Adicto a tu recuerdo CAPÍTULO 41
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CAPÍTULO 41

Leighton

Pasado

Mis manos temblaban mientras esperaba a que el semáforo se pusiera en verde para avanzar lo más rápido posible hasta el hospital.

La llamada de Scarlett, entre lágrimas y súplicas entrecortadas, me puso en alerta mientras estaba deambulando en mi habitación sin saber qué hacer.

Me había parecido escuchar una ambulancia hacía unas horas, pero no le di la más mínima importancia hasta que recibí su llamada y entre hipidos me pidió que fuera al hospital en cuanto pudiera, que me necesitaba ahí con ella.

El no saber qué narices estaba pasando me tenía de los nervios. Ni siquiera sé cómo pude aparcar bien el coche en el parking del hospital y tratar de mantener la calma mientras revisaba el teléfono para ver el mensaje en el que Scarlett me había indicado la planta en la que estaba.

Sorteé a enfermeras y a carritos llenos de la cena de los residentes del hospital hasta escuchar un sollozo que, por desgracia, me resultaba familiar.

Al doblar la esquina, vi a Scarlett con la cara enterrada en sus manos y con el cuerpo entero temblando.

A su lado, Kairon se movía de un lado a otro, exteriorizando el estado de nervios en el que me encontraba en esos instantes.

Me acerqué con calma y tuve que hacer acopio de unas fuerzas que ni siquiera sabía que tenía para no abrazar a Scarlett y acogerla entre mis brazos hasta que todo el dolor que parecía emanar su cuerpo acabara desapareciendo por completo.

Por el contrario, caminé hacia Kairon, quien frenó sus pasos al verme aparecer.

Me dedicó una mirada tan dolida que no lo dudé ni un instante al permitir que se derrumbara entre mis brazos mientras me comentaba entre sollozos:

—Se ha ido todo a la mierda, Leighton. Todo…

Se me hacía tan jodidamente extraño ver a Kairon en ese estado, teniendo en cuenta que siempre había sido un chico que mantenía la calma a pesar de que las cosas no fueran sencillas, que supe que realmente había pasado algo gordo.

Me aparté unos instantes para comprobar su rostro y tratar de serenarlo.

Lo cogí de la nuca con delicadeza para evitar que rehuyera mi mirada y me contara qué estaba pasando. Tragó saliva antes de murmurar:

—Nuestra madre… se ha tomado un bote de pastillas, joder.

El corazón se me rompió en ese mismo instante y comprendí el estado en el que se encontraban los hermanos Lambert. Comprendí la desazón que colmaba sus corazones y la marabunta de pensamientos intrusivos que estarían danzando por su mente sin permitirles pensar con claridad.

—Señor Lambert, el doctor lo necesita para acabar de rellenar unos datos.

Una enfermera pelirroja apareció en nuestro campo de visión llamando la atención de Kairon.

Este desvió la vista hacia su hermana, que todavía no se había percatado de mi presencia y cuando volvió a mirarme, asentí haciéndole entender que no me importaba quedarme con ella.

Lo que él no sabía era que me quemaban las malditas yemas de los dedos de las ganas que tenía de abrazarla.

Cuando Kairon desapareció por el pasillo y estuvo lo suficientemente lejos, no dudé en acercarme a Scarlett y sentarme a su lado.

En cuanto notó el asiento ceder ante mi peso, levantó la mirada y cuando se percató de mi presencia, no pudo evitar volver a sollozar y estrecharme entre sus brazos.

Temblaba tanto que temía que, de un momento a otro, acabara desapareciendo.

La estreché con tanta fuerza que temí hacerle daño, pero la notaba tan rota que sabía a ciencia cierta que daba igual el tiempo que pasara abrazándola o la fuerza con la que lo hiciera, el dolor por lo que le había pasado a su madre no desaparecería jamás.

Acuné su rostro entre mis manos cuando se tranquilizó un poco y su mirada completamente llena de dolor me partió el corazón en dos. También lo hizo la sensación de culpabilidad que se podía leer perfectamente en sus ojos oscuros.

—No ha sido tu culpa —susurré, con vehemencia, para que solo nosotros dos pudiéramos escuchar nuestra conversación.

—La dejé sola. La dejé sola para irme con las chicas y ahora…

Un nuevo reguero de lágrimas interrumpió sus palabras y no tardé en recoger su dolor en forma de agua salada con las yemas de mis dedos.

No aparté mi mirada de la suya ni un instante, quería que mientras me mirara el corazón le doliera un poco menos de lo que reflejaban sus ojos, aunque sabía a ciencia cierta que era misión imposible.

—Pensaba que ya estaba algo mejor, que quizá…

—Esto no es culpa de nadie, ¿vale? No te martirices, Scarlett. Por favor, me parte el alma verte así.

Ella me ofreció una mueca triste y apoyó la cabeza en mi hombro:

—Menos mal que te tengo a ti… el dolor es mucho más llevadero cuando te tengo al lado, Leighton.

Su confesión se enraizó en mi corazón con una sensación agridulce de la que no pude deshacerme durante el resto de la noche.

Al escuchar unas pisadas acercarse a nosotros, nos separamos cuando nos dimos cuenta de que se trataba de Kairon. No me pasó inadvertida la mirada de reproche que le dedicó a su hermana.

—El doctor me ha dicho que pasará la noche en observación y que mañana por la mañana vendrá la psiquiatra para evaluarla. — informó.

—¿Y después? ¿Qué pasará después? —preguntó Scarlett, con el rostro completamente rojo por haber llorado y con los ojos todavía acuosos.

—No lo sé, Scarlett. No… necesito gestionar esto ahora mismo.

Era capaz de percibir sus nervios a unos metros de distancia, así que apreté ligeramente la mano de Scarlett en un gesto lo más sutil posible para que Kairon no se diera cuenta y me acerqué a mi mejor amigo para ver si podía hacer algo por ellos.

Nos alejamos unos pasos de Scarlett para poder hablar con tranquilidad ahora que parecía que se había calmado un poco.

—Joder, Leighton. ¿Qué cojones hago ahora? No sé si podré…

—Claro que podrás —coloqué una mano en su hombro para calmarlo y él tragó saliva, reprimiendo las ganas de llorar que sabía que tenía en esos momentos.

—He llamado a Lisa para que pase la noche conmigo aquí en el hospital, no quiero separarme de mi madre, pero…

—Kairon desvió la mirada hacia su hermana, quien se encontraba mirando los azulejos del suelo como si en ellos se encontrara la respuesta a todas las preguntas que se estaría haciendo sin cesar.

Recuperé poco a poco los pedazos de mi corazón que se rompieron al verla en ese estado y volví a mirar a su hermano.

—Hey, escúchame, no te preocupes por Scarlett. La llevaré a casa y cuidaré de ella toda la noche. Si quieres, mañana por la mañana la puedo traer de vuelta al hospital si permiten visitas.

—¿De verdad podrías hacerme ese favor? No quiero molestarte, Leighton.

—Claro que sí, somos prácticamente familia, Kairon. No hay absolutamente nada en el mundo que no fuera capaz de hacer por ti.

«Salvo ocultar que estoy locamente enamorado de tu hermana».

Mandé a paseo ese pensamiento fugaz que apareció de la nada y cuando Kairon asintió y se dirigió a la habitación de su madre, no sin antes darle un abrazo a su hermana que se me antojó más corto de lo habitual, pude quedarme con Scarlett a solas y cogerla del brazo para largarnos de allí cuanto antes.

◆◆◆

El silencio entre las paredes de casa de los Lambert se me hizo tan sumamente pesado que incluso lo sentía en mi propia piel.

En cuanto llegamos a casa de Scarlett, esta se limitó a subir a su habitación sin dirigirme la palabra en ningún momento.

Odiaba con todas mis fuerzas que hiciera eso, que se guardara todo el dolor y que no fuera capaz de exteriorizarlo para que pudiera acompañarla.

¿De qué servía sentir tanto dolor si no tenías forma de poder disiparlo?

Me pasé varios minutos dando vueltas por el salón pensando en si era buena idea dejarla sola y darle su espacio o si, por el contrario, debía ir tras ella e intentar que dijera algo, que me gritara, que llorara, lo que fuera, pero no que se aislara como parecía haber hecho durante el trayecto de vuelta a casa.

Finalmente, tomé la decisión de escuchar a mi corazón y no dejarla sola en esos momentos.

Subí las escaleras con tiento y, al darme cuenta de que no se encontraba en su habitación, no dudé en guiar mis pasos hasta la habitación de Callie.

Allí, Scarlett sollozaba sobre las sábanas de la cama de su madre, encogida como si así pudiera crear una barrera en la que las emociones y los problemas del exterior no pudieran alcanzarla.

—Scarlett —murmuré su nombre mientras permanecía en el quicio de la puerta.

Ella alzó la mirada durante unos segundos y al darse cuenta de que se trataba de mí, se giró sobre sí misma, dándome la espalda. Pero si se pensaba que me iba a dar por vencido y la iba a dejar ahí sufriendo no me conocía en absoluto.

Me senté en la cama y sentir mi peso sobre el colchón fue suficiente para alterarla y hacer que saliera del cobijo de manos y piernas en el que había estado envuelta hacía unos segundos.

—Márchate, Leighton, por favor.

—No pienso hacer eso.

—¿Por qué? —Soltó un hipido que me destrozó el corazón un poco más de lo que ya estaba.

—Porque me necesitas, Scarlett. Y estoy aquí para ti — dije con calma, como si estuviera hablando con un pájaro herido.

Se dio la vuelta tan rápido que cuando se incorporó en el colchón y me contempló con el odio y el miedo reflejados en su mirada, supe que la Scarlett Lambert que había conocido hasta ese momento había desaparecido, posiblemente para siempre.

—¿Sabes qué necesito? —La furia que refulgía en su mirada me traspasó y me hizo tragar saliva.

No estaba acostumbrado a hablar con Scarlett en ese estado.

—Necesito dejar de sentir esta culpa que me quema por dentro, joder.

Necesito dejar de sentir que si hubiera estado más atenta a mi madre estos días, podría haber previsto que esto acabaría sucediendo.

Sin embargo, he preferido estar… contigo en vez de estar con ella.

Su dolor se convirtió en el mío porque me negaba a pensar que se arrepentía de los momentos que habíamos compartido juntos.

—No puedes culparte por eso, Scarlett. No puedes culparte por querer sentirte bien, ni tampoco por sentir lo que sientes.

—¡Pero lo hago! —estalla. —Mientras mi madre se regocijaba en el dolor y en los pensamientos intrusivos que no le permitían dormir, Kairon y yo estábamos ocupados en…

—¿En qué, Scarlett? ¿En vivir? Mira, lo que ha pasado con tus padres ha sido horrible y no se lo deseo a nadie, pero eso no implica que tengáis que paralizar vuestras vidas.

Si no os permitíais disfrutar de la vida y del amor, ¿no crees que ver a sus hijos infelices hubiera acabado afectando a tu madre?

Scarlett rehuyó mi mirada porque sabía a la perfección que mis palabras eran ciertas.

—Me siento culpable por no haber sido capaz de ver su dolor, Leighton —murmuró para sí misma antes de permitirme abrazarla.

—Hay veces que las personas saben ocultar demasiado bien sus emociones. No te culpes por eso, Scarlett. No te culpes.

Pasé mis manos por su espalda para calmar sus sollozos y unos segundos después nos recostamos en la cama, todavía abrazados.

Scarlett se quedó dormida en cuestión de minutos entre mis brazos y me pasé toda la noche en vela pensando en lo que habían cambiado nuestras vidas de la noche a la mañana.

Y sin saber que todo lo que estaba por llegar no iba a ser precisamente un camino de rosas.