mirándome.

—¿Qué miras tanto? —Me provoca.

—No me creo que después de todo este tiempo vuelvas a ser toda…

—¿Tuya? —completo, con picardía.

—No me gustan los posesivos, pero sí.

—Cállate y bésame.

—A sus órdenes.

Simula un saludo militar y le hago un gesto con el dedo para que se acerque de una maldita vez y acorte esta distancia que nos separa.

Nos desprendemos de la ropa entre caricias desesperadas, besos en cada rincón de nuestra piel y algún que otro mordisco que nos ha arrancado más de una risa.

Hacer el amor con Leighton sigue siendo como lo recordaba como una montaña rusa en la que siempre tienes el corazón acelerado, el vello erizado y la dopamina por las malditas nubes.

Su cuerpo encaja con el mío con la facilidad con la que solo pueden encajar dos cuerpos que se anhelan tanto como los nuestros y juntos nos convertimos en una vorágine de besos, jadeos y orgasmos que harán que al día siguiente no pueda levantarme de la cama hasta pasado el mediodía.

Sus embestidas hacen que tenga que agarrarme a las sábanas y que acelere el ritmo para que su erección acabe llegando a ese punto que me hace perder la cordura y mi grito contra la almohada al llegar al orgasmo me hace reír unos segundos después.

—Vaya, no te tenía por una chica escandalosa—bromea el muy idiota, ganándose un mordisco en la mejilla por mi parte.

—Anda, no me hagas volver a odiarte.

—No lo hiciste en un pasado y no vas a hacerlo ahora, cariño —replica, chulesco.

—Odio que siempre tengas razón.

Leighton suelta una risa antes de volver a besarme con la misma pasión de siempre.

—¿Sabes qué? Creo que esta misma noche podría escribir una nueva canción.

—¿Y cómo la llamarías? —pregunto, ahora recostada contra su pecho perlado en sudor por todo lo que hemos hecho desde que hemos entrado por la puerta.

Contesta sin vacilar.

— Souls reuniting .