Adicto a tu recuerdo CAPÍTULO 47
83%

CAPÍTULO 47

Leighton

El arrepentimiento por lo que había hecho se presentó en el organismo de Leighton mucho antes de lo que realmente esperaba.

Unas horas después de abandonar todo lo que había conocido y mientras agarraba con fuerza el volante de su coche para mitigar un dolor que tardaría años en desaparecer, se planteó la absurda idea de dar la vuelta y hacer como si nada hubiera pasado.

Pero se recordó que lo hacía precisamente por ella, por no manchar una historia tan bonita como la que estaban creando con la negrura de la dependencia, esa negrura que acabaría tiñendo las raíces de un amor tan inesperado como adictivo.

La primera noche que pasó a solas en el apartamento de un compañero de universidad se le antojó extraña, como si le faltara algo.

Aunque en lo más profundo de su corazón sabía que lo que realmente le faltaba era esa chica morena de cabello rizado que había cambiado su idea del amor, una idea del amor que estaba completamente destrozada al descubrir la mentira en la que vivían sus padres y que, por suerte, no tendría que volver a visualizar con sus propios ojos.

Entonces, a la mañana siguiente, las llamadas llegaron.

Hasta cincuenta llamadas perdidas de ella, unas diez de su madre y unas cuantas más de Jaden y Macy, las cuales respondió porque sentía que debía aferrarse a algo de la vida que había dejado atrás.

Lo que no esperaba era que al descolgar la llamada le dijeran que Scarlett había llegado al punto de preguntarles a sus amigos si sabían de su paradero.

Agradeció que ninguno de los dos le dijera nada, sin embargo, al colgar no pudo deshacerse de la desazón que colmaba su pecho en esos momentos hasta pasadas unas horas.

Una desazón que iba y venía según se acordaba de ella.

Siguió estudiando a distancia porque así podría mantener la mente ocupada con algo que no fueran los recuerdos y lo sumamente adicto que se había vuelto a ellos.

Los días y las noches pasaban rápido cuando no se permitía pensar, pero cuando lo hacía…

cuando lo hacía no había nada que frenara el impulso de coger una libreta cualquiera y empezar a escribir, empezar a crear la que, sin saberlo en esos momentos, sería la lista de reproducción de los conciertos que llegaría a dar unos años después.

Con la convicción de que la música era el único resquicio de paz que tenía en medio de los remordimientos y la culpa que no le permitían descansar por las noches, llamó a Jaden y Macy de nuevo para valorar la posibilidad de contactar con alguien que pudiera proveerles material e incluso un pequeño estudio para empezar a componer esas canciones que se estaban metiendo bajo la piel de cada uno de ellos y que los unieron mucho más de lo que esperaban en un principio.

Unos días después conocieron a Spencer, un chico rubio con alma de niño que les ofreció su garaje como sala de ensayos y algunos materiales para empezar a darle caña, según sus palabras literales, a ese sueño que empezaron a compartir los cuatro y que dejó de ser tan inalcanzable.

Al cumplirse la primera semana desde su desaparición, soñó por primera vez con ella.

Soñó que la abrazaba, incluso cuando se levantó con el corazón acelerado al sentir en sus fosas nasales ese olor tan característico de su piel, agarró la libreta que descansaba encima de la mesita de noche y, con las manos temblorosas, empezó a escribir los retazos de los que, en unos días, saldría la primera canción dedicada a ella.

Sleeping in your arms nació esa misma madrugada y fue el preludio de todas las canciones que llegaron después y que acabaron convirtiéndose en esa ancla a la que Leighton se agarraba con desesperación para evitar sucumbir a la locura de su recuerdo.