CAPÍTULO 44
Leighton
Presente
Los rayos de sol entran por la ventana despertándome sin poder evitarlo. Porque, si pudiera escoger, preferiría quedarme dentro de esta cama donde los sueños parecen alcanzables y el pasado ha dejado de pesar.
Al empezar a mover las manos sobre la cama, el corazón me da un vuelco cuando descubro que la parte en la que durmió Scarlett está vacía.
Sin embargo, al colocar la palma completa de mi mano derecha me percato de que todavía está algo caliente.
Por lo tanto, si ha acabado marchándose no ha sido hace mucho.
Me levanto de súbito de la cama, con los ojos todavía medio cerrados, pero con la certeza de que esta vez no pienso dejarla marchar, no pienso permitir que lo que le hice en un pasado marque un punto y final en una historia que jamás debió acabar.
Avanzo unos pasos hasta abrir la puerta de la habitación y me destenso de inmediato al llegar al salón y descubrir que Scarlett está observando el cielo despejado a través de la ventana.
Está tan inmersa en el paisaje y en sus pensamientos que ni siquiera se da cuenta de mi presencia hasta que poso mis manos en su cintura consiguiendo que dé un pequeño respingo.
Me dedica una pequeña sonrisa y aprovecho para llevar mis manos a sus rizos desordenados de primera hora de la mañana para colocarlos tras sus orejas.
Un gesto tan íntimo que tantas veces compartimos en el pasado y que ahora parece haber regresado con la intención de no volver a ser un recuerdo.
—¿En qué piensas? —susurro, al tiempo que tomo asiento en la repisa de la ventana, mi lugar favorito para reflexionar sobre la vida o sobre todas las cosas que he hecho mal.
Scarlett deja escapar un largo suspiro, pero opta por acompañarme y sentarse a mi lado. Coge mi mano y la estrecha con la suya, la familiaridad del gesto me calienta el corazón y me impulsa, al fin, a contarle la verdad. Esa verdad que marcará el inicio de una nueva versión de nosotros.
—Scarlett… no me marché porque no te quisiera, no quiero que dudes de eso ni por un momento, ¿vale?
Noto su mano tensarse mientras sigue sosteniendo la mía, pero no la suelta.
Quizá sentir mi tacto sea el punto de apoyo que necesita para anclarse al presente cuando los recuerdos del pasado parecen volver poco a poco con la confesión que ha empezado a salir de mis labios.
Una confesión que ambos necesitábamos traer a colación para decidir sobre qué hacer ahora que hemos puesto los sentimientos por delante y el dolor, unos pasos atrás.
—Cuando Kairon tomó la decisión de ingresar a vuestra madre en esa clínica, todo se volvió patas arriba.
Sin pretenderlo, me acabaste adjudicando un papel de salvavidas que ninguno de los dos vio venir.
No era sano que me necesitaras tanto, Scarlett.
Que necesitaras de mi presencia para estar bien. ¿Lo entiendes? —intento explicárselo.
Scarlett tarda unos segundos en alzar la mirada y asentir.
—Sé que puede sonar a excusa, pero no podía enfrentarme a ser el salvavidas de alguien cuando estaba claro que ni siquiera podía salvar la familia en la que había crecido. El amor no debería nacer de la desesperación por apagar el dolor.
Tomo aire para seguir hablando, para seguir desnudándome emocionalmente, dadas las circunstancias.
—Sabía que, si te veía, si intentaba hacerte entrar en razón, acabarías convenciéndome de que siguiéramos como estábamos.
Y sé que habría accedido porque estaba loco por ti…
lo estoy —corrijo, consiguiendo que Scarlett suelte una pequeña risa.
La escucho sorber por la nariz y no me hace falta levantar la vista para comprobar que se está emocionando.
—Por eso me marché sin decir nada, porque sabía que el dolor que me produciría sentir que te estaba abandonando mientras te miraba, no me habría permitido marcharme.
—Entonces, ¿por qué no me escribiste? ¿Por qué, pasado el tiempo, no viniste a buscarme? —quiere saber.
El dolor que transmiten sus palabras se ancla en mi pecho con una desazón que no creo que pueda marcharse con facilidad.
—Porque ya habías conseguido construir una vida lejos de mí y habías logrado ser todo eso que tantas veces me contaste. Además, no creo que fuera muy bien recibido después de lo que hice. Después de marcharme como un… cobarde —admito.
Scarlett se acerca tanto que puedo sentir su respiración pegada a la mía. Roza su frente con la mía y yo siento que voy a desfallecer de un momento a otro.
—No puedo juzgarte por tomar una decisión apresurada, una decisión que no podríamos haber tomado en conjunto porque ambos sabemos que el momento en el que nos encontrábamos no era el mejor para empezar una relación.
Su voz llega a mí como una plegaria, casi como un perdón que llevo tantos años deseando escuchar salir de sus labios que siento la imperiosa necesidad de pellizcarme para cerciorarme de que no estoy soñando.
—Amarte fue mi salvación en ese momento, una salvación un tanto obsesiva. Sin embargo, amarte ahora es una elección. Una elección que tomo con la convicción suficiente de que no me equivoco al decirte que el recuerdo de tu amor es lo único que ha conseguido que mi vida no sea tan gris como pensaba.
Me quedo sin aliento ante las palabras de Scarlett. Por eso me abalanzo sobre sus labios en cuanto tengo la oportunidad. Porque, a veces, las palabras sobran y los hechos se vuelven necesarios, necesarios para dar voz a lo que late entre las costillas.
Beso sus labios con seguridad y sin las dudas provocadas por un pasado que acaba de hacerse cenizas frente a nuestras narices. Con el único pensamiento de que es el lugar en el que los sueños dejan de serlo y las letras de las canciones que he tocado todos estos años con la banda, cobran sentido.
—Tengo que irme al piso. Ayer dejé algunos casos a medias y quiero dejarlos listos antes de que empiece el fin de semana —me dice, cuando nos separamos para tomar aliento.
Scarlett hace el amago de levantarse, pero freno sus pasos cogiéndola de la mano y llevándome una de sus preciosas sonrisas de regalo.
—¿Qué pasa? ¿No vas a dejarme marchar?
—Estaría loco si lo hiciera.
Me roba un beso que me deja más atolondrado de lo que esperaba y creo que lee en mi mirada la pregunta que quería hacerle antes de que su maravillosa impulsividad se impusiera.
—Volveremos a vernos, Leighton. Todavía tenemos muchos aspectos con los que ponernos al día.
Me guiña un ojo antes de volver a mi habitación a coger sus cosas y nos despedimos unos minutos después con la seguridad de que esto solo ha sido el reinicio de una historia paralizada en el tiempo.
◆◆◆
Unas horas después, mientras ceno con Spencer viendo la televisión, recibo una llamada de Scarlett. Le enseño el móvil a mi mejor amigo con una sonrisa de idiota en la cara y él se limita a ponerme los ojos en blanco antes de indicarme que vaya a contestar a la habitación.
Tardo unos segundos en contestar. Ya con la puerta cerrada, descuelgo la llamada y con el corazón desbocado, pregunto:
—¿Ya me echas de menos?
Sin embargo, su respuesta me deja completamente descolocado.
—Leighton… Trevor ha despertado.