CAPÍTULO 42
Scarlett
Presente
La lluvia no cesa mientras contemplo a Leighton con la respiración acelerada y el corazón a punto de salírseme por la boca.
No sé a ciencia cierta cuánto tiempo permanecemos mirándonos en silencio.
Solo sé que a simple vista somos dos conocidos, pero más allá de eso, somos dos personas que ya están cansadas de evitarse y de caminar en círculos para no aceptar que ese sentimiento que nos unió en un pasado sigue tan latente y fuerte como antaño, porque jamás desapareció, joder.
Porque el tiempo que hemos permanecido separados, pensándonos, soñándonos, solo nos ha servido para ser conscientes de que nada será lo suficientemente fuerte como para conseguir que nuestros recuerdos compartidos y esos sentimientos que siguen en nuestros corazones, igual de vivos que el primer día, acaben desapareciendo.
Por eso, en cuanto Leighton pronuncia las primeras palabras de este encuentro precipitado que ha ocurrido de esta manera porque no podría haber sido de otra, no tengo ninguna duda al decir:
—Algo que debería haber hecho hace mucho tiempo.
—¿El qué? —tartamudea Leighton, probablemente igual de desconcertado ante la idea de tenerme delante de él, completamente empapada por la lluvia y con la respiración acelerada.
—Estoy cansada, Leighton. Cansada de negarme a mí misma que el amor que ardió en mi pecho en un pasado no sigue ardiendo igual o más que antes.
Harta de pensar en las consecuencias de lo que quiero hacer y lo que debo hacer.
Angustiada ante la idea de imaginar que si no me atrevo a hacer lo que mi corazón grita, podría perderte. Esta vez para siempre.
Otro trueno suena a lo lejos, pero no me importa lo más mínimo.
Necesito que comprenda que esto va en serio, que lo que le confesé el otro día al salir de la clínica era verdad.
Que mis ganas de besarlo siguen estando presentes en mi organismo cada vez que lo miro, o simplemente cada vez que me permito soñar de más cada noche.
—Llevo tantos años midiendo cada uno de mis pasos que por una vez quiero dejarme llevar y…volver a sentirlo, Leighton.
—¿Volver a sentir el qué?
—Volver a sentir lo que solo siento cuando estoy contigo, idiota.
Antes de permitirle unos segundos para pensar, avanzo hasta acortar los pocos pasos que nos separan y uno mis labios a los suyos de la única manera que sé. Con desesperación. Con anhelo. Con todo ese amor que he guardado en mi corazón todos estos años solo para él.
Leighton acuna mi rostro entre sus manos y parece importarnos bien poco que la lluvia sea el tercero en discordia en este encuentro de almas, pieles y labios.
Su boca abraza la mía con ese anhelo propio de esos años que hemos pasado echándonos de menos, con esa desesperación propia del tiempo que hemos estado reprimiendo sentimientos que no nos han llevado a ningún lado.
Mi lengua se abre paso en su boca y, a pesar de que la lluvia no arrecia y que se escucha a lo lejos algún que otro trueno, el gemido que sale a través de sus labios llega a mí como si de una descarga eléctrica se tratara, encendiéndome y haciéndome sentir más viva en cuestión de segundos de lo que lo he estado en estos últimos años.
Llevo mis manos a su nuca para afianzar mi posición y así evitar que mis piernas temblorosas acaben haciéndome desfallecer en medio de la acera mojada y Leighton no duda ni un solo instante en separarse unos centímetros de mí para alcanzar mi mano y conducirnos al refugio del portal.
Abre con manos temblorosas la puerta y no puedo evitar que una sonrisa nerviosa escape de mis labios.
Él gira unos instantes el rostro, como si no fuera realmente consciente de que esto está pasando y me limito a encogerme de hombros porque ni siquiera yo misma sé qué estamos haciendo.
Quizá lo que deberíamos haber hecho hace demasiado tiempo.
Quizá lo que estaba destinado a suceder de nuevo.
Cuando la puerta al fin se abre, corremos hacia el ascensor y Leighton aprieta el botón de la tercera planta antes de volver a abalanzarse sobre mis labios y murmurar, antes de estamparme contra el espejo:
—Llevo queriendo hacer esto desde que apareciste en el hospital con ganas de querer matarme.
—¿Y quién te dice que no quiero hacerlo ahora? —inquiero, jocosa y él me sigue el juego.
—¿Sinceramente? Volver a tenerte entre mis brazos me está matando lentamente, así que misión cumplida, señorita Lambert.
Suelto una carcajada que consigue hacerlo estremecer hasta que acabamos llegando al rellano.
Salimos a paso apresurado, como dos adolescentes a los que les sobra la ropa y las ganas por reseguir con las yemas de sus dedos las partes más íntimas del otro y Leighton consigue abrir la puerta de un portazo con el que no me extrañaría que hubiera despertado a más de un vecino.
Caminamos a tientas, con los ojos cerrados, chocándonos con los muebles del piso hasta que nuestros pasos nos acaban guiando hasta la cama.
Un pinchazo en el corazón me advierte de que quizá estamos yendo demasiado rápido, pero lo descarto en el mismo momento en que Leighton se cierne sobre mí y soy capaz de ver su rostro a escasos centímetros del mío.
—Scarlett, ¿qué pasa? Soy capaz de escuchar los engranajes de tu cabeza ir a mil por hora —susurra, con la respiración acelerada.
Me muerdo el labio, reprimiendo una sonrisa ante lo mucho que me conoce y le robo un beso antes de que tomemos la decisión de permanecer abrazados y no avanzar más por hoy.
—No es nada, es solo que… no quiero precipitarme. No ahora que…
—No ahora que nos hemos reencontrado al fin, ¿verdad? —completa.
Asiento para segundos después apoyar mi rostro en su cuello. El olor de su perfume me embriaga durante unos segundos y desearía permanecer aquí para siempre. Abrazada a él, sintiendo sus manos por todo mi cuerpo, su olor envolviéndome y el latido de nuestros corazones acelerados al mismo tiempo.
—¿Crees que mañana despertaremos y esto será un sueño? —pregunto, a pesar de saber la verdad.
Pero, sinceramente, llevo tantos años imaginando un momento como este que, por unos segundos, mi mente me traiciona repitiéndome sin parar que quizá mañana todo cambie y que la historia que nos unió en un pasado, esté destinada a permanecer ahí, por muy absurdo que suene.
—¿Sabes lo jodido que es para un cantante haber perdido a su musa? Ahora que te he recuperado, Scarlett, no dudes ni por un segundo que no pienso dejarte escapar de nuevo.