CAPÍTULO 54
Scarlett
Presente
Observo a Regina de reojo mientras termina de recoger el desastre que tiene por escritorio. Cuando cierra con un sonoro ruido la cremallera del bolso enorme que siempre la acompaña, me paro a su lado, dándole un susto de muerte.
—¡Joder! Qué susto, tía —se lleva una mano al pecho mientras trata de ocultar la risa que le ha provocado mi sorpresa.
—Lo siento, es que quería preguntarte si… tendrías tiempo para tomar algo rápido en el bar de abajo y charlar.
Sus ojos oscuros me contemplan en silencio y sé perfectamente que los engranajes de su cerebro están funcionando a toda prisa para tratar de entender qué es eso tan importante que tengo que contarle que no puede esperar a mañana.
Se cuelga el bolso en su hombro y enlaza su brazo con el mío antes de empezar a caminar hacia la salida.
—¿Cuando dices charlar te refieres a desahogarte porque en unos días vas a tener que defender en un juicio al amor de tu vida? —suelta, sin paños calientes.
Mis mejillas se enrojecen al darme cuenta de que Regina me ha pillado con las manos en la masa y mi silencio es la respuesta que necesita. Pulsa el botón del ascensor y mientras esperamos a que llegue a nuestra planta, seguimos hablando.
—No sé si me gusta o me asusta el hecho de que ya empieces a conocerme tan bien —bromeo, al tiempo que la rubia pone los ojos en blanco de una forma sumamente exagerada.
—Bueno, ya era hora de que ocurriera, ¿no crees? Desde que empezamos a trabajar juntas, llegué a preguntarme si no eras realmente un robot muy bien conseguido. Supongo que ahora, para tu suerte o para tu desgracia, he aprendido a leerte.
Le doy un pequeño empujón con mi hombro por la broma que se puede leer en sus palabras y entramos en el ascensor, que nos deja en la planta baja en cuestión de segundos.
Por suerte, el bar al que vamos a acudir no está muy lejos de aquí y lo agradezco enormemente porque estos malditos tacones ya están empezando a hacerme heridas en los tobillos.
Regina y yo hablamos durante el corto trayecto sobre los casos que tenemos entre manos y le cuento algún que otro cotilleo de la boda de Kairon y Lisa.
Por supuesto, me apunto una nota mental para hablarle también de lo que hicimos Leighton y yo en el baño.
El recuerdo de nuestro encuentro llega a mí de golpe y porrazo y debo centrarme en mis pies tocando el suelo para evitar tropezar ante el calor que me acaba de desconcentrar al recordarlo con tanta claridad.
Pedimos un par de cafés nada más sentarnos a la mesa y mientras esperamos a que lleguen, Regina no tarda en sacar el tema del juicio de Leighton a colación.
—Bueno, ¿se puede saber qué dudas tienes en esa cabecita tuya con el juicio? Hasta donde me has contado, lo tienes todo bien atado, ¿no?
Me cruzo de brazos y apoyo la espalda en la silla mientras intento buscar las palabras adecuadas.
—No, si la parte teórica me la sé a la perfección. El problema es que no sé cómo voy a llevar el hecho de que si lo atacan de alguna forma… se note que nos une un vínculo que va más allá de lo estrictamente profesional. —admito.
Regina me escucha atentamente y suspira cuando ha procesado todo lo que le acabo de contar.
—Está claro que en la carrera no te hablan de la encrucijada que supone enfrentarte a un juicio cuando esa persona es importante para ti.
Pero, no sé, Scarlett… creo que debes dejar tu corazón en la puerta e intentar mostrarte todo lo fría que puedas.
Sé que decirlo y hacerlo son dos cosas distintas, pero confío en que lo conseguirás —me aconseja y alarga la mano para coger la mía y agradezco su gesto con una pequeña sonrisa.
En cuanto nos traen los cafés, Regina saca su móvil del bolsillo y empieza a teclear como si le fuera la vida en ello.
—¿A quién escribes? —Frunzo el ceño al verla tan ensimismada en la pantalla.
—A Macy.
Ahora sí que me he perdido del todo.
—¿A Macy? ¿Desde cuándo tienes su teléfono?
—Desde el concierto del otro día. Es una tía increíble. Si no fuera porque hace una pareja de diez con Jaden y te sale azúcar de las orejas cuando los ves juntos, no me importaría hacerla dudar de su sexualidad —bromea sacando durante unos segundos la lengua antes de volver a su cometido.
—¿Y se puede saber qué le estás preguntando?
—Calla y tómate el café.
Me río ante su orden y empiezo a preguntarme qué narices se le ha podido pasar por la cabeza a la loca de mi amiga.
◆◆◆
En cuanto vislumbro con mis propios ojos la pequeña nave en la que Leighton y la banda ensayan para sus conciertos, giro mi rostro a tiempo de ver la sonrisa de Regina justo cuando aparca su coche a unos metros.
Salimos del coche y mientras nos encaminamos hacia allí empieza a contarme el porqué de todo esto que parece haber orquestado con alguna intención oculta.
—Necesitas destensarte un poco, tía. ¿Y qué mejor que volver a acudir a un concierto privado de tu…? ¿Es pronto para llamarlo novio? —Se detiene, esperando mi respuesta con atención, pero la verdad es que ni siquiera la tengo.
Es decir, sé que ahora Leighton y yo nos hemos reconciliado y que, al parecer, las cosas parecen haber vuelto a su cauce, pero no sé realmente cómo calificar o etiquetar lo que tenemos porque me parece algo tan grande que ni siquiera puedo reducirlo a una sola palabra.
Me limito a encogerme de hombros a la vez que mi amiga pone los ojos en blanco.
Llegamos a la gran puerta de metal que nos separa del mundo que parece existir solo entre las paredes de la nave que tenemos delante de las narices y Regina opta por dar un par de golpes fuertes para avisar de nuestra presencia.
Unos segundos después, la sonrisa socarrona de Spencer nos saluda y con un gesto cómico nos hace pasar como si fuéramos dos invitadas de honor.
—Qué ganas tenía de esto, chicas —anuncia el rubio colocándose entre ambas y posando sus brazos sobre nuestros hombros.
No podemos evitar que se nos escape una carcajada ante la alegría que desprende Spencer siempre y nos acompaña a los sofás, avisándonos de que Macy y Jaden están al caer y que Leighton está en el pequeño baño que hay al final de la nave, justo al lado del escenario improvisado que siempre usan para dar rienda suelta a sus emociones cuando cantan esas canciones que erizan el vello de cualquiera que aprecie mínimamente la buena música.
Mientras Spencer y Regina se enzarzan en una conversación de la que he desconectado desde el minuto cero, me levanto con cuidado para no interrumpir su charla y me dirijo hacia el baño, no sin antes llamar a la puerta.
—Ahora no, Spence.
—Soy yo —murmuro a través de la puerta, esperando que mis palabras sean razón suficiente para poder verle la cara y comprobar que está bien.
Al pasar varios segundos desde nuestra primera interacción, decido abrir la puerta y contemplar con mis propios ojos a Leighton apoyado en el lavamanos con la mirada fija en el espejo. Una mirada que denota la preocupación que parece impregnar su mente en estos momentos.
—Hola… —Vuelvo a saludar mientras me acerco a su espalda y dejo un delicado beso en su hombro.
Leighton suspira al tiempo que baja la mirada. Se da la vuelta y me rodea la cintura con los brazos con una delicadeza impropia de él, casi como si con ese agarre me estuviera demostrando las dudas que se pueden leer en su mirada.
—Hey, ¿qué pasa? —pregunto con ternura, acunando su mejilla con una de mis manos libres.
—Estaba pensando en qué pasará si no ganamos el juicio. No puedo desprenderme de la música de esta manera, Scarlett. Es mi vida entera, lo sabes, ¿no? — Se lamenta.
Se me forma un nudo en la garganta al verlo tan sumamente asustado.
—Mira, no puedo asegurarte nada porque no tengo la voz de la razón, pero ten por seguro que haré todo lo que esté en mi mano para solucionar todo esto, ¿vale? Ya no solo como tu abogada, sino como…
—¿Como…?
Su pregunta me pilla por sorpresa porque, por mucho que trate de encontrar una palabra adecuada para lo que sea que hay entre los dos, no consigo hallarla.
—Mira, no sé qué somos ahora, pero no quiero que dejemos de serlo —aseguro, mirándolo a los ojos y deseando que entienda que estoy entregándole de nuevo mi corazón, esta vez sin miedo a que pueda destruirlo.
—Es una forma muy original de decir que estás loquita por mis huesos —bromea, aprovechando mi desconcierto para darme un beso en la nariz.
Río ante su comentario y salimos del baño al escuchar las voces de Jaden y Macy, quienes al parecer ya han hecho acto de presencia.
Mientras Regina y yo esperamos a que la banda prepare todos los instrumentos y pongan los micrófonos a punto, no puedo evitar pensar en el hecho de que, en esta nave, los problemas parecen doler menos.
Como si estar acompañada de Macy, Regina, Spencer y Jaden, además de Leighton, por supuesto, consiguieran que deje de ser durante los instantes que comparto con ellos, esa Scarlett que creyó empezar a vivir a medias cuando iba al instituto y tras la marcha de Leighton.
Ahora que los contemplo riendo entre ellos y viendo la complicidad en sus miradas, entiendo el verdadero significado de familia. Ese tipo de familia que eliges para que pueda acompañarte en cualquier momento crucial de tu vida y que poco tiene que ver con la sangre y más con el corazón.
Reprimo las ganas de llorar ante la euforia que me acaba de embriagar y no puedo evitar apoyar la cabeza sobre el hombro de Regina, quien no duda en pasar una mano con toques suaves por mi espalda, pues a veces no se necesita hablar para que alguien te entienda.
Cuando los chicos están listos, Regina me da un beso tierno en la cabeza para acabar de serenarme del todo y le dedico una mirada de agradecimiento antes de entrelazar su brazo con el mío y sentir los nervios que preceden a un buen concierto.