CAPÍTULO 49
Leighton
La adrenalina que recorrió el cuerpo entero de Leighton cuando recibió esa llamada que cambiaría el rumbo de su vida para siempre fue tan sumamente adictiva que, por unos segundos, se olvidó de que habían pasado ya dos años desde que lo había dejado todo atrás para mantener en una burbuja esa historia de amor que era la base de todas las canciones que ya llevaba la banda a sus espaldas.
Al parecer, la subida a una plataforma de música de Sleeping in your arms había sido el aliciente para que el dueño de ese bar de moda de la zona acabara encontrando las redes sociales de la banda y se pusiera en contacto con Leighton.
Cuando le contó la gran noticia a Macy, Jaden y Spencer, todos gritaron de júbilo y tardaron bastante en hacerse a la idea de que, por primera vez, iban a cantar esa misma canción delante de un público considerable.
Pero, pese a la alegría y los nervios previos a su estreno como banda en ese primer local, Leighton no pudo evitar sentir ese regusto amargo en el fondo de su garganta y de su corazón, que le gritaba que le habría encantado compartir ese gran momento con ella.
Con la chica que jamás había dudado de su talento y que ahora solo se mantenía viva en su recuerdo y en las canciones que lo asaltaban a cualquier hora de la madrugada.
Sin embargo, no permitió que la nostalgia que lo invadió fuera notable para los demás y se pasaron el resto de las horas que faltaban antes de su gran estreno ensayando, comprobando que los instrumentos estuvieran a punto y calentando sus voces para que nada saliera mal.
Nada les hizo imaginar que, después de esa primera noche espectacular en la que fueron conscientes de que su música avivaba a las personas que la escuchaban, llegarían más.
A raíz de esa noche, los seguidores en las redes sociales de la banda aumentaron considerablemente y, unos meses después, anunciaron a bombo y platillo que ya estaban preparando un setlist a la altura de la canción que los había catapultado al éxito local que jamás habían esperado alcanzar.
Esa ristra de canciones se asentaría en ellos de tal manera que, varios años después, seguirían cantándolas porque jamás se cansaban de la energía que los invadía al hacerlo.
Todos los miembros de la banda alabaron a Leighton por las letras y él lo agradeció con una sonrisa que no le llegó a los labios porque, pese a que sabía a ciencia cierta que un cantante siempre tenía que innovar su repertorio y sacar nuevas canciones, no podía evitar sentirse mal por ocultar a los que se habían convertido en familia en menos tiempo del esperado, que el motivo por el que no creaba más canciones era porque esas mismas ocho hacían referencia a la mujer que había dejado escapar y que ahora se mantenía más viva que nunca con él de esa forma.
A través de esas canciones que formaban un nombre que se había tatuado en el alma con ese tipo de tinta que ni el tiempo ni la distancia serían capaces de borrar.
Una tinta que se vio algo opacada durante unos años con la aparición de Caroline.
Lo que empezó como una relación de amistad al verla disfrutar de uno de los conciertos de la banda como una fan enloquecida, acabó convirtiéndose en una esperanza para Leighton de lograr olvidar su pasado y permitirse a sí mismo que su propio corazón pudiera doler un poco menos, que ese dolor fuera anestesiado besando otros labios, acariciando otro cabello, escuchando otra risa.
Sin embargo, a pesar de que en más de una ocasión debía recordarse que lo mejor para él sería aferrarse a Caroline como si de una especie de bote salvavidas se tratara, se recriminó a sí mismo que jamás podría hacer algo así cuando fue precisamente ese sentimiento, el del apego emocional, el que hizo que se acabara separando de la única mujer a la que amaría hasta derramar su último aliento.
Por ello, en cuanto vio que las esperanzas por unir su vida a unos anillos que jamás llegarían a estar en sus manos, Leighton tuvo que romper el corazón de Caroline con su negativa y resignarse a escuchar su corazón de nuevo y recordar que esa tinta imborrable que le recordaba a su anterior vida, jamás podría desprenderse de él y, por tanto, el recuerdo de Scarlett Lambert, tampoco.
Leighton comprendió que el amor solo había tenido sentido una vez y que jamás volvería a tenerlo si no era de la mano de la hermana de su mejor amigo, ese amigo al que también había dejado de lado y con el que pensaba ponerse en contacto más pronto que tarde.
Porque, aunque hubiera encontrado una familia entre Macy, Jaden y Spencer, seguía sintiendo un vacío en el centro del pecho que poco tenía que ver con el amor que había dejado atrás y mucho más con esa amistad que ocultaba en su unión un secreto que lo uniría eternamente a ella.
Kairon contestó a su llamada una fría noche de invierno con una expresión de sorpresa que no pasó inadvertida por Leighton a pesar de no poder verlo con sus propios ojos.
Se preguntaron cómo les iba todo dejando a un lado la huida de Leighton porque ambos sabían que esa conversación todavía podía permanecer pendiente.
Kairon le habló de Scarlett y Leighton agradeció en esos momentos no tener a su amigo delante porque así no podría ver cómo se le desencajaba el rostro al completo al escucharle decir que su hermana estaba bien, que lograba verla algo más alegre que cuando su madre ingresó en la clínica y que estaba centrada en la carrera de derecho y en disfrutar de la vida a pesar de que su familia se hubiera roto en mil pedazos, pero como contaban el uno con el otro, con ese apoyo entre hermanos que había permanecido desdibujado durante unos angustiosos meses, todo parecía haber vuelto a la calma.
Leighton colgó la llamada con un nudo en el pecho que no consiguió deshacerse cada vez que Kairon hablara de ella en las posteriores conversaciones.
Un nudo en el pecho que le recordaba que la vida parecía seguir para todos, menos para él, dejándolo completamente olvidado en los recuerdos de una vida pasada y en las pesadillas que le recordaban lo que ya no podría volver a tener.