CAPÍTULO 50
Scarlett
La vida de Scarlett dio un giro de ciento ochenta grados cuando, al poco de terminar las prácticas en el bufete de abogados de CrownLaw Firm , la llamaron para empezar a trabajar con un contrato que no esperó recibir tan pronto.
Después de cuatro agotadores años de carrera, había logrado llegar a esa recta final que le recordaba que el esfuerzo había merecido la pena.
La noticia del contrato llenó las paredes de casa de los Lambert de una alegría que llevaba años sin sentir y unos días después Scarlett empezó a preparar las maletas para dar inicio a esa nueva vida que la esperaba.
Un piso nuevo para ella sola, el trabajo de sus sueños y la esperanza de reconducir su vida sin recuerdos dolorosos del pasado que la habían convertido en una persona llena de ambición y con la creencia de que la vida a partir de ahora solo debería basarse en el trabajo y en hacer que todo el esfuerzo que había dedicado hasta el momento no cayera en saco roto.
El pasado ya parecía no pisar sus talones y Scarlett empezó a trabajar en el bufete de sus sueños convirtiéndose en una persona completamente diferente a la que había dejado atrás al empezar la universidad.
Ahora, apenas salía y sus amistades se vieron sumamente reducidas hasta el punto de que la única persona con la que mantenía conversaciones asiduas era con la cajera del supermercado o con la vecina de un par de plantas más abajo.
Porque, a pesar de que Scarlett tuvo alguna que otra amistad pasajera en la universidad para evitar que la soledad llegara a ella sin esperarlo, acabó comprendiendo que jamás podría aferrarse a ninguna de esas amistades lo suficiente como para que la confianza se asentara entre ellas y pudiera contarle aquello que tanto pesaba en el interior de su alma.
Que todavía conservaba la pluma estilográfica que él le regaló y que todavía la llevaba en el estuche con en el que se presentó en su primer día de trabajo, como una especie de amuleto que le recordaba que alguien creyó en ella en su momento y que, ahora esa creencia parecía haber dado sus frutos.
Que ya no leía ese cuaderno todas las noches porque las páginas ya se habían vuelto algo amarillentas y las letras estaban difuminadas. Ya no necesitaba una dosis de él para dormir, pero seguía manteniendo ese cuaderno como si de una reliquia se tratase.
Scarlett construyó una nueva vida ajena a todas aquellas emociones que la asaltaban cuando pensaba de más en él y acabó desarrollando una especie de aversión a cualquier tipo de emoción positiva.
Cosa de la que no tardó en darse cuenta su hermano.
Él sentía que su hermana parecía estar viva por momentos, como si una especie de nubarrón se aferrara a ella durante unos breves segundos para luego hacer ver que no había pasado nada.
Aunque estaba claro que ese nubarrón tenía nombre y apellidos, un nombre y un apellido que no podían mezclarse en una misma frase relacionada con el amor porque entonces ese secreto que todavía los unía a pesar de la distancia y de los años, acabaría rompiéndose, despedazando también ese hilo invisible que los uniría hasta el fin de sus días.