CAPÍTULO 51
Leighton
Presente
Los nervios no tardan en asentarse en mi estómago mientras espero a que Scarlett se presente en la entrada del hospital para poder ver a Trevor al fin.
Me he pasado prácticamente toda la noche sin dormir, preguntándome qué narices voy a decirle después de lo que le hice.
He tenido pensamientos intrusivos de todo tipo; desde que, en cuanto me vea, me va a lanzar cualquier cosa que tenga a mano a la cara, que nada más verme va a llamar a la policía o cualquier otra triquiñuela que mi mente quiera imaginar con tal de no pensar en los pocos minutos que quedan para verlo.
Por suerte, mi mente no puede martirizarme más porque enseguida percibo los pasos de Scarlett dirigiéndose a mí.
Hoy viste con una elegante falda de tubo —tengo que reconocer que la forma en la que envuelve sus caderas ha conseguido que se convierta en mi prenda favorita en el mundo entero— y una camisa de color blanco.
Derrocha elegancia por cada poro de su piel y yo solo puedo sentir la imperiosa necesidad de arrodillarme ante ella y hacer cosas que no están bien vistas para todos los públicos.
—¿Cuánto rato llevas esperando? — pregunta antes de regalarme un dulce beso en los labios que me deja algo atolondrado y enormemente feliz ya que, a simple vista, parece no arrepentirse de lo último que ha ocurrido entre ambos.
Ahora que he vuelto a tenerla entre mis brazos y saborear sus labios, me hundiría en la más profunda tristeza si tuviera que desprenderme de ella.
—Vaya, ¿y este beso?
Ella sonríe al escuchar mi pregunta y se limita a encogerse de hombros.
—Tenía que hacer algo para que dejaras de temblar como un flan —explica, antes de unir su mano con la mía y deleitarme con una pequeña sonrisa que calienta mi corazón cuando avanzamos por las puertas batientes del hospital.
Mientras esperamos a que el ascensor baje hasta la planta en la que nos encontramos no puedo evitar hablar para dejar de pensar en lo rápido que me late el corazón.
—No he pegado ojo en toda la noche. ¿Cómo crees que se tomará el hecho de verme?
Su mano sigue unida a la mía y un leve sonido agudo nos advierte de que el ascensor ha llegado. Nos metemos dentro acompañados de personal del hospital y de otras personas que vendrán a visitar a sus enfermos. No separa su mano de la mía mientras trata de reconfortarme:
—No te preocupes, estoy a tu lado. Sea lo que sea lo que ocurra en cuestión de minutos, podremos resolverlo juntos.
Joder.
La quiero tanto que ahora mismo el verbo se me queda corto. Ahora mi corazón late acelerado por un motivo diferente y cuando menos lo espero el ascensor rebota y abre sus puertas haciéndonos saber que ya hemos llegado a la planta en la que se encuentra Trevor.
Por motivos obvios, al empezar a caminar hacia la habitación Scarlett separa su mano de la mía, pues no creo que sea muy buena idea que me vean cogido de la mano de mi abogada.
El pulso me late acelerado en los oídos y siento que voy a desmayarme en cualquier momento.
Gracias a Dios que tengo al lado a Scarlett y el leve repiqueteo de sus tacones me hace ser consciente de que salga bien o mal, ella estará a mi lado.
Que ahora no huye de mí como hace unos meses, sino que está dispuesta a quedarse conmigo para capear la tormenta que se nos pueda avecinar en cuestión de minutos.
Nos detenemos delante de la puerta de la habitación. Suelto todo el aire que estaba conteniendo y justo cuando me atrevo a dar unos pasos más, Scarlett coloca una mano en mi pecho para frenarme.
—Creo que será mejor que entre yo primero. Si todo va bien, te avisaré para que pases, ¿vale?
La templanza con la que habla me relaja durante unos segundos y cuando me doy cuenta de que me he quedado completamente callado acabo asintiendo para no alargar esta tortura mucho más. Scarlett besa mi frente para tranquilizarme y llama con los nudillos a la puerta esperando a que la dejen pasar.
Unos segundos después, Scarlett entra en la habitación y me limito a apoyar mi espalda en la pared para evitar que me tiemblen mucho más las piernas. Todos los posibles escenarios habidos y por haber pasan por mi mente a cámara rápida y no se lo desearía a nadie en el mundo, siendo sinceros.
No sé a ciencia cierta el tiempo que pasa hasta que escucho la puerta abrirse y veo a Scarlett tras ella, algo así como si fuera una aparición divina en medio de todo el caos que hay ahora mismo en mi mente.
Me hace un gesto con la cabeza invitándome a pasar y trago saliva antes de mandar una orden directa a mis piernas para que empiecen a moverse y no alarguen esta tortura.
El calor de la habitación me recibe con una gran oleada y la primera persona a la que veo es a Chloe, la novia de Trevor, que se encuentra sentada en una silla colocada enfrente de un armario.
Me dedica una pequeña sonrisa, más por cortesía que por gusto, supongo, y cierro los ojos unos segundos antes de darme la vuelta y enfrentarme a él.
Trevor tiene varios moretones en la cara, en la zona de las mejillas e incluso una venda rodeando su cabeza.
Sus ojos me devuelven la mirada, una mirada que se encuentra sumamente agotada y me quedo de pie como un pasmarote esperando a que actúe, a que me grite o a que haga algo con lo que llenar este maldito silencio incómodo.
Los recuerdos de la noche en la que ocurrió todo acuden a mí en tropel y me veo en la necesidad de recordar que debo controlar mi respiración para evitar que un ataque de ansiedad aparezca en el momento menos oportuno.
Trevor le dedica una mirada a Chloe y ella se limita a encogerse de hombros, como dándole a entender que él debe hacer lo que sienta y lo que quiera, que no está obligado a actuar de cualquier otra forma.
—Hola… —murmura tras unos segundos, bajando un poco la mirada.
Ahora soy yo quien mira a Scarlett, casi como si necesitara su apoyo para lograr que las palabras salgan a través de mis labios.
—Sé que un perdón no va a devolverte el tiempo que has estado en coma, pero… lo siento, lo siento mucho y si pudiera echar el tiempo atrás, ten por seguro que lo haría. —le aseguro, de todo corazón.
Ni siquiera sé cómo narices he podido decir tantas palabras seguidas, pero el caso es que lo he hecho y ahora solo hace falta ver la reacción de Trevor.
Una reacción que tarda tanto tiempo en llegar que empiezo a preparar mis piernas para correr por si acaba llamando a la policía en el momento menos esperado.
—Mis padres quieren matarte. Lo sabes, ¿no?
Trevor me dedica una pequeña sonrisa que me desconcierta durante unos segundos. Frunzo el ceño mientras me giro para comprobar que Scarlett haya escuchado lo mismo que yo y ella se limita a encogerse de hombros, dándome a entender que no sabe por dónde van los tiros.
—Sí, y lo entiendo. Si alguien le hiciera a mi hijo lo que te he hecho a ti, lo perseguiría hasta los confines de la tierra —contesto, sin entender muy bien lo que está ocurriendo.
Trevor deja escapar un largo suspiro antes de pedirle a Chloe que le acerque la botella de agua que lleva en su bolso. Ella se acerca con la botella en las manos y espero a que Trevor se hidrate para seguir con una conversación que no esperaba mantener con él en este tono.
—A ver, no te voy a decir que ha sido maravilloso estar en esta situación, pero tampoco creo que tengas que acabar… donde quieren ellos que acabes. Quiero creer que has aceptado tu error y…
—Sí, por supuesto. Esa noche se me fue completamente la cabeza y me arrepiento muchísimo, pero mi mente me jugó…
—Leighton —Scarlett llama mi atención y corta mi verborrea—, lo mejor para el juicio será que no demos información de más. Espero que lo comprendáis —aclara ella, mirando a Trevor y Chloe, quienes asienten ante su advertencia.
Me acabo despidiendo de Trevor con un apretón de manos que me tranquiliza muchísimo y le doy un pequeño abrazo a Chloe antes de marcharnos de la habitación para dejarlo descansar.
Mientras caminamos de vuelta al ascensor siento que puedo respirar de nuevo y Scarlett me da un ligero apretón en el hombro para infundirme fuerzas.
—¿Ves cómo no ha ido tan mal? —inquiere, al entrar en el ascensor.
Pero claro, el universo no podía darme ni un solo respiro en el día de hoy porque, nada más abrirse las puertas y dejarnos en la planta baja nos encontramos con los padres de Trevor, que se quedan boquiabiertos al vernos.
Miro a Scarlett con el terror reflejado en mis ojos y ella se limita a colocar una mano en mi espalda, indicándome que empiece a caminar sin decir nada.
Sin embargo, a la madre de Trevor parece no hacerle demasiada gracia la idea de que los rehúya como un cobarde.
—¿Ahora no tienes valor para mirarnos a la cara? ¿Después de todo el sufrimiento que hemos pasado por tu culpa?
Siento sus palabras en mi espalda como dagas que me hacen sangrar durante unos segundos y aprieto la mandíbula, a punto de perder los nervios que tan templados había tenido hasta el momento.
—¿Qué pasa? ¿Ya le has ido con el cuento a Trevor de que lo sientes mucho y le has dado un sobre repleto de los billetes con los que te ganas la vida siendo un cantante de tres al cuarto?
Joder.
Sin esperar a que Scarlett me agarre del brazo para frenar mis pasos, me doy la vuelta para enfrentarme a la mirada furibunda de la madre de Trevor y a su marido, que se limita a mirarme también con odio mientras mantiene su mano aferrada a la de su mujer, probablemente esperando que la conversación no se encienda más.
Aunque está claro que eso no va a suceder.
—Como ya he hablado con Trevor, siento mucho lo ocurrido.
No debería haber actuado como lo hice y si pudiera cambiarme por él en estos momentos, tened por seguro que lo haría.
—Intento que no noten el temblor en mi voz, pero algo me dice que es misión imposible.
— Lo que pasó esa noche me perseguirá durante el resto de mi vida y estoy dispuesto a cargar con las consecuencias de mis actos, pero no por ello voy a dejar que creáis que por ser alguien medianamente reconocido, voy a querer escaquearme de lo que hice.
—Ni cientos de abogados como ella van a conseguir que te vayas de rositas —espeta la madre de Trevor con una mirada despectiva en dirección a Scarlett.
Y ese gesto es más que suficiente para hacerme avanzar unos pasos más, pero Scarlett me frena colocando de nuevo una mano en mi hombro.
—Leighton, por favor. No lo hagas más difícil —me suplica en voz baja para que ellos no la escuchen.
—Hazle caso a tu abogada, chico. No quieras añadir más cargos a tu expediente.
El padre de Trevor entra en escena, calentándome todavía más.
Aprieto mis puños al lado de mi cintura y respiro hasta tres veces, pensando bien lo que hacer a continuación.
Por suerte, el tacto de Scarlett en mi hombro consigue hacerme recapacitar y dar media vuelta antes de hacer algo de lo que pueda arrepentirme.
Me deshago de su tacto con cuidado para no ofenderla y empiezo a caminar enfurecido hasta la puerta de salida, sintiendo la imperiosa necesidad de coger aire para no soltar lo primero que se me pasa por la cabeza en estos instantes.
El aire gélido de diciembre inunda mis pulmones y respiro unos segundos antes de notar la presencia de Scarlett a mis espaldas.
—Leighton, al coche. Ya.
—Pero…
No entiendo su orden directa ni por qué ahora parece ella la que quiere matarme.
—No me hagas repetírtelo dos veces.
Joder.
Pues sí que avanza bien el día.