Adicto a tu recuerdo CAPÍTULO 40
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CAPÍTULO 40

Leighton

Presente

Si alguien me hubiera dicho hace un par de meses que ahora mismo estaría delante de mis padres escuchando su versión de la decisión tardía de divorciarse, le habría contestado que se fuera por donde había venido y que se dejara de tonterías.

Sin embargo, nada más lejos de la realidad, porque es lo que está ocurriendo.

Después de ver el otro día a Scarlett tratando de acercar posturas con su madre, aunque al principio le costara, tomé la decisión de mandarle a mi padre un mensaje después de años sin hacerlo y tratar de escuchar lo que tanto desea decirme.

Y, como no quería alargar esta odisea de encuentros indeseados, le pedí que se lo montara como quisiera, pero que trajera también a mamá.

Así mataba dos pájaros de un tiro y lograba, al fin, deshacerme de las cadenas que me atan a un pasado que estoy deseando dejar atrás cuanto antes.

Por suerte, mi padre no tardó en contestar a mi mensaje y me avisó de que podría pasarse con mi madre esta misma tarde sobre las ocho. Así que ahora los tengo aquí, en el salón del piso que comparto con Spencer y sintiéndome más observado y juzgado de lo que realmente me gustaría.

A estas alturas de la película, debería importarme una mierda lo que ellos opinen de mí, porque no les importó joderme la infancia y la adolescencia hace unos años.

Sin embargo, siempre quedan los rescoldos de ese niño pequeño que esperaba estar a la altura de unos padres que ni siquiera lo estuvieron de ellos mismos.

Los ojos oscuros que mi madre comparte conmigo escudriñan el salón, las fotografías que lo rodean y, por último, se posan en mí.

Traga saliva al percatarse de que no le pienso apartar la mirada y se remueve incómoda en el sofá que comparte con mi padre.

Me ha sorprendido tanto que al llegar hayan mostrado una relación cordial que me pregunto qué tanto me habré perdido durante estos años y si realmente han logrado llegar a un entendimiento tras tanto tiempo viviendo bajo el mismo techo sin apenas encontrarse.

—Hijo, tu madre y yo nos alegramos de que hayas tomado la decisión de escucharnos.

La diplomacia de mi padre no me pasa inadvertida porque lo recordaba exactamente así.

Midiendo las palabras adecuadas para hacer entender a la otra persona que su actitud ante la conversación era buena y que no tenía intenciones ocultas.

Marlon Sullivan siempre ha preferido hacer ver que todo a su alrededor está bien antes que reconocer sus malditos errores como padre y como marido.

Sin embargo, mi madre nunca ha sabido fingir tanto como él, ya que fue por ella que pude descubrir lo que ocurría realmente entre los dos. Por eso, no me sorprende ver que no para de mover una y otra vez su pie calzado por un tacón más caro que el alquiler de mi piso mientras mira al suelo.

—¿Algo que decir, mamá? ¿O vamos a asentir ante todo lo que papá tenga que decirme?

—Leighton, no empieces a poner las cosas difíciles. Déjanos hablar y luego tú podrás decir todo lo que quieras.

La calma en el tono de voz de mi padre me pone más nervioso de lo que me gustaría, pero tengo que recordarme que hace ya mucho tiempo que su opinión o su simple presencia no me afectan, y así debe seguir siendo, joder.

Apoyo la espalda en el sofá y me cruzo de brazos, alzando las cejas a su vez para darle la señal definitiva a mi padre para que hable de una vez por todas, ya que, al parecer, a mi madre se le ha comido la lengua el gato.

—No lo hicimos bien ninguno de los dos en el pasado, Leighton. Nos aferramos a un matrimonio que hacía aguas por todas partes por miedo a lo desconocido y, por consiguiente, acabamos haciéndote daño.

Trago saliva al recordar todo el dolor, todas las preguntas y los años de silencio que se han interpuesto entre nosotros desde que decidí lanzarlo todo por los aires y dejarlo todo atrás.

—No es fácil dejar atrás a alguien a quien quieres, Leighton.

—El murmullo de mi madre suena tan bajo que llego a pensar que me lo he imaginado.

Pero cuando levanto la mirada y fijo mis ojos en los suyos, percibo su nerviosismo y me percato de que, en efecto, ha decidido hablar al fin. Bien, pues ya estamos todos.

—Si quieres a una persona no te acuestas con otra, creo que no es demasiado complicado de entender, ¿no creéis? —pregunto, dirigiéndome a ambos.

Mi madre busca auxilio en la serenidad de mi padre y él asiente, cogiéndole incluso la mano para calmarla ante los nervios que parece estar sintiendo en estos momentos.

Tengo que pestañear dos veces más de la cuenta para cerciorarme de que realmente mis ojos acaban de ver eso.

Un gesto tan íntimo que llevo tantos años sin ver entre ellos que empiezo a preguntarme si realmente este tiempo alejado de ellos ha logrado que puedan mantener una relación sana después de todo.

—Estábamos atrapados entre las ganas de empezar una nueva vida y el propio miedo a empezarla. Somos humanos, Leighton. Somos padre y madre, fuimos marido y mujer, pero siempre hemos sido humanos. No supimos cómo actuar ante algo tan grande y te pedimos perdón por ello.

—¿Y por qué narices negabais algo tan evidente? ¿Por qué cada vez que os preguntaba por ello hacíais como si solo fueran imaginaciones mías o cosa de las habladurías de los vecinos? Esconder el problema no hacía que desapareciera precisamente.

La rabia que inunda mi voz llega a ambos, que se quedan durante unos segundos sin respiración al ver la desesperación presente en mis palabras.

—Leighton…

Mi madre trata de llamarme la atención, pero ya han tocado ese botón en mi interior que ha estado inactivo todo este tiempo.

—No, ahora me vais a escuchar a mí. ¿Sabéis lo que es para un crío de catorce años, de diecisiete, ver cómo sus padres mantienen una relación que ni ellos mismos entienden?

¿Sabéis lo que ha sido para mí no recordar cuándo pasamos realmente una última cena de Navidad siendo una familia de verdad, sin mentiras ni secretos?

Hundisteis mi idea del amor de tal manera que si no llega a ser por…

Me callo al instante en el que se me viene a la mente la imagen de Scarlett. No estamos aquí para hablar de mi vida privada, sino de lo que ellos han roto.

—Si no llega a ser porque más tarde comprendí que lo vuestro no era amor, me hubiera condenado a repetir vuestros errores y convertir mi vida amorosa en un jodido infierno.

Noto la mandíbula de mi padre tensarse incluso a través de la distancia.

—Leighton, este encuentro no tenía como fin que nos perdonaras ni mucho menos. No hemos tenido un hueco en tu vida en estos últimos años y no pretendemos tenerlo ahora. Solo queremos que trates de entender que solo hicimos las cosas mal por miedo a lo desconocido, nada más.

Creo que no había escuchado a mi padre hablar tan seguido jamás.

—¿Y por qué ahora? ¿Por qué habéis tomado la decisión tantos años después? —inquiero.

—Ya te lo dije por teléfono, hijo. Conocí a Cass y comprendí que no podía seguir engañándome a mí mismo. No quería perderla por estar atado a un pasado que solo me hacía cada vez más infeliz.

—¿Y tú ves bien eso, mamá? —Me sube la bilis a la garganta al llamarla de esta manera. —¿Ves bien que después de todos estos años haya decidido dejarlo todo por una mujer? Porque a mí me cuesta bastante entenderlo, la verdad.

Mi madre mira durante unos instantes a mi padre antes de dirigirse directamente a mí, mirándome a los ojos con una mirada tan feroz que no dudo en empequeñecerme un poco en el sofá.

—Cometimos un error del que nos arrepentiremos toda nuestra vida, pero no por ello tenemos que cargar con él como si fuera una maldita losa en el presente.

Tu padre ha conocido a una mujer maravillosa y no soy nadie para seguir atándolo a una vida que no le pertenece.

Entiendo que te duela que haya tomado esta decisión por ella y no por ti en un pasado, pero uno no elige los tiempos de la vida, hijo.

—Una lágrima se desliza lentamente por su rostro y mentiría si dijera que no me produce ninguna pena porque la verdad es que es la primera vez en mucho tiempo que la veo siendo humana de verdad, joder.

—Até a tu padre a mí durante años por miedo a que encontrara fuera de casa lo que ya no tenía dentro, por miedo a que encontrara a una persona mejor.

Ahora la ha encontrado, Leighton. Y no puedo negarle un amor que he deseado recuperar en el pasado en vano —se desahoga—. Gracias, Kimberly.

Mi padre vuelve a estrechar su mano y me quedo más segundos de la cuenta observándolos en silencio.

Observo cómo el paso del tiempo ha hecho mella en ellos, como parecen incluso agotados cada vez que sacan a la luz ese pasado que los tres compartimos.

Observo cómo, donde antes solo había un muro que los separaba de esa verdad que los tres sabíamos y que ellos dos negaban, ahora solo hay espacio para el cariño mutuo que se tienen dos personas que han compartido tanto amor como dolor.

Trago saliva al ser consciente de que el único que ha permanecido atado al dolor del pasado he sido yo. Que ellos mismos han sido valientes al dar un paso al frente y separar sus caminos para siempre de una vez por todas.

—Necesito tiempo para pensar…

Son las primeras palabras que salen de mis labios después de varios segundos en silencio.

Mis padres se quedan sorprendidos al darse cuenta de que no les he gritado ni les he reprochado nada más.

Pero la verdad es que creo que está de más porque ya ha quedado todo más que claro.

Estuvieron tantos años sumergidos en una burbuja llena de miedos y dudas que no se percataron de que tras esa burbuja se encontraba una persona que no era ajena a su soledad compartida.

Al desviar la mirada a la ventana me percato de que he estado tan ensimismado en la conversación que se ha hecho de noche y ha empezado a llover. Me levanto del sofá y mis padres me imitan.

—Se ha hecho tarde, os acompaño al portal —comento, sin siquiera ser capaz de mirarlos a la cara.

—Te agradecemos que hayas querido escucharnos, cariño. —Mi madre sigue hablando mientras le ofrezco el abrigo en señal de… ¿paz? No lo sé, tengo la cabeza hecha un jodido lío.

Mi padre asiente secundando sus palabras y nos sumergimos en un silencio respetuoso mientras bajamos en ascensor. Ya en el portal, me quedo cubierto mientras me despido de ellos con la mano al verlos subirse juntos al coche.

Me quedo unos minutos en el frío de la calle observando las gotas de agua caer de forma incesante, como si fueran un reflejo de la lluvia de emociones que está empezando a desatarse en mi interior.

Cierro los ojos unos instantes para calmar los latidos acelerados de mi corazón al recordar los viejos tiempos y lo que parecen ser los nuevos y me doy la vuelta cuando siento que ya no pinto nada en medio de la calle a estas horas.

Sin embargo, cuando meto la mano en el bolsillo de la chaqueta para sacar las llaves, escucho mi nombre entre el frío y la lluvia a voz en grito, saliendo de unos labios en los que he estado más tiempo pensando de lo normal.

—¡Leighton!

Casi como si el reclamo de mi nombre se hubiera mimetizado con el temporal, la lluvia empieza a caer con más fuerza, pero no con la suficiente como para no atisbar la figura de Scarlett corriendo hacia mí.

Salgo del refugio del portal y me empapo al instante en el que voy en su búsqueda. La lluvia es tan intensa que siento la necesidad de colocar mis manos en mi frente a modo de visera para poder contemplarla bien.

Sus preciosos rizos gotean agua sin fin mientras ella trata de encontrar las palabras entre sus respiraciones aceleradas. Pasados unos segundos en los que ninguno de los dos parece atreverse a decir nada, acabo siendo el valiente de los dos al preguntar:

—¿Qué haces aquí?

—Algo que debería haber hecho hace mucho tiempo.