CAPÍTULO 45
Leighton
Pasado
No me sorprendió lo más mínimo encontrarme una nota pegada en la nevera en la que mis padres me avisaban de que tenían planes para la comida de Navidad.
Estaba claro que hacía tiempo que habíamos dejado de ser una familia al uso, pero eso ya me parecía demasiado fuerte incluso para tratarse de ellos.
Lancé un largo suspiro al aire mientras esperaba a que se calentara la cafetera y decidí escribirle a Scarlett para ver cómo se encontraba.
Habían pasado un par de días desde que Callie ingresó en la clínica y estaba muy preocupado por Scarlett.
Kairon intentaba hacer que hablara, que mostrara sus emociones, pero algo dentro de mí me decía que había ocurrido algo entre los hermanos Lambert, algo que quizá acabara alargándose en el tiempo.
Sin embargo, conmigo Scarlett hablaba sin parar, ya fuera en forma de mensajes a deshoras o llamadas telefónicas en las que necesitaba escuchar mi voz para conciliar el sueño y que el peso de la culpa no lograra asfixiarla por las noches.
La culpa por no haber ido a despedirse de su madre y, por no haber encontrado todavía el valor para ir a verla.
Esperé a que contestara a mi mensaje mientras me tomaba el café y aproveché para ponerme al día con los mensajes del grupo que compartía con Macy y Jaden.
Ese par se había convertido en un imprescindible en mi día a día.
Un remanso de paz al que acudir cuando la música pendiente de ser creada y compuesta atronaba mis oídos y ellos se encargaban de recoger esas ideas y de darles esa forma con la que soñaba.
No sabía si algún día llegaríamos a ser un grupo consolidado o si el grupo que habíamos creado acabaría sentenciado al olvido porque, al fin y al cabo, solo éramos tres estudiantes universitarios con ganas de comernos el mundo con nuestras composiciones con la esperanza de que ese mismo mundo no nos acabara comiendo.
Limpié la taza y dejé que se secara cuando recibí un mensaje.
Scarlett me comentaba que Kairon había decidido celebrar la comida de Navidad con Lisa y sus padres, hecho que me confirmaba que, en efecto, había ocurrido algo entre los dos hermanos.
Pero, joder, ¿ese algo era tan importante como para dejar a tu propia hermana comiendo sola el día de Navidad?
Necesitaba tener una conversación urgente con Kairon antes de que las cosas empeoraran.
Aunque no me hacía demasiada gracia la idea de estar nadando entre las dos aguas más importantes de mi vida en esos momentos.
No dudé ni un instante en responder al mensaje de Scarlett diciéndole que tenía un plan pendiente conmigo y que viniera a casa para comer. Su respuesta llegó al instante y enseguida me puse a buscar ingredientes para preparar una comida decente en un día tan señalado.
◆◆◆
El timbre sonó un par de horas después y, nervioso como no había estado nunca, me acerqué a la puerta encontrándome en cuestión de segundos a una Scarlett con un vestido largo de algodón de color burdeos y unos pequeños tacones con los que se me resecó la boca al instante. Joder.
Pensándolo bien, esa comida improvisada de Navidad iba a ser como una cita a solas. Aunque, teniendo en cuenta cómo iba vestida Scarlett, creo que la comida había pasado a un segundo plano porque lo único que me apetecía en esos momentos era deslizar mis manos por el bajo del vestido y…
Maldita mente sucia.
Yo mismo le había dicho a Scarlett que no quería ir deprisa con lo nuestro. Teníamos todo el tiempo del mundo para descubrirnos, para saber lo que le gustaba al otro y, sin embargo, no me importaría por nada del mundo que ese momento llegara más pronto que tarde. Ese mismo día, ya que estábamos.
Al ver que Scarlett trataba de llamar mi atención con un gesto de su mano, volví a recobrar la consciencia y le sonreí como un idiota antes de sorprenderla con un delicado beso en los labios. Ella se limitó a sonreírme de vuelta y entramos juntos en casa.
—¿Y bien? ¿Qué has preparado para comer? Por lo que veo, no has provocado ningún incendio.
Su broma me hizo sonreír y la adoré todavía más por poner algo de humor teniendo en cuenta el momento tan complicado que estaba viviendo en esos instantes.
—Bueno, creo que tendrás que adivinarlo por tu cuenta. —Le indiqué con la mano que tomara asiento en la mesa del salón y que esperara a que llegara.
Ella se quedó sentada deleitándose ante la visión de la mesa que había tratado de adecentar lo suficientemente bien como para que no estuviera muy recargada, pero que tampoco pareciera demasiado.
Entré en la cocina y apagué el horno en el que había preparado una carne en salsa que esperaba que me hubiera quedado bien y lo acompañé a su vez con una ensalada en la que sinceramente eché todo lo que había encontrado en la despensa. Pero daba el pego y eso era lo más importante.
Unos minutos después aparecí con todo el despliegue de comida y lo deposité con cuidado sobre la mesa. La expresión de sorpresa no tardó en aparecer en el precioso rostro de Scarlett.
—Vaya, así que sabes hacer algo más que pizza congelada. Algo me dice que nunca dejarás de sorprenderme, Leighton Sullivan —exclamó, risueña.
—No lo sabes tú bien —murmuré, antes de lanzarme a darle un beso en la frente con el que conseguí que sus mejillas se ruborizaran.
Tomé asiento a su lado y empezamos a comer en silencio. Tras unos segundos, Scarlett fue la primera en hablar.
—¿Es normal que esta comida sea lo único que me ha hecho feliz en las últimas semanas? —formuló la pregunta mirando fijamente su plato de carne, casi como si le diera vergüenza el simple hecho de haberla pronunciado.
Dejé los cubiertos en el plato y alcancé su mano para estrecharla con fuerza e infundirle todas esas energías positivas que necesitaba para afrontar lo que tuviera que decirme a continuación.
—Vivir en esa casa ahora mismo se me antoja un maldito infierno, Leighton.
Kairon trata de que todo siga igual, pero sé que me sigue culpando por lo que le ocurrió a mamá.
Y, por si fuera poco, ahora se ha quedado completamente solo conmigo y haciéndose cargo de todas las facturas y…
no puedo evitar sentirme… sola. Hace tanto tiempo que no tengo una conversación de más de dos palabras con mi hermano que el eco que hay en la casa en la que antes no paraban de sonar risas me perfora la mente hasta por las noches.
Su voz empezó a temblar y retiré mi silla con la intención de que Scarlett se sentara en mis rodillas.
Necesitaba que me sintiera cerca o que, al menos, mi cercanía lograra calmarla de algún modo.
Me partía el corazón en mil pedazos ver su alma tan triste cuando fue precisamente su alma llena de vida lo que me cautivó de ella.
Empecé a acariciar su pelo y ella no tardó en acunar mi mano libre en su mejilla.
—Siempre que te sientas sola, recuerda que estoy a una llamada de distancia o incluso a cinco minutos corriendo. Sabía que pasaba algo entre vosotros sin que ninguno de los dos me lo dijera, pero no sé, quizá si hablo con él, puedo conseguir que…
—No, no quiero meterte en medio de nuestra guerra. Solo quiero… que el dolor que siento desaparezca. Y eso solo parece ocurrir cuando estoy contigo.
Mi corazón se saltó un latido ante su confesión.
Aunque a esa sensación no tardó en acercarse una que llevaba mucho tiempo, más del que me gustaría, atronando mi mente y mis pensamientos.
La idea de que Scarlett empezara a depender de mí para que su felicidad volviera a resurgir en medio de la marabunta de emociones que la perseguían día tras día, llegaba a perturbarme.
Tenía claro que siempre que ella me necesitara, estaría allí.
Sabía perfectamente lo horrible que era sentirse solo en un mundo que parecía haber dejado de escucharte.
No obstante, esa sensación de soledad no podía anclarse a la idea de que la otra persona podría hacer desaparecer ese sentimiento con un simple chasqueo de dedos o con su simple presencia.
Además, ¿qué tipo de ayuda más allá de abrazarla y besarla podría ofrecerle una persona que prácticamente vivía sus días y noches en un hogar roto? ¿Qué idea del amor podría ofrecerle cuando la mía se desdibujaba a medida que veía a mis padres esquivarse cada día más?
Sabía que lo que sentía por Scarlett era amor, pero la simple idea de no poder compararlo con nada más porque era la primera vez que me ocurría, consiguió que llegara a plantearme si no estaría pensando en la idea de cruzar la delgada línea que separaba el amor de la dependencia emocional.
Porque ese sí que sería un pozo del que ninguno de los dos podría escapar con facilidad.
Dejé de vagar por mis pensamientos en el mismo momento en que me di cuenta de que Scarlett había terminado de comer y recogimos la mesa para limpiar lo que habíamos ensuciado en un silencio cómodo de esos que solo compartes con la persona adecuada.
Al acabar de fregar los platos, fuimos a mi habitación porque quería enseñarle a Scarlett las letras en las que había estado trabajando últimamente.
Y esa era la idea hasta que, al estirarse en mi cama, pude contemplar cómo su vestido color burdeos se alzaba unos centímetros hasta permitirme ver un resquicio de su pierna desnuda.
Tragué saliva y dejé mi mirada fija en esa parte de su anatomía durante tantos segundos que ella se percató de mi silencio y preguntó:
—¿No querías enseñarme las canciones en las que estabas trabajando?
La pequeña risa que siguió a su pregunta fue el impulso que necesité para acercarme un poco más a ella y susurrar:
—Un músico puede crear canciones de mil formas distintas, Scarlett.
Antes de que pudiera pensar siquiera en lo que estaba haciendo, me senté a su lado y coloqué mi mano temblorosa sobre ese trozo de piel que había quedado al descubierto con su movimiento y que se erizó en el mismo momento en el que la yema de mis dedos la rozaron.