CAPÍTULO 57
Scarlett
Presente
¿Sabéis esa sensación de calma asfixiante que precede al estallido de una bomba? Pues eso mismo es lo que está ocurriendo en estos instantes en el salón de casa de mi hermano.
Leighton aparta su mirada de la mía y yo siento que voy a echar el corazón por la boca.
—¿Es que acaso vais a ser incapaces de reconocerlo? Sois increíbles, de verdad. —La mueca de desprecio que sigue a sus palabras se me clava en lo más hondo del corazón.
—Kairon, yo…
—Si ibais a llevar una relación a escondidas, al menos podríais ser inteligentes y no tener conversaciones subidas de tono en los baños.
Mierda. Las imágenes del día de la boda de Kairon y Lisa llegan a mí como un rayo de luz que me idiotiza durante unos largos y angustiosos minutos.
—Todo tiene una explicación. —Leighton trata de calmar las aguas, pero Kairon es incapaz de devolverle la mirada.
Trago saliva y decido ser yo la que mantenga el contacto con él mientras le cuento la verdad de todo. Los inicios, los años de silencio, el reencuentro y el despertar de esa antigua yo que creía perdida.
Para cuando termino, Leighton me dedica una mirada con la que creo que desea tranquilizarme y yo no tardo en devolvérsela a Kairon, quien parece estar haciendo trabajar a los engranajes de su cabeza a destajo.
—Ahora entiendo por qué estabas tan mal cuando ingresé a mamá en la clínica.
No era solo por ella, ¿verdad? Todo este tiempo, todos estos años…
me habéis engañado como a un gilipollas.
Y, para colmo, os vuelvo a unir porque pretendía ayudarte.
—Señala a Leighton con el dedo y veo el dolor impreso en la mirada de mi hermano.
Las lágrimas luchan por salir y las reprimo porque es lo último que necesitamos en estos momentos para añadir más tensión a la situación.
—O sea, que no solo enamoraste a mi hermana, sino que encima luego la dejaste tirada en el peor momento de nuestra familia. Te tenía por alguien menos capullo, Leighton —espeta.
Leighton traga saliva y respira unos segundos antes de atreverse a hablar.
—No hables de esto como si el sentimiento que nos une fuera unilateral. Nos enamoramos y no lo pudimos evitar, y lo siento, de verdad que lo siento. También siento haberme ido en un momento tan jodido para ambos, pero eso ya ha quedado en el pasado, te lo aseguro, Kairon.
Él niega con la cabeza y yo solo puedo rezar para que esta angustiosa situación no se alargue durante más tiempo.
—Estamos hablando de mi hermana pequeña, Leighton. No de una tía cualquiera que has conocido en una discoteca.
—Sé que estamos hablando de tu hermana, pero también estamos hablando del amor de mi vida.
—Su declaración me deja sin respiración durante unos instantes y decido escuchar lo que tenga que decir a continuación antes de acabar de perder el control de mi respiración todavía más.
—¿Nunca te has preguntado por qué lo mío con Caroline no funcionó?
¿Por qué me veía incapaz de tener nada con nadie?
No fue porque fuera un inmaduro que no se atrevía a dar un paso tan importante.
Todo se debía a que mi corazón le pertenecía desde el jodido primer día.
No aparto la mirada de mi hermano en todo el tiempo y su rostro inexpresivo no me ayuda a desvelar su siguiente ataque verbal.
—¿Y qué esperáis? ¿Que os dé una especie de bendición? Porque no pienso hacerlo.
Joder. Va a costar convencerlo más de lo que pensaba.
—No. Sé que esto es muy jodido de asimilar, pero ten por seguro que quiero ir en serio, de verdad, sin escapadas ni medias tintas —declara.
—Mi amor por tu hermana ha permanecido intacto todos estos años, en cada sueño, en cada canción que he compuesto con la banda y ha cobrado más fuerza cuando he vuelto a verla.
Amarla no es un capricho, es una elección. Lo lleva siendo desde hace años.
Me quedo sin palabras ante el discurso de Leighton y me apunto mentalmente agradecérselo más tarde. Sin embargo, Kairon no tarda en volver a hablar.
—Marchaos de mi casa, por favor. Tengo muchas cosas que preparar todavía para el vuelo.
—¿Hablaremos cuando vuelvas? —pregunto, con tiento, recibiendo por su parte una mirada que se debate entre decir que sí y negarse rotundamente.
—Necesito tiempo para pensar. Ahora mismo, ya no sé lo que es verdad y lo que es mentira —espeta, sin mirarnos.
Unos minutos después nos levantamos del sofá y acabamos abandonando la casa de mi hermano. Antes de subirnos al coche, dejo salir al fin el reguero de lágrimas que llevaba conteniendo un buen rato y Leighton no duda en sostenerme entre sus brazos.
—No pensaba que iba a ser… tan duro —murmuro, contra su jersey.
—Hay que darle tiempo, cariño. Seguro que todo se soluciona.
—¿Tú crees?
—Es Kairon. Tu hermano te quiere, y quiero creer que a mí también, aunque sea un pelín —bromea, sacándome una pequeña sonrisa antes de subirnos definitivamente al coche y volver a su piso para acabar de celebrar lo bien que hemos empezado la mañana, aunque luego todo se haya ido un poco al traste.