CAPÍTULO 58
Scarlett
Presente
Las puertas del centro de desintoxicación se presentan ante mí como una invitación a dejar los malos recuerdos atrás y construir otros nuevos.
Desde que Kairon tomó la decisión de ingresar a mamá en el centro no solo me negué a ir a visitarla, sino que también me negué a un escenario en el que pudiera darle una segunda oportunidad.
Sin embargo, ahora que estoy con Leighton frente a las puertas que me separan de lo que creo que puede ser un nuevo comienzo para ambas, solo puedo echar la vista atrás en el tiempo y recordar a esa Scarlett que estaba en el instituto y que debía seguir con las clases, con la vida rutinaria con una familia destruida y con el corazón latiendo a medio gas por la marcha de su primer y único amor.
Ahora que miro de reojo a Leighton, quien lleva más de cinco minutos agarrándome la mano para evitar que me tiemble ante los nervios que me produce la simple idea de volver a ver a mi madre desde la última vez, empiezo a pensar que el universo siempre acaba poniendo las cosas en su lugar.
Que, después del dolor, solo puedes abrazar la esperanza y confiar en que dará sus frutos tarde o temprano.
Ahora, no es el miedo a que se marche lo que mi corazón grita cada vez que miro a Leighton a los ojos, sino las ganas irrefrenables de retomar los recuerdos que durante su ausencia estuvieron teñidos de blanco y negro y que ahora poco a poco están volviendo a tomar su color y forma originales.
—¿Estás preparada? —susurra Leighton, con una ternura que me desarma. Trago el nudo que siento en la boca del estómago deseando que desaparezca cuanto antes y lo miro mientras asiento.
Avanzamos con pasos inseguros hacia la puerta de entrada y avisamos a la recepcionista de que venimos a visitar a mi madre.
La chica hace un par de llamadas en las que le informan de que se encuentra en su habitación porque no ha pasado una buena noche por un virus estomacal que al parecer lleva varias semanas afectando a todos los pacientes.
Subimos al ascensor, rodeados de otros pacientes y familiares e inspiro profundamente cuando alcanzo a ver el letrero en el que se puede leer su número de habitación.
Llamo con el puño, esperando a que las manos dejen de temblarme de una maldita vez por los nervios y la voz dulce de mi madre llega a mis oídos, permitiéndonos pasar.
Me genera entre ternura y lástima que tenga que pestañear un par de veces para cerciorarse de que estoy aquí y que sus ilusiones por recuperar la familia que una vez perdió le hayan jugado una mala pasada.
—¿Scarlett? ¿Qué haces aquí, cariño?
Leighton permanece apoyado junto a la puerta, que cierra para dejarnos intimidad y no aparta su mirada de la mía mientras camino algo indecisa hacia la cama, donde mi madre me deja un hueco para que pueda sentarme y estar más cerca de ella.
Trago saliva, deseando encontrar unas palabras que puedan abarcar todo lo que siento en estos momentos. El miedo que tengo de que este acercamiento no salga como esperaba y perder la esperanza de recuperar la misma relación que teníamos cuando era pequeña.
—He venido a verte porque… creo que tenemos que hablar. De todo —añado, para que sea consciente de la conversación que tendrá lugar en cuestión de segundos.
Noto cómo se tensa ante mi comentario, quizá ante la sorpresa de que haya sido yo quien haya decidido poner las cartas sobre la mesa y tender puentes para que ambas tengamos el espacio para hablar de nuestro dolor y de todo aquello que nos hemos perdido la una de la otra durante todos estos años.
—Yo no quería que Kairon te ingresara en este centro, mamá.
—Llamarla de nuevo como antaño me provoca una sensación agridulce en el cuerpo.
—Supongo que no quería admitir que estuve tan ciega que no había sido capaz de ver el alcance de tu dolor por lo que nos hizo papá. Debería haberme dado cuenta, ¿no?
La voz se me rompe al terminar y las lágrimas no tardan en salir, abriendo la veda de todo aquello que he callado todos estos años y que ahora parece tener su espacio para ser liberado.
—Sé que esto te va a doler, pero quiero que sepas que, durante un tiempo, te odié. Te odié por preferir las pastillas, el alcohol y las sustancias antes que a nosotros. Ya perdimos a papá. Y perderte a ti, también fue un golpe demasiado duro, mamá.
Sus lágrimas no tardan en hacer acto de presencia y en un gesto tímido y algo temeroso, alcanza mi mano. Por algún motivo que no logro descifrar del todo, no la aparto. Dejo que permanezca ahí como símbolo de que vamos por buen camino.
—Luego, cuando ya ingresaste en la clínica, no quise venir a verte porque sabía que el simple hecho de hacerlo me recordaría lo que ya no tenía, lo que había perdido.
Empieza a trazar círculos con su pulgar sobre mi mano y eso me anima a seguir contándoselo todo.
Lo que ocurre con Leighton y por qué ahora me acompaña siempre que vengo a verla.
Lo que ha pasado con Kairon, que ya hace una semana que ha vuelto de su luna de miel y todavía no ha querido hablar con nosotros.
Me vacío delante de ella como jamás pensé que haría y, al acabar, me siento tan liviana que desearía haber podido hacerlo antes.
—Perder a tu padre fue horrible, cariño.
Todos esos sueños que tenía pensado cumplir junto a él se mancharon por su culpa y fue completamente imposible para mí dejar de pensar en ellos y centrarme en que, a pesar de todo, tenía dos hijos de los que cuidar.
Llevábamos juntos desde los dieciocho, fue mi primer amor y también la primera persona en romperme el corazón cuando me enteré de lo que hizo.
Supongo que eso deja un peso dentro del pecho que solo conseguía saciar con…
No hace falta que diga lo que todos sabemos. Traga saliva, sorbiendo la nariz a su vez y sin apartar su mano de la mía.
—Sentía tanta tristeza y agonía en mi interior que no quería influir en vuestras vidas.
Os veía a tu hermano y a ti seguir con vuestras vidas y realmente llegué a envidiaros por no poder hacerlo también.
Por eso me refugié en la habitación, considerándolo ese lugar en el que la tristeza era bien recibida y no podía…
sentirme juzgada. — confiesa, apesadumbrada.
—Jamás te habríamos juzgado, mamá. Cada persona tiene sus tiempos para superar un hecho traumático.
Ella asiente y fija su mirada en la mía para seguir hablando:
—Siento no haber sido capaz de deciros que el dolor no conseguía marcharse, siento no haber pedido ayuda.
Pero, ahora, gracias a los doctores, a todos los años que he estado en tratamiento, he comprendido que un amor fallido no es más doloroso que el hecho de haber perdido la relación con mi verdadera familia, vosotros —completa.
Suelto su agarre y, sin saber muy bien si estoy haciendo lo correcto o me estoy precipitando, rompo la distancia que antes nos separaba para abrazarla por primera vez después de tantos años.
Abrazo sus heridas que ya parecen haber cicatrizado.
Abrazo sus ganas por recuperar la relación que una vez tuvimos.
Y, sobre todo, la abrazo como esa niña pequeña que ha existido dentro de mí todos estos años y que solo quería estar de esta manera con su madre, notar su respiración acompasándose con la mía y el latir de nuestros corazones al unísono.
—Estoy dispuesta a intentarlo, mamá. Ya estoy cansada de fingir que no quiero recuperar nuestra relación.
Ella acaricia mi cabello y me aparta unos segundos para acunar mis mejillas con la intención de que escuche lo que tiene que decir.
—Sobre tu hermano… tienes que darle tiempo, cariño.
Dos de las personas más importantes de su vida le han ocultado algo durante mucho tiempo y eso, a veces, es complicado de digerir.
Pero no quiero que sientas que está mal habérselo dicho.
El amor es uno de los sentimientos más maravillosos para ser compartido.
Desvía la mirada hacia Leighton que asiente ante sus palabras.
—Supe desde el primer momento en el que vi cómo te miraba, que ese chico sería capaz de bajarte la luna si se lo pidieras, Scarlett.
No creas que me ha sorprendido mucho que me hayas dicho que estáis juntos —bromea, con una ligereza que se me antoja extraña por todos los recuerdos sombríos que aún tengo de ella.
—Pero me alegro muchísimo de que ya no tengáis que esconder un amor tan bonito.
Leighton acaba acercándose a nosotras y posa una de sus manos en el hombro de mi madre, agradeciéndole sus palabras.
Unas horas después, seguimos hablando de todo y de nada, de lo poco que queda para que finalmente le den el alta y de las ganas que tiene de volver a empezar. Pasamos tantas horas hablando que se nos acaba haciendo de noche porque las enfermeras nos avisan de que ya ha acabado el turno de visitas.
En cuanto ya estamos fuera del recinto, no puedo evitar abrazar a Leighton y refugiarme en su olor y la seguridad que siempre me ha aportado.
—Todo parece volver a su lugar, ¿no crees? —musito contra su oído.
—Por supuesto que sí.
Me besa para reafirmar sus palabras y esa misma noche solo puedo ir a dormir con la clara idea de que por mucho que mi mundo entero permaneciera paralizado durante años, parece que está volviendo a girar. Y no pretendo que deje de hacerlo.